CAPÍTULO IX
Después de un año, Sira ya no es una desconocida.
Es la verdadera hija recuperada de David y Hellen, vive en el rancho, trabaja en Austin y ha demostrado que no ha llegado para quitarle nada a nadie y para demostrar su valía como hija, hermana y abogada.
Sus padres están satisfechos y orgullosos, como lo están de todos.
La cena ese viernes en el rancho había empezado como tantas otras.
La gran mesa de madera, estaba llena de platos, como siempre, rosas y conversaciones cruzadas.
Un año después de llegar a Texas, Sira ya ocupaba su lugar sin esfuerzo. Ya nadie la veía como la mujer que había aparecido desde Sevilla con una historia imposible.
Era una Allen.
David presidía la mesa con una sonrisa orgullosa. Hellen no dejaba de mirar a su hija de vez en cuando. Jeremy contaba alguna anécdota absurda que hacía reír a todos, mientras Luca escuchaba en silencio, observando más que hablando.
-Bueno- dijo David levantando su copa- Creo que hoy tenemos motivos para celebrar.
Todos asintieron.
-Mi hija lleva un año en Austin y ya es una de las abogadas mejor valoradas del bufete.
-Papá- protestó Sira, sonrojándose.
- Déjame presumir.
Las rosas llenaron el comedor.
-Y además- continuó David- acaba de cerrar la mayor operación mercantil del año del bufete.
Jeremy silbó.
-Eso merece que pagues el postre.
-Ni hablar.
-Entonces devuelve el ascenso.
Las carcajadas volvieron a estallar.
Cuando el ruido se fue apagando, Sira dejo lentamente la copa sobre la mesa.
Lucas lo notó inmediatamente.
Jeremy también.
Y los dos comprendieron lo mismo.
Había llegado el momento.
Sira respiró hondo y despacio.
-En realidad… yo también quería decir algo.
La mesa quedó en silencio.
David sonrió.
-¿Otro ascenso?
-No papá.
Hellen percibió algo distinto en la voz de su hija.
-¿Qué ocurre cariño?
Sira miró a sus padres.
Después a Jeremy.
Jeremy bajó la vista para no delatarse.
Y finalmente miró a Luca.
Él sintió cómo el corazón le golpeaba en el pecho, porque eso podía cambiar todo.
-Hace un año que trabajo en Austin- empezó ella- Ha sido un año increíble.
Profesionalmente me ha ido mejor de lo que jamás imaginé.
Todos escuchaban atentos.
-Pero ese no ha sido mi mejor logro.
Luca dejó de respirar.
-Mi mayor logro ha sido encontrar a una familia. Mi familia.
Hellen tenía los ojos brillantes.
-Y también encontrar a alguien que se convirtió en una persona imprescindible para mí.
David frunció el ceño.
Jeremy cerró los ojos.
Ya está.
-Mamá… papá…
Sira tomó la mano de Luca sobre la mesa.
El silencio fue absoluto.
-Luca y yo estamos enamorados.
Nadie habló.
Ni una palabra.
Hellen abrió lentamente la boca.
David parpadeó una vez.
Dos.
Tres.
Jeremy miro finalmente su plato.
Luca apretó la mano de Sira.
-¿Desde cuándo?…preguntó al fin David.
-Desde hace un año.
Ahora sí.
El silencio fue todavía peor.
-¿Un año?- repitió Hellen.
Sira asintió.
-Sí.
David miró a Luca.
-¿Un año entero?
-Sí señor.
-¿Y me lo dices ahora?
-Porque Sira quería hacerlo cuando estuviera preparada.
David apoyo la espalda en la silla
Procesando.
Intentando ordenar todo.
Entonces miro a Jeremy.
Jeremy siguió mirando el plato.
Demasiado tarde.
-Jeremy.
-Sí.
-Mírame.
-Preferiría no hacerlo.
-Jeremy.
