Los años dormidos CAPÍTULO VII
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CAPÍTULO VII

La despedida en el aeropuerto fue triste. Los abrazó y los consoló.

Volveré mamá, no llores más.

-Ay mi niña…

Iba camino de vuelta en el avión e intentó dormir lo más que pudo para no pensar, para que el viaje no se hiciera tan largo.

Y por fin, al anochecer estuvo en casa.

Y esa casa le parecía fría.

Sola.

Vacía.

Pero tenía mucho trabajo.

Primero dormir un día entero.

Y eso hizo.

El miércoles ya estaba ordenando la casa y fue al bufete. Paso antes por la inmobiliaria y quedaron por la mañana del día siguiente para tasarla y ponerla en internet.

Cuando llegó al bufete abrazó a Juanma y a Laura. Y quedó con ella al salir.

Con Juamma fue a desayunar.

-¿Qué?, ¿qué tal tu nueva familia?- y le enseñó fotos, de ellos, del rancho…

-¡Joder Sira! Qué pedazo de rancho. Supermoderno. Tu madre es igual a ti, o al contrario.

-¿Sí, verdad? No ha parado de llorar. Y mi padre tampoco.

-Ponte en su lugar.

-Me pongo y no quiero ni imaginarlo. Lo peor Juanma es que mis padres sabían algo y no quisieron hacer nada. Sabían que hacían algo ilegal y ni se preocuparon.

-Venga, olvídate de eso ahora. Tienes a tus padres de verdad. Joaquñin y Cecilia fueron muy buenos y te dieron una nueva vida y te dejaron tu pasado en la caja fuerte.

-Eso sí.

Vino la camarera y pidieron.

-Bueno ¿y qué ha pasado el tasador?

-Ayer me dio la tasación, luego te la doy

-Dímelo al menos.

-Funcionando y demás con el local unos dos millones y medio.

-¿Y qué has pensado?

-Quiero quedármelo. Estoy gestionando el dinero.

-Te lo dejo en dos y tú asumes todos los gastos, los míos y los tuyos.

-¿En serio?

-Sí. Te va a salir más o menos, pero sin gastos.

-Gracias Sira.

-Por supuesto te quedas con todo el personal y todo el mobiliario.

-Pues empiezo a gestionar el dinero, quizá la semana que viene lo tenga y vamos al notario.

-Perfecto. Ahora a vender la casa.

-Esa no la rebajes, es demasiado grande. Tiene mil metros de parcela nada más más la casa.

-Mañana viene a tasarla de la inmobiliaria y esta tarde voy a gestionar y vender mi coche y el de mi madre. Puedo alquilar uno mientras y luego dejarlo en el aeropuerto.

-Si tienes el metro…

-Sí, quizá más adelante pero todo son documentos. Bueno. Voy a saludar de nuevo a Laura y me voy a casa a ir recogiendo cosas y donando. Los muebles quiero dejarlos.

-¿Te dejaron dinero?

-Bastante Juanma.

-¿Y vas a montar uno allí?

-No, no quiero problemas, necesito el tiempo para dedicárselo a ellos.

-Me parece muy buena idea.

-Buscaré eso sí, trabajo en un bufete.

-¡Ojalá tengas suerte!

-Gracias.

…

Todo fue según lo previsto.

Laura le ayudó a donar y a llevarse a su apartamento lo que quiso y lo que le venía bien a su casa. Incluso trajes de Sira que no iba a llevarse.

-No puedo. Tengo tanta ropa. Allí me compraré, aunque me da pena, está nueva. Me llevo las joyas de mi madre. Algunas voy a venderlas, en la aduana no me dejan.

-Quédate con algo sencillo que a ella le gustara.

-Mañana vienen a por los coches y firmamos. Y luego voy a la joyería.

-¿Y el resto de la ropa?

-La llevo a donar a la iglesia esta tarde. El resto lo llevo en tres maletas, el maletín de trabajo, y el de mano.

-Echemos un vistazo de nuevo.

