CAPÍTULO IV
Laura cerró la puerta de la cabaña con más fuerza de la necesaria.
Se quedó inmóvil unos segundos, escuchando el silencio.
Silencio fuera.
Caos dentro.
Dejó el bolso sobre una silla y comenzó a caminar de un lado a otro.
-Perfecto, Laura. Perfecto.
Aquello era exactamente lo que no debía pasar.
Había llegado al rancho una semana antes para ayudar con los preparativos de la boda de Sira y Luca. Una semana tranquila. Organizada. Productiva.
Y en menos de veinticuatro horas, Jeremy Allen ya había conseguido alterar todo su equilibrio.
Porque era arrogante.
Porque era impulsivo.
Porque parecía incapaz de aceptar un no por respuesta.
Y porque aquellos besos habían sido demasiado buenos.
-No.
Negó con la cabeza.
No iba a pensar en eso.
No iba a pensar en cómo la había sujetado junto al arroyo o ella le había echado los brazos al cuello y estaba duro como un junco y ardiente. Ese calor…
Ni en como la había mirado antes de besarla la primera vez. Ni en cómo ella no se había apartado.
Ni en como se sintió mojada y ardiente, caliente y lo deseó.
Cogió el bolso. Subió a su dormitorio, se dejó caer sobre la cama. Sira volvía de noche y ya no trabajaba hasta después de la luna de miel. Luca había ido a Austin esa mañana también.
Y Laura allí en la cama tumbada, se cubrió los ojos con el brazo.
-Esto es un desastre. Mira que no quería venir…
A un par de kilómetros de allí, Jeremy silbaba mientras regresaba a las caballerizas.
Un trabajador lo observó pasar.
-Parece que estás hoy de buen humor.
-Puede ser.
-¿Has ganado la lotería?
Jeremy sonrió.
-Algo mejor.
El chico de echó a reír.
-Pobre mujer.
-Mucho más pobre ella que yo.
Porque Jeremy tenía algo clarísimo.
Laura podía enfadarse.
Podía discutir.
Podía levantar muros de veinte metros de altura.
Pero había sentido aquellos besos igual que él.
Y eso cambiaba las reglas.
…
A las cinco menos cinco, Laura ya estaba preparada.
Lo que la enfurecía profundamente. Porque significaba que llevaba veinte minutos lista.
Y porque se había cambiado tres veces de ropa antes de decidirse por un vestido por encima de la rodilla, elástico, azul y blanco con un poco de escote.
Cuando escuchó el motor del coche, puso los ojos en blanco. Era un coche caro.
-Ni se te ocurra sonreír..
Se dijo así misma.
Salió de la cabaña justo cuando Jeremy salió del vehículo.
Y por supuesto estaba sonriendo.
-Puntual.
-No hagas que me arrepienta.
-Es tarde para eso. Anda vamos guapa.
Laura le lanzó una mirada asesina.
Jeremy abrió la puerta del copiloto. Iba con unos pantalones chinos estrechos color beige y una camisa de diseño azul y olía maravillosamente.
-¿Vamos?
-No eres tan encantador como crees.
-No intento ser encantador.
-¿Ah, no?
-No contigo.
Aquello la desconcertó lo suficiente para quedarse callada.
Jeremy esperó a que se sentara y cerró al puerta.
Minutos después, antes de salir del rancho, aparcó bajo un árbol.
-¿Por qué paras?
-Quiero comprobar algo.
Se desabrochó el cinturón de seguridad y el de ella. Y de un solo soplido se la puso en las piernas. Y Laura se vio frente a él con las piernas una a cada lado y el vestido subido.
-Pero ¿qué haces?, ¿estás loco?
-Un poco sí, esos besos del arroyo no son suficientes…
La cogió por el cabello y la acercó a su boca. Y como en el arroyo, el tiempo desapareció y el corazón de Laura no era calmado sino que galopaba como los caballos del rancho.
Le metió la mano en su vestido abierto y la tocó. Ella dio un respingo, pero mojada se delató. Anochecía en el rancho.
La tocaba y mordía sus pezones a través de la tela elástica del vestido, sacó sus pechos sin pudor.
Ella tampoco lo tuvo y gimiendo y deseando desabrochó su pantalón y su libre dicha salió como un adolescente, libre, buscando el camino del consuelo hasta encontrarlo.
