CAPÍTULO VI
Uno de esos días, Laura tardó en responder. Jeremy también y dejaron de escribirse. No porque no quisieran, sino porque ambos sabían que seguir así, a miles de kilómetros, era vivir una especie de “casi” y los dos estaban cansados de los “casis”.
Laura estaba trabajando en el bufete días después y no dejaba de mirar el móvil. Hacía cuatro días que Jeremy no le había mandado un “Buenos días, abogada”. Y ella tampoco había sido capaz de escribirle.
Su madre la notó extraña el domingo cuando fue a comer a casa de sus padres..
-¿Qué te pasa hija?
-Nada mamá.
-¿Tu americano, el gemelo del marido de Sira?
Laura sonrió..
-No es mi americano.
-¿Entonces, por qué tienes esa cara?.
-Porque estamos lejos mamá y no sé qué somos. Si sigo así, acabaré enamorada de alguien que vive al otro lado del mundo.
-¿Y eso es malo?
-No, lo malo es que ninguno de los dos parece dispuesto a hacer nada. Y estáis vosotros.
…
En el rancho Allen, Jeremy estaba reparando una cerca con Luca cuando éste se da cuenta de que lleva veinte minutos golpeando el mismo tablón.
-¿Vas a arreglarla o piensas matarla?
Jeremy suspira.
-Hace cuatro días que Laura no escribe.
-¿Y tú?
-Tampoco.
-Idiota.
-No quiero presionarla.
-Jeremy, lleváis comportados como una pareja sin serlo. ¿Qué esperas? ¿Qué un día aparezca de nuevo por arte de magia en Texas?
Jeremy se quedó pensativo mirando el horizonte.
-No sé si ella querría eso.
Luca se rio.
-Pues pregúntaselo.
-¿Y si me dice que no?
-¿Y si te dice que sí?
Aquella noche, después de la cena familiar, Jeremy se quedó solo en el porche de su cabaña. Escribió un mensaje y lo borró
“Te echo de menos”
Borrar.
“¿Estás bien?”
Borrar.
“Ven a verme!
Borrar.
Finalmente escribió algo mucho más sencillo.
-Laura, creo que esto ya no me basta. No quiero seguir imaginando cómo sería tenerte de nuevo aquí. Necesito saber si esto merece la pena. Porque si me dices que sí.., cruzaré el océano las veces que haga falta.
Laura recibió el mensaje a las tres de la mañana. No podía dormir después de leerlo.
Y, lloró, otra vez más desde que llegó a Sevilla dos meses atrás. Porque sabía que Jeremy no le estaba pidiendo una respuesta por mensaje, sino una oportunidad.
Y mientras amanecía, Laura abrió la aplicación de vuelos.
Sin comprar ninguno.
Todavía.
Porque antes de tomar una decisión tan grande, había una llamada pendiente.
Una llamada que podía cambiarles la vida.
Y quizá fuese ella, quien por una vez en su vida tan ordenada, haga algo completamente impulsivo.
…
Laura sostuvo el móvil entre las manos durante varios minutos. El mensaje de Jeremy, seguía de nuevo abierto en la pantalla.
A las siete de la mañana, después de una noche en vela, tomó una decisión. No iba a responder el mensaje.
Lo llamó.
En Texas era casi media noche.
Jeremy estaba sentado en el porche de la cabaña como casi todas las noches, con una cerveza en la mano cuando el nombre de Laura apareció en la pantalla. El corazón se le disparó.
-¿Laura?
Al otro lado hubo un pequeño silencio.
-Hola, vaquero.
Aquella simple frase le arrancó una sonrisa.
-Pensé que te había asustado.
-Pensé que te habías cansado de mí.
-Imposible.
Volvieron a quedarse en silencio.
Pero ya no era un silencio incómodo.
-Jeremy- dijo ella- no puedo seguir así.
Él cerró los ojos.
-Lo sé.
-Y tampoco quiero dejarte marchar.
Jeremy se incorporó en el balancín.
-¿Qué quieres decir?
-Que esto merece una oportunidad.
-Laura…
-Pero también te digo una cosa. No voy a dejar mi trabajo y tú no vas a dejar el rancho. No puedo pedirte eso.
-Ni yo a ti.
-Entonces…¿qué hacemos?
Jeremy sonrió por primera vez en días.
-Nos vemos.
-¿Dónde?
-No sé, aquí, en Sevilla, en la Luna, me da igual. Solo quiero verte.
Laura sonrió entre lágrimas.
-¿Sabes una cosa? Eres peligrosísimo.
-Eso me lo llevas diciendo desde que nos conocimos.
-Y sigo teniéndote miedo.
-¿Por qué?
-Porque contigo hago cosas que nunca haría.
-¿Como llamarme a las siete de la mañana?
