Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 26
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Capítulo 26

Alder House ocupaba seis hectáreas junto al Hudson.

La finca incluía una mansión de piedra, antiguas caballerizas, dos viviendas para el personal y una estructura moderna construida donde antes había estado el picadero cubierto.

Nathan había marcado entradas, cámaras y posiciones de vigilancia.

Darius señaló dos puntos de extracción y un camino forestal que no aparecía en los planos oficiales.

Logan escuchaba a medias. La discusión con Nadia daba vueltas en su cabeza. ¡Qué complicación era querer a alguien más que respirar, joder! Claro que fue un gilipollas protector, pero nunca un hombre que ignoraría sus deseos. La quería a salvo, sana, libre.

—Si continúas mirando el papel así, probablemente confiese —dijo Darius.

Logan sacudió la cabeza.

—Cállate.

Scott entró en la sala con una carpeta.

—Terminó el recreo. El remate comienza a las veintiuna — Colocó varias fotografías sobre la mesa—. Catorce compradores confirmados.

—Mierda, ese Louie sí que es bueno.

—Esa base de datos no es nada para alguien con su capacidad —dijo Nathan.

—Identificó a siete. Dos tienen antecedentes por agresión sexual. Uno fue investigado por la desaparición de una empleada. Los demás mantienen suficiente dinero entre ellos y cualquier consecuencia.

—¿Reddick? —preguntó Logan.

—No, no está.

—¿Marek?

Scott señaló una fotografía tomada por una cámara de tráfico. El hombre tenía el cabello casi blanco y una cicatriz que descendía desde la oreja izquierda hasta la mandíbula.

—El satélite confirma que llegó a Alder House hace tres horas.

Sergei contempló el rostro sin moverse.

—Es mío.

—Es una fuente de información —corrigió Nathan—. Lo necesitamos vivo.

—Después de que encontremos a Elena— Sergei dirigió los ojos hacia Nathan—. Si se interpone…

—Lo neutralizas. No lo ejecutas.

—Veré qué hacer cuando el momento llegue.

Ivan habló en ucraniano. Sergei respondió de la misma manera, con una frase corta y hostil.

—¿Qué dijo? —preguntó Darius.

—Que comprende —tradujo Ivan.

—Eso tuvo demasiadas sílabas para significar solo eso.

—Mi traducción es diplomática.

Scott abrió el plano digital.

—Repasemos.

La galería tenía dos niveles visibles y un sótano que no figuraba en los documentos municipales. Louie había descubierto el espacio gracias a los registros de ventilación y al consumo eléctrico.

—Ivan y Piotr entrarán como personal adicional de Blackridge Security —dijo Nathan—. Su hombre Ronan ya confirmó que introdujo sus nombres en el sistema de la empresa. Sus credenciales funcionarán una sola vez. Si alguien llama a la oficina central, estamos acabados.

—Nadie llamará —aseguró Ivan.

—Sergei entrará con el segundo vehículo del catering. Uniforme, documentación falsa y acceso al corredor de servicio.

—¿Por qué él recibe comida y nosotros armas? —preguntó Piotr.

—Porque tú pareces capaz de comerte al catering.

Darius soltó una risa. Piotr lo miró.

—No veo qué es gracioso.

Nathan continuó antes de que comenzaran otra discusión.

—Darius y yo entraremos por el camino forestal. Prepararemos la salida para las mujeres y cubriremos la zona norte. Logan tomará la elevación occidental.

Scott amplió la imagen.

—No entramos hasta confirmar dónde están todas las mujeres. Necesitamos los rostros de los compradores, las transacciones y a Marek dando las órdenes. Louie grabará las comunicaciones. Elijah controlará el sistema de seguridad.

—La policía será avisada apenas tengamos a las mujeres a salvo. Les dejaremos todo el paquete listo para que atrapen a esos bastardos. Salimos en veinte minutos.

—Logan, tienes cinco minutos -dijo Scott.

Logan lo observó marcharse. Después salió en busca de Nadia, a la que encontró en la sala de análisis.

Ella sintió su presencia y levantó los ojos. Logan se acercó. Louie miró a uno y a otro y se incorporó. Hizo una seña afuera.

—Necesito comprobar algo en otra sala.

Salió rápido. Logan no retiró sus ojos de Nadia.

—Ya hora de irte…

Asintió.

—En cinco minutos.

Logan se acercó.

—No debería haber intentado enviarte fuera de la agencia — Ella no respondió—. Estaba asustado y convertí ese miedo en una orden. No volveré a hacerlo.

—No gustar cuando no escuchar —susurró ella.

—Lo sé. Probablemente volveré a discutir contigo porque me puede lo que siento. No estoy habituado a que alguien me importe tanto. Pero no voy a decidir dónde debes estar sin escucharte.

Nadia asintió. Sus ojos verdes lo miraron y la respiración se le hizo más fácil. Ah, mierda. Esto de sentir tanto era difícil.

—Bien.

—Eso no significa que deje de querer encerrarte en una habitación blindada para que nadie te pueda dañar.