Y cuando la metió dentro de su cuerpo, no es lo que esperaba hacer al principio, pero ambos eran puro fuego como el cielo de Texas en ese momento.
Laura se movía en el para que entrara hasta el fondo y él mordía sus pechos, los lamía, la besaba y le decía.
-Sigue abogada, ¡joder sigue! Y ella ya no paró, ni la rabia, ni nada había que la detuviera en esos momentos calientes compartidos. Esos momentos que aunque hacía más de año y medio que no tenía, sabía que era lo mejor que le había pasado en la vida en el sexo.
Y cuando sintió -no pares, voy a correrme nena- ella no se aguantó tampoco y sintió una explosión en su sexo y el galope de su corazón.
La limpió y se limpió y ella se quedó en su frente.
Volvió a besarla y esa vez no hubo risas porque para Jeremy aquello era muy serio.
Demasiado serio.
Y sabía que como los besos del arroyo, una vez no iba a ser suficiente.
Laura se colocó la ropa y se sentó en el asiento.
-¿Estas bien?- le dijo Jeremy.
-Estoy bien, aunque mi corazón aún galopa. Esto no puede pasar de nuevo - Y Jeremy sonrió.
Arrancó el coche y minutos después circulaban por la carretera.
-¿Por qué no puede pasar de nuevo Laura?
Era la primera vez que la llamaba por su nombre y eso le gustó.
-Porque me voy en unos días cuando pase la boda.
-¿No puedes relajarte mujer sin pensar en mañana?
-Para ti es fácil, para mí no.
-Tampoco lo es para mí. Me gustas. Baja la guardia y conservemos estos días. Ya veremos qué pasa.
-Lo miró seria. ¿No has disfrutado?
-Mucho
-¿Entonces?
-Eso es lo malo.
-Es bueno. Y si es bueno para ambos, porqué no vivirlo aunque nos queden cinco días o seis.
-Porque luego sufro.
-A ver Laura, te pones muros mujer. Yo no soy como los hombres con los que has estado.
-Eso te lo aseguro.- y se sintió satisfecho- el problema es que yo sí soy una más de las mujeres que hayas tenido y seguro que muchas.
-No tantas y hace dos meses que no salgo.
-Es que me da rabia Jeremy, te sales con la tuya.
-¡Qué boba eres! No eres consciente de tu valor. Quizá en el juzgado, pero en el sexo, ya te digo yo que eres insuperable.
Y cuando volvamos no vamos a ir a su cabaña, volveremos tarde, vamos a la mía.
Estás loco, ni de lejos. Están tus padres, Luca, mi amiga me echará de menos por la mañana.
-¿Tú crees?- van temprano a la prueba del vestido. La verás a mediodía que tomaremos algo todos.
-Cuando te digo que eres arrogante…
-Te gusta.
-Me sacas de quicio.
-No soy yo el que saca.
-Cállate…
-Está bien, peleona y le puso una mano en la rodilla y subió hacía arriba hasta tocarla de nuevo.
-Me gustas mojada.
Y ella le dio en el hombro.
-¡Ay, que eres abogada!
Estuvieron paseando por Austin en el coche y luego aparcó, dieron un paseo hasta un restaurante al lado del lago.
Y Jeremy quiso saber sobre su familia, trabajo, como conoció a Sira y sobre todo los hombres que había tenido. Para lo guapa que le parecía, había tenido pocos y poco tiempo.
Él también le contó lo suyo y ella supo que trabajaba en el campo con su padre y era un gran trabajador.
Luca era más de despacho, peor él se ocupaba del barracón de los chicos, de que todo estuviese en orden.
Era un potro libre y salvaje. Era gracioso y estaba muy unido a su hermano Luca y quería a Sira como a una hermana.
Eso cambio la perspectiva que tenía de él.
Tras la cena, en la que se portó como un caballero, como siempre, eso sí que tenía. Buenos modales y paciencia.
Y en parte se sintió culpable de cómo lo trató, pero lo miraba y lo deseaba, era superior a ella. Y sabía que cuando se fuese a Sevilla, aquello iba a pesarle.
Cuando llegaron al rancho, todo estaba en silencio. Algunas luces, le dio a la alarma de entrada y la cerró después.
