Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 28
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Capítulo 28

Furtado cayó. Varga también. Tengo su compra. La red está quemada y necesito dinero. Si todavía la quiere, la entrega tiene que ser a la brevedad.

Debajo del mensaje aparecía una fotografía de Nadia, sentada en una silla metálica, con las manos sujetas detrás de la espalda y un hematoma falso sobre el pómulo.

Llevaba un vestido negro sencillo, el cabello suelto y una expresión intensa que pod í a significar mucho, pero seguro Reddick interpretaría como derrota.

Logan apretó sus puños con salvajismo. Esto era contra su voluntad, opuesto a lo que sus instintos gritaban. Pero no lo podía detener.

—Enviado —dijo Louie.

El mensaje desapareció de la pantalla y comenzó la espera.

Logan miró el reloj. Habían pasado diez horas desde el operativo en Alder House.

Marek se encontraba bajo custodia federal, los compradores reclamaban abogados a gritos mientras se procuraba contener a la prensa, que había llegado como tiburones oliendo sangre.

Las mujeres recibían atención médica en lugares separados. La noticia del operativo todavía no se filtraba, pero una organización capaz de trasladar personas entre tres continentes no tardaría en comprender que había perdido uno de sus centros de distribución.

Disponían de pocas horas antes de que el canal de Marek quedara inutilizado. Pocas horas para conseguir que Reddick cometiera un error.

—Si no responde en diez minutos, enviamos el segundo mensaje —dijo Scott.

—Responderá —aseguró Matt.

Este estaba sentado frente a la cámara, con una barba oscura cubriéndole parte del rostro y el cabello peinado hacia atrás. Llevaba una camisa abierta en el cuello, una cadena de oro y una chaqueta que parecía demasiado cara para un hombre que afirmaba necesitar dinero.

La transformación no era solo física. Matt había modificado la forma de sentarse, de mirar y hasta de reír. Ya no parecía un guardaespaldas. Era el cliché de latino criminal acostumbrado a vender cosas que no le pertenecían.

—¿Cómo lo sabes? —preguntó.

Matt observó la fotografía de Nadia.

—Porque no le ofrecimos una mujer. Le ofrecimos algo que considera suyo.

Logan se acercó con animosidad, deseoso de quitarse esta sensación de estar atado de manos cayendo a golpes a alguien como su colega.

—Vuelve a hablar de ella como una cosa y no llegarás a la mansión.

Matt sostuvo su mirada.

—Logan, corta la idiotez. Esto es por su bien futuro.

Nathan se incorporó y se desperezó.

—Guarda la furia para Reddick.

Nadia seguía sentada bajo las luces del pequeño estudio fotográfico.

Bianca le retiraba parte del maquillaje con una esponja.

La cuerda que sujetaba sus muñecas era falsa.

Un tirón en el ángulo correcto bastaría para romperla.

El broche del vestido contenía una cámara.

Otro transmisor estaba oculto dentro del tacón derecho.

No era suficiente. Saber que estaba cerca, que esto era una farsa, que había decenas de hombres dispuestos a protegerla, no alcanzaba. Nada sería suficiente mientras Nadia estuviera al alcance de Reddick.

Logan había dicho que no. Lo dijo cuando Louie explicó que el comprador exigiría una prueba reciente. Lo repitió cuando Scott señaló que una fotografía podría prepararse dentro de Pipen sin que Nadia abandonara la agencia.

—Usamos una grabación —había dicho Logan—. Preparamos varias respuestas y Matt elige la adecuada.

—Si pide algo que no grabamos, se termina. Lo perdemos, se va, y no lo veremos venir la siguiente vez —respondió Louie.

—Entonces encontramos otra forma.

—No haber otra —dijo Nadia.

Logan se había vuelto hacia ella.

—Tú no vas a acercarte a ese hombre.

—Él quiere verme.

—Eso no significa que vaya a conseguirlo.

La conversación había dejado de incluir a los otros, aunque todos continuaran alrededor de la mesa.

—Haber mujeres dentro de mansión —dijo Nadia.

—No lo sabemos.

—Mei-Ling describió lugar igual.

Ronan había localizado a la mujer en Singapur. Después de varias horas y demasiadas garantías, ella aceptó hablar. La casa donde Reddick la había retenido era una mansión rodeada de bosque, solitaria, y no había visto el exterior, porque escapó dentro del baúl de un automovil.

Estaban seguros de que el bastardo se había deshecho de aquella propiedad, pero la actual no podía ser muy distinta. Todo coincidía con Crownmere.

—Si hay mujeres, las sacaremos de otra forma —dijo Logan.

—¿Con orden judicial? Abogados cerrar todo. Él mover a mujeres.

—El FBI está trabajando en la orden.

—No tener suficiente.

Ella tenía razón. Eso lo enfurecía todavía más.

—No voy a permitir que te utilicen como carnada.

—Yo decido —había dicho ella con el mentón en alto.

Fiera, bella.

—Nadia…

Logan había mirado a Scott. Esperaba que el jefe terminara con aquella locura. Scott no lo hizo.

—La decisión final es de Nadia —dijo—. Nuestra responsabilidad es construir una operación que reduzca el riesgo.

—No puedes reducirlo lo suficiente.

—No.

La aceptación lo dejó sin argumentos. Después discutieron rutas, cámaras, hombres y posibilidades. Logan se opuso a cada una. Nadia las escuchó todas. Al final le preguntó:

—¿Confiar en mí?

—No es cuestión de confianza.

