Los años dormidos CAPÍTULO V
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CAPÍTULO V

-Hola madre.

-Hola cariño, ¿estabas cansada?

Se sentó a su lado. Hellen tenía un libro en las manos y lo dejó abierto bocabajo al otro lado del sofá.

Y ella la abrazó.

Hellen estaba encantada.

-Estos días, la tensión de la prueba, el enterarme de todo, el viaje largo.

-¿Quieres un café?

-Me apetece sí.

Y su madre se lo llevó con leche y azúcar y un trozo de tarta.

-Mamá voy a engordar.

Había pasado de madre a mamá y estaba tan encantada.

Se echó en su hombro.

-¡Qué bien se está aquí! He dormido poco pero tanto silencio y este aire de campo…

Le dijo que le encantaba la habitación y charlaron sobre cómo había sido su vida allí, cómo era la casa y el bufete, Sevilla…

Y oyó un ruido.

-Es Luca, está en el despacho.

Y en esas sonó el teléfono .

-Mi amiga Melanie. Me llama todas las tardes.

-Habla con ella, dejo esto en la cocina y voy al despacho.

-Vale hija.

Llamó al despacho aunque la puerta estaba abierta.

-Hola, ¿puedo pasar?

-Estás en tu casa- la miró.

-¿Has oído lo que hemos hablado?

-Esto está en silencio así que sí, lo he oído. Eres rica.

Y ella se rio.

Se sentó en uno de los sillones frente a él.

-¿Qué quieres decirme?

Cerró el portátil. Parecía haber acabado.

-Demos un paseo.

-Bien.

Salieron a dar un paseo al frescor de la tarde.

-No quiero que les hagas daño.- dijo Luca.

-Ella lo miro.

-¿Cómo no se lo haría según tú?

-Quedándote con ellos en el rancho para siempre.

-Y con vosotros.

-También.

-Pues aún no se lo he dicho. Vuelo en cinco días el lunes, tengo el billete sacado. Pero volveré.

-¿En serio?

-Claro que sí. Voy a ir a vender la casa de mis padres que ya es mía y el bufete.

-Eso tardarás en venderlo

-Quizá no, mi subdirector está interesado y ha mandado hoy tasarlo.

-¿Tu novio?

-No tengo novios... tuve uno que me puso los cuernos y aprendí- sonrió Luca.

-¿Solo uno?

-Solo uno y no te rías, lo lloré mucho. Era el primero. Y yo demasiado romántica.

-Perdona.

-Papá y mamá estarán contentísimos cuando se lo digas. Mama ha sufrido mucho.

-Lo sé. Por eso no quiero que sufran más . Yo allí ya no tengo familia. Buscaré un trabajo en Austin y viviré en el rancho.

-Te harán una cabaña.

-Lo sé-dijo ella riendo.

-Bueno ¿y tú tienes novia hermanito?

-No me digas hermanito. No lo somos.

-No, no lo somos.

-No tengo.

-¿Rollitos solo?

-Y sin compromiso de una noche de vez en cuando. No soy un mujeriego, pero tengo mis necesidades.

-Ya.

-¿Tú no?

-De momento tengo necesidades claro, pero sin sentimientos no me acuesto con cualquiera. Sería algo muy especial de una atracción química insuperable.

-Una buena chica.

-Eso es. De las que se casan.

Y Luca sonrió por primera vez.

-Mañana te enseñaremos el rancho. Montarás conmigo. Jeremy está un poco loco.

Y ella se rio.

-Me encanta.

-¿De qué forma?

-¿De qué forma va a ser Luca?. Es gracioso y divertido. Deja de ser tan protector y relájate.

-Sé relajarme.

Y ella lo miró asombrada.

No había duda ninguna en cómo se lo dijo.

Ni en cómo la miró.

-No juegues.

-Nunca juego.

La tensión cortaba el aire.

-Sé que te ha pasado lo mismo.

-¿Eres adivino?