Aparcó despacio en su garaje y salieron.
La cogió de la mano y la metió en su cabaña.
-¿Quieres café?
-No. No dormiría.
-Si no vamos a dormir…
-¿Eres tonto, eh?
La cogió en brazos y la subió a su dormitorio, apagando luces y alarma.
-¡Qué loco!…
Cuando llegó al dormitorio, ella intento relajarse y como él dijo, tomarse las cosas al menos como vinieran.
Le sacó el vestido por los pies y ella se quitó las sandalias y se quedó en ropa interior.
Él rápido e impulsivo se quitó toda la ropa y ella lo vio. Ese pedazo de tío que no encontraría jamás. Alto, fuerte. Bien dotado, guapo de la muerte…
Su pecho duro.
Su sexo duro, grande y libre. Eso lo había sentido.
Sus ojos como pantera que va a atacar en cualquier momento.
Era puro fuego en movimiento.
Se acercó a ella y le quitó el sujetador soltando sus seños a la noche texana. Y por fin sacó su tanga y se quedaron sus cuerpos libres de ataduras.
La besó despacio como en el arroyo, la arrulló con palabras preciosas al oído. Con Laura era así, primero despacio y lento y luego puro volcán de lava. Y sabía que a ella le encantaba.
Besos.
Caricias.
Lamió y mordió sus pezones.
Gemidos y por fin la echó en la cama. Retiraron la ropa y él bajó a su sexo. Y por una vez ella permanecía callada, sin discutir ni quejarse y dejaba que la naturaleza de ese hombre vaquero apasionado actuase.
Lo cogió por el pelo mientras él la lamía y la chupaba y metía sus dedos en su sexo, ella apretaba su cabeza con las piernas abiertas con un deseo desesperado por liberarse y él la liberó con su boca.
Había sido…
No tenía ahora palabras.
Había gemido sin vergüenza ninguna. Y ahora la sentía. Por poco tiempo porque Jeremy reptó por sus piernas hasta esconderse en sus senderos calientes y mojados.
Sabía lo que hacía.
Era un dios del sexo para ella.
La manejaba a su antojo y cada golpe, era un gemido de ambos, un beso sin fin, una caricia eterna.
Esa noche de formas diferentes, se quedaron dormidos casi a las cuatro de la mañana.
Poco o nada hablaron esa noche. Solo Jeremy sabía que no se había protegido y era la primera vez que no tuvo miedo. Confiaba en ella.
Y ella por su parte tampoco lo hizo nunca sin protección.
Ahora era tarde y no importaba, y con las últimas caricias antes de dormir, se prometió aprovechar los momentos felices que el tiempo diera con ese vaquero.
Por la mañana, todo empezó en el baño y terminó en el baño.
-Eres insaciable, hombre.
-Como mi abogada.
-Pues tengo hambre que lo sepas, y debo ir a cambiarme.
-Venga, te seco y te vas a cambiarte. Luca y Sira se han ido a Austin y vendrán en un par de horas. Desayunamos en su cabaña y me voy a dar una vuelta a los animales y al rancho, nena. Luego vengo para la comida a mediodía.
-Está bien.
Y ella preparó un desayuno americano—y Jeremy se reía.
-Me gusta verte con la paleta en la mano.
-Ten cuidado.
-Volvió la mujer mapa.
Y ella lo beso.
-Ummm. No hagas eso que no voy a ver a los animales. ¿Estas bien?
-Estoy bien Jeremy. Pasemos este tiempo juntos sin pensar en nada más.
-Eso me gusta.
Él se fue tras desayunar y Laura recogió la cocina, subió a ordenar la habitación.
Y cuando bajó todo estaba ordenado y limpio. Y se echó en el sofá y se quedó acurrucada, recordando el día anterior, con Jeremy.
No era un chico bobo. Sí, es divertido y la sacaba a veces de quicio, pero supo algo y es que era de esas personas que querían ver a la gente feliz.
Hasta se le escapó una lágrima. Para una vez que encontraba el hombre que podía hacerla feliz, estaba al otro lado del mundo. Y ella no era Sira. Ella tenía padres y era hija única. Y eso iba a ser un problema. El menor claro. En cuanto se fuese, todo se acabaría y no tendría que pensar en nada.