CAPÍTULO X
Los días pasaron, y las semanas y los meses y Laura se hizo a su trabajo como Sira. Era una gran trabajadora y mediadora en conflictos familiares.
El bufete no se equivocó al contratarla. Y estaban tan satisfechos como lo estaban de Sira. Hablaban castellano y eso en Texas era muy importante, casi imprescindible.
La vida en el rancho era maravillosa ahora.
Llegaba como Sira y tenía a Jeremy esperándola, siempre apoyándola, siempre cuidándola y protegiéndola, porque así era él.
Hacerle la vida más fácil a veces salían los cuatro los fines de semana a cenar por Austin, a veces, los seis o a veces solos.
Y el resto de la semana Hellen los quería en la casa familiar.
Tener a sus hijos alrededor de la mesa y contar cómo había ido el día hacía a todos felices y David y Hellen, estaban orgullosos de su familia y de sus hijos, porque hasta Laura era hija suya.
Todos eran una piña. Todos se apoyaban, todos se querían. Y loque David y Hellen pasaron ya hacía casi veinticinco años, quedó en el olvido. De la soledad y tristeza más absoluta, dios le devolvió con creces una familia y a la hija que perdieron.
Llegaba Navidad y Laura quería que vinieran sus padres al rancho. Y una de las noches , después de Acción de Gracias. Se lo preguntó a Hellen y a David.
-Pero hija, no tienes que preguntarnos nada. Son bienvenidos, además tengo ya ganas de conocerlos. Aunque he hablado alguna vez por video, me gustará conocerlos. Claro que sí.
-Voy a regalarles el viaje. Solo pueden quedarse una semana. La de Navidad. Luego trabajan, pero tengo muchas ganas de verlos y enseñarles esto.
…
Y así fue como un mes después los padres de Laura, Manuel Fernández y Carmen Romero llegaron al rancho.
Laura fue al aeropuerto a por ellos.
Estaban deseando abrazar a su hija y ella a ellos.
Enseñarles la casa dónde vivían.
La cabaña preciosa.
A Sira no la habían visto en unos años.
Fue un encuentro emotivo y Hellen y David no consintieron que ellos se quedaran en las cabañas , así que durmieron en la casa principal y mientras aún los hijos trabajaban cuatro días más y se juntaban por la noche alrededor de la cena, David, Hellen, Manuel y Carmen, visitaron el rancho.
David le enseñó entera la propiedad a Manuel que le encantó.
Visitaron Austin. Hablaron de sus hijos, de Sira, de la vida, de todo cuanto les dio tiempo.
Desayunaban juntos y prepararon juntos la cena de Navidad con Mía.
Y fue en esa cena cuando delante de todos, Jeremy le regaló un anillo de compromiso a Laura.
Delante de sus padres.
Delante de los suyos.
Y Hellen nunca pensó que su hijo tan loco y divertido, se enamorara jamás como se enamoró de Laura. La mejor amiga de su hija.
Laura lloró y a su madre y a Sira y a Hellen se le escaparon algunas lágrimas porque se puso de rodillas.
Pero querían que cuando los padres de Laua se fueran, supieran que el compromiso con su hija era serio. Y allí mismo, fijaron la fecha del enlace, que sería en mayo, y debían volver porque el padrino sería Manuel y Hellen la madrina.
Fue todo un acontecimiento.
Mejor lo fue cuando se casaron en el mismo hotel que se casaron Sira y Luca.
Con toda su familia
Aumentada en dos más.
Cinco años después...
Cinco años después, nadie en la familia Allen entendía qué clase de broma del destino había sido aquella.
Sira y Luca, que siempre habían llevado una vida ordenada y perfectamente planificada habían acabado con dos terremotos rubios de cuatro años, los gemelos, Luca y David.
Laura y Jeremy, que habían jurado meses antes que con un hijo era suficiente, recibieron la noticia de que no venía una, sino dos gemelas, Hellen y Carmen idénticas en carácter a su padre y a su madre en la capacidad de poner los ojos en blanco.
Aquella tarde de verano, las cuatro criaturas corrían por el rancho entre perros, caballos y protestas de sus abuelos, mientras Jeremy y Luca preparaban una barbacoa convencidos de que aquello era descansar.
-¿Te das cuenta?- preguntó Laura sentándose en el porche junto a Sira- nosotras estudiando Derecho, sacando las mejores notas, trabajando en el mejor bufete de Austin… y hemos terminado criando a una banda organizada.
Sira soltó una carcajada.
-¿Sabes qué es lo peor?
-¿Qué?
-Que son felices y nosotras también.
En ese momento los cuatro niños aparecieron cubiertos de barro, seguidos por tres perros igual de sucios.
-¡Papá!- gritaron al unísono.
Jeremy miró a su hermano gemelo, suspiró y levantó la vista al cielo.
-¿Recuerdas cuando pensábamos que nuestra vida era complicada?
Luca se echó a reír.
-Hermano esto no es complicado. Esto es el paraíso.
Y mientras el sol se escondía sobre el rancho Allen, Laura apoyó la cabeza en el hombro de Jeremy, el hombre que había puesto su mundo perfectamente ordenado patas arriba.
Y, por primera vez en su vida, comprendió que las mejores cosas nunca habían estado en sus planes.
Simplemente habían llegado solas.