CAPÍTULO VI
Entraron riendo en la cabaña de Jeremy, preciosa. Dos salas más pequeñas, una de despacho, un salón con cocina abierta, un aseo, un patio con piscina, más pequeño que la casa, pero era grande.
Y arriba tres dormitorios, dos con baño y uno doble.
Y el porche.
-Me encanta.
-Papá te hará una para ti.
Se sentaron en el porche.
Y estuvieron charlando de la universidad. De todo. Riendo y los padres miraban por la ventana cómo se reían y los veían felices.
Bueno, me la llevo a mi cabaña y se la enseño.
Pues hasta mañana hermanita que me levanto temprano, que aquí el señorito va de despacho.
Y la cogió en alto y la besó.
-No te pases.- y Jeremy se reía.
-Se pone celoso.
-¡Qué tonto eres!
Entraron en la cabaña de Luca.
-Gracias- le dijo Luca.
-¿Por qué?
-Por hacerlos felices.
-Yo también seré feliz.
-Ven, la cabaña es igual, con colores distintos.
Y a ella le encantó.
-Me gusta tu despacho.
Y al darse la vuelta chocó con él. Y la sujetó y quedaron cerca uno de otro y Luca bajo la boca y ella lo vio inminente sin poder hacer nada.
Posó los labios en los suyos y la apretó de la cintura. El beso se hizo profundo, salvaje, apasionado, romántico, sexual.
Cuando se separaron…
-Dios mío Luca…
-¡Estás temblando!
-Sí, y no está bien. Somos hermanos.
-Sira, no lo somos.
-¿Y nuestros padres…?
-Ahora no. Tienes que irte. Pensaremos. ¿Vale? La tenía abrazada por la cintura.
-¡Maldito cupido!
Y él se rio con ganas.
-Venga, te acompaño a casa.
Y la dejó en la puerta.
Se miraron y entró.
Los días siguiente fueron maravillosos, conoció todo el rancho, montó a caballo con Luca, aferrada a el.
-Mujer no me estrangules, relájate.
-Perdona- se reía ella. Pero él sentía en su espalda los pechos de ella y sin poder evitarlo se ponía duro.
Caminaba con su padre agarrada a su brazo y se reían.
Por las tardes daban un paseo. Se echaba una siesta a veces en el sofá y la veía Luca.
Con la madre tenía largas conversaciones, abrazos, cafés, desayunaba más tarde con ella.
Mía era estupenda y le decía que nunca había visto a su patrones tan felices.
Y el sábado, se la llevaron los chicos a cenar y a bailar a Austin. Y lo pasó estupendamente.
Cuando bailó con Luca, el cuerpo le quemaba.
-¿Me llamarás?
-Sí.
-Porque si no, te llamo yo.
-Hay siete horas de diferencia. Cuando esté en la cama a las once será la hora de la siesta aquí.
-Perfecto, te llamo desde la cabaña. A las cuatro. Antes de hacer un par de horas de despacho.
-Luca.
-Dime enana.
-Qué tonto eres…
-Tengo miedo ¿eh?
-No quiero que esto se nos vaya de las manos.
-¿Quieres dejar que las cosas pasen sin tener que preocuparte de todo?
-Me cuesta..
A las dos de la mañana llegaron al rancho y Jeremy entro. Había bebió unas copas de más, él que no bebía y tuvieron que acostarlo.
Y al bajar a la parte de abajo. Él la besó hasta cansarse. Y se deseaban tres chupitos pasaron factura y ella tocó, subió la mano por su vestido y la tocó, la acarició y la otra sacó sus pechos por el escote y mordió sus pezones.
-No gimas alto. Nena, que está dormido pero…
-Pues no me hagas eso.
-¡Joder Sira!, lo siento mujer. Pero eres demasiado para mí.
Se bajó un poco el pantalón, la metió en la sala y la cogió a sus caderas. Subió el vestido del todo y apartó el tanga y la penetró contra la pared. Nunca había sentido sira nada igual.
Nada en toda su vida.
