Los Amantes de Mamá Capítulo 12 #2
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Capítulo 12 #2

La música electrónica empezó a subir de intensidad en el centro del local, donde las luces cortaban la penumbra y varias parejas ya ocupaban la pequeña pista de baile improvisada entre los sofás.

El alcohol y el ambiente fueron desinhibiéndola. Rebeca, con un par de copas de más y los ojos oscuros brillando con una intensidad febril, tiró de la mano de Tony.

—Venga, levanta de una vez ese culo del sofá. Me aburro de estar sentada. Necesito divertirme un poco.

Tony sonrió, con una mezcla de desafío y deseo puro en la mirada, y se dejó arrastrar hacia el centro de la pista, donde la gente se movía al ritmo pesado y sensual de los graves.

Vera se quedó sentada en el reservado, medio mareada por el vodka y con el corazón latiéndole a mil por hora, apoyada contra el terciopelo rojo del sofá mientras intentaba mantener la compostura.

Desde su posición, las luces intermitentes iluminaban la pista a ráfagas. Pudo ver cómo su madre se pegaba al cuerpo de Tony con una desvergüenza absoluta, arqueando la espalda, dejando que las manos del chico recorrieran las curvas de sus caderas.

Rebeca echó la cabeza hacia atrás, riendo con la boca abierta, antes de volverse de golpe hacia él.

Tony no esperó ni un segundo. La agarró con fuerza por el culo, inmovilizándola contra su cuerpo, y la besó con una voracidad salvaje, un morreo profundo, húmedo y desesperado que hizo que a Vera se le cortara la respiración por completo.

Podía imaginar cómo la lengua de Tony se entrelazaba con la de su madre, cómo Rebeca gemía contra su boca, rindiéndose por completo a las manos de él, que apretaban su trasero con una obscenidad explícita.

La joven se quedó paralizada, con los dedos aferrados al borde de su vaso, sintiendo un calor denso y febril recorrerle las venas de arriba abajo, incapaz de apartar los ojos de aquella escena tan salvaje y turbia protagonizada por su propia madre.

Rebeca lo sujetó de la mano y avanzó hacia el sofá. Tenía los labios hinchados y brillantes.

—Laura —dijo Rebeca, elevando la voz apenas lo suficiente para cortar el murmullo de la música—. Cuida un momento de Vera. No tardaré.

Laura soltó una carcajada cómplice, levantando su copa de vodka con una sonrisa pícara que lo decía absolutamente todo. Ambas mujeres cruzaron una mirada cargada de complicidad y entendimiento.

A Vera se le encogió el estómago de golpe. No hizo falta que nadie le explicara nada; con ese simple gesto supo que ese chico se iba a follar a su madre.

—Tranquila, guapa —le dijo Laura con una sonrisa condescendiente y divertida, dándole una palmada cariñosa en el muslo mientras hacía una seña al camarero—.

Tu madre y ese semental de Tony van a divertirse un poco.

Así tú y yo aprovechamos para conocernos.

Por lo que tengo entendido, quieres ir a la universidad.

Vera vio cómo su madre y Tony se alejaban abrazados en dirección a la barra.

Para su sorpresa, pasaron detrás de la barra sin que ninguno de los camareros les dijera nada.

Al contrario, por la naturalidad con que se movían, daba la impresión de que los conocían de sobra.

Tony abrió una puerta metálica con una placa de PROHIBIDO EL PASO y ambos desaparecieron dentro.

Al otro lado había un pequeño almacén de bebidas, estrecho y mal iluminado. En cuanto la pesada puerta se cerró a sus espaldas, amortiguando los graves de la música, Tony acorraló a Rebeca contra la pared

—Joder, Rebeca… Cómo me calientas —siseó con voz ronca.

Se pegó a ella sin dejar apenas espacio entre ambos. Rebeca sintió la dureza de su sexo presionándole el vientre a través de la ropa y soltó el aire lentamente, sosteniéndole la mirada.

