Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 23
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Capítulo 23

Bianca permaneció en silencio mientras Nadia revisaba por segunda vez y trataba que las emociones no la distrajeran. Más. No volvió a preguntarle qué había ocurrido. Lidió con su café como si se tratara de una ceremonia y en el proceso, apaciguó a Nadia.

Nadia encontró un apellido escrito en dos formas distintas y marcó ambas entradas.

Después abrió la ficha siguiente. Una mujer de veinticuatro años.

Serbia. Cabello negro. Ojos marrones. Había estudiado enfermería.

Disponible . Era tan asqueroso, tan inhumano, tan desalmado… Nadia apretó los labios.

Bianca dejó el pocillo en la mesa y tosió. La miró, sobresaltada.

—Deja eso, no te hace bien. Vamos a hablar de Logan.

Enrojeció.

—¿Qué quieres saber?

—Scott dice que nunca lo ha visto tan inquieto. Y ellos tienen vieja historia.

Inquieto . Mejor decir autoritario y tratando de decirle qué hacer, sin considerarla.

—Logan explicar por qué ese hombre comprar a mí.

—Lo que ese engendro buscaba no es relevante. Los argumentos de los monstruos no son entendibles ni justificables.

Nadia bajó la vista

—Decir que mi cara, cuerpo, acento, encajar para colección.

—Cuando los demás nos cosifican, nosotros debemos querernos. Maledetto figlio di puttana! Ahora, entiendes que Logan no estaba describiendo su opinión.

—No…

Bianca la observó unos segundos.

—Pero no sabes si Logan ve algo diferente.

Los dedos de Nadia se detuvieron. No había querido pronunciarlo porque, al hacerlo, la duda se volvía más real.

—Él desear a mí.

—Muchísimo.

Nadia le dirigió una mirada rápida y se puso morada.

—¿Todos saber?

—Cariño, Logan podría iluminar Providence con toda la energía que desprende al mirarte.

A pesar de sí misma, Nadia sonrió. Luego, la sonrisa desapareció.

—Reddick también desear.

Bianca perdió la ligereza.

—Reddick desea poseerte. No es lo mismo.

—Deseo es rápido.

—El deseo es humano. Nos guía, es conveniente. Pero debe ser medido. El de Reddick está fuera de control. Paga para quitar la libertad de las mujeres, para romperlas. El de Logan es mucho más que físico. Es protección, es cuidado…

—Logan decidir dónde vivo, cuándo salir, con quién hablar...

La frase escapó corta y reveló su inquietud por la creciente dominancia de Logan.

—Eso es un problema.

Nadia esperaba que lo defendiera. La respuesta la sorprendió.

—¿No decir que es por proteger?

—Claro que lo hace para protegerte. La intención no vuelve correcto todo lo que hace.

Bianca se reclinó en la silla.

—Scott también cree que proteger significa ponerse delante, dar órdenes y recibir solo los riesgos que él considera aceptables. A veces tengo que recordarle que estar casada con un hombre grande no me convierte en una mujer pequeña.

—Tú ser diferente.

—¿Porque soy su esposa?

—Pertenecer aquí.

Bianca arqueó las cejas.

—Nací en Italia. Cuando llegué, mi inglés era peor que el tuyo y todos creían conocerme en cuanto escuchaban mi acento. Apasionada. Ruidosa. Temperamental. Buena cocinera. Buena amante. Elegían una idea antes de escuchar lo que yo decía.

—Pero Scott conocer a ti.

—Ahora.

Algo en la manera de pronunciar aquella palabra hizo que Nadia la mirara.

—¿Antes no?

—Antes veía lo que le permitían ver sus propias ideas. También le gustaba mucho mi cuerpo y no fingiré que me molestaba. El problema no es que un hombre desee tu cuerpo. El problema empieza si no siente curiosidad por la mujer que vive dentro.

Nadia bajó los ojos hacia la ficha de la joven serbia.

—Quizá Logan solo ser curiosidad… Curioso mientras salvar a mi.

—Puede ser.

La respuesta produjo un dolorcillo en el pecho. Nadia miró a Bianca de hito en hito. No suavizaba nada. Bianca tomó su mano antes de que pudiera apartarla.

—También puede ser que ese hombre esté enamorándose de ti y no sepa cómo decirlo sin sentir que se aprovecha de una mujer que depende de él. Yo no puedo darte la respuesta porque no duermo con Logan.

Nadia parpadeó. ¿Enamorarse? Eso sería…

—Pregúntale.

Nadia retiró la mano.

—Yo preguntarle qué pasar cuando terminar todo. Acompañarme hasta que yo estar segura, me dijo.

—Eso no responde si él quiere que te quedes.

—No.

—Entonces no permitas que te ofrezca protección cuando le estás pidiendo sentimientos.

Nadia miró la pared que las separaba de la sala de operaciones.

—No hablar de sentimientos.

—Aprenderá.

—¿Y si no quiere?

Bianca se encogió de hombros.

—Entonces al menos sabrás que no merece que esperes.

La simpleza de la respuesta resultaba dolorosa, pero también liberadora. Nadia no debía conformarse con interpretar gestos. Había pasado demasiado tiempo intentando adivinar lo que otros esperaban de ella. Logan tendría que hablar.

Un aviso apareció en la pantalla. Louie había enviado otra carpeta extraída de Northstar. Nadia la abrió y encontró una sucesión de archivos identificados con letras y números.

—Más fichas —murmuró.

Bianca acercó la silla. Nadia abrió el primer documento.

La fotografía pertenecía a una mujer mexicana.

Debajo del número figuraban dos letras: P-A.

La siguiente mostraba a una joven asiática con la indicación G-E.

Pensó un rato y Bianca la ayudó. Exploraron posibilidades.

Llegaron a la conclusión de que las palabras más probables eran Privada. Galería. Asignada. Este.

—Están separadas por destino —dijo Nadia.

—¿Estás segura?

—No. Pero mira.

Abrió varias fichas y comparó las marcas.

Las mujeres que tenían un comprador aparecían como P-A y contenían información bancaria.

Las demás figuraban bajo G-E o G-O. Galería Este.

Galería Oeste . El papel encontrado en Northstar no indicaba una dirección.

Ivan había tenido razón. Dividía la mercancía. Nadia sintió náuseas.

—Tengo que llamar a Louie.

La puerta se abrió antes de que pudiera hacerlo. Elijah entró con una memoria portátil.

—Encontramos otro directorio. ¿Puedes revisar los nombres cirílicos?

—Primero mira esto.

Él se situó detrás de Nadia mientras ella explicaba las marcas. Bianca llamó a Scott. En pocos minutos, Louie apareció y ocupó la silla vacía.

—P-A —dijo mientras escribía—. Compra privada o entrega asignada.

—Y G-E es remate de Alder House —añadió Nadia.

—