Capítulo 24
Nadia había imaginado este momento tantas veces que ninguna versión se parecía a la realidad. En su cabeza, llamaba a su madre desde el primer teléfono que encontraba. Le decía que estaba viva, escuchaba su voz y todo el miedo desaparecía.
La realidad era ella, con Logan pegado a su lado, con un teléfono seguro en una habitación en la sede de Pipen y con Louie monitoreando que nadie pudiera rastrear la comunicación.
—La conexión pasará por tres servidores antes de llegar al teléfono —explicó Scott—. Hay guardias cerca de la vivienda. Si Yavor aparece o detectamos cualquier intrusión en la línea, terminaremos la llamada.
Nadia asintió, los nervios a flor de piel.
—¿Ellas saben que voy a llamar?
—Ronan contactó a tu madre en el mercado y le hizo llegar el teléfono con una nota que decía que tendría novedades. Que no dijera una palabra a nadie, sin excepciones —respondió Scott.
—Debe haber asustado mucho —murmuró.
—Lo siento. No podíamos decirle más.
Nadia tenía las manos pegajosas de tanto frotarlas, así que las restregó en sus jeans. Logan se inclinó hacia ella.
—Ey, tranquila. Todo está bien, no hay peligro para ellas.
—Da, da.
Necesitaba verlas. Necesitaba comprobar que Yavor no les había hecho daño. Que su madre seguía tomando los medicamentos. Que Kalina seguía peleando con su cabello demasiado largo y que no había perdido aquella expresión de tozudez cuando algo no le salía.
—¿Quieres que salgamos? —preguntó Scott—. Louie puede controlar la conexión desde afuera
Nadia negó. Estos hombres eran su sostén. Les debía la vida, el estar protegida, el que su familia estuviera vigilada. Logan era parte de su corazón. Entrelazó los dedos con los de él por debajo de la mesa.
—Okay, estamos listos. Habla con calma. El traductor automático irá poniendo subtítulos para nosotros—informó Louie.
La pantalla se iluminó. Durante los primeros segundos, la imagen mostró únicamente un techo amarillento y la lámpara torcida de la cocina. El teléfono se movió. Apareció parte de una pared, un armario y después el rostro de una muchacha.
¡Kalina! El cabello castaño le caía sobre los ojos. Estaba más delgada de lo que Nadia recordaba y llevaba el viejo jersey rojo que adoraba. Su hermana miró la pantalla y su boca se abrió.
—¡Nadia!
El nombre apenas fue un soplo. El teléfono volvió a moverse.
—¡Mamá! —gritó—. ¡Mamá, ven!
La imagen tembló violentamente. Nadia alcanzó a ver el pasillo de su casa, la pequeña nevera cubierta de imanes y un trozo de la mesa donde había estudiado tantas noches. Después apareció su madre.
Svetla Vasileva se apoyaba en el marco de la puerta. Llevaba una bata floreada sobre el camisón y el cabello recogido en una trenza floja. Parecía más pequeña. Más vieja. Miró la pantalla sin comprender.
—Mamo —dijo Nadia.
Su madre se llevó una mano al pecho.
—No.
—Mamá, está viva —dijo Kalina entre sollozos—. Nadia está viva.
Svetla se acercó al teléfono. Sus dedos tocaron la imagen, cubriendo durante un instante el rostro de Nadia.
—Mi niña.
Nadia comenzó a llorar. Había intentado contenerse. Quería hablar con calma, demostrarles que estaba bien y evitar que se asustaran todavía más. Todo desapareció al escuchar la voz de su madre.
—Mamo.
Svetla se dejó caer en una silla.
—¿Dónde estás? ¿Qué te hicieron? Yavor dijo que estabas trabajando. Dijo que no podías llamar porque perdiste el teléfono y después porque la empresa te había enviado a México. Yo sabía… Sabía que algo no estaba bien.
—Estoy bien, a salvo.
—¿Dónde?
—En Estados Unidos.
Kalina tomó el teléfono y lo apoyó contra un recipiente para que pudieran aparecer las dos.
—¿Estados Unidos? —preguntó—. ¿Cómo llegaste ahí?
Nadia miró a Louie. Él hizo un gesto para indicarle que podía continuar.
—El trabajo no era real. Yavor mintió. Me raptaron, me pusieron en un barco…
Svetla negó con la cabeza, parpadeando, descolocada.
—No. Tu tío no…
—Me vendió.
El silencio fue terrible. Su madre dejó de llorar.
—Nadia.
—Lo siento, mamo. Es verdad.
—Yavor ayudó cuando tu padre murió. Traía comida. Pagó medicamentos.
—Lo hizo para que confiáramos.
—Hombre maldito…
—Lo hizo.
Kalina se acercó más a su madre.
—Te dije que mentía —susurró—. Los mensajes no parecían de Nadia.
—¿Qué mensajes? —dijo Nadia.
—Los que enseñaba Yavor. Nadia nunca escribe mi nombre completo cuando está enojada. Me llama Kali.
