Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 28 #2
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Capítulo 28 #2

Darius asintió. Matt se puso de pie. El hombre despreocupado desapareció. Sus hombros cambiaron de posición y su expresión adquirió una frialdad.

—Hora de trabajar.

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La cuerda alrededor de las muñecas parecía real.

También el hombre sentado junto a ella. Matt había dejado de ser alguien a quien conocía.

Desde que subieron a la furgoneta no había sonreído ni hecho una sola broma.

Jugaba un papel y tenía que hacerlo bien.

El latino que había tomado el lugar de Furtado, que traficaba.

Nathan conducía. Ivan ocupaba el asiento del acompañante. Ambos llevaban armas cortas escondidas, aunque Reddick había advertido que sus guardias los revisarían.

Logan viajaba en otro vehículo, varios kilómetros detrás. Nadia no podía verlo ni escuchar su voz. El auricular que llevaba oculto permanecería apagado hasta que comenzara la operación.

Se sintió sola. La sensación se parecía demasiado a otro vehículo, otro viaje y otros hombres decidiendo su destino. No, no es lo mismo. Elegiste estar aquí, hacer pagar al hombre que te quiso comprar. Cuando lo hagas, todo va a terminar.

—Cinco minutos para el punto de verificación —informó Nathan.

Matt tomó el dispositivo de Marek.

—Cuando llame, no mires a la cámara salvo que te lo ordene.

—Entiendo.

—Voy a sujetarte la cara. Puede que el cabello cubra la imagen.

Nadia asintió.

—Si exige ver manos, mostrar cuerda.

—Sí.

—Si exige que golpear…

Matt la miró y apretó su boca, meneando la cabeza, sus ojos mostrando que no le gustaba nada la idea.

—Intentaré evitarlo.

—Pero si pedir… Hacer…

—Haré que parezca real.

—Bien.

Algo parecido al arrepentimiento cruzó el rostro de Matt.

—Logan va a matarme aunque no te toque.

—Logan querer matar a todos hoy.

La breve aparición del hombre que Nadia conocía desapareció cuando el dispositivo emitió un sonido. Videollamada entrante. Matt la aceptó. El rostro de Malcolm Reddick apareció en la pantalla.

Nadia se estremeció. La fotografía no había mostrado su verdadera frialdad. Tenía ojos claros y una expresión tranquila. Vestía camisa blanca, chaleco oscuro y una corbata perfectamente anudada. Parecía preparado para recibir invitados a cenar. No una mujer atada, una esclava.

—Señor Reddick, encantado de … —saludó Matt, exagerando su acento latino.

—Muéstremela.

—Ah, a la verga los saludos. Entendido.

Matt giró el dispositivo. Nadia mantuvo la cabeza baja.

—Que mire la cámara.

Matt le sujetó la barbilla. No ejerció demasiada fuerza, pero sus dedos parecieron duros.

Nadia levantó los ojos. Reddick la contempló.

El instante de la mirada pareció eterno y Nadia tembló de verdad.

Su mirada recorrió el cabello, el rostro, los hombros y la parte del cuerpo que mostraba la pantalla. Nadia sintió suciedad sobre la piel.

—Más cerca —ordenó.

Matt aproximó la cámara.

—Gire el lado izquierdo del rostro.

Nadia obedeció.

—El otro.

Volvió la cabeza.

—Abra la boca.

Nadia permaneció inmóvil. Los dedos de Matt se tensaron sobre su mandíbula.

—Hazlo, perra. El señor te dio una orden.

Ella abrió la boca. Reddick observó sus dientes como si inspeccionara un animal. La humillación la puso roja y llevó lágrimas a sus ojos.

—¿Está drogada?

—No.

—Quiero oírla.

Matt miró a Nadia. El dispositivo emitió un nuevo mensaje. Cuatro palabras aparecieron en la parte inferior de la pantalla:

El mar recuerda nuestros nombres. Una frase que no podían haber grabado antes.

—Que lo repita —ordenó Reddick.

Nadia leyó con dificultad hacia él.

—El mar… recuerda… nuestros nombres.

Los ojos del hombre cambiaron. Satisfacción.

—Otra vez.

—El mar recuerda nuestros nombres.

—En búlgaro.

Nadia tradujo la frase. Reddick sonrió.

—La voz es mejor de lo que esperaba.

El estómago de Nadia se revolvió.

—Tenemos trato —dijo Matt.

—Todavía no. Muéstreme las manos.

Matt giró a Nadia y enfocó la cuerda.

—Más apretada.

—No voy a dañar mercancía de un millón antes de cobrar.

—Ella entiende inglés.

No era una pregunta.

—Da… Poco… —respondió Nadia.

—Entonces debe comprender algo. Cuando llegue a mi casa, hará exactamente lo que le ordene. Si intenta huir, los hombres que la acompañan morirán primero.

Nadia pensó en Nathan e Ivan. En Logan, en algún punto de la carretera.

—Entender….

—Dígalo correctamente.

—Hacer lo que decir.

La sonrisa de Reddick aumentó.

—Excelente.

La comunicación terminó. Durante varios segundos nadie habló. Matt soltó el rostro de Nadia.

—¿Estás bien?

—Sí.

—Me refiero de verdad.

—Lo sé.

Nadia respiró profundamente.

—Estoy bien.

Nathan los miró por el espejo.

—Entramos en la zona de inhibidores. La comunicación caerá en cualquier momento.

El auricular de Nadia se activó. La voz de Logan llegó apenas como un murmullo:

—Nadia, puedes retroceder ahora mismo. Ese hijo de mil perras va a pagar, lo mataré sin dudar.

