CAPÍTULO VIII
Jeremy llevaba toda la mañana arreglando una valla con uno de los peones.
El calor de Texas empezaba a apretar y , como siempre, llevaba el sombrero hacia atrás y las mangas remangadas
No esperaba a nadie.
Bueno, sí.
Esperaba a Laura.
Pero no hasta dentro de dos meses.
Por eso cuando vio aparecer el todoterreno de su padre por el camino principal y detrás un coche de alquiler, apenas levantó la vista.
-Debe ser una entrega- dijo.
Hasta que la puerta se abrió.
Y el mundo se detuvo.
Laura.
Vaqueros, camisa blanca, gafas de sol y una sonrisa nerviosa.
Jeremy se quedó inmóvil.
-No puede ser…
Ella levantó una mano.
-Hola.
El martillo se le cayó al suelo.
-¿Laura?
Ella sonrió más.
-Hola, vaquero.-
Jeremy echó a correr.
No caminó. Corrió.
Como un loco.
Laura apenas tuvo tiempo de dejar el bolso en el porche cuando él llegó hasta ella, la levantó del suelo y la abrazo con tanta fuerza que empezó a reír y a llorar al mismo tiempo.
-¿Qué haces aquí?- preguntó sin soltarla.
-He venido a verte.
-¿A verme?
-Sí.
-¿Una semana?
Ella negó con la cabeza.
-No.
-¿Dos?
-Negó otra vez.
-¿Tres?
-Jeremy…
La miró confuso.
Entonces vio las maletas.
Cuatro.
Y detrás, más cajas.
- Laura…
Ella tenía lágrimas en los ojos.
-Si todavía queda media casa vacía… he pensado ocuparla.
Jeremy dejó de respirar.
-¿Qué?
-He dejado el bufete.
-¿En serio?
-He vendido el coche. Y he dejado mi piso. Y he metido mi vida en unas cajas.
Laura se echó a reír entre lágrimas.
-Jeremy, ¿quieres dejar de decir qué?
-No.
Porque seguía sin creerlo.
-¿Estás… estás aquí para quedarte?
Laura asintió.
-Si tú quieres.
Jeremy se pasó las manos por la cara.
Y para sorpresa de todos que habían llegado, empezó a llorar.
Su padre David, observaba desde lejos con Hellen abrazada a su brazo.
-Mira al cabezota-susurró ella emocionada.
Jeremy volvió a abrazarla.
-Has venido por mi…
-No. He venido por nosotros.
Y aquello terminó de romperle.
La besó en mitad del camino, sin importarle quién estuviera mirando.
Su hermano Luca, que acababa de llegar con Sira soltó una carcajada.
-¡Por fin!
Sira corría ya hacia su amiga.
-¡Sabía que eras incapaz de seguir sin él!
Y Laura entre risas, los abrazos y las lágrimas, volvió a mirar a Jeremy.
-Por cierto ¿dónde está mi vestidor?
Jeremy sonrió con esos ojazos azules llenos de lágrimas.
-Cariño. Hace seis meses que vacié la habitación de invitados.
Laura parpadeó.
-¿Qué?
-Por si algún día dejabas de decirme adiós.
Y ya no había fecha de regreso, porque ahora Laura Allen, sin saber que algún día llevaría ese apellido, había llegado a casa.
Y esa noche no dormirían abrazados sin tener que contar los días que faltaban para despedirse.
…
Veinte días.
Veinte días sin despedidas.
Veinte días sin maletas abiertas sobre una silla o sobre la cama.
Veinte días despertándose en la paz de ese lugar con el brazo de Jeremy rodeándole la cintura y escuchando su respiración antes incluso de abrir los ojos.
Veinte días aprendiendo a vivir.
Aquella mañana, el rancho Allen había despertado temprano. David y Jeremy habían salido antes del amanecer para revisar una cerca dañada en la parte norte por una tormenta y Hellen había ido a Austin con unas amigas y Sira estaba en el trabajo.
Era la primera vez que se quedaba sola desde que llegó.
Se preparó un café, se sentó en el porche de la abaña observando el movimiento tranquilo de los caballos a lo lejos.
El aire olía a tierra mojada, húmeda. Y a verano.
Cerró los ojos y sonrió.
Ya no echaba de menos Sevilla.
Echaba de menos a sus padres, por supuesto.
Hablaba con ellos casi a diario y su madre le enviaba fotografías de las macetas del patio y de su padre peleándose con la manguera al regarlas.
Pero Sevilla…
Sevilla se había quedado atrás, en el lugar que le correspondía.
En los recuerdos.
Y aquello, le produjo una mezcla de paz y vértigo.
-¿Así que aquí te escondes?
Laura levantó la vista.
Hellen había vuelto y llevaba una bolsa en la mano y dos enormes vasos de limonada en la otra. Que dejó en la mesa del porche, entre los balancines y se sentó.
-Pensé que necesitabas compañía.
-No me escondo.
-Claro que sí. Llevas veinte días disfrutando y ahora tu cabeza ordenada está buscando algo que organizar.
Laura soltó una carcajada.
-¿Se nota tanto?