—Escúchame bien, fiera —susurró ella, mordiéndole el lóbulo de la oreja con malicia—. Fóllame rápido. Me siento incómoda por mi hija.

—¿Rápido? —protestó Tony con un gruñido de descontento, deslizando las manos con avidez por debajo del vestido negro hasta alcanzar la piel caliente de sus muslos—. Déjame que disfrute bien de este cuerpo.

Rebeca soltó un gemido de pura anticipación cuando los dedos de Tony le apartaron sin miramientos hacia un lado las bragas.

—¡Ah…! Fóllame, cabrón…

Tony no esperó un segundo más. La levantó en volandas y Rebeca, con un reflejo felino, enrolló las piernas alrededor de su cintura, apretando los muslos con fuerza mientras la empotraba con decisión contra la pared.

Las manos del chico se volvieron frenéticas: le bajó los tirantes del vestido de un tirón, dejando al descubierto sus pechos firmes que subían y bajaban al ritmo de sus respiraciones desbocadas.

—Joder, qué tetas más ricas tienes… llevo toda la noche deseando hacerte esto.

Tony devoró sus pechos, chupando y mordisqueando la piel sensible mientras Rebeca arqueaba la espalda, clavándole las uñas en los hombros, abandonándose a las sensaciones.

—Jódeme, cabrón. Vamos, puto niñato… reviéntame contra la pared.

Tony le agarró las caderas, encajando sus dedos con violencia contra la piel de Rebeca.

—Qué puta zorra estás hecha —le siseó Tony al oído con la voz áspera y emponzoñada de deseo, mientras se abría la bragueta y sacaba su miembro.

Sin darle un solo segundo de tregua, Tony le apartó la ropa interior de un tirón seco que rasgó el encaje lateral. Con una mano firme, rozó la cabeza de su miembro caliente y húmedo contra su entrada. La estocada fue tan brutal y tan profunda que obligó a Rebeca a cerrar los ojos con fuerza.

—Joder… Cómo me gusta tenerte dentro.

El grito de Rebeca se escuchó por todo el almacén mientras ella sentía cómo la llenaba por completo, centímetro a centímetro, hasta el fondo, estirándola sin compasión.

Tony no esperó a que se acostumbrara. Empezó a bombear con un ritmo implacable, animal, embistiéndola sin descanso con una violencia desmedida que hacía temblar el cuerpo entero de Rebeca contra la pared. Ella se aferró a su cuello gimiendo su nombre con desesperación.

—Tony, Tony, Tony…

Él aceleró el ritmo, empujándola sin compasión contra la pared, embistiéndola hondo una y otra vez mientras ella ahogaba los gemidos, con las manos apretadas y el cuerpo entero temblando.

—Por cierto… muy guapa tu hija —murmuró él, rozándole el cuello con los dientes—. Un auténtico bombón, igualita a ti.

Rebeca abrió los ojos de golpe, clavando en él una mirada oscura, sin dejar de jadear por las embestidas.

—Como te atrevas a mirarla, te juro que te corto los huevos —espetó con voz ronca, pegándole un manotazo en el pecho—. Estás avisado, niñato.

Él soltó una risa seca, hundiéndose todavía más hondo con descaro.

—¿Estás celosa? Solo he dicho que tu hija está muy buena, no que quiera follármela. Prefiero a la zorra de su madre.

Un grito ahogado y gutural escapó de la garganta de Rebeca mientras su cuerpo entero se contraía alrededor de él, alcanzando el orgasmo con una intensidad que la dejó sin fuerzas, gimiendo contra su pecho mientras Tony se derramaba en su interior con un último empujón cargado de delirio.

Durante unos segundos, el almacén se quedó en silencio. Rebeca abrió lentamente los ojos, respiró hondo y se subió los tirantes del vestido. Después le acarició la mejilla a Tony con una sonrisa perezosa y triunfante.

—Ves cómo sí sabemos follar rápido… —susurró ella, dándole un último y tierno beso en los labios antes de bajarse de su cintura.