Los años dormidos 2: Laura llega al Rancho Allen CAPÍTULO VII
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CAPÍTULO VII

-Nena necesito un baño.

-Ven por aquí- y le mostró la casa y el baño.

La casita blanca era pequeña. Dos dormitorios, un baño, un saloncito, una pequeña cocina que ella se había encargado de llenar de provisiones., un patio con macetas y una piscina. Una pequeña barbacoa y dos mecedoras en el patio y otras dos en la entrada.

-Ven al baño- la llamó cuando iba a darse una ducha.

-Voy a hacer algo de comer.

-Después, mientras deshago la maleta. Ahora te necesito.

Y ella se desnudó y entró con él que la esperaba con el agua ya saliendo. Se abrazaron delicadamente.

Caricias.

Besos.

Su sexo grande y alerta.

La cogió en sus caderas y la penetró sin pausa, con prisas. Llevaban tres meses sin sentirse, sin llenarse uno de otro.

Sin hacer el amor. Y Jeremy en cada envite la llenaba de él, sin pensar. Y ella lo recibía plena, deseante, gimiendo como eco.

Mordía sus pezones.

-Ufff, Laura., no lo recordaba ya mujer. No podemos dejar tanto tiempo esto tan bueno.

-Aggg, dios voy a correrme abogada.

-No esperes vaquero- gemía ella.

Y en un segundo saltó entre ellos un clímax tan imposible como Jeremy. Tan caliente como Laura. Tan sexual como él.

Cuando acabaron de jugar, con el gel, tocándose, se secaron y él se echó sobre la cama.

-Estoy agotado.

-Quédate descansando, es el jet lage, ahora te llamo y luego sigues durmiendo. Tenemos que comer algo.

Y después del café se quedaron dormidos en la cama con el aire fresquito, abrazados.

…

El tiempo pasó rápido. Los días eran solo para ellos. Paseos por los senderos de los olivos, bañarse en la piscina, hacer el amor en ella, fuera de ella, la cama, el sofá, las miles de posturas que él quería y las agujetas.

Risas.

Caricias.

Silencios antes de la siesta.

Miradas.

Paseos al pequeño pueblo para hacer algo de comida.

Y el silencio nocturno que los cubría.

Pero había una conversación que no querían ninguno de los dos abordar… el después.

Tendrían que esperar otros meses para que ella fuese, o él viniese, y eso a la larga sabían que era como lo que tenían, llamadas y videollamadas y mensajes.

Era todo tan complicado… que el día que ella cerró la casita y pasaron la noche en su piso, lloró un poco.

-Vamos cielo, la próxima no dejaremos tanto, vienes al rancho.

Pero ella sabía que el trabajo era absorbente, y su ritmo frenético. Y lo iba a echar tanto de menos.

Sin embargo, el rancho era paz, no había horarios ni prisas.

Sira tenía suerte, porque al acabar su jornada, iba a un lugar llamado paz. Pero ella iba a un lugar llamado soledad. Y eso tampoco ayudaba demasiado. Pero de momento, era lo que tenían.

…

Así pasó un año, entre llamadas, cuatro viajes, dos ella, dos él, y no era suficiente. No lo era para Jeremy y no lo era para ella.

Y ahí había que tomar otra decisión importante. Aunque ninguno se atrevía a hablar sobre ello.

Un domingo, ella fue a su casa a comer, como casi todos los domingos.

Su madre la conocía bien.

Y en uno de sus viajes ella le presentó a Jeremy y estaban encantados con él. Era un ser maravilloso, un caballero con su hija y optimista y alegre.

Y sabían que no había en el mundo nadie mejor para ella. Ningún hombre. Nunca la habían visto tan feliz y tan triste a la vez.

Y sabían que si alguno debía sacrificarse eran ellos. Ellos tenían ya su vida, peor no iban a consentir que su hija estuviese de esa manera.

Lo hablaron y mal que les pesara tener una hija única, la preferían feliz y lejos que cerca e infeliz. Y ese era el momento.

-¿Cariño, cómo está Jeremy?

-Está muy bien mamá. Todos los días no mensajeamos.

-¿Y es suficiente?

-No, no lo es peor es lo que tenemos.