—Santa Virgen. Yo… Oh, mi niña, mi niña. ¿Qué te hicieron? — Svetla sollozaba y hablaba a la vez.
Nadia no podía contarle todo. No por una comunicación que debía ser breve y tampoco porque su madre no soportaría escuchar los detalles.
—Sí. Pero escapé. Un hombre me encontró y me ayudó.
Los ojos de Kalina se desviaron hacia el borde de la pantalla.
—Hay alguien contigo.
Nadia miró a Logan.
—Sí.
—Quiero verlo.
Él negó. Nadia tiró suavemente de su mano.
—Ven.
—Este momento es de ustedes.
—Ser parte.
Las palabras lo inmovilizaron. Parpadeó, la miró. Finalmente acercó el rostro para que apareciera junto al de Nadia. Kalina abrió mucho los ojos.
—Es guapo. Y grandote.
Logan leyó la traducción y sonrió. Kalina habló en un inglés vacilante:
—You save my sister?
Logan se inclinó hacia la cámara y asintió. Su madre comenzó a llorar otra vez.
—¡Gracias! —dijo Svetla en búlgaro—. Gracias por traerme a mi hija.
Kalina dijo algo demasiado rápido que no se tradujo del todo. Nadia negó y la fulminó con la mirada.
—¿Qué dijo? —preguntó Logan.
—Nada.
—Definitivamente dijo algo.
Nadia sintió que el rostro le ardía.
—Si dormir contigo, si ser pareja —admitió.
Logan volvió los ojos hacia la pantalla. Kalina esperaba la respuesta con abierto interés. Svetla parecía demasiado conmovida para advertir el rumbo de la conversación.
—Dile que sí —respondió Logan.
Nadia lo miró y se mordió el labio, pero tradujo. Kalina sonrió por primera vez.
—Me gusta —declaró.
—No lo conoces.
—Es grande, te salvó y duerme contigo. Es suficiente por ahora.
—Tienes dieciséis años. No opinas.
—Cumplí diecisiete hace dos semanas. ¿No hay calendarios en Estados Unidos?
La alegría abandonó a Nadia. Se había perdido su cumpleaños.
—Kali…
Su hermana comprendió.
—Está bien. Era broma, hermana. Celebramos cuando vuelvas.
Nadia barrió sus lágrimas con el pañuelo que Scott le acercó.
—¿Hay más hombres ahí? ¿Quiénes son?
—Soy guardaespaldas.
—Nadia… —la inquietud de la madre se hizo más obvia.
—Hombres buenos. Me están protegiendo.
—¿Cuándo vas a volver?
La respuesta se demoró. Logan apretó su mano.
—Todavía no sé. No es seguro.
Svetla buscó la mano de Kalina.
—¿Estás en peligro? ¿Qué…?
—No es seguro. Estoy ayudando para que encuentren a las otras mujeres.
—¿Otras?
—No fui la única.
Su madre cerró los ojos.
—Dios mío.
—Mamo, no pueden decir a nadie que hablaron conmigo. Especialmente a Yavor.
—No ha venido en tres días —informó Kalina.
—Dijo que tenía negocios —respondió Svetla—. Dejó dinero y tus supuestos mensajes.
—¿Cuándo lo viste por última vez?
—El lunes.
—¿Estaba solo?
Madre e hija intercambiaron una mirada.
—No —dijo Kalina.
La atención de Logan se concentró en la pantalla.
—¿Quién estaba con él? —preguntó Nadia con urgencia.
—Un hombre.
—¿Lo conoces?
—No. Lo vi cuando venía de la panadería. Chicho me envió a que le comprara algo. El hombre estaba en el auto, me miró. Le pregunté a chicho , me dijo que era un compañero de trabajo. Me pareció raro.
Nadia estaba pálida como el papel. Scott escribió, frenético, y le mostró papel. Que lo describa .
—Descríbelo.
Kalina frunció el ceño.
—Delgado. Más joven que Yavor. Cabello muy claro.
Nadia sintió frío. Logan le mostró una imagen que le acercó Louie y le señaló el rostro.
—¿Tenía algo en la cara?
Su hermana tocó la mandíbula.
—Una cicatriz. Así.
Logan y Scott se miraron. Logan le acercó la imagen y murmuró:
—Pregúntale si era este.
Nadia parpadeó mirando el retrato de Marek Varga. Sudor frío le corrió por la espalda y se puso pálida. Ese hombre…
—¿Es este? —preguntó en un soplo de voz, mostrando la imagen.
Su hermana asintió. Logan, Scott y Louie se miraron, y Nadia leyó la tensión. El primero se incorporó y fue a hablar con Scott en voz baja y urgente. Nadia trató de escuchar, mantener su rostro liviano y escuchar a su hermana.
—Cuando chicho vuelva, voy a confrontarlo. No dejaré que…
—Dile que no haga nada —ordenó Scott—. Que alisten las pertenencias que puedan llevar. En una hora las recogerán para llevarlas a un lugar seguro.
Nadia parpadeó y la urgencia en la voz la hizo traducir rápido, perdida la compostura.