El gemelo levantó al cabeza lentamente.
-¿Lo sabías?
-Tal vez.
-¿Tal vez?
-Sí.
-¿Desde cuando?
-Desde el principio.
David se quedó inmóvil.
Hellen giró al cabeza hacía él.
-¿Desde el principio?
-Sí.
-¿Y NO DIJISTE NADA?
-Me prometieron que lo contarían.
-Jeremy Allen…
-Técnicamente no os mentí nunca.
-¡Jeremy!
Las risas nerviosas aparecieron alrededor de la mesa.
Incluso Hellen tuvo que taparse la boca.
Porque al situación era tan absurda que resultaba imposible enfadarse del todo.
David volvió a mirar a Luca, luego a Sira.
Y vio algo que llevaba meses sin reconocer.
La forma en que se miraban.
La tranquilidad con la que seguían cogidos de la mano.
La felicidad que había en los ojos de ambos.
Entonces suspiró.
Largo.
Profundo.
-¿La quieres?
Luca respondió sin vacilar.
-Con todo lo que soy.
Hellen se emocionó al instante.
Y cuando David miró a Sira , encontró la misma respuesta en los ojos de su hija.
Aquello terminó de derribar sus últimas defensas.
-Dios mío…
Hellen ya estaba llorando.
Mamá…
-Déjame llorar.
-No he dicho nada.
-Pues déjame igualmente.
Las risas regresaron.
Y por primera vez desde la confesión, David sonrió.
Pequeño.
Pero sincero.
-Bueno … supongo que podría haber sido peor.
-¿Peor?
-Sí
-¿Cómo?
-Que apareciera un abogado de Austin intentando llevarse a mi hija. Al menos vivirá en el rancho, aunque sea en la cabaña de enfrente.
-Buen punto. Asintió Jeremy.
David señaló a Luca.
-Al menos ya sé dónde está.
Y por primera vez en toda la noche Luca, se relajó.
Porque acaba de comprender algo.
No había perdido una familia.
Acababan de aceptarlos a todos.
Siguieron con el motivo de celebración, siempre y cuando le pusiera a Sira un anillo en el dedo. Y Luca se reía.
Los aceptaron y ella le dijo que quería cambiarse a la cabaña de Luca, pero que vendría a su despacho cuando viniera Luca al despacho, a cenar, nada cambiaba. Ni las compras con su madre o los paseos a caballo con su padre.
Se abrazaron todos y fue especial.
…
Tanto que seis meses después Hellen ayudaba a su hija a preparar la boda. Luca le había regalado un anillo precioso y ella ya había llevado su ropa a la cabaña y vivía con él.
Fue una boda maravillosa en un hotel de Austin, con todos los rancheros que su padre conocía, los abogados de su trabajo y amigos de todos.
Sira quiso pagar su boda, tenía dinero, pero David dijo que era cosa de ellos.
-Pero papá…
-Eres mi hija. No hay nada que hablar.
-Seréis nuestros padrinos.
-Por supuesto. -Y el padre se reía y ella lo abrazaba.
-¡Te quiero tanto papá!… y David se emocionaba.
-Siento tanto haberte perdido…
-Shhh no digas eso. Está olvidado. Lo importante es que estamos juntos. Y os quiero… y no siento haberme enamorado de Luca. Sabes que es un buen chico.
-No hubiese querido nadie mejor para ti. Y te tengo a diario…
…
-Sira Allen… ¿Quieres Luca Allen por esposo, en lo bueno y en la mano, en la salud y en la enfermedad, todos los días de tu vida?
-Sí, quiero- dijo la mujer más guapa que había para él.
-Luca Allen…
-Si, quiero.
-Yo os declaro marido y mujer. Puedes besar a la novia.
-Te quiero enana.
-Te quiero mi amor.
Y la primera en besarla tras la familia fue su amiga Laura, que había venido desde España y que no se separaba de Jeremy…