—Mientras solo quieras y no hagas.

La boca de Nadia se movió apenas. No era una sonrisa, pero se acercaba.

Logan quiso abrazarla, pero no quiso imponerse.

Nadia resolvió la duda acercándose. Apoyó la frente sobre su pecho.

Logan la envolvió con los brazos. El contacto duró pocos segundos, pero fue suficiente para estabilizar sus emociones.

Nadia era su bosque, su aire fresco, volvía su mundo de colores y ruidos buenos.

—Volver sano. Con Elena —dijo Nadia.

—Sí.

—Ser promesa. No romper —dijo en un murmullo.

—Sí.

Ella levantó el rostro. Logan descendió, pero se detuvo antes de tocar sus labios. Nadia cerró la distancia. El beso fue breve y suave. No borró la discusión ni respondió las preguntas que todavía existían entre ellos. Pero era algo a lo que regresar.

—Nos vamos —dijo Nathan desde la puerta.

Logan apoyó el pulgar sobre la boca de Nadia.

—Por favor, no salgas de aquí.

Ella asintió con solemnidad.

—Es hora, Romeo —dijo Elijah entrando con un café.

Nadia sonrió y Logan rodó los ojos, pero dio un último pico en la boca de Nadia y salió. Estaba listo.

===

Alder House brillaba entre los árboles. Desde la elevación occidental, Logan podía ver la mansión, las caballerizas y la larga fachada de cristal de la galería. Decenas de luces iluminaban los senderos en una ostentación vulgar para una fiesta de corrupción.

Vehículos de alta gama avanzaban por el camino principal y se detenían bajo una marquesina donde dos hombres recibían a los invitados.

Música de cuerdas llegaba débilmente hasta el bosque.

Parecía una celebración elegante. Nadie que observara desde la carretera habría imaginado que varias mujeres estaban a punto de ser vendidas. Logan ajustó la mira.

—Posición uno lista.

—¿Posición dos? —inquirió Nathan desde el norte.

—Lista —confirmó Darius.

La voz de Ivan llegó después:

—Credenciales aceptadas. Piotr y yo estamos dentro.

—El uniforme me queda pequeño —se quejó el polaco.

Logan sonrió, y siguió recorriendo el perímetro con la mira. Identificó siete guardias visibles. Dos en la entrada, uno junto a la galería y cuatro distribuidos entre los jardines. Tenían inteligencia de que eran doce. Faltaban cinco.

—Sergei —dijo Nathan—. Informe.

No hubo respuesta.

—Sergei.

—Entrando.

La cámara del búlgaro se activó. Desde Providence, Louie distribuyó la imagen entre los monitores de la operación.

Logan podía verla en la pequeña pantalla conectada a su muñeca.

Sergei vestía pantalones negros, camisa blanca y chaqueta de catering.

Empujaba un carro con cajas de vino hacia la entrada de servicio.

Un guardia le cerró el paso.

—Credencial.

Sergei mostró la tarjeta. El hombre la pasó por el lector. La luz permaneció roja. Logan dejó de respirar.

—Ronan —murmuró Louie.

—Estoy dentro del sistema —se escuchó una voz con un tono cerrado. Ronan era irlandés, recordó Logan—. Dame dos segundos.

El guardia volvió a intentarlo. Rojo. Su mano descendió hacia el cinturón. La luz cambió a verde.

—Siempre pasa esto —gruñó el guardia—. Porquerías que compra Marek. Adelante.

Sergei continuó sin apresurarse. La cámara entró en un corredor lleno de personal con camareros que transportaban bandejas, cocineros que discutían alrededor de mesas y una mujer que consultaba una lista de botellas. Nadie miró dos veces a Sergei.

—Estoy dentro.

—Dirígete hacia el ala oriental —indicó Elijah desde Providence—. Según las fichas, G-E puede señalar el nivel y la sección. Elena aparece como E-dos-diecisiete.

—Recibido —respondió Sergei.

El búlgaro abandonó el carro junto a otras cajas y cruzó una puerta marcada como acceso restringido. La música se hizo más fuerte. A través de las paredes de cristal, Sergei pudo ver la recepción.

Hombres y algunas mujeres elegantemente vestidos bebían champán bajo enormes lámparas. Varias obras de arte colgaban de paneles iluminados. La galería parecía hacer honor a su nombre. Todavía no había mujeres expuestas.

—Identifica invitados —ordenó Scott.

Louie comenzó a vincular rostros con la lista. Las imágenes aparecieron en la pantalla de Logan. Un empresario inmobiliario. Un productor cinematográfico. Dos hombres relacionados con compañías petroleras. Un príncipe perteneciente a una familia europea menor.

Logan sintió repugnancia.

—Tenemos a ocho compradores —informó Louie—. Estoy grabando.

Sergei llegó hasta una escalera.

—Puerta cerrada.

Hubo un breve silencio.

—No son unas luces estos tipos. Usan fechas para todos, lo comprobé con sus archivos. Prueba el número de Alder House —sugirió Louie.