-Lleváis ya un año y medio casi así, ¿crees que eso es la felicidad?

-A nuestra manera.

-Laura sabemos que lo haces por nosotros. No lo hagas. Podemos ir a verte. Haz como Sira. Vete, busca allí trabajo. Puedes venir a vernos una vez al año y nosotros ir en Navidad. Pero debes ser feliz cariño.

-Pero mamá. ¿Y vosotros?, os dejo solos.

-No estamos solos, estamos juntos. La que está sola eres tú.

Y no vamos a sacrificar tu vida por nosotros que vivimos la nuestra.

Sí, eres nuestra única hija y te echaremos de menos, pero nos llamarás a diario.

Te veremos en videollamadas y eso es suficiente.

Tienes que pensarlo o no aguantarás otro año.

Te conozco. ¿Y si lo dejas o te deja? Os va a pesar.

Y no quiero que un día te preguntes… Y sí…

-Ay papá…

-Cariño. Debes irte. Nosotros estaremos felices si tú lo eres, aquí o a miles de kilómetros. No hemos tenido una hija para que no sea feliz. Ese hombre es bueno, te hace feliz y te ha cambiado para bien. Fíjate, hasta lloras un poco…

-Os quiero tanto…

-Venga, mañana ve preparando en el trabajo tu partida. Termina los casos que tengas y no cojas otros. Y no le digas nada. Dale a Jeremy una sorpresa.

-¿De verdad?

-De verdad de las buenas.

-Mi coche, mi piso.

-Tu coche lo vendes, tu piso es alquilado cariño. Y Sira te ayudará a encontrar trabajo.

-Estoy nerviosa…

…

Aquella noche apenas durmió.

Y el lunes, por primera vez desde que conocía a Jerem, dejó de esperar y empezó a actuar.

A las ocho y media del lunes, ya estaba en el bufete.

Abrió el ordenador y miró la agenda de las próximas semanas. Casos abiertos, reuniones previstas, juicios pendientes.

Respiró hondo.

No iba a marcharse al día siguiente, pero sí iba a hacerlo bien.

Llamó a su secretaria.

-María los nuevos asuntos que entren esta semana, no los cojo yo, repartidlos.

-¿Todo bien?

-Sí, solo… estoy reorganizando mi vida.

Después revisó uno por uno sus expedientes. Terminó escritos pendientes, adelantó recursos y preparó informes para facilitar el trabajo a quien heredara algunos clientes.

El martes pidió hablar con Juanma, el director del bufete.

-Pasa Laura, ¿qué ocurre?

Ella sonrió.

-Nada malo.

-Esa sonrisa me preocupa.

Laura se sentó frente a él.

-Creo que me voy a Texas a vivir. Con Sira en su rancho. Allí buscaré trabajo.7

Juanma se quedó inmóvil.

-¿Cómo que crees?

-Que me voy, no mañana. Pero sí pronto.

-¿Por él?

-Por mí y por él.

El director apoyó los brazos sobre la mesa.

-Sabía que ese vaquero terminaría llevándose a la mejor abogada del despacho.

Ella se echó a reír.

-No es eso.

-¿Le quieres?

Laura asintió.

-Mucho.

-Entonces , ¿qué haces todavía aquí?

-Preparar todo y cerrarlo. No quiero dejar nada tirado.

Juanma sonrió.

-Eso es muy Laura.

Se hizo un silencio.

-¿Y si no funciona?

-Entonces volverás. Esta puerta seguirá abierta. Pero si no lo intentas, dentro de diez años seguirás preguntándote qué habría pasado.

Laura tragó saliva.

-Eso mismo me dijeron mis padres ayer.

-¿Me guardarías un sitio?

-Siempre.

Salió del despacho con una mezcla de vértigo y alivio.

Aquella noche habló con Jeremy.

Como cada noche.

Se rieron.

Coquetearon.

Hablaron de las yeguas preñadas y de un caballo que se había escapado.

Yeremy, ajeno a todo, terminó la llamada con un:

-Te echo de menos preciosa.

-Yo también.

-¿Cuándo nos vemos otra vez?

-Pronto.

-¿Prometido?

Laura sonrió sola en su apartamento.

-Más pronto de lo que imaginas.

