Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 23 #2
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Capítulo 23 #2

—Sorina habló contigo porque confía en ti. Encontraste el patrón porque no aceptaste que fueran números.

Ella volvió la mirada hacia la calle.

—No tener que consolar a mi.

—No es eso.

—Entonces…

—Intento hablar.

La respuesta debilitó parte de su resistencia.

—No parecer fácil.

—Es más difícil que estar en lo alto de una colina rodeado de enemigos.

Nadia casi sonrió.

—Eso es tonto.

—Muchísimo.

Logan estacionó frente a la casa y apagó el motor. Ninguno descendió.

—Lo que dije sobre Reddick sonó mal —comenzó él.

—Da.

—Cuando te encontré en Nogales, vi a una mujer hermosa —continuó—. Lo advertí aunque estabas sucia, herida y aterrada. No voy a mentirte sobre eso. Tus ojos me taladraron la cabeza.

Nadia sintió que algo se cerraba dentro de ella.

—Entender…

—No, todavía no.

Logan giró el cuerpo hacia ella.

—También vi que estabas dispuesta a defenderte aunque apenas podías mantenerte de pie.

Te ofrecí agua y primero miraste mis manos para asegurarte de que no pudiera sujetarte.

En el avión fingiste dormir para escuchar lo que hablábamos.

En mi casa aprendiste dónde estaban todas las salidas antes de preguntar dónde estaba el baño.

Nadia lo miró y asintió.

—Cuando te miro, veo belleza, pero también inteligencia, resiliencia, bondad. No dudas en arriesgarte para salvar a otros. Y eso me destruye, porque todo lo que quiero es cuidarte. Quiero… Quiero que te quedes conmigo.

La presión en el pecho de Nadia comenzó a doler.

—¿Ser tan difícil decir?

Logan asintió.

—No sé cómo pedirte que te quedes porque sé que tu vida no está aquí.

—Ahora sí.

—¿Cuánto de lo que sientes es porque piensas que me debes algo?

—Yo elegir. No presión —Nadia se volvió completamente hacia él—. Cuando esto terminar, ¿qué querer?

Logan sostuvo su mirada. Esta vez no habló de seguridad.

—Quiero llevarte a Bulgaria para que veas a tu familia. Quiero ayudarte a decidir qué vida deseas. Y cuando hayas visto a tu madre, a tu hermana y todo lo que crees que dejaste atrás, quiero que regreses conmigo.

El corazón de Nadia golpeó con fuerza.

—¿Aquí?

—A esta casa. A Providence. O a cualquier lugar que decidamos juntos.

—¿Por cuánto tiempo?

—No tengo una respuesta que no vaya a asustarte.

—Decir.

Logan extendió una mano y le acarició la mejilla.

—Todo el que me permitas.

Nadia cerró los ojos. Estas palabras… Eran mucho y parecían arrancadas, pero sus ojos no bajaban. No juraba amor. Él no había pronunciado aquella palabra. Pero tal vez se parecía.. Giró el rostro y asintió.

—Ahora poder entrar.

Logan dejó escapar el aire.

—¿Eso significa que me perdonas?

—No ser mandón. Yo poder… Necesitar hacer esto.

Él tomó sus manos y las llevó a sus labios para besarlas con delicadeza.

—Lo voy a intentar.

===

Bianca había llenado una bolsa con pan casero, queso, aceitunas, melocotones y una botella de vino y se la entregó al abandonar la agencia.

Nadia estaba muy agradecida con ella. Sus palabras y comprensión, su calidez, el hecho de que ambas hubiesen atravesado situaciones traumáticas y fueron acogidas por estos hombres, la hizo sentir esperanzada.

Bianca había reconstruido su vida al lado de un hombre que la adoraba.

Si ella pudiera acceder a la mitad de lo que la italiana había logrado, sería infinitamente feliz.

Nadia terminó de colocar los alimentos sobre una tabla mientras Logan revisaba las alarmas.

Se demoró en llamarlo a cenar, mirándolo proceder con celo, procurando que la casa fuera inexpugnable. Para protegerla.

—Todo estar listo —dijo después de unos segundos—. Venir, ya suficiente. Nadie entrar.

Logan se volvió. Nadia apagó la luz central y solo quedó encendida la lámpara del salón.

La luz dorada alcanzaba la mesa baja y dejaba el resto de la habitación en penumbra.

Tomó el mando de la televisión y seleccionó YouTube para luego elegir una antigua canción búlgara que su madre escuchaba cuando limpiaba la casa.

Él se acercó con lentitud y la miró tararear, su mirada fija en su boca y luego en sus ojos.

—¿Qué dice?

—Hablar de una mujer que cruza el mar.

—¿Y?

—Encuentra otro hogar, pero teme olvidar el primero.

Logan tomó la copa que ella le ofrecía.

—¿Cómo termina?

Lo miró y parpadeó.

—No sé. Yo cantar solo el estribillo.

—Mmm, tal vez debes darle tu propio final —dijo con tono solemne, que se cortó con el siguiente gesto, que fue un beso corto.