-Cariño, tengo dos hijos. Y uno de ellos es igual de cabezota que tú. ¿Sabes qué veo cuando te miro?
-Miedo.
-No, veo a una mujer que ha dejado atrás toda su vida y que no sabe todavía si tiene derecho a ser feliz.
Laura tragó saliva.
-A veces siento que estoy viviendo unas vacaciones demasiado largas.
-Entonces, eres más tonta de lo que pensaba.
Laura la miró escandalizada.
-¡Hellen!
-Te has enamorado de mi hijo. Has dejado tu país. Has cruzado un océano. Y él te mira como si fueras un milagro. Esto no son vacaciones cariño, es tu vida.
Las lágrimas aparecieron sin avisar.
-¿Y si no encuentro mi sitio?
Hellen sonrió con dulzura.
-Ya lo encontraste cielo. El trabajo, los amigos, las rutinas… todo eso llega. Pero el hogar… eso no se encuentra dos veces.
Y justo entonces apareció el todoterreno de Jeremy levantando una nube de polvo.
Laura sonrió automáticamente.
Hellen la observó divertida.
-Mírate.
Jeremy bajo del coche y, al verla, sonrió de esa manera tan suya, como si siguiera sorprendiéndose de encontrarla allí.
-¿Qué hacéis las dos?
-Salvarte la vida- respondió Hellen levantándose- tu novia estaba pensando demasiado.
-Eso es muy peligroso- dijo Jeremy.
Hellen se marchó riéndose.
Jeremy subió los escalones del porche, se agacho frente a Laura y le apartó un mechón de la cara.
-¿Todo bien?
Laura asintió.
-Sí.
-¿Segura?
Ella le acarició la barba.
-Jeremy…
-¿Sí abogada?
-Creo que por fin he dejado de sentir que estoy de paso.
Él cerró los ojos un segundo emocionado.
-Gracias a Diós.
-¿Por qué?
-Porque llevo veinte días esperando que te dieras cuenta.
Y la besó despacio.
Sin prisa.
Como besan los hombres que saben que mañana y el siguiente, y el siguiente… ella seguiría allí.
Y ninguno de los dos sabía que aquella misma noche, durante la cena, David Allen iba a hacer una proposición que cambiaría el futuro de todos.
…
La cena transcurría como tantas otras desde que Laura había llegado. Hellen había mandado a Mía a preparar pollo asado, David contaba historias de cuando los gemelos eran pequeños y Jeremy no dejaba de rozarle la mano por debajo de la mesa, como si todavía necesitara comprobar que era real,
-¿Queréis dejar de miraros así?- protestó David- Me vais a quitar el apetito.
-Papá, llevas repitiendo eso veinte días y nunca dejas nada en el plato- rio Jeremy.
Laura sonrió. Aquella mesa se estaba convirtiendo en una costumbre. Y las costumbres, pensó, eran una forma de amor.
David dejó los cubiertos y se aclaró la garganta.
-Bueno, ahora que ya os habéis puesto insoportables y parece que esto va en serio…
-Papá- advirtió Jeremy.
-¿Qué? ya es hora.
Hellen sonrió. Ella sabía perfectamente lo que venía.
-Verás hija- dijo David- sabemos que estás de vacaciones… aunque tu cabeza de abogada ya empieza a estar nerviosa.
Laura sonrió.
-Un poco.
-Pues yo no quiero que tú pienses que tienes que buscar tu sitio sola. Estamos para apoyarte y sobre todo ayudarte. Eres ya parte de esta familia. Hace unos días hablé con Sira.
Laura parpadeó y miró a su amiga.
-¿Sira?
- Y resulta que esa hija mía tiene más secretos que todos nosotros juntos. Te conoce. Te quiere. Eres su hermana.
Jeremy sonrió.
-Eso es verdad.
David miro a Laura.
-Solo te pido una cosa. No te enfades con ella por haber guardado el secreto.
-David, me está asustando…
- Bueno, pues resulta que tu mejor amiga lleva semanas moviendo cielo y tierra. Y quiere explicártelo ella.
Su amiga, al otro lado de la mesa.
Sira intercambió una mirada cómplice con Hellen.
Laura no pasó por alto aquél detalle.
-¿Qué está pasando?
-Nada malo -respondió Hellen.- Al contrario.
-Veras amiga, sé que quieres trabajar. Que no puedes tener demasiadas vacaciones, así que ya mañana sábado nos vamos de comprar por la mañana.
Necesitas trajes y un maletín nuevo, una Tablet, un pc como el mío y un móvil nuevo.
Porque… el lunes tienes una entrevista en mi bufete como abogada de familia.
-¿En serio?- dijo Laura mirando a todos, porque todos lo sabían.
-En serio amiga. Es lo que te falta, ¿no?
Y Laura se emocionó.
Se puso las manos en la cara.
-Ay dios, gracias, gracias…
-Bueno, es solo la entrevista. Pero sabemos que vas a pasarla.- tengo que ponerme al día, aunque ya en Sevilla vi si había diferencias, y estos días también un poco.
Toma- le dijo Sira.
-¿Qué es?
-Las preguntas que me hicieron en la mía durante dos horas. Las he ido recordando.