—Mamo, Kali… Alisten un bolso, solo lo necesario. Un coche irá a buscarlas. Por favor, no discutan, no demoren —rogó.
—Pero, Nadia, es mi casa, necesito…
—Madre, tienes que entender…
—¿Entender qué, Nadia?
—No están a salvo —dijo, sus manos unidas en plegaria—. Los hombres que las recogerán las van a proteger.
Su madre se sobresaltó.
—No queremos irnos.
—Yavor ya sabe que escapé. Ese hombre con él… Es el que organizó todo, mamo. Mi secuestro, el de las otras chicas… Algunas no tenían 18 años…
Lo que eso significaba alcanzó a su madre y a Kalina a la vez. Ambas quedaron heladas.
—¿Adónde iremos? —preguntó su hermana con resolución.
—Escúchame, mamo. Los hombres que te dejaron ese teléfono trabajan con los que me ayudaron.
Están cuidando la casa, pero no es suficiente.
Ve con ellos. Lleva tus medicinas y documentos.
Nada más —Nadia obligó a su voz a mantenerse firme—.
No puedes confiar en chicho . Si viene, no abras. No respondas llamadas.
Svetla la miró durante unos segundos.
—Hablas diferente.
—Soy la misma.
—No. Mi Nadia pedía perdón antes de dar una orden.
Una emoción atravesó su pecho.
—Ya no.
Su madre asintió lentamente.
—Bien.
Louie levantó dos dedos.
—Tenemos que terminar —avisó—. Necesitan apagar el teléfono y prepararse.
Nadia miró a su madre y a su hermana.
—Voy a llamar otra vez, cuando estén sanas y salvas.
—Promete —dijo Kalina.
—Prometo.
Svetla se acercó a la pantalla.
—Обичам те, Nadia.
Te amo .
Nadia cubrió su boca con la mano.
—И аз те обичам, мамо.
Yo también te amo, mamá.
Kalina tocó la pantalla con dos dedos.
—Yo también estoy aquí.
Nadia rio entre lágrimas.
—Te amo, Kali. Feliz cumpleaños atrasado.
—Me debes un regalo.
—Te compraré algo. Hasta pronto.
La conexión se cortó. La pantalla volvió a quedar negra.
Durante varios segundos, Nadia no pudo moverse.
El silencio de la habitación fue reemplazado por el sonido de su propia respiración.
Había visto a su madre. Había escuchado la voz de su hermana.
Estaban vivas. Las llevarían a un lugar seguro, lejos de Yavor.
Logan giró la silla de Nadia y se agachó frente a ella.
—Van a sacarlas de la casa.
Asintió. Logan le tomó el rostro entre las manos. Nadia parpadeó y vio que Scott y Louie dejaban la habitación.
—Logan, Yavor llevó a Marek a mi casa. Cerca de mi hermana.
—Sí.
—Ese hijo de perra debe estar pensando…
No pudo decirlo. La expresión de Logan se endureció.
—Nada va a pasarle.
—Entonces detenerlo —dijo Nadia.
—Todavía no —respondió Logan—. Si hacemos desaparecer a Yavor, Marek recibirá una alerta. Vigilaremos a ambos hasta que Elena esté a salvo.
Otra vez esperar. Nadia cerró los ojos. Comprendía por qué, pero era duro. La siguiente hora fue eterna. Solo cuando Louie recibió el mensaje y se lo hizo saber, respiró.
—Están fuera —informó—. Kalina y Svetla viajan a sitio seguro.
Logan le pasó un brazo alrededor de los hombros. Por primera vez desde que la habían metido en el contenedor, su madre y su hermana estaban fuera del alcance inmediato de Yavor. Eso le daba una tranquilidad que no había sentido en semanas. Era un peso que había llevado día tras día.
—Gracias, gracias —dijo con fervor.
Una alarma interrumpió el momento y Nadia dio un salto. Louie giró hacia la consola. Una luz roja parpadeaba en el extremo de una de las pantallas.
—¿Qué ocurre? —preguntó Scott.
El hacker abrió el aviso, su rostro la muestra de lo aturdido que estaba. La imagen de una cámara apareció cubierta de interferencias.
—Perdimos la señal del perímetro occidental de la propiedad médica.
Logan se puso de pie y Nadia abrió sus ojos con desmesura. ¡Sorina!
—¿Qué pasa? ¡Louie!
Louie intentó cambiar de cámara. Una segunda imagen se volvió negra. Después una tercera. El hacker tecleó con frenesí, pero no pareció funcionar.
—¡Acaban de cortar la energía del refugio!
Scott ya tenía el teléfono en la mano.
—Equipo de respuesta, respondan. La casa médica, deben … —su voz se perdió cuando se alejó casi corriendo..
El sitio se volvió un pandemonio de movimiento y gritos de alerta y de ponerse en marcha.
Nadia trastabilló, azorada, y los brazos de Logan la envolvieron al instante.
Louie gesticulaba y cuando, por fin, pudo colocar una imagen en pantalla, fue la de una camioneta oscura de la que bajaban hombres armados. Habían encontrado a Sorina.