Laura se llevó, ropa de cama, algunos muebles, ropa de Sira, juegos de vasos, algo de cocina. Su madre también quiso que viniera a llevarse.

Y al final la casa estaba lista. Para irse, los coches vendidos, la casa habían venido a verla. Medio millón pedían. Porque era una preciosidad.

La semana siguiente estuvo un día entero con Juanma vendiendo el bufete.

Y hasta un mes no le daban las escrituras de venta y todo terminaba, y ella esperaba también vender la casa en un mes.

Por la noche, allí era medio día enviaba una video y hablaba con sus padres y le contaba cómo iba todo. Mínimo un mes le quedaba, pero había vendido el bufete que era lo más importante.

Los coches, las joyas, fue al cementerio a despedirse.

Estaba cansada.

Hasta que una mañana así, como quien no quiere la cosa, unos ingleses vinieron con el de la inmobiliaria y vendió la casa.

-Tenía que salirse de ella y le quedaban veinte días.

Y tuvo que alquilar un piso en el centro Airbnb, cambió también a dólares los euros, menos diez mil que dejó. Y lo que le quedara lo cambiaba en el aeropuerto.

…

Y un mes después iba camino de nuevo a Austin, con todos sus documentos, si necesitaba algo se lo comunicarían.

Ahora la llorera fue con Juanma, con sus compañeros y con Laura.

-Ven a verme en vacaciones,

-Faltan tres meses.

-Pues tres meses, te vienes.

-Ya veremos, aunque esos gemelos…

-Tengo miedo de eso Laura.

-Pero si te enamoras…

-No quiero.

-No puedes hacer eso, sé como eres. Haz lo que dice, déjate llevar y no controles tanto. Que Luca es mayor y sabe lo que hace. Y creo que un año si podéis mantenerlo en secreto es un tiempo bueno.

Laura la llevó al aeropuerto. No tuvo que alquilar coche. Llevaba tres maletas, el maletín el bolso de mano y algunos millones de dólares al cambio.

Era mucho dinero para una joven de veinticinco años.

Pero al menos no iba allí al rancho con las manos vacías, aunque ninguno pensó en nada de eso.

Cuando llegó, solo estaba esperándola Luca.

Y ella miró a todos lados.

Solo él.

-Ha venido mi enana, ¡qué guapa estás!- ven aquí y ella se echó en su brazos y él la levantó y le dio dos vueltas.

-Para loco que me mareas.

-¡Qué ganas te tenía, nena!

-¿Y el resto?

-Mamá y papá han ido a Houston.

¿Y eso, están enfermos?

-No, es el cumpleaños de un amigo, un ranchero, así que estamos solitos, vienen mañana por la tarde.

-¿Y Jeremy?

-En la parte norte, se queda una noche.

-Así que nos vamos a casa, dejas eso que Deby te lo deshaga. Y nos vamos a la cabaña. Tengo algo de comer preparado. Le dije a Mía que comíamos allí. ¡Dios qué guapa!- y la besó profundo.

Cogió el carro y dejó las maletas de ella en el maletero.

-Tres maletas mujer…

-Pues he dado a mi amiga Laura. Tengo que comprarme algo aquí para cuando empiece a trabajar.

-Descansa antes.

-Sí, al menos un mesecito al aire libre, campo.

-Te voy a enseñar a montar.

-¿Ah sí?

-Boba de esa forma sabes y sé.

Y ella se reía.

Tomaron el camino al rancho.

Al llegar, Deby le ayudo a llevar las maletas a su habitación.

Y ella entró en la sala.

-¡Ay qué bonito!- y Luca se reía.

-Es tu espacio. Y en esa carpeta tus nuevos documentos- y ella miró su nueva identidad emocionada.

-El maletín lo dejo aquí. Espera me doy una ducha rápida.

Se dio una ducha y él se metió en el despacho.

Cuando bajó, llevaba el bolso y se había perfumado y Deby se quedó con sus maletas.

-Mía, voy a comer con Luca en su cabaña.