-¿Dos horas de entrevista?
-Ten en cuenta que lo mío era mercantil, lo tuyo es familia. Pero puedes prepararlas en día y medio porque mañana por la mañana es día de chicas y compras. Temprano. Desayunamos en Austin.
-Jeremy…
-¡Ah no me mires, abogada! Lo conseguirás, ya verás y volverás a tu vida ordenada que desordenaré en el instante en el que entres al rancho cada día.
Y todos se rieron.
…
Cuando estaban acostados esa noche…
Lo sabías vaquero.
-Sé que tenías ganas ya de empezar. No eres de las que se quedan meses sin hacer nada.
-Me conoces, sí, ya iba a empezar a enviar currículums.
-Pues ya lo puedes sacar en la papelería.
-Necesito trajes nuevos y complementos para los trajes.
-Necesito… necesitooo…
-Necesitas a tu vaquero y yo te necesito, sube potrilla, mañana te compras lo que necesites. Te daré una tarjeta.
-No pienso cogerla porque tengo dinero Jeremy.
-Bueno. Si serás más ricachona que yo al final.
Pero él iba a hacerle un regalo, un regalo necesario para ir al trabajo. Un coche como el de Sira. De otro color, gris o azul. Ya vería. Y a eso no podía negarse.
-¡Ay potrilla!, me matas, buff nena, no te aguanto. Mujer no sé qué tienes, pero es mío para siempre y ella lo montaba ávida de deseo y encontrar la calma final.
Gemidos
Caricias.
Deseos húmedos.
Movimientos al unísono.
Besos.
Y el clímax último.
Cuando se cansaron ese viernes, como todas las noches. Él se quedó algo serio.
-Qué…
-Conocerás hombres con traje y corbata y eres tan guapa.
-¿Estás celoso de nada?
-Un poco.
-No he venido a Austin a conocer hombres elegantes con traje y corbata. Esos los había en Sevilla.
-He venido porque un vaquero tejano me hace muy feliz y estoy loca por él.
-¿Ah sí?
-Sí.
-¿Y cómo se llama ese vaquero?
-Vaquero.
-El nombre.
-No
-Sí
-No, que me lo digas- y bajó a su sexo.
-¡Ay Jeremy!… ohhh dios. Ummm… no pares.
-Dilo o paro.
-Ay madre mía. Se llama Jeremy.
-Así me gusta.
-Ahora a comerte.
…
Él sábado Sira y ella estuvieron toda la mañana de compras y tomaron algo en Austin, en le centro comercial y café y tarta y volvieron cargadas al rancho.
Sira la dejó con sus bolsas en la cabaña de Jeremy y se fue a la suya.
Jeremy no estaba , así que colocó todo, dejó listo todo para la entrevista. Se dio una ducha y bajó con uno de sus vestidillos de verano, sin sujetador. Hacía calor y puso el aire.
Se tumbó en el sofá y estudió la lista de preguntas y más o menos las respuestas que Sira le había dejado.
Las repasó una y otra vez y al final se quedó dormida y el documento cayó al suelo.
Jeremy entró al final de su jornada de trabajo y la vio.
Se dio una ducha y bajó al salón.
Se desvistió y se tumbó a su lado, detrás y la sujetó por los pechos. Ella apenas gruñó un poco. Pero tenerla así y él desnudo no era una solución viable. Así que duro como estaba, levantó la falda del vestido y apartó el tanga.
-Ummm- dijo ella y él entró de lado, sin pedir permiso.
-Aggg Jeremy, ¿qué haces loco?
-Sigue durmiendo.
-Como si pudiera así contigo dentro.
Y él le sacó el vestido y luego le quito el sujetador.
Y el tanga, se lo arrancó.
-Por dios vaquero…
-Deja que estoy como un caballo en celo.
Y empezó a moverse, pellizcando sus pezones. Pegando su cuerpo al de ella, besándola de lado.
Y terminaron antes de lo que habían imaginado.
Mojados.
Jadeantes.
-No he durado nada abogada. Me vas a hacer un eyaculador precoz.
-No creo que llegues a serlo. Cuando aguantas, aguantas mucho.
-Espera, voy al baño. Y fueron ambos.
Se vistieron y se quedaron abrazados en el sofá.
-¿Quieres un café?
-No ya pronto es la cena, dormilona.
-Estaba cansada, Sira es incansable comprando. Me ha hecho comprar lo que ella cree que necesito. Y son site trajes. Está loca.
-Te quiere.
-Y yo a ella. Si no fuese por ella…
-Te he recogido un documento de preguntas.
-Sí, las de la entrevista. Mañana le echare otro vistazo. Le he dado tres vueltas, pero estaba hecha polvo. He preparado la ropa para la entrevistas y he colocado todo- me he comprado un maletín y hemos pasado por la peluquería y láser. Muerta he llegado.
-Ya veo. Listo para el postre.
Y ella se rio.
-Cuando vayamos a cenar, te doy mi regalo.
-Jeremy… ya he gastado yo hoy bastante.
-El último mujer. Este también lo necesitas para el trabajo.
-¿Y si no me lo dan?
-Habrá otros.