Capitulo 3 #3
y empiezan a verse.
Salimos del restaurante y el aire tibio de Miami nos recibió como si la noche apenas estuviera empezando.
La calle seguía viva. Los carros pasaban dejando una estela de luces rojas y blancas, alguien reía al otro lado de la acera y el aire todavía conservaba ese calor húmedo tan característico de Miami, incluso de noche.
Nos subimos al carro. Cerré la puerta. Silencio. No uno incómodo.
De esos que parecen estar pensando antes que tú.
Solo se escuchaba el ruido lejano del tráfico y el clic de los cinturones de seguridad.
Entonces giró un poco el cuerpo hacia mí.
—Lola... creo que necesitamos decidir algo.
La miré.
No tenía idea de hacia dónde iba aquello.
Sonrió apenas, como quien lleva varios días ensayando una conversación en la cabeza.
—O nos metemos al bucket of friendship... o seguimos explorando esto como una relación.
La miré unos segundos.
¿Bucket of friendship?
Por supuesto.
Porque aparentemente en el amor moderno ya no bastaba con tener sentimientos. Ahora también había cubetas.
Friendship bucket.
Relationship bucket.
Solo faltaba que alguien sacara una pala y empezara a clasificarnos.
Pero debajo de la frase había algo mucho más serio. No sonaba a ultimátum. Tampoco a presión.
Sonaba a una persona intentando entender dónde estaba parada antes de seguir avanzando.
Y eso sí lo entendía.
Yo, en cambio, funcionaba distinto.
Nunca he sido de decidir el final de un libro cuando apenas voy por el tercer o noveno capítulo.
No necesito ponerle nombre a una conexión para permitirme vivirla. Mi respuesta, si tenía que ser completamente honesta, era sencilla:
No lo sé todavía.
Y por primera vez no me parecía una respuesta insuficiente.
Al día de hoy, en el amor, no tengo un mapa. Estoy descubriendo el camino mientras manejo.
Y, sinceramente, tampoco quería fingir que sabía hacia dónde iba solo para que la otra persona pudiera sentirse más tranquila.
Había conocido a alguien con quien las conversaciones fluían, las horas desaparecían y el silencio se sentía tan cómodo como las palabras. Eso era real.
Lo demás todavía estaba por descubrirse.
Incluso apareció en mi cabeza una hipótesis que me pareció completamente absurda:
¿Y si era miedo?
Miedo a estar perdidamente enamorada. Pero inmediatamente mi cerebro respondió:
¿Enamorada? Lola, bájale dos rayitas.
Ni siquiera habíamos convivido lo suficiente para conocer todas nuestras versiones. Todavía me faltaba un mundo entero por descubrir de ella.
Así que descarté la teoría… Por ahora.
Los días pasaron y aquella conversación regresó varias veces a mi cabeza.
No tanto por la palabra relationship.
Sino por todo lo que había detrás de ella.
Con el tiempo entendí que aquella pregunta no venía de un deseo de ponerle una etiqueta a lo nuestro.
Venía del cuidado. Ella quería saber si estábamos construyendo algo que las dos queríamos cuidar.
Y había algo más que entonces no estaba viendo.
Mientras dos personas se están descubriendo, la vida no se detiene.
Seguimos conociendo gente. Seguimos recibiendo invitaciones. Seguimos teniendo conversaciones que podrían convertirse en algo más.
Ninguna de las dos había hecho una promesa. Pero quizá eso era precisamente lo que hacía necesaria la conversación.
No se trataba de decidir qué éramos. Se trataba de saber qué estábamos haciendo con aquello que estaba empezando a importar.
Yo quería seguir caminando para descubrir qué camino estábamos construyendo.
Ella necesitaba saber si estábamos caminando en la misma dirección.
No se trataba de decidir qué éramos, sino de saber si tenía sentido volver a intentarlo.
Yo ya había terminado con Elena porque sus mensajes, sus llamadas, su necesidad de tiempo y atención, y esa forma tan radical de reaccionar cuando algo le molestaba me habían hecho entender que, así, yo no sabía manejar la relación.
Pero ahora volvíamos a hablar y yo me preguntaba qué había cambiado en ella, si realmente había cambiado algo, para que esta vez pudiera ser diferente.
Elena necesitaba saber hacia dónde íbamos; yo, antes de caminar otra vez, necesitaba saber si estábamos aprendiendo a caminar de otra manera.Y, con el tiempo, entendí que ninguna de las dos estaba equivocada.
Simplemente estábamos intentando cuidar el corazón de maneras diferentes.
Ella necesitaba claridad antes de avanzar. Yo necesitaba avanzar para encontrar claridad.
Y ahí estaba el verdadero problema. No era elegir entre friendship y relationship.
Era aceptar que dos personas pueden sentir algo parecido y, aun así, necesitar cosas completamente diferentes para sentirse seguras dentro de esa historia.
Quizá por eso me quedé pensando tanto en aquella noche.
Porque a veces una pregunta parece pedir una palabra cuando, en realidad, está pidiendo tranquilidad.
Y quizá eso era lo que había detrás de aquel extraño sistema de cubetas.
No quería saber en qué categoría cabíamos. Quería saber si estaba caminando sola.
Y yo todavía no sabía hacia dónde iba. Pero sí sabía una cosa: No quería dejar de caminar.