Ella cerró los ojos.

—Estar bien.

—Quiero sacarte.

—No.

—Todavía podemos detenerlo. Es…

El sonido comenzó a fragmentarse.

—Nadia.

—Venir cuando sea hora. No antes…

La comunicación se cortó. El dispositivo en el tacón emitió una vibración casi imperceptible. Habían entrado en el perímetro de Crownmere. La verja apareció al final del camino.

Era más alta de lo que mostraban las fotografías. Dos muros de piedra se extendían hacia el bosque y varias cámaras siguieron el movimiento de la furgoneta. Nathan redujo la velocidad. Cuatro guardias salieron de la caseta.

—Comienza el espectáculo —dijo Matt—. Lo siento, cariño, pero debo hacerlo.

Acercó la capucha y Nadia bajó su cabeza. La oscuridad descendió sobre ella. A partir de allí debió confiar en el oído. La puerta lateral se abrió. Unas manos la sacaron de la furgoneta.

—Tres hombres y la mujer —dijo uno de los guardias.

—Como ordenó Reddick —respondió Matt.

Registraron primero a Nathan e Ivan. Encontraron sus armas y las retiraron. Matt entregó la suya sin protestar.

—Cuiden esta arma, pendejos, tiene historia. La quiero sin un rasguño de vuelta.

Después llegaron hasta Nadia. Un hombre recorrió sus brazos, la cintura y las piernas. La mano se detuvo cerca del broche que ocultaba la cámara. Nadia dejó de respirar. Los dedos tocaron la pieza. Continuaron.

—Limpios —dijo—. Sigan.

La subieron y el vehículo volvió a avanzar. Cuando volvió a detenerse, la capucha le fue retirada. Nadia parpadeó ante la luz. La mansión se elevaba frente a ellos. Piedra gris, grandes ventanales y un techo oscuro. Más allá se extendían los jardines.

Reddick los esperaba en la entrada. No estaba solo. Dos hombres armados permanecían detrás de él. Otro vigilaba desde un balcón.

—Llegaron puntuales —dijo.

Matt tomó a Nadia del brazo y la condujo hacia los escalones.

—Quiero ver el dinero.

—Después de inspeccionarla.

—No atravesé medio país para que cambie las condiciones.

Reddick observó a Nathan e Ivan. Matt sonrió sin alegría.

—Una vez que cobre, estamos fuera.

Reddick acercó una mano a Nadia. Ella tuvo que obligarse a permanecer inmóvil cuando sus dedos tocaron un mechón de cabello. Lo levantó y examinó el color bajo la luz. Luego, sus ojos.

—Extraordinarios —murmuró.

Nadia sintió el impulso de morderlo, pero se contuvo y se hizo más pequeña. Pensó en Logan. En las mujeres que podían estar encerradas bajo aquella casa. En lo que este hombre había hecho. No se movió. Reddick señaló el hematoma falso.

—¿Quién hizo esto?

—Se resistió —respondió Matt.

—Le indiqué a Furtado que no debía marcarle el rostro.

—Furtado está muerto.

La mirada de Reddick volvió a Nadia.

—¿Sabe quién soy?

—Sí.

—¿Y por qué está aquí?

Ella bajó sus ojos.

—Pagar…

Satisfacción. Aquello era lo que necesitaban grabar. Reddick deslizó la mano hasta su cuello.

—Pagué por algo excepcional. Una mujer hermosa, única, que hará de mi colección algo excepcional.

Nadia elevó la mirada.

—No ser una cosa.

—Oh, claro que no. Ser pieza única. Mía.

Matt dio un paso.

—Primero el dinero.

Reddick soltó a Nadia.

—Entren.

Las puertas se cerraron detrás de ellos con un golpe amortiguado. Nadia observó el vestíbulo. Mármol blanco. Pinturas antiguas. Esculturas iluminadas como piezas de museo. No había fotografías familiares ni objetos personales. Solo cosas hermosas colocadas para ser contempladas.

Reddick hizo una señal. Dos guardias se situaron detrás de Nathan e Ivan.

—El dinero está abajo —dijo—. También podrán ver que sé cuidar aquello que compro.

Se dirigió hacia el fondo de la casa. Matt obligó a Nadia a caminar delante de él. Atravesaron una biblioteca y llegaron hasta un ascensor oculto detrás de un panel de madera. Reddick utilizó la huella digital para abrirlo. La cabina descendió. Una planta. Dos. El aire se volvió más frío.

Nadia buscó el reflejo de Nathan en las puertas metálicas. Él parecía tranquilo, pero su mano derecha se encontraba cerrada. Ivan permanecía inmóvil. Ninguna comunicación funcionaba bajo tierra. Estaban solos. El ascensor se detuvo.

Las puertas se abrieron sobre un corredor de paredes claras. Había cámaras en cada esquina y puertas sin picaportes.

Detrás de una de ellas, Nadia oyó llorar a una mujer. Reddick volvió la cabeza y abrió los brazos, girando.

—Bienvenida a mi colección. Contemplen, caballeros.

Nadia sintió que el miedo ascendía por su garganta, pero se lo tragó. Matt tiró de la cuerda que rodeaba sus muñecas y la obligó a avanzar. Sus ojos estaban serios, pero su actitud de matón de cuarta persistía.

Las puertas del ascensor se cerraron detrás de ellos. Por primera vez desde que habían comenzado la operación, Nadia dejó de sentir la presencia de Logan al otro lado de la oscuridad.