Nadia pensó que era una idea perfecta. Pero para eso, debían pasar una serie de eventos, y todos eran peligrosos o complicados.

—Tal vez.

Comieron sentados en el suelo, apoyados contra el sofá. Nadia le hizo probar el queso y rio mucho con su gesto de desagrado.

—Ser queso fino.

—Eso no lo hace rico.

Logan bebió vino con lentitud, mirándola por encima del borde. Luego, llevó la copa a la boca de Nadia y le compartió un sorbo. Ella paladeó el sabor e hizo un gesto de aprecio. No era su bebida favorita, pero la combinación de sabores era interesante.

—Permíteme —dijo él, ronca su voz y Nadia lo miró acercar sus labios a su boca y, de improviso, pasar su lengua por su comisura y la mitad de su labio inferior.

—Mmm… En tu boca cambia el sabor… Dulce y suave.

Ella tragó saliva, sin bajar sus ojos. Logan lograba inquietarla, conmoverla y excitarla con poquitos recursos. La música cambió. Una melodía más lenta llenó el salón.

Logan dejó la copa.

—Ven—Él se puso de pie y extendió la mano—. Baila conmigo.

Nadia aceptó.

—No bailar bien —advirtió.

—La música es la excusa, ptichka . Dos personas disfrutando de mecerse, abrazadas, no suena mal, ¿o sí?

Nada mal. Sonaba divino. Logan colocó una mano sobre su cintura.

Nadia apoyó la otra en su hombro y comenzaron a moverse con lentitud.

No seguían ningún ritmo concreto. No importaba.

Ella apoyó la mejilla sobre su pecho. El corazón de Logan golpeaba debajo de su oído y una mano recorría su espalda con suavidad.

—¿En qué piensas? —preguntó él.

—Que esto parecer hogar...

Su casa real no era más que una vivienda pequeña, con carencias, fría. Lo único que la volvía hogar eran su madre y su hermana. Los brazos de Logan se estrecharon.

—Lo es.

—Tu casa.

—Nuestra, si quieres.

Nadia levantó la cabeza. Logan no apartó la mirada ni un milímetro. Nadia tragó saliva y sus ojos se humedecieron. ¿Cómo iba a superar a este hombre bueno y hermoso que la hacía sentir tanto y tan profundo?

—No tienes que decidir hoy —añadió—. Ni mañana. Pero deja de pensar que espero que te marches.

—Yo… No querer forzar…

—No lo haces, Nadia.

Ella se elevó sobre las puntas de los pies y lo besó. Puso su corazón en el contacto. La boca de Logan se movió sobre la suya con paciencia, como si ambos dispusieran de todo el tiempo que el día les había negado.

Nadia probó el vino en sus labios. Él deslizó una mano hasta su nuca y profundizó el beso, abrazándola contra él como si quisiera fundirla en sus huesos. Ninguno intentó ir más allá. Los dos disfrutaron de la entrega, de perderse en el otro, de entregarse, mientras la música los envolvía.

El momento pudo durar minutos. El comienzo de una canción más ruidosa lo rompió. Nadia se separó.

—Voy a ducharme.

Los ojos de Logan recorrieron su rostro y el dorso de su dedo índice le recorrió el pómulo.

—Nadia…

—Poder venir.

Sus ojos se volvieron alquitrán, la cortina del deseo endureciendo sus facciones.

—Eso no va a ayudar a que durmamos.

—¿Querer dormir ya?

—Para nada.

Con un gesto rápido y hábil la envolvió entre sus brazos y la elevó en andas. Nadia se colgó de su cuello y lo miró con fijeza mientras la trasladaba escaleras arriba.

Este hombre… Este hombre que amaba… Se le constriñó la garganta con honda emoción.

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La ducha era pequeña, práctica, ideal para un hombre que paraba poco en su casa, por lo que dos cuerpos en ella eran difíciles de acomodar. No hubo demasiado despliegue, como no fuera enjabonarse con lentitud, acariciarse con reverencia, besarse mientras el agua volvía todo más sensorial.

Cuando terminaron, la envolvió en una bata suave que le quedaba muy grande y le ordenó el cabello con suavidad. Se besaron otra vez, largo. Entonces, Logan se separó y volvió al baño. Cuando reapareció, tenía la costosa crema que le había traído cuando volvió de la misión en Albuquerque.

—¿Mi piel ser áspera para tus dedos? —dijo ella

—Tu piel es como la seda más fina y hueles delicioso. Por eso quiero cuidarla. Tiéndete de espaldas, Nadia.

Ella sintió el temblor atravesarla, pero lo obedeció sin chistar. Le dio la espalda y soltó la bata, que cayó a sus pies. El silencio de Logan fue casi una caricia. Nadia miró por encima del hombro y sonrió al verlo tragar saliva con dificultad.

—¿Qué ver?

Él permaneció quieto durante un momento. Después vertió crema en su palma.

—La mujer que me lleva loco, bella como ninguna.