Húmeda.
Caliente.
Sexual con él.
Hacía ya mucho tiempo.
Lo deseaba, se deseaban.
Hasta que en la última embestida, se corrieron juntos.
-Ay dios madre mía. Luca. Hemos pecado.
-Dios es justo.
Y se abrazó a él y se besaron.
-No se repetirá cuando vuelva.
-No, lo que tú digas.
-No lo dices convencido.
-No.
Y se rieron.
-No voy a pensar hasta la vuelta.
-No pienses, enana, Vístete que andas desnuda en casa de mi hermano y me voy a poner celoso.
-¡Qué irónico!
-Se compuso, él también y la acompañó a casa.
-Mañana tengo que hacer la maleta.
-Si puedo te llevo yo al aeropuerto. Si papá dice que él, no.
…
El domingo Sira se levantó tarde y desayunó como siempre con su madre, esta vez al ser domingo también con su padre.
-¿Que tal anoche hija?
-Lo pasamos muy bien. Llegamos pasadas las dos. Y ahora cuando de un paseo, haré la maleta.
-Papá y yo te llevaremos al aeropuerto.
-Os llamaré cada día, una video, pero no quiero que estéis tristes. Intentaré que todo se venda pronto. La decisión está tomada. ¿Vale mamá?
-Sí hija.
-Me debes ir de compras- y Hellen sonreía.
-Vamos no estés triste, esta vez no me voy para siempre- y la abrazaba.
-Y tú, papá, que no se ponga triste, que vuelvo, y si no vais a por mí.
-Te queremos Sira.
-Ahora voy a que Luca me eche esa foto de cara para que pueda avanzar el abogado.
-Claro que sí.
Y eso iluminó los ojos de su padre.
-Pues ahora vengo y dejo la maleta preparada. Salimos temprano así que tenemos que estar a las seis en el aeropuerto.
-No te preocupes.
-Pero hasta ella ya no quería irse y tener que recorrer horas de vuelo de ida y horas de vuelo de vuelta.
Salió al sol que irradiaba Texas. El domingo estaba todo más recogido. Había menos chicos pululando. Los caballos estaban en los pastos y los jardines olían a rosas y a jazmines.
Cuando llamó a la cabaña de Luca, se puso nerviosa, quizá estuviese aún dormido, pero ya estaba trabajando en su despacho y la vio venir por la ventana.
Antes siquiera de llamar una primera vez, la abrió la puerta.
Solo llevaba un pantalón de chándal e iba descalzo. Nada arriba.
Espectacular vista.
-¿No tienes ropa?
Y Luca se rio y le pegó un tirón y la metió dentro cerrando con llave.
Pegada a la puerta…
-¿No te gusto sin ropa?
-Con lo serio que eres…
-Tengo mis encantos ocultos. Ven aquí enana.
Y la cogió en brazos.
-Luca, no seas tonto que vengo a echarme una foto.
-¿Y te pones ese vestidillo?
-Para estar fresquita.
-Prefiero que estés calentita conmigo.
-Luca…
-Qué…
Luca ya le desabrochaba el vestido.
-Por dios nos van a pillar, ya verás.
-Yo te voy a pillar.
Y de un tirón la bajó el tanga.
-¡Ah dios Luca, bruto!
-Mete la mano. Mete la mano mujer y verás lo bruto que estoy.
Y ella metió la mano.
-Madre mía Luca…
-Sí, madre mía…
Y la tumbo en el sofá besándola y acariciándola y mordiendo sus pezones, lamiéndolos.
-Así no me hago foto- dijo entrecortada.
-Después. Métela tú, abre las piernas para mí, ¡joder cómo estoy!. Cómo me pones solo con verte Sira.
Y ella abrió las piernas y él se coló dentro, pero su boca.
-Ay, Luca que… No me han hecho eso nunca.
-¿No te lo hizo?
-No.
-Bueno, soy el primero y me encanta hacértelo.
Y ella se puso nerviosa.
-Relájate mujer. Solo voy a comerte.
