Capítulo 23 #3
Nadia se tendió y apoyó su mentón en sus manos. El primer contacto de Logan fue con sus hombros. La crema estaba fría. Las palmas, tibias. Logan comenzó a extenderla con movimientos lentos, recorriendo el cuello y la parte superior de la espalda.
—Valiente…
Sus pulgares presionaron los músculos a ambos lados de la columna, desatando nudos, disipando tensiones que los músculos guardaban. Las manos descendieron.
—Inteligente. Resiliente. Un poco testaruda.
—Una mujer que despierta mis deseos más profundos…
Logan detuvo el movimiento. Se inclinó y besó uno de sus hombros.
—Deseo este cuerpo atractivo.
Otro beso, más cerca del cuello.
—Pero no es todo lo que quiero de ti. Contigo.
Nadia cerró los ojos. Logan continuó extendiendo la crema sobre su espalda, la cintura y las caderas. Se arrodilló detrás y recorrió una pierna desde el tobillo hasta el muslo. Sus dedos amasaron los músculos cansados.
—Gira —pidió.
Nadia obedeció. La mirada de Logan subió lentamente por su cuerpo desnudo, pero fue su rostro lo que terminó observando.
—Hermosa —dijo.
Nadia apoyó una mano sobre su cabeza.
—El cuerpo atraer. También a Reddick, a otros como él…
Logan la abrazó por las caderas y acercó su rostro al de Nadia, muy serio.
—Reddick mira algo hermoso y piensa que debería pertenecerle. Yo te miro y sé que nunca podré poseer ninguna parte que no me entregues.
La respuesta deshizo el último nudo dentro del pecho de Nadia.
—Entregar lo que querer de mi esta noche.
Logan besó su vientre.
—Te voy a cuidar.
Su boca descendió. Nadia se aferró a sus hombros cuando él separó sus piernas.
La primera caricia fue lenta, reverente.
Logan la besó hasta que el placer hizo temblar sus rodillas.
Entonces la levantó y la acostó sobre la cama.
El aroma de la crema se mezcló con el melocotón, el vino y el calor de la piel de ambos.
Logan la adoraba sin prisa. Besó sus senos, su vientre, la parte interior de sus muslos. Volvió a los lugares que hacían que Nadia pronunciara su nombre y se demoró allí hasta que ella perdió la capacidad de pensar.
—Mírame —le pidió él.
Nadia abrió los ojos.
—¿Qué ves ahora? —preguntó.
Logan se elevó sobre ella.
—La mujer que quiero en mi cama mañana— La besó—. Y la semana próxima— Otro beso, junto a su oído—. Y cuando esto termine.
Nadia le rodeó la cintura con las piernas.
—Entonces dejar de hablar.
Logan sonrió contra su cuello.
—Una orden que me gusta. Espera…
Los forros estaban cerca, ya parte de su dinámica. Nadia pensó en pedirle que no lo usara esta vez, que la llenara sin cuidados, sin importar nada, pero… Eso implicaba compromisos que no podía pedirle. Tal vez cuando todo acabara, si finalmente…
—Deja de pensar… Solo siente.
El juego previo los había dejado listos. Fue solo cuestión de acercarse y el contacto fue el catalizador inmediato del deseo mutuo. Se unieron despacio. Nadia sintió cada centímetro de su avance y el cuidado con que él observaba su rostro. Movió las caderas para recibirlo por completo.
—No ser cristal —susurró.
—No… Eres un diamante… Fino, aparentemente frágil, bello y letal.
Le devoró la boca sin más palabras, las lenguas jugando al combate, atizando el fuego.
—Sí… Más fuerte.
El control de Logan cedió. Se incorporó y la guió para que se pusiera en cuatro. Gimió largo, como herido, y Nadia abrió más sus piernas y sacó la cola hacia atrás. Logan la sujetó por las caderas y volvió a enterrarse en ella con un sonido casi inhumano.
El que siguió fue un galope intenso. Nadia cerró los ojos, abandonándose al placer, dejando que él la follara con brío, que su polla declarara suyo a su coño.
—Lógan… Oh, Lógan… Más…
—No. Quiero verte vibrar.
El placer creció con cada movimiento. Nadia apenas si podía sostener sus embates con sus brazos apoyados en la cama. Era mucho, la envolvía, la estaba desarmando de placer.
—Bozhe moy…
Él detuvo apenas el movimiento.
—¿Qué significa?
Nadia soltó una risa entrecortada.
—Rezar…
—Bien —Volvió a hundirse en ella—. Reza mi nombre, ptichka .
—¡Lógan!
El orgasmo explotó desde el centro de su cuerpo y la hizo temblar debajo de Logan. Él continuó moviéndose, pero su ritmo se hizo anarquía, y perdió el control con un rugido. Como en una danza frenética, sus pelvis conectadas en el más añejo baile humano, se corrieron.
La sintonía de sus cuerpos hizo que cuando los estertores del clímax se apagaran, sus miembros se envolvieran para unirse en un abrazo visceral que era, tal vez, entrega más preciosa.
Permanecieron unidos mientras recuperaban el aliento. Logan demoró en recuperar control de su respiración. Probablemente dormitaron, agotados. Nadia despertó cuando él regresó con un paño húmedo y limpió su pubis con cuidado.
—Nadia… El condón se salió cuando cambiamos de postura —murmuró él, su rostro inquieto.
Ella parpadeó y asintió, adormilada.
—No pasar nada.
Logan abrió las sábanas y la ayudó a acostarse debajo. Luego, hizo lo mismo y la atrajo contra él.
—Si pasa… Me haré cargo.
Estaba demasiado cansada para decirle que no pasaría. Ella usaba un parche subcutáneo de largo efecto. Pero no tenía duda de que Logan era de los que siempre, siempre, protegían y cuidaban. No eran de los que desechaban. Se acomodó entre sus brazos y dejó que el sueño la envolviera.