-Sí, toma esto.

-¿Eso qué es? – dijo Luca.

-Comida y postre.

-Pero Mía, si tengo.

-Por si acaso en la cena.

-Vale gracias. Si tengo que quererte.

Al final iban con las bandejas.

Luca abrió la pueta.

Y mientras ella dejaba los platos en la cocina, se dio una ducha.

Y bajó con el chándal descalzo.

-¡Qué te gusta enseñar!

-A ver, enséñame tú qué tienes.

Y ella se quitó el vestido y se quedó en ropa interior color cereza.

-¡Joder Sira! Tu ropa interior me pone.

La cogió y la subió arriba.

La puso en la cama boca abajo, le bajó el tanga y le quitó el sujetador.

Y desde atrás la pegó a su cuerpo así, con medio cuerpo en la cama.

-¡Ah dios Luca.

-¿Qué?, me gustan de muchas maneras y eso lo he soñado contigo y la penetró. Se oía el choc choc de sus cuerpos. Movía su clítoris con una mano y con la otra pellizcaba sus pezones sin dejar de moverse, sin dejar de gemir.

Sin dejar de hablar o besarle el cuelo y decirle palabras, a veces obscenas a veces tiernas que la ponían a mil.

-Voy a tenerlo Luca.

-¡Ah dios!, no me digas eso,…

-Ufff Luca…

Y él sintió su calor y se movió rápido y se unió a ella. Abrazándola y descargando su blanca escarcha, barriendo sus pechos y besándola.

-Esto es de locos. -Dijo ella entrando al baño y dándose una leve ducha.

Apareció con una toalla grande.

-Quítatela -dijo él acostado boca abajo en toda su grandeza con las manos detrás de la cabeza y las piernas cruzadas. Como quien se siente feliz y sin problemas.

Se quitó al toalla y se fue a su lado.

-Cuéntamelo todo.

-Si te lo he contado estas noches. ¿Tú has salido?

-¿Para qué?

-No sé quizá para alguna chica guapa.

-La tengo a mi lado, no necesito a otra. Eres ardiente, caliente y me gustas más de lo que me gustabas al irte. No he dejado de pensar en ti, la abrazó fuerte.

Yde lado la penetró de nuevo.

-Dios mío, no te cansas.

-Contigo no.

Y así a la tercera que se la colocó arriba, le llegaron las tres de la tarde.

-Vamos a comer mujer, que no me das tregua -y ella le dio con la almohada.

Te vas a enterar – y la cogía y la besaba…

Se vistieron y pusieron la mesa bajita y unas cervezas y estuvieron comiendo.

Después tarta y café.

Y cuando recogieron, se echó en el sofá.

-Ahora sí que tengo sueño Luca.

-Vamos a echar una siesta y luego te quedas durmiendo hasta lo que necesites.

Y así ella amaneció al día siguiente.

…

-Por dios Luca… Qué estoy en tu cama. He dormido toda la tarde y toda la noche.

-Sí, dijo él sacando su pene y apartando su tanga.

-¿Y qué?

-Que van a venir

-Por la tarde…

-Ohhh dios Luca.

-Ummm….

-Me gusta, eso es…

-A mí más.

Abrió sus piernas y lo rodeó.

-Mal empezamos -dijo en su boca Sira.

-Yo diría que muy bien. Por las mañanas me levanto así.

Cogió sus maños y las puso arriba sujetándolas, inmovilizándolas y la penetraba una y otra vez, mordía sus pezones y los lamía y ella se dejaba hacer, hasta estallar como el primer rayo de sol.

Ella fue a cambiarse, porque iban a la barracón, se puso las botas, los vaqueros y una camiseta de manga corta.

-Ah no, no os vais sin desayunar -dijo Mía.

-La verdad es que tengo hambre.

-Venga sentaos y comed algo.

-Pensábamos comer allí.

-Ya ha dado el desayuno.

-¡Qué bueno Mía!

-Di lo contrario- y se rieron los tres.