Y mientras tanto en el rancho Allen, Jeremy seguía convencido de que la próxima visita sería otra despedida.

Sin sospechar que esa vez, desde que se conocieron, Laura no estaba preparando una maleta para dos semanas.

Estaba preparando una vida junto a él en el rancho.

…

Aquella semana y la siguiente, se convirtió en una sucesión de despedidas pequeñas.

No había dramatismo. Solo decisiones.

Laura vendió el coche.

Cedió algunos de sus clientes a compañeros de confianza. Guardó en cajas media vida y descubrió que al final, las cosas importantes cabían en mucho menos espacio del que imaginaba.

Solo Sira sabía la verdad. Ni siquiera Luca.

-¿No lo vas a decir?- preguntó Sira por videollamada.

-No.

-Laura le va a dar un infarto a él.

-Lleva un año diciéndome que no puede pedirme que deje mi vida por él. Pues no se lo voy a pedir. Voy a aparecer y punto.

-Estás loca.

-Un poco.

-Es culpa de Jeremy. Se pega.

Ambas se echaron a reír.

…

Una tarde mientras doblaba la ropa, encontró el mapa del rancho que Jeremy le había dibujado en una servilleta, de broma, la primera vez que la llevó a recorrer aquellas tierras. Por el mapa que ella tenía grande.

Arroyo.

Granero.

Cabaña de Sira.

Cabaña de Jeremy.

Donde me enamoré de ti.

Se sentó en el suelo y lloró.

Lloró por sus padres.

Por Sevilla.

Por el bufete.

Por todo lo que estaba dejando.

Y porque por primera vez en mucho tiempo, tenía miedo.

Mucho miedo.

…

El viernes por la noche cenó con sus padres.

Su madre la observaba en silencio.

-¿Nerviosa?

-A ratos, mamá. ¿Y si no sale bien?

Su padre se encogió de hombros.

-Entonces te traeré de vuelta yo mismo.

-Papá…

-Escúchame bien. No te vas por necesidad. Te vas por amor. Y eso nunca es un error.

Su madre le cogió la mano.

-Y no pierdes una familia. Ganas otra que te quiere. Y me consuela que estés con Sira.

-¿Y vosotros?

-Nos tendrás llamando por videollamada todos los días.

-Pobre Jeremy- rio Laura.

…

El lunes presentó oficialmente su dimisión.

Juanma reunió a todos en una sala.

-No penséis que la echamos. Nos abandona por un vaquero de Texas.

Las risas llenaron la sala.

-¿De verdad te vas?-preguntó María con lagrimas en los ojos.

Laura sonrió emocionada.

-Sí.

-¿Y volverás?

-A visitaros. Pero espero que no a trabajar.

Juanma levanto una copa de vino.

-Por Laura, porque hay trenes que pasan una vez y hay que tener el valor de subirse.

…

Esa noche, Jeremy la llamó desde el porche de su casa.

-¿Sabes qué estaba pensando?

-¿Qué?

-Que quizá el año que viene podía pedir más vacaciones e ir a Sevilla el mes entero.

Laura sonrió.

-¿Un mes?

-Sí. Ya encontraremos la manera..

Ella tuvo que morderse el labio para no llorar.

-Jeremy…

-¿Sí preciosa?

-¿Tú me dejarías un vestidor de tu armario?

-¿Un vestidor?

-Sí.

-Cariño, tienes media cabaña sin usar.

-¿Y si llevo mucho equipaje?

-Entonces compramos más armarios.

Laura se echó a reír.

-¿Y si llevo demasiadas manías?

-Las iré soportando.

-¿Y si ronco?

-Mentira, tú no roncas guapa, todavía, claro.

-¿Y si algún día me despierto y no sé qué hago a nueve mil kilómetros de casa?

Jeremy se quedó callado.

-Entonces te abrazaré y te recordaré que estás donde quieres estar.

Laura cerró los ojos.

-Buenas noches, vaquero.

-Buenas noches, abogadas. Te quiero.

-Yo también te quiero.

Y al colgar, Jeremy siguió contemplando las estrellas de Texas.

Sin saber que en menos de dos semanas, la mujer a la que amaba iba a cruzar el océano.

Y que esa sería la última vez en su vida que se despedirían por teléfono.