CAPÍTULO IX
Al salir para ir a cenar, él abrió el garaje y le dijo que esperara.
Sacó un coche color gris plata. Al final eligió ese, porque era bonito y más serio.
Lo sacó y se bajó del coche. Le dio las llaves y le dijo:
-Abogada, este es tu regalo. Lo necesitas.
-Ay Jeremy, por dios…
-¿No te gusta?
-Es ideal.
-Mañana damos una vuelta y te enseño cómo funciona todo.
-Pero Jeremy, este coche vale…
-Bueno, unos cuántos viajes a Sevilla, pero merece la pena. Es igual que el de Sira.
-No sé cómo voy a pagártelo. En cuanto trabaje…
-No seas tonta, somos una familia. Pero en carne puedes pagármelo.
-¡Qué bobo eres!. Te quiero, te quiero, que bonito, saltaba ella y se metió dentro.
-Huele a nuevo Jeremy.
Parecía una niña. Y él se reía.
Al final fueron a cenar y a la vuelta, se metieron en la piscina un rato, jugando, nadando y haciendo el amor hasta las doce de la noche en que rendidos, se acostaron.
El domingo, estuvieron dando una vuelta y él le enseñó todo con respecto al coche. Después fue a dar una vuelta a los animales y ella se quedó repasando las preguntas de la entrevista.
…
El lunes amaneció gris sobre Austin, pero Laura llevaba despierta desde la cinco y media, desde que Jeremy se levantó para desearle suerte. Apenas había dormido con los nervios, no porque tuviera falta de sueño, que la tenía.
Sobre la silla del dormitorio descansaba el traje azul marino que había elegido para tal ocasión.
Sencillo.
Elegante.
Y absolutamente profesional.
El mismo que había utilizado en Sevilla para ganar más de un juicio.
A las siete y diez salió de la cabaña con un café para llevar entre las manos y una mezcla de ilusión y miedo revolviéndole el estómago.
Y allí estaba.
El todoterreno de Jeremy seguía aparado junto al granero, pero ella sonrió al ver el coche plateado que él le había regalado el sábado.
Todavía le parecía una locura.
-No tenías por qué hacerlo, vaquero loco- murmuró acariciando el volante, antes de arrancar.
Una hora después, el edificio de Harrison, Cole & Whitman LLP, se alzaba ante ella, imponente, moderno y elegante.
Laura tragó saliva.
Aquello era otra liga.
Aparcó, respiró hondo y se dirigió a la entrada.
Buenos días- saludó la recepcionista- ¿Nombre?
-Laura Fernández. Tengo una entrevista en Recursos Humanos.
-Por supuesto el señor Whitman dejó instrucciones. Puede subir a la planta treinta y dos.
Laura parpadeó.
El señor Whitman.
Subió en el ascensor intentando convencerse de que aquello no era un favor. Si, Sira le había conseguido la entrevista, peor nadie regalaba un puesto de trabajo en uno de los mejores bufetes de Austin.
Cuando las puertas se abrieron, vio a una figura familiar acercándose por el pasillo.
-¡Laura!
Sira apareció con una sonrisa enorme. Elegante, impecable y con esa seguridad que había ido adquiriendo con los años.
El traje crema.
Los tacones.
La carpeta en la mano la convertían en la imagen misma de una abogada de éxito.
-¿Has llegado hace una hora?- preguntó abrazándola.
Laura rio nerviosa.
-Cincuenta minutos.
-Yo llegué un ahora y media antes cuando empecé aquí. No te preocupes.
-¿En serio?
-En serio. Me escondí en una sala de reuniones porque me daba vergüenza reconocerlo.
Las dos rieron.
-Escúchame- dijo Sira, poniéndose seria- Yo solo e he abierto la puerta, una puerta. Nada más. Si te contratan, será porque eres brillante, porque tienes experiencia y porque hablas inglés mejor que muchos socios.
¿Entendido?
Laura asintió.
-Entendido.
-Bien, y otra cosa…
-¿Qué?
-No menciones que eres amiga mía. Ni cuñada. Ni nada del rancho si no te lo preguntan. Quiero que te conozcan a ti, no a la recomendada de Sira Allen.
Laura sonrió.
-Gracias.
-No me las des. Ya hiciste por mí, tú y tus padres, bastante, cuando murieron mis padres de Sevilla.
En ese momento apareció un hombre de unos cincuenta años, pelo entrecano y mirada inteligente.
-¿Señorita Fernández?
Laura se volvió.
-Sí.
-Harrison.
Le tendió la mano.
-He oído cosas muy interesantes sobre usted.
Laura se levantó.
-Espero que buenas.
El hombre sonrió.
-Eso está por ver.
Sira observó la escena y, justo antes de que ambos se alejaran, guiñó un ojo a su amiga.
-Rompe algunos esquemas Laura.
Y mientras seguía a Harrison por el pasillo, Laura sintió algo que hacía mucho tiempo no experimentaba.
La sensación de estar empezando una nueva vida.
Sin saber que al otro lado de la ciudad, Jeremy llevaba quince minutos mirando el móvil, preguntándose si era demasiado pronto enviarle un mensaje deseándole suerte… o si aquello sería distraerla cuando más necesitaba concentrarse. Y permaneció quieto, por si estropeaba la entrevista.
…
La entrevista, apenas había durado cuarenta minutos, pero para Laura se habían convertido en toda una vida entera.
Cuando salió del despacho de recursos Humanos, todavía llevaba la carpeta apretada contra el pecho y una sonrisa incrédula en los labios.
Bienvenida a Harrison, Cole& Whitman LLP, señorita Fernández. La esperamos el próximo lunes- le había dicho uno de los socios estrechándole la mano.
Ella apenas pudo responder con un agradecimiento antes de abandonar el edificio. Al cruzar las puertas de cristal, la luz de la mañana la obligó a entrecerrar los ojos… y entonces lo vio.
Jeremy apoyado despreocupado contra su enorme camioneta negra, con las gafas de sol colgadas del cuello de la camisa y una sonrisa que siempre conseguía desarmarla.
-¿Y bien?- pregunto separándose del vehículo.
Laura lo miró un segundo y, incapaz de contenerse, echó a correr hacía él.
-Empiezo el lunes.
Jeremy la atrapó entre sus brazos y la levantó del suelo, haciéndola girar una vez.
-Sabían que eran demasiado inteligentes para dejarte escapar.
Laura se echó a reír.
-¿Y si me hubieran dicho que no?
-Entonces te habría llevado a comer igual y habría pasado el resto del día convenciéndote de que el mundo estaba equivocado.
Ella apoyó la frente en su pecho todavía emocionada.
-Empiezo el lunes, Jeremy.
-Lo sé, cariño- susurró él besando su pelo- Y estoy condenado a presumir de mi abogada favorita para el resto de mi vida.
Y, con en una mano entrelazada con la de ella, se alejaron juntos por la acera a buscar un buen restaurante para celebrarlo, porque ese fue el comienzo de algo mucho más grande que un nuevo trabajo.
El resto fue ir a celebrarlo a un restaurante con Jeremy y mientras le traían la comida, llamar a sus padres, a Sira y al rancho.
Ese día no lo olvidaría Laura jamás.
La cena familiar de esa noche fue preciosa. Hellen encargó a Mia que hiciera una cena especial y terminaron brindando con Champagne.
Laura abrazó mil veces a Sira emocionada.
Esa noche fue muy especial para Jeremy y Laura, porque ahora ella era completamente feliz.