Ella se rio.
-Como enamorarme de un tejano.
Jeremy se quedó sin respiración.
-¿Qué has dicho?
Laura se tapó la cara.
-Nada.
-No, no, no. Repite eso.
-Jeremy…
-Laura, repítelo.
-He dicho que me he enamorado de un tejano.
Jeremy sonrió como un idiota.
-Pues resulta que yo me enamore de una sevillana cabezota el día que me dijo que no necesitaba ayuda para bajar del todoterreno en el arroyo.
Los dos se echaron a reír.
Entonces llegó el silencio.
Ese importante.
-¿Cuándo puedo verte?
Laura miró el calendario abierto sobre la mesa.
Dentro de tres semanas tenía diez días de vacaciones obligatorias que llevaba meses sin coger.
-Dentro de tres semanas.
-¿Vienes al rancho?
Ella sonrió.
-No.
Jeremy se quedó desconcertado.
-¿No?
-Esta vez te toca a ti cruzar el océano, vaquero.
Y al otro lado del mundo ya estaba Jeremy buscando vuelos para Sevilla antes incluso de colgar.
Sin saber que aquella visita, iba a cambiarlo todo. Porque diez días juntos, sin despedidas a las puertas de una boda, y sin nadie alrededor, era algo completamente distinto.
Y porque Jeremy Allen no tenía ninguna intención de regresar a Texas siendo solamente el “amigo americano de Laura”
Jeremy tardo exactamente cuarenta y tres segundos en reservar el vuelo.
Luca, se acercó desde su cabaña.
-¿Qué cara es esa?
-Jeremy levantó el móvil.
-Sevilla.
-¿Sevilla?
-Dentro de tres semanas.
Luca sonrió.
-Ya era hora.
-Estoy tranquilo.
-Claro que sí. Solo has reservado el vuelo en menos de un minuto.
-No te rías.
-¿Vas a conocer a sus padres?
Jeremy se quedó paralizado.
-Mierda.
-Bienvenido al mundo real, hermano.
…
Tres semanas después, Laura esperaba en el aeropuerto de Sevilla. Había llegado cuarenta minutos antes. Había cambiado tres veces de sitio y se había prometido así misma no ponerse nerviosa.
Inútil.
Cuando los pasajeros comenzaron a salir, lo vio.
Vaqueros, camisa azul clara, una bolsa al hombro y esa sonrisa ladeada que tantas veces había visto a través de la pantalla.
Jeremy también la vio.
Y el mundo desapareció.
Laura no caminó.
Corrió.
Jeremy dejó caer la bolsa y la recibió en sus brazos. Ella se aferró a su cuello mientras él la levantaba del suelo..
-Hola, sevillana- susurró él.
-Hola, vaquero.
Se miraron apenas un segundo.
Fue suficiente.
El beso llegó solo.
Sin dudas.
Sin prisas.
Sin una boda alrededor, sin despedidas anunciadas y sin miedo al día siguiente.
Cuando se separaron, Jeremy apoyó la frente contra la de ella.
-Dios mío… eres de verdad.
Laura se echó a reír.
Y tú eres más perfeto de lo que recordaba.
-¿Eso es bueno?
-Todavía lo estoy valorando.
-Mentira.
-Un poco mentira.
Jeremy sonrió.
-Te he echado mucho de menos.
-Yo también.
Y entonces ella tomó la maleta.
-Vamos.
-¿A tu casa?
-No.
-¿Al hotel?
-Tampoco.
Jeremy arqueó una ceja.
-¿Dónde me llevas?
-A una sorpresa.
-Laura, eso nunca es buena señal.
-Cállate y sígueme.
Una hora después, Jeremy contemplaba boquiabierto una pequeña casa blanca entre olivos, con una piscina y una terraza llena de buganvillas.
-¿Qué es esto?
Laura sonrió nerviosa.
-Mi regalo.
-¿Tu regalo?
- Diez días. Solo tú y yo. Sin trabajo. Sin familia, sin videollamadas, sin horarios.
Jeremy la miró en silencio.
-Laura…
-Pensé que después de tres meses nos merecíamos averiguar, qué somos de verdad.
-¿Y si soy insoportable?
-Eso ya lo sé.
Jeremy se acercó despacio.
-¿Diez días contigo?
-Diez días conmigo.
-¿Solos?
-Solos.
Él sonrió levemente.
Señora abogada, creo que no es usted consciente del peligro que supone dejarme diez días enteros a su disposición.
-Sí que lo soy.
Y aún así…
Laura se puso de puntillas y le rozó los labios con los suyos..
-Jeremy, hace mucho que dejé de huir de ti.
Y la puerta se cerró tras ellos.
Solo ellos. Y diez días por delante para descubrir si aquello era un amor de verano… o el principio de toda una vida.