CAPÍTULO V
Cuando volvieron Luca y Sira de Austin, ella se despertó.
-Dormilona- le dijo Sira.
-Sí, anoche vinimos tarde.
-Espero que lo pasaras bien con Jeremy.
-Lo pasé muy bien.
-Si mi hermano te molesta, me lo dices, Laura. A veces es…
-Ha sido un caballero.
-¡Vaya! Será contigo.
Y Laura se rio.
-Vamos a colocar estas cosas y charlamos en una hora nos esperan en la casa grande. Ya me he despedido del trabajo hasta después de la luna de miel y te dedicaré más tiempo. Aún nos quedan flecos de la boda.
…
Estaban comiendo los seis una especie de platos fríos, algunos calientes, parecidos a las tapas. La cena era la comida más importante junto con el desayuno. Pero por deferencia a ella, se hizo.
-Qué te ha parecido el rancho- dijo David el padre. ¿Te lo ha enseñado bien todo Jeremy?
Y Laura se puso un poco roja por la frase. Jeremy, frente a ella le dio con el pie por debajo de la mesa y sonrió. No tenía vergüenza.
-Es maravilloso, inmenso, me llevó al arroyo que parecía un lago. Pero sí, me lo enseñó casi todo. Tiene una vista preciosa desde arriba. Fue un paseo agradable. Nunca había visto un rancho y menos tan grande.
Y ya David, orgulloso, le contó cosas del rancho, de los caballos que tenían, de los chicos. De Jeremy que sabía llevar muy bien con él la parte de campo y demás y que Luca era un as de los números. Estaba orgulloso de sus hijos y de su hija igual.
-La verdad es que es un sitio precioso y con una paz maravillosa para vivir.
-Pues vente- dijo Hellen, aún me queda un hijo. Y tiene casa.
Y ella se puso más colorada.
-¡Mamá- dijo Sira- ¡qué casamentera eres! Jeremy no quiere compromisos.
-¿Por qué no hermanita?- dijo éste- alguna vez será.
Y Sira miró a Laura y a Jeremy y no le pasó desapercibida sus miradas. Ahí había habido algo e iba a enterarse.
La comida terminó con risas. Bromas, lo que faltaba de la boda. Tres días, la luna de miel…
Después, Mía se quedó recogiendo la cocina y los cuatro se fueron a la cabaña tras tomar café y un trozo de tarta.
Los hermanos se quedaron abajo en el despacho y ellas subieron arriba.
Laura se lavó los dientes y Sira entró al momento a su dormitorio.
-Venga.
-Venga qué- dijo Laura.
-Laura, se que ha pasado algo entre Jeremy y tú. Te conozco y no te ha caído bien y ahora esas miraditas…
-Fue en el arroyo. Baje la guardia, pero es que era tan insoportable, había tensión.
-Sexual.
-También.
-¿Tuviste sexo en el arroyo?
-No precisamente- y le conto todo.
-Por dios Laura… te vas.
-Lo sé y no quiero irme ni quedarme. Pero si estuviese aquí, sería el hombre de mi vida. Lo que no sé, es, si él piensa lo mismo, pero ha sido genial. Ha roto todas las defensas que me puse hace año y medio.
-Debe ser bueno, sí, si es como su hermano…
Y se rieron.
-¿Y qué vas a hacer?
-Lo que dice Jeremy, aprovecharemos el tiempo que tengamos, cuatro días, solamente y me iré. Luego, volveré a mi vida.
-¿Y si te enamoras?
-¿En estos días solamente?
-Yo me enamoré de Luca nada más verlo y él también. Y ni siquiera habíamos tenido sexo.
-No quiero pensar Sira. De todas formas me quedo aquí por las noches.
-No tienes por qué. Te vas a su cabaña. Y duermes con él. Tendremos cuidado. Nada más- sé feliz, que la vida…
-Gracias amiga, pero ¿qué pensará Luca?
-Yo se lo diré aunque el dará un sermón a su hermano. Pero no te he traído para la boda sola, has encontrado esto y lo vives. Venga bajemos.
Y cuando bajaron, ellos estaban en el salón.