-Dime que no.

-Estoy confundida, pero sí.

-Joder Sira…Maggie.

-Sira. Ese me gusta más.

-Tenemos un problema.

-Houston.

-¡Qué graciosa!

Y ella se rio y le dio en el brazo.

-Ay…

-Eso puede ser pasajero.

-Lo veremos.

-Anda vamos a cenar, que viene Jeremy y nuestro padre. Y él le echó el brazo por encima.

-¡Qué enana eres!

-Que te doy…

Sería serio, pero incorregible también. Nadie vería eso sino como una muestra de afecto.

Salvo ellos.

…

La primera cena en el rancho Allen fue mucho más silenciosa de lo que cualquiera había imaginado.

La enorme mesa de madera del comedor estaba preparada para cinco personas. Hellena había insistido en colocar las mejores flores del jardín en el centro y en sacar la vajilla que solo utilizaban en ocasiones especiales. Aunque nadie dijo en voz alta, todos sabían que aquella noche era única.

Después de veintidós años.

Después de una vida entera.

Sira se sentó entre Hellen y Jeremy.

David ocupó la cabecera, incapaz de apartar la vista de ella más de unos segundos.

Cada gesto, cada movimiento le recordaba a la niña que había perdido.

-Bueno…- dijo Jeremy rompiendo el silencio- Creo que soy el único que puede admitir que está muerto de hambre.

Las risas aparecieron al instante.

-Eso no ha cambiado desde que tenías cinco años- dijo David.

-Ni cambiará.

-Confirmado- añadió Luca desde el otro lado de la mesa.

Aquello ayudó a relajar el ambiente.

La cena comenzó entre platos de carne asada, verduras del huerto y pan recién hecho.

Sira observaba todo.

Las fotografías familiares colgadas en las paredes.

Las ventanas que daban a los pastos.

Las miradas que, una y otra vez, terminaban regresando a ella.

Como si todavía no creyeran que estaba allí.

-¿Y qué te parece Texas?- preguntó Jeremy.

-Muy distinto a Sevilla.

-Eso es una forma elegante de decir que estamos en medio de ninguna parte.

-Oye- protestó David.

-Papá, vivimos rodeados de caballos.

-Caballos de primera.

-Caballos caros siguen siendo caballos.

Sira soltó una carcajada.

La primera verdadera carcajada de la noche.

Y entonces, se relajaron un poco más.

Hellen observó en silencio.

Aquella risa.

La forma de inclinar la cabeza.

Incluso el brillo de sus ojos.

Había tantas cosas que le resultaban familiares que por momentos al verla y ver a toda su familia alrededor de la mesa, tenía que contener las lágrimas.

-¿Mamá?

Había sido Sira quien la había llamado así. No era la primera vez esa tarde pero era raro.

Todos quedaron inmóviles porque no lo habían oído esa tarde mientras la madre enseñaba la casa a Sira.

Los ojos de Hellen se llenaron de lágrimas.

-¿Te encuentras bien?

-Ahora sí.

David se levantó y besó la cabeza de su hija emocionado.

Jeremy intervino antes de que aquello terminara como el rosario de la aurora, todos llorando.

-Vale como representante oficial de los hermanos mayores…

-Nacimos el mismo día- dijo Luca.

-Déjame terminar.

-Adelante.

Jeremy sonrió a Sira.

-Quiero que sepas una cosa. No importa cuánto te quedes aquí. Una semana, un mes, para siempre… Esta es tu casa. Y nosotros tu familia.

Sira sintió un nudo en la garganta desde su llegada al rancho. Porque aquellas personas eran prácticamente desconocidas.

-Y sin embargo…

Había algo en aquella mesa.

En las bromas.

En las miradas

En Luca.

En el cariño contenido durante años.

Algo que se parecía muchísimo a estar en casa.

-Gracias- susurró.

Lucas que había permanecido muy callado toda la noche, habló entonces.