—Negativo.

—Fecha y mes.

—Negativo.

—Año de fundación. Mil novecientos doce

Sergei introdujo 1912. La luz cambió a verde.

—Bien.

Sergei descendió. El corredor inferior era diferente del resto de la propiedad. Paredes desnudas. Suelo de cemento. Puertas metálicas con pequeños paneles de cristal.

—Tengo cuatro habitaciones —informó.

Se aproximó a la primera. Vacía. La segunda contenía percheros llenos de vestidos y zapatos organizados por talla. Sobre una mesa había cajas de maquillaje, medicamentos y jeringas.

—Debe ser donde las van a preparar —se escuchó la voz de Nadia.

Logan parpadeó.

—Continúa —ordenó Nathan.

La tercera puerta estaba asegurada. Logan esperó mientras veía a Sergei colar una pequeña cámara flexible por debajo de la puerta. La imagen mostró dos mujeres sentadas en el suelo. Llevaban batas blancas y tenían las manos sujetas delante del cuerpo.

—Dos víctimas —informó.

Nadia amplió la imagen desde Providence.

—Una es Blanca, la moldava. Sorina la describió. La otra no está en nuestros archivos.

—¿Elena?

—No.

Sergei continuó hacia la puerta siguiente. Antes de llegar, se oyó una voz. Marek Varga apareció al final del corredor, pero Sergei pudo ocultarse a tiempo en la habitación de los vestidos un instante antes de que el hombre pasara.

Varga llevaba un traje gris y guantes negros. La cicatriz de su rostro parecía más profunda bajo la luz blanca. Lo acompañaban dos guardias.

—Quiero a todas listas en veinte minutos —ordenó en ruso—. Los invitados llegaron antes.

Nadia tradujo desde Providence.

—Dice que van a alistarlas.

Marek se detuvo frente a la habitación cerrada.

—La pelirroja moldava primero. Después la búlgara.

Sergei dejó de respirar.

—Elena —susurró.

—Mantén posición —ordenó Nathan—. Todavía no sabemos dónde están las demás.

Marek abrió la puerta. Sergei inclinó la cámara desde su escondite.

Elena salió escoltada por uno de los guardias.

Llevaba un vestido verde que le quedaba grande y tenía el cabello recogido.

Caminaba erguida, pero sostenía a una muchacha más joven por el brazo.

Sergei emitió un sonido. No fue una palabra.

Fue el aire abandonando un cuerpo que llevaba semanas esperando aquel instante.

—Ahí está —dijo Nadia, con la voz quebrada, y Logan apretó sus labios.

Marek empujó a Elena hacia la escalera.

—Preparan el traslado a la galería —dijo Sergei, conteniéndose a duras penas—. No podemos esperar mucho.

—Tengo movimiento en el edificio sur —informó Darius—. Camioneta aproximándose a las antiguas caballerizas.

Logan dirigió la mira hacia allí. Un vehículo sin ventanas retrocedió hasta una entrada lateral. Dos guardias abrieron las puertas posteriores. Había más mujeres dentro.

—Segundo grupo localizado —informó Logan—. Al menos cuatro víctimas en la camioneta.

—Piotr —ordenó Nathan—. Acércate a las caballerizas.

—En movimiento.

El polaco abandonó su puesto junto a la galería y cruzó el jardín. El uniforme de seguridad le permitía moverse sin llamar la atención, pero un par de guardias lo interceptaron.

—¿Cuál es tu sector?

—Perímetro sur.

—El sur está cubierto por Delaney.

Piotr lo miró.

—Entonces Delaney no está haciendo bien su trabajo.

El guardia frunció el ceño.

—Quiero ver tu credencial.

Piotr introdujo una mano en el bolsillo. En el sótano, Marek se detuvo. El segundo guardia cerca de Piotr le habló por el auricular.

—Piotr, sal de ahí —ordenó Nathan.

Demasiado tarde. El guardia retrocedió y llevó la mano al arma. Piotr lo golpeó una vez. El hombre cayó inconsciente sobre el sendero, y el otro quiso escapar, pero la velocidad del gigante era increíble. Lo redujo de otro golpe. Logan casi silbó.

—Resuelto —informó el polaco.

—Eso no es resolver —gruñó Ivan.

Las luces de Alder House cambiaron. La música se interrumpió. Una alarma discreta comenzó a sonar dentro del edificio. Marek giró y comenzó a gritar órdenes.

—Nos descubrieron —dijo Elijah.

Nathan no vaciló.

—Abortamos vigilancia. Rescate inmediato. Todos los equipos entran.

Logan abandonó la posición de tiro, aseguró el rifle y comenzó a descender por la ladera. En la cámara de Sergei, la puerta de la habitación se abrió. Marek Varga apareció al otro lado. Sus ojos se encontraron con los del búlgaro.

—Tú no trabajas aquí —dijo.

Sergei maldijo.

—No.

Marek sacó el arma. El primer disparo hizo desaparecer la imagen.