-Voy a echarme una siesta nena-dijo Luca.
-Yo debería también. Estoy agotada. Jeremy, te llevas a Laura a tu cabaña.
-Claro sin problemas- y Laura la miró.
-Vamos Laura- y se fue con él.
Cuando llegaron se tumbó en el sofá.-Vente arriba.
-Pero Jeremy.
-Vente y no discutas, es la hora de la siesta.
-Levanta ese vestido.
Y él se quitó los pantalones vaqueros.
-Móntame potrilla.
-Te voy a dar tontorrón.
-Dame sí. Necesito uno para dormir en paz.
Y después de montarlo como una buena potra. Se quedaron dormidos en la cama. Con el brazo de Jeremy posesivo en sus pechos.
Cuando despertó Laura, eran las cinco.
Decidió darse una ducha y bajar al salón. Se tumbó de nuevo, pero llamaron a la puerta.
Era Sira.
¿Qué haces?
-Darme una ducha. Cuando me he despertado no estaba Jeremy.
-Han ido con su padre a traerse los trajes de Austin. Y los complementos. Ya estaba reservados pero algunos necesitaban un retoque. Mañana por la mañana vamos nosotras. Dejaré el vestido en la casa grande, allí me visto y en la cabaña Luca. Estoy nerviosa.
-Pero eso es normal mujer, si yo estuviese a punto de casarme, estaría el doble de nerviosa que tú.
-Se lo he contado a Luca.
-¿En serio?. Sira ahora me verá…
-Te vas a venir a dormir aquí, lo iba a saber de todas formas. Se ha quedado de piedra. Lo único que no quiere es que te haga daño.
-La tiene grande, pero no me hace daño.
Y se rieron.
-Te estás volviendo una Jeremy. Será la tía…
-Está contento- su hermano y tu ya sois grandecitos y le gustas para Jeremy. Hasta a mi madre.
-Sí, es encantadora. De verdad Sira. Son tus padres y me alegro por ti. Has encontrado tu lugar en el mundo.
-Sí, dos veces he sido feliz aunque hicieran lo que hiciera, Laura. Fueron mis padres también y no los juzgo. Me gustaría tanto que te quedaras…
-No me importaría si nos enamorásemos, que nos será el caso, pero mis padres… soy hija única, Sira. Para ellos sería…
-Irías a verlos todos los años y podrían venir aquí cuando quisieran. Tienes una cabaña. Aunque conociendo a mi madre, se quedarían en la casa grande. Ahora están solos.
…
Al día siguiente de la boda, tras despedir a los recién casados rumbo a su luna de miel, el rancho quedó extrañamente silencioso.
Laura también se iba en pocas horas, porque lo que dejó lista su maleta. Y volvió a casa de los padres de Sira.
Hellen abrazaba a Laura. David, le decía que tenia las puertas abiertas del rancho para cuando quisiera volver.
Antes de irse hicieron el amor y fue un tanto extraño, silencioso.
Llegó el momento que ninguno quería que llegase.
El trayecto al aeropuerto.
Horas antes, cuando despertaron habían estado horas hablando sin parar. Ahora apenas hablaban.
Laura miraba por la ventanilla en silencio mientras Jeremy conducía con una mano en el volante y la mandíbula tensa.
Cuando llegaron al aeropuerto, sacó la maleta y la acompañó a facturación y luego a la zona de salidas.
-Bueno…- dijo Laura intentando sonreír.
-Odio los aeropuertos.
-Porque siempre llegas tarde.
-Porque siempre se lleva a alguien.
Por primera vez, Laura no sabía qué responder.
Se quedaron unos minutos mirándose. La gente pasaba a su alrededor. Los vuelos anunciándose por megafonía.
Y, sin embargo, parece que el tiempo se había detenido.
-Gracias por estos días.
Jeremy negó con la cabeza.
-No me des las gracias.
-¿Por qué?
-Porque suena a despedida.
-Jeremy… es una despedida.
Él dio un paso y la tomó de la cintura abrazándola.
-Dime que esto no acaba aquí.
