Capítulo 29 #2
El guardia utilizó una brida plástica real. Esta vez Nadia no podía romperla. Luego, el hombre fue a los controles. El motor rugió y la lancha salió del cobertizo con cuidado, para luego acelerar hacia la boca de la ensenada.
Nadia se volvió para mirar la propiedad. La llevaban. Iba a morir, Reddick iba a escapar. Su madre, su hermana… Las lágrimas manaron sin control.
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El pulso de confirmación llegó treinta segundos antes de desaparecer.
—Las mujeres fueron localizadas —informó Elijah—. Nathan activó la señal.
El vehículo del FBI comenzó a avanzar. Logan ya tenía una mano sobre la puerta, urgido, la sensación de intranquilidad cada vez más fuerte.
—Espera —ordenó Scott—. Todavía no enviaron la señal de entrada.
—Confirmaron que las víctimas estaban allí.
—Necesitamos darles tiempo para controlar el búnker.
—Voy a…
Una segunda luz apareció entonces, la de la alarma. Después todos los transmisores dejaron de responder. Logan salió del vehículo a todo dar.
—Se acabó el tiempo.
Corrió hacia la casa antes de que Scott pudiera detenerlo. El equipo federal atravesó la verja detrás. Las cargas abrieron las puertas principales y los agentes entraron distribuyéndose entre ambas alas. Logan no esperó instrucciones. Conocía el camino hasta el ascensor.
Dos guardias intentaron cerrar el corredor. Derribó al primero con un disparo en la pierna. El segundo soltó el arma cuando vio aparecer a seis agentes detrás de él.
—¿Dónde está Reddick?
El hombre levantó las manos.
—Abajo.
Logan entró en el ascensor. Piotr lo acompañó.
—Yo voy primero —dijo el polaco.
—Apártate —ladró.
Las puertas se abrieron. El corredor del búnker estaba lleno de humo. Una de las alarmas sonaba y las luces parpadeaban.
Nathan apareció con sangre en el rostro.
—Se la llevó.
El mundo de Logan se detuvo. Su rostro se demudó, pero el entrenamiento no lo dejó caer.
—¿Qué?
—Hay una salida oculta, un panel detrás de la oficina. Lo cerró antes de que pudiéramos alcanzarlo.
—¿Cuánto tiempo?
—Tres minutos. Quizá cuatro.
Matt salió detrás.
—Ella tiró la cámara antes de que él la arrastrara.
—¿Dónde lleva el pasadizo? —gritó con desesperación.
—No está en los planos —dijo Ivan—. Pero desciende hacia el oeste.
Hacia el agua. Logan corrió. Encontró el panel por la línea casi invisible en la pared. No había control exterior.
—¡Carga! —bramó.
Piotr ya venía con una.
—Retrocede.
La explosión abrió un hueco en el muro. Logan atravesó el humo antes de que los fragmentos terminaran de caer.
—Necesitamos asegurar a las mujeres —gritó Nathan detrás de él.
—Hazlo.
—No vayas solo.
Logan ya no escuchaba. Corrió por el pasadizo. El túnel giró y siguió.
—Nadia —gritó.
Nadie respondió. El ruido de los motores llegó desde el final. Aceleró. Salió al cobertizo justo cuando una lancha desaparecía por la boca de la ensenada. Distinguió dos hombres.Y el vestido negro de Nadia.
—¡Logan! —gritó Nathan por el comunicador—. Darius está en el aire. Espera apoyo.
Miró a todos lados y se dirigió a la segunda embarcación. Saltó a bordo. Las llaves no estaban en el encendido. Arrancó el panel con fuerza. Sus manos temblaban, pero unió los cables y el motor respondió luego de algunos chispazos.
—Estoy en el agua, persigo en lancha.
Aceleró. La proa se levantó y la lancha salió disparada sobre el agua. El viento golpeó su rostro. Las luces de Crownmere se alejaron detrás mientras buscaba la embarcación de Reddick. Se dirigía hacia aguas abiertas.
—Tengo visual —informó.
—Darius está a minutos —dijo Louie—. La Guardia Costera fue alertada.
—No tengo esos minutos.
Reddick podía matarla en uno. Logan aumentó la velocidad. La lancha de delante cambió de dirección. El hombre que estaba al timón había advertido la persecución. Reddick se volvió. Incluso a esa distancia, Logan vio el arma.