-Dios mío- decía ella cuando él metió su boca en su sexo y ávido y experto la chupó, la lamió y ella cogía su cabeza y la hundía en su sexo.
Y gemía bajito diciendo su nombre.
Tuvo un orgasmo sin previo aviso, sin esperarlo. Y quedó en la boca de Luca.
Jadeaba y había sido…
Pero Luca no dejó pasar el tiempo, iba a reventar al verla así, acalorada, húmeda en su boca, subió a ella y la penetró y esos vaivenes presionando las paredes internas de su sexo hicieron el resto.
El se quedó en ella y ella tuvo de nuevo otro orgasmo demencial con Luca.
Si no era su hombre, al menos para el sexo lo era.
Lo abrazó fuerte, y se besaron.
-¿Qué voy ahora a hacer sin ti?. Llevaba meses sin sexo enana y ahora… eres mía. No quiero que lo hagas allí. Tampoco puedo pedirte promesas.
-¡Qué loco eres! Si no lo he hecho en dos años al menos. Ahora menos.
-¿De verdad?
-De verdad Luca. Pero esto ni está bien, y nos van a pillar, se va a enterar Jeremy, verás.
-No tiene por qué, seremos discretos hasta que estés tiempo en casa, un año y luego lo diremos.
-Pero Luca, nos conocemos hace cinco días.
-Cuando quiero algo lo sé.
-No soy un caballo.
-No, eres mi potrilla vaquera.
-No puedo contigo.
-Claro que no.
-Me visto y me haces esa foto. Voy a dar un paseo.
-Voy contigo, luego termino. Tengo que buscar un sitio para la foto sin nada detrás.
-Tienes un pene grande- le dijo mientras se ponía el chándal.
-¿Te gusta?
-Sí y rosado y me encanta y lo tocó.
-Ey loca, ni toques.
-Pues tú si que tocas.
-Porque tus tetas son preciosas y ahí abajo está húmedo siempre, y espero que sea solo para mi. Pero si me tocas me pongo de nuevo y no salimos.
-¡Que posesivo eres!
Cuando se vistieron, ella entro al baño y se recompuso.
Buscaron un rincón de la casa que no tuviese nada detrás y le hizo unas diez fotos.
-Esa me gusta- dijo ella.
-Si, es la que me gusta mas también. Pues esa la imprimo unas cuantas veces en tamaño pequeño y luego se las llevo a papá. Seguro que el martes está manos a la obra.
-Me encanta esta familia, Luca. Si no fuera porque cuando te vi…
-Me pasó lo mismo.
-No quiero que me hagan daño. Y a ellos tampoco.
-No voy a hacértelo o papá me mataría.
Y ella lo abrazó.
-Mi enana…
-Venga llamemos a Jeremy y demos una vuelta.
-Y mientras Luca cerraba la puerta. Llamó a Jeremy.
-¿Cómo estás loco?
-Ufff- me duele la cabeza.
-¿Quién te mandó tomar tantos chupitos? ¿Te vienes a dar un paseo con Luca y conmigo?
-Prefiero luego Sira, me acabo de tomar una pastilla. Es que nunca bebo.
-Bueno échate en el sofá a oscuras un rato.
-Sí eso haré. Y le dio un abrazo.
La cena fue una cena entre triste y alegre. Al día siguiente se iba Sira, quizá por unos meses y acababa de llegar a sus vidas. Ella intentaba que no se sintieran tristes que fuesen optimistas.
Jeremy ponía una nota de humor y Luca la miraba con deseo. ¿Qué había pasado entre ellos.
Era una locura.
Para sus padres iban a ser hermanos.
Sira pensó que no debía sentir nada.
Para no hacer daño.
Para no hacérselo
Para pensar lejos de él.
Para pensar en todo.
Laura.
Hablaría con ella.
Siempre le daba buenos consejos.
Quizá se había equivocado.
Pero Luca para ella era irresistible.
Eran idénticos, pero miraban distinto y por eso Sira los reconocía.