—Da!

—Confío en ti. No confío en Reddick, en sus guardias ni en nada que no podamos controlar.

Un sonido procedente de la consola devolvió a Logan al presente. Louie se inclinó hacia la pantalla, alterado.

—Respondió.

El mensaje apareció letra por letra.

Reddick : Un a fotografía no prueba que la tenga. No lo conozco. He escuchado cosas…

Matt tomó el teclado.

—Espera —ordenó Scott.

Todos observaron el indicador. Reddick todavía escribía.

Reddick: Video en tiempo real. Cuando esté a diez minutos de la entrega le enviaré las palabras que debe repetir. Si la grabación se interrumpe, el acuerdo termina.

Logan cerró los ojos. Habían previsto un pedido así, pero eso no disminuyó las ganas de romper algo. Un nuevo mensaje apareció.

Reddick: Un millón. Efectivo. Después de inspeccionarla.

Matt dejó escapar un silbido.

—De verdad la quiere.

Logan le cerró una mano alrededor del hombro con violencia.

—Una palabra más… Una sola…

Matt lo miró, serio, sacudiéndose la mano de encima. Nadia se acercó justo entonces.

—¿Qué vamos a responder?

Logan se volvió, boca dientes apretados. Había escuchado.

—Lógan…

—Necesito cinco minutos.

—No hay tiempo —dijo Matt, pero no le hizo puto caso.

—Cinco.

La tomó de la mano y la condujo hacia una sala contigua. Cerró la puerta, pero no encendió la luz. La claridad del centro de operaciones entraba a través del cristal. Nadia quedó frente a él.

—No discutir otra vez —dijo.

—Yo tampoco.

—Entonces ¿qué?

Logan le sostuvo el rostro. Quería memorizarlo. La curva de sus cejas. Las pequeñas pecas sobre la nariz. El verde de los ojos que parecía más oscuro cuando estaba enfadada.

—Cuando estén a diez minutos, Reddick puede pedir cualquier cosa.

—Lo sé.

—Si te pide que enseñes las manos, la cuerda debe parecer real. Si pide que Matt te golpee…

—Matt no va a golpearme.

—Lo hará si necesita mantener su papel.

La expresión de Nadia cambió, pero no retrocedió.

—Entonces me golpeará.

—No. Si lo hace…

—Tú confiar en los otros.

El pulgar de Logan recorrió su mejilla.

—Sí, pero… —respiró hondo y se obligó a ser claro—. Por favor, escucha muy bien. Llevarás dos transmisores. Si encuentran uno, conservarás el otro. La cuerda se rompe con un tirón hacia afuera. Nathan e Ivan estarán a tu lado.

—Y tú.

—Entraré en cuanto envíen la señal. Estaré lo bastante cerca.

Nadia apoyó las manos sobre su pecho.

—Venir por mí, yo saber.

La convicción con que lo dijo le produjo un dolor físico.

—Siempre.

—No importa qué pasar.

Logan quiso decirle que la amaba. Las palabras llegaron hasta su garganta y se detuvieron. No quería pronunciarlas como una despedida ni convertirlas en otra forma de persuadirla para que se quedara.

Cuando todo terminara. Cuando estuviera a salvo. Entonces se lo diría.

La besó con vehemencia. Su boca se apoderó de la de Nadia con la urgencia que llevaba horas conteniendo. El beso era su forma de declararse, de recordarle que era suya, suya para amar y cuidar.

Ella le rodeó el cuello y se pegó a él. Logan la sostuvo por la cintura, sintiendo el cuerpo que Reddick pretendía comprar y que ella se disponía a exponer para destruirlo. Se separó antes de perder la poca razón que conservaba.

—Nathan tomará las decisiones dentro.

—Bien.

—No intentes ser heroína.

—Eso tú hacer.

Ella le acarició la mandíbula.

—Vuelve a mí.

Un golpe en el cristal. Matt señaló el reloj. El tiempo había terminado.

El segundo mensaje se envió luego de pensar muy bien la redacción.

Verá el video. No la mantendré después de esta noche. Los federales están cerca y necesito desaparecer. Envíe lugar y hora.

Reddick tardó cinco minutos en responder:

Crownmere. Tres horas. No más de 3 personas, además de la mujer. Sin teléfonos. Sin armas largas.

Louie sonrió sin humor.

—Mordió.

Scott miró a Nathan.

—Bien, tiempo de actuar. El equipo federal se situará a tres kilómetros. No se acercará hasta que tengamos confirmación visual de las mujeres o una confesión directa de Reddick. No podemos permitir que sus abogados conviertan esto en una entrega pactada entre adultos.

—Necesitamos que admita que pagó por ella —dijo Nathan.

—Y que no puede marcharse —añadió Louie—. Todo quedará grabado.

—Reddick utiliza inhibidores —recordó Ivan.

Elijah levantó un pequeño dispositivo negro.

—La cámara de Nadia no transmitirá dentro del búnker, pero almacenará la información. El localizador del zapato funciona por pulsos. Si perdemos ambos, seguimos a Nathan e Ivan.

Logan observó el plano de la finca. Había tres entradas conocidas: la principal, el garaje y un acceso de servicio. El búnker tenía una escalera desde la casa y una salida de emergencia hacia el jardín occidental. Nada más. Darius apareció con un casco bajo el brazo.

—Helicóptero preparado. Esperaré a cinco minutos de vuelo.

—No te acerques hasta que lo ordenemos —dijo Scott.