El primer disparo rebotó sobre el agua. El segundo atravesó el parabrisas. Logan se agachó sin reducir la velocidad. Aceleró. Otro disparo golpeó el casco y una alarma se encendió en el panel. Combustible.
¡Puta mierda! Habían perforado una tubería o parte del depósito. No podría perseguirlos mucho más. Tampoco podría regresar.
—Tengo una fuga de combustible —dijo.
Darius respondió desde el helicóptero:
—Entonces más te vale alcanzarlos antes de quedarte sin motor.
La distancia disminuyó. Reddick volvió a disparar. Logan zigzagueó y desvió la embarcación, y luego colocó la proa junto a la popa de la otra lancha. Los dos cascos chocaron, y el guardia abandonó el timón y levantó un fusil.
Entonces, Nadia se lanzó contra él. El disparo salió hacia el cielo. La lancha de Reddick giró bruscamente y Logan no esperó otra oportunidad. Saltó con aparatosidad y cayó, rodando hasta golpear una baranda. El guardia soltó el fusil y se abalanzó sobre él.
Logan recibió un golpe en las costillas, pero bloqueó el siguiente y hundió el puño en el estómago del hombre. Reddick sujetó a Nadia y la arrastró hacia la cabina.
—¡Lógan!
Él oyó su voz y se distrajo, instante que el guardia aprovechó para intentar rodearle el cuello.
Logan lo lanzó contra el costado de la embarcación.
El hombre volvió con un cuchillo, pero Logan atrapó su muñeca y detuvo la hoja a centímetros de su garganta.
Con furia renovada, golpeó la articulación contra la baranda hasta que el cuchillo cayó.
Después, hundió el hombro en el pecho del guardia y lo arrojó sobre una bancada. El hombre no volvió a levantarse.
La lancha daba saltos sobre el agua, sin control, por lo que se pegó al piso y reptó como si avanzara en una operación a campo abierto.
Reddick apareció con una pistola en una mano y el brazo alrededor del cuello de Nadia.
Tenía sangre en la boca. Logan sintió que algo dentro de él aullaba, pero no se dio tiempo para nublarse.
—¡Suéltala!
—Atrás.
—No tienes adónde ir.
—Tengo suficiente combustible para llegar a la costa.
—La Guardia Costera viene hacia nosotros.
—Entonces ella morirá antes de que llegue.
Nadia buscó la mirada de Logan e hizo un gesto, tras lo cual dejó caer todo su peso y giró. El brazo se deslizó de su cuello. Ella golpeó la muñeca armada con ambas manos.
El disparo atravesó el lateral de la cabina. Logan avanzó. Reddick empujó a Nadia contra el timón y lo golpeó con el arma en un doble movimiento desesperado. Logan perdió el equilibrio justo cuando la lancha chocaba contra una ola de costado y la cubierta desapareció bajo sus pies.
Cayó al agua y el impacto helado le arrancó el aire.
La embarcación continuó avanzando. Logan salió a la superficie sin darse un segundo y buscó algo a lo que aferrarse.
Sus dedos encontraron una cuerda sujeta al lateral.
La tensión casi le arrancó el hombro cuando el casco comenzó a arrastrarlo. El agua golpeó su rostro.
—¡Cuidado! —gritó Nadia.
Reddick apareció sobre la borda. Apuntó hacia él y disparó. El disparo se perdió en el agua. El rostro de Reddick estaba contorsionado, fuera de sí. No se dio cuenta de que había dejado libre a Nadia, que lo golpeó por detrás.
Reddick cayó de rodillas y Nadia corrió hacia el timón, que consiguió sujetar y mover. La lancha se desvió. Logan aprovechó el cambio de velocidad para trepar por la cuerda. Cada movimiento enviaba dolor a través de su hombro.
Reddick se levantó, groggy. Cuando vio a Logan ascendiendo, se tiró sobre el cuchillo del guardia.
—¡Acelera! —gritó a Nadia.
Ella giró el timón en la dirección contraria. Reddick perdió el equilibrio. Logan alcanzó la baranda cuando el cuchillo descendía en un arco inútil. Lo evitó y sujetó la muñeca de Reddick. La mitad de su cuerpo continuaba fuera de la embarcación.
Reddick presionó la hoja hacia su cara, pugnando por cortar, destruir.
—¡Debiste dejarme lo que compré!
Logan golpeó la mano contra el metal.
—Ella nunca fue tuya. Nunca lo será.