Todos miraron.

-Mañana verás el rancho. Te lo enseñaré. A los chicos, todo.

-¿Tú?- dijo Jeremy- y David sonrió.

-Sí.

-¿Voluntariamente?

-Sí.

-¿Sin que nadie te obligue?

-Jeremy…

-Estoy intentando procesarlo.

Las risas llenaron el comedor.

Los Allen…

No eran perfectos.

No sin heridas.

Pero completos.

Y entonces fue el momento de Sira…

-Quiero deciros algo.

Y todos prestaron atención.

-Me vendré a vivir al rancho. Para siempre- y los padres lloraron emocionados.

-¿De verdad hija?

-Sí papá. Ya habéis sufrido bastante. Allí no tengo familia y aquí sí, la que perdí.

-¡Dios mío hija!. Dijo Hellen, no sabes lo feliz que soy, he estado tan perdida…

-Vamos mamá y se levantó a abrazarla.

-Mira David… lo conseguimos. Dios es justo.

-Veréis, me voy el lunes, ya tengo el billete. Me están tasando el bufete y el subdirector quiere comprármelo. Luego tengo que vender esa casa enorme. Y los dos coches. No sé qué tardaré, pero me quedan con vosotros cuatro días. Hablaremos todos los días.

-¿De verdad vas a hacer eso?

-Voy a hacerlo. Me tomarés un par de semanas de vacaciones aquí. La sala es mía- y todos se rieron.

-Te pondré lo que necesites. Dijo David contento.

-Está bien así papá, con una mesa de despacho tengo.

-Yo me ocupo, dijo Luca.

-No me quites el sofá ni nada.- dijo en broma. Después he pensado invertir algo de dinero y buscar trabajo. Si necesitáis dinero…

-Claro que no hija. El rancho va muy bien.

-Pues después de tomarme unas vacaciones e ir de compras con mamá en el coche que me compre, me podré a buscar un trabajo, pero viviré aquí. Esto me encanta. Está cerca de la ciudad.

Los padres aún emocionados.

-Quiero cambiarme el apellido, si tú quieres papá.

-Por supuesto, eres una Allen.

-Pero no el nombre. Me gusta Sira. Maggie me recuerda a los Simpsons.

Y todos se echaron a reír.

-Lo que tú digas.

-No soy nada sin Sira.

-Es precioso, sí nos gusta, el abogado se encargará de todo y cuando vengas tendrás toda la documentación lista. Que Luca te eche una foto de cara para los documentos.

-Dios mío todos mis hijos juntos.

-Espero venir lo antes posible, pero tardaré quizá dos meses. No sé, espero que menos.

-No importa. Si te vienes…

-Quizá tenga suerte y venda en un mes.

-¿Lo has decidido bien?

-No quiero arrepentirme y estoy segura de que hago lo correcto. Pasaré por el cementerio y los perdonaré, dejaré atrás el pasado y comenzaré de nuevo.

Y así la abrazaron todos y tomaron café en el porche. Nos la llevamos a ver las cabañas… ahora la traemos.

Y se la llevaron entre risas.

-David.

Y se abrazó a el Hellen.

-Era nuestra. Era nuestra para siempre y es maravillosa. Al menos hicieron algo bien. Es una chica inteligente y nos querrá, si ya no nos quiere. Nos llama papá y mamá.

-Me emociono.

-Le prepararemos la sala, un hueco para un despacho al lado de la ventana, el resto le encanta. Iré de compras con ella de ropa.

-Gasta lo que debas. Que se compre lo que le guste.

-Mira que decirnos que si necesitamos dinero…

-Le compraremos una yegua mansa y que Luca la enseñe a montar.

Y el año que viene cuando hagamos cuentas, le haremos una cabaña. Como a los chicos.

-Sí, un año para nosotros.

-Te quiero mujer.

-Y yo a ti. Tanta espera. Soy la mujer más feliz del mundo con mis hijos.