Laura tragó saliva. Porque quiere decirlo.
Pero también sabe que la distancia existe.
Que su trabajo existe.
Que sus padres existen.
Que su vida ordenada la espera al otro lado del océano.
-No lo sé.
Jeremy sonrió con tristeza.
-Al menos eres sincera- dijo intentando bromear.
-Siempre lo soy.
-Ya, es una de las cosas que me vuelven loco de ti.
Laura ríe por primera vez aunque quería llorar.
Y se besaron. La llamada de su vuelo.
-Llámame cuando aterrices.
-Lo haré. Te mandaré un wasap.
-Prométemelo.
-Te lo prometo.
Ya no había tiempo ni excusas se abrazaron con fuerza como si pudiera quedarse allí.
-Adiós, Jeremy.
-No.
-Ella lo miró.
-¿No?
-No digas adiós.
Laura notaba cómo se le humedecían los ojos.
-Entonces…
-Hasta pronto, abogada.
La besó en los labios. Y ella cruzó el control de seguridad.
Al pasarlo él se la quedó mirando. Laura sacó el móvil y encontró un mensaje.
“Ya te echo de menos”
Y lo miró y supo que su ordenada vida acababa de complicarse muchísimo.
…
Laura aterrizó en Sevilla después de casi quince horas de vuelo.
Estaba agotada.
Y, sin embargo, no había podido dormir más de unos minutos en todo el vuelo.
Cada vez que cerraba los ojos veía una sonrisa torcida, unos ojos azules imposibles y escuchaba una voz grave diciendo que odiaba los aeropuertos porque siempre se iba alguien.
Cuando el avión tocó tierra, su móvil se reconectó a la red.
Tardó menos de tres segundos en vibrar.
Un mensaje.
Jeremy.
Sonrió antes incluso de abrirlo.
“¿Has aterrizado o tengo que ir a buscarte?”
Laura negó con la cabeza.
Imposible.
Aquél hombre era imposible,
“He aterrizado. Y no, no tienes que cruzar un océano para comprobarlo”
La respuesta llegó casi al instante.
“Qué decepción”
Y otro inmediatamente después.
“Aunque todavía estoy a tiempo”
Una azafata la miró con curiosidad. Laura seguía caminando por la terminal mientras intentaba convencerse de que aquello, no significaba nada.
Nada en absoluto.
Solo que un vaquero tejano excesivamente atractivo tenía tendencia a decir lo primero que se le pasaba por la cabeza.
Nada más.
…
En Texas, era de madrugada.
Jeremy seguía despierto.
Sentado en el porche de su cabaña. En uno de los balancines con una cerveza olvidada en la barandilla.
Mirando la pantalla del móvil como un adolescente.
-Patético- murmuró para sí.
…
Durante las semanas siguientes ambos intentaban volver a la normalidad.
Laura regresó a su piso y al bufete.
A los juicios.
A los contratos.
A las reuniones familiares interminables.
A las agendas perfectamente organizadas.
Jeremy volvió a los caballos.
A los campos.
A las cuentas del rancho con Luca.
A las madrugadas imposibles sin ella.
Y aún así…
Había mensajes.
Primero unos pocos.
Luego varios al día.
Después decenas.
Fotos absurdas.
Audios.
Llamadas que empezaban con “cinco minutos” y terminaban una hora después.
Hasta que una noche, casi dos meses después de la boda, Laura salió del despacho cerca .de las diez.
Estaba agotada.
Se dejó caer en el sofá de su apartamento.
El móvil vibró.
Videollamada.
Jeremy.
Sonrió antes de aceptar.
-Hola.
-Estás cansada. Tienes mala cara.
-¡Qué encanto!
-Y tú sigues siendo preciosa.
Laura se quedó callada.
Jeremy también.
Aquello ya no sonaba a broma.
Ya no sonaba a coqueteo.
Sonaba peligrosamente real.
Y los dos lo sabían.
Sabían que la distancia dolía más de lo que estaban dispuestos a admitir.
Y tarde o temprano, uno de los dos debía tomar una decisión.
Cruzar el océano.
O dejar marchar al otro.