Los años dormidos CAPÍTULO IV
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CAPÍTULO IV

Cuando se separó fue Luca el primero en apartar la mirada.

Porque algo extraño le había ocurrido al verla.

Algo que no esperaba.

Algo que no había sentido.

Sabía perfectamente que no era su hermana biológica.

Lo sabía desde siempre.

Y aún así…

Aquella joven española de ojos verdes había aparecido a la puerta del rancho y por un instante, el mundo del rancho cambió, pareció detenerse. Como su corazón.

No entendía por qué.

Ni estaba dispuesto a admitirlo.

Así que enterró aquella sensación en el fondo de su mente.

Bueno, nosotros nos vamos Luca- dijo Jeremy, hay trabajo, los dejamos con papá y mamá. Tiene mucho de qué hablar. Pero esta noche te vienes con nosotros y te enseñamos las cabañas y hablamos.

Y mañana te enseñamos el rancho.

-¿Sabes montar?- decía Jeremy emocionado.

-He visto los caballos en la feria y de lejos- y se rieron.

-Montarás con Luca o conmigo y ya veras.

-¿Las agujetas?

Era graciosa y congeniaba con Jeremy.

-Muy graciosa hermanita.

-Le dieron un beso en la mejilla y a sus padres y salieron.

-Son encantadores- dijo Sira- Luca más serio.

-Es muy protector hija- dijo Hellen- ve acércate tenemos los tres mucho que hablar.

Y empezaron a contarle cómo la perdieron en un segundo, a veces lloraban, como al año la dieron por perdida, la esperaron y nada.

-Tu padre habló con los servicios sociales, ambos nos sentíamos culpables, cada uno a su manera, él trabajando como un loco y yo me deprimí tanto que no levantaba cabeza.

Hasta que un día dos años después de desaparecer mi niña preciosa, me trajo al rancho a estos dos.

Estamos tan orgullosos... Si los hubieras visto.

Pegaditos, de la mano. Luca no lo dejaba solo nunca.

Era el mayor- y se reía. Tímidos, con hambre, sin ropa.

Hellen siguió después de suspirar.

-Y Míralos ahora con 29 años, su carrera y con tu padre mano a mano.

Son muy buenos hijos. Tu padre le hizo unas cabañas después de graduarse y trabajar aquí.

Aún no traen chicas. No sé cuáles son sus gustos.

Pero siempre cenan con nosotros y desayunan con los chicos en el barracón y toman algo a media mañana.

Hizo una breve pausa.

Luca es más de despacho y Jeremy un potro salvaje como tu padre- y ella se reía.

Mía y yo nos ocupamos de la casa y la comida. Viene un chica a limpiar, Deby y la ropa. porque Mía se encarga más de la cocina y yo de hacer las listas de la compra. Tu padre quiere que disfrute y los chicos no quieren que trabaje. Después te enseñaré la casa. Y coges la habitación que quieras.

-Vale.

-Hemos sufrido mucho.

-Lo sé. Me cuesta decir madre, o padre.

-No te preocupes, debes estar preparada, le dijo David. Hace poco que murió la madre que conocías.

-Sí. De cáncer y mi padre de un infarto. Y no quiero pensar que hicieron algo malo. Lo que hicieron conmigo fue darme todo lo que una niña puede desear, soy abogada.

-Sí. Me lo ha dicho tu padre- dijo Hellen.

-Tengo un gran bufete de abogados allí en Sevilla y una gran casa, con piscina.

-Y te volverás…- dijo con tristeza Hellen.

-Voy a quedarme unos días aquí y lo pensaré.

-Aquí tienes tu casa.

-Sé que allí tengo a una amiga si acaso. Y trabajo. Pero no familia. Quiero ser sincera con vosotros. No quiero haceros más daño. Mi peso en la balanza es estar cerca. Nos lo merecemos todos.

-Hija…- la abrazaba la madre. Si te vienes…

-Si me vengo, es para trabajar también. El rancho está ocupado.

-Podemos buscarte algo.

-He pensado que si tomo esta decisión, puedo poner un despacho de abogados aquí, es lo que sé hacer, lo que he visto hacer toda mi vida. O trabajar en uno y tener más tiempo.

-Si es lo que quieres…. Y si necesitas dinero…pero quisiera que vivieras con nosotros en el rancho, tiene dormitorios y si no, tu padre manda construir una cabaña igual que la de los chicos.

-No haría falta al principio, no tengo pareja, ni nada.

-No es por eso, es por tener intimidad. Cenas con nosotros, nos cuentas todo, salimos de compras…

Y ella la abrazó

-Lo que nunca pudiste hacer.

-Eso es.

-Pero no me compres coletas.

-Dios mío- se reía con ganas- eres como Jeremy de graciosa. Quiero que te vengas, pero si decides no hacerlo iré a verte largas temporadas.

-Quizá tarde unos meses en vender todo. Porque si me vengo, me vengo para siempre. No quiero tomar una decisión equivocada.

-Para eso te quedas estos días y si quieres alguno te acompañamos a España para traer tus cosas.

-Serían muchos meses y no podéis dejar esto solo. Pero hablamos todos los días.

-Ojalá te vinieras.

-Eres igual que yo, madre- se la quedó mirando y esa palabra, madre le llegó a lo más profundo.

-Sí, tu padre decía eso cuando eras pequeña. Por los ojos. Venga. Te enseño tu habitación y descansas. David sube la maleta.

-Voy, esta en el maletero. Luego tengo que ir con los chicos.

-Hoy toca la casa y conmigo- dijo Helen contenta.

Y le enseñó la parte de abajo, dos salones grandes, uno era un gran despacho.

-Ahí viene a veces Lucas por las tardes aunque en su cabaña tiene otro. Jeremy también para anotar la vacunación. Tu padre te explicará todo lo del rancho y ellos también.

-Esta es la cocina abierta al salón. Mía. Es la dueña- Y Mía se reía.

-Señorita es la viva imagen de su madre. ¡Qué guapa!

-¿A que sí Mía?

-Sí señora.

-Mía es como de la familia. Es la mujer del capataz Logan. Se va cuando deja la cena y recogida. La cocina. Viven en una casa pequeña. Ya la verás. Tiene un hijo Jack, que trabaja con nosotros.

Iba señalando.

-El salón comedor para seis. En la isla también podemos comer. Ven por aquí.

Es precioso y enorme todo madre.

-¿Te gusta?

-Me encanta. Es moderno, los colores son… me gusta la sala.

-Será tuya. Para lo que quieras, apenas se usa.

-¿Me la puedo quedar?

-Pues claro cariño. Mira este es el patio. Ahí un baño antes de salir. Pequeño.

-Y esas puertas, lavandería, y limpieza, herramientas y cosas de piscina y aquella para meter las tumbonas. Hay un toldo para que no de calor, eléctrico y tenemos calefacción central y aire. Luego te doy las claves también. Este es un porche, a veces cenamos aquí. Siempre hay un balancín de más.

-Madre… y la abrazaba. Sira si algo tenía es que era cariñosa.

-Barbacoa que se encargan los chicos y la piscina con césped.

-Es grande el patio.

-Sí. Y esta puerta a la izquierda que tiene una pileta, es para que se quiten las botas y entren por ese lateral, si no me dejan la casa que no veas- y Sira se reía.

-Ven, vamos arriba.

-La principal. Doble, todas tienen baño.

-¿Todas?

-Sí todas, el nuestro doble.

-¡Que barbaridad!

-Luego otras cuatro, las que eran de los chicos que las puse ya de invitados y la tuya, en cuanto supe que venías, subí todo al desván y te la compré nueva.

-Madre, pero si no sabías…

-Entra y mira,

-Dos vestidores, y esa cómoda. Me encanta. La cama, tengo televisor y da al campo.

-Como la nuestra

-Es preciosa, la colcha, me gusta todo. Gracias.

-Ahora Deby te deshace la maleta, si te ve algo arrugado lo plancha y si tienes algo para lavar, lo dejas en el cubo. Ven al desván.

-Madre esto es una planta sola, enorme.

-Sí, aquí tengo recuerdos, si te vienes puedes dejar en un hueco lo que quieras Hay espacio. Tus juguetes, tus ropas… una cuna, todo. Y esta es toda la casa. Te dejo con Deby y descansas. Luego cenamos a las seis. Pero si bajas antes, tomamos un café.

-Sí, claro, voy a llamar al bufete y a mi amiga Laura.

-Muy bien hija

-Madre…

-Dime…

Y la abrazó fuerte.-Y ella se emocionó.

Parecía ir todo muy bien.

Pero estaba Luca.

Algo le pasó al verlo y eran idénticos, pero Luca se notaba, distinto, más serio.

No quería pensar.

No, no, no.

Problemas aunque no era su hermano biológico.

-Fuera cupido- dijo ella a solas.

Y empezó a deshacer su maleta.

Llegó Deby y a la media hora la dejo sola duchada y con el pelo seco, un vestido fresco de algodón estampado y unas zapatillas blancas.

Se tumbó en la cama por fin con la puerta cerrada sin llave.

Primero llamó a Juanma al bufete.

-Hola Juanma.

-Hombre jefa perdida. Por aquí todo controlado.

-Quiero contarte algo Juanma, ¿tienes tiempo?

-Sí, acabo de abrir.

-Pongo video que es más barato

-Venga.

Y ella empezó a relatarte por qué había ido allí precisamente. Absolutamente todo.

-Pero Sira, eso quiere decir que tus padres…

-Dilo, me compraron, creo, ilegalmente y se mudaron a Sevilla. Las casualidades no existen.

-¿Y tus padres tienen un rancho?

-Y dos gemelos adoptivos.

-Y te has hecho la prueba de ADN.

-Exacto.

-¿Vas a irte?

-Estoy barajando la posibilidad. No me queda nada. Me lo deberían haber dicho, pero dejaron que lo descubriera. Se lo perdono de todas formas porque he sido feliz, pero imagina, tantos años de sufrimiento de mis verdaderos padres, Juanma.

-¡Joder Sira!

-Si me voy creo que buscaré trabajo. Montar un despacho será carísimo y no quiero quedarme sin dinero. Y sobre todo, quiero tener tiempo para ellos. Viviré en el rancho, quieren construirme una cabaña como mis hermanastros.

-Eso te lo aconsejaría. Invierte parte del dinero y no montes un negocio. Busca trabajo. Eres muy joven Sira.

-Sí, lo sé.

-Quiero que si vendes esto, me tomes como primera opción.

-¿Quieres comprarlo?

-Me gustaría. Haré cuentas, tendré que pedir un préstamo. Tendrás que enviar un tasador. Pero me quedaría con todos los abogados y el personal. Eso ni lo dudes.

-Es comprado.

-Lo sé que es comprado, pero mis padres me darían algo, he heredado de mi abuelo una casa y una finca que vendería. Y si me falta un poco es justo lo que pediría al banco.

-Manda un tasador de mi cuenta.

-¿En serio?

-Sí.

-¿Y la casa?

-Cuando vaya la pongo en venta y los coches.

-Que no te timen, la casa no menos de cuatrocientos o cuatrocientos cincuenta mil. Tiene quinientos metros cuadrados y mil de terreno.

-Lo sé.

-¿Cuándo vuelves entonces?

-La semana que viene. Tengo cinco días. Para ver todo y saber que me quedo o me voy.

-Bien, ahora llamo a un tasador. Y hago cuentas también por si acaso. Y decides.

-Eso lo paga la empresa, ya sabes cómo, deja la factura.

-Perfecto. Disfruta Sira. Y vete con ellos si son buenos. Aquí no tienes familia.

-Gracias Juanma.

-De nada… pásalo bien.

Se quedó contenta con la llamada y más si él se quedaba con el bufete y nadie iba a la calle. Eso era imprescindible.

La próxima la hizo a su amiga Laura.

-¡Hola amiga!

-Ey que haces que no me llamas…

-Estoy en el rancho. Vuelvo en cinco días.

-¿Son tus padres?

-Lo son. ¿Por qué no me lo dijeron Laura?

-Porque no podían, ibas a odiarlos. De esa manera sabían que los perdonarías y encontrarías a tu verdadera familia. ¿Cómo son?

-Encantadores. Perfectos. Mis hermanos… bueno los hijos adoptivos, te encantarían.

-¿Qué pasa…?

-Luca.

-¿Quién es?

-Uno de los gemelos. Luca.

-¿Y?

-No sé, siento algo extraño cuando lo veo, me pone nerviosa y al abrazarme me dijo que tenemos que hablar. Aunque Hellen, mi madre, dice que es muy protector.

-Será para que no les hagas más daño.

-Seguro.

-Te ha gustado, ¿eh?. Mira que a ti para que te guste un chico… te gusto solo Rubén y no tuviste más.

-Porque me fue infiel Laura. Y era el primero. No perdono eso.

-Hiciste bien, por ahí lo veo Rubeneando- y ella se reía.

-¿Te irás verdad?

-Me iré. Cuando venda el bufete, lo quiere Juanma.

-¿Se lo has contado?

-Ahora mismo… lo va a tasar. No te va a echar. A ninguno.

-¿Y tú?

-Venderé la casa, los coches y buscaré en un bufete.

Para tener más tiempo con ellos. Viviré en el rancho.

Y me van a hacer una cabaña como a los gemelos.

Mientras vivo en la casa. Debería un tiempo.

El resto del dinero lo invertiré. Y me visitarás en vacaciones y alguna vez iré, cada dos años o así a llevarle flores. Hicieron lo que pudieron. No los juzgo.

-No debes. Haz a los tuyos felices ahora. Abraza como sabes. Ama como si te hubieran puesto un milagro delante. No estás sola.

-¡Qué sabia eres!

-La vida es corta y si te pone limones haz limonada y si te pone una familia la quieres.

-¿Y si me pone a Lucas?

-No es tu hermano.

-¡Ay dios Laura…! Venga te dejo trabajar. Ya te llamo cuando llegue y te vienes a casa a dormir hasta que me venga.

-Lo que quieres es que te ayude a recoger.

-Te llevarás lo que te guste a tu apartamento nuevo medio amueblar que te has comprado.

-Siendo así…

-Besos loca.

-Cuídate.

Se quedó pensando un rato y en ese silencio, se quedó dormida. Estaba cansada de esos días y aún no había recuperado sueño.

Se despertó a las cuatro y media.

Se dio con agua en la cara, un retoque y en el pelo y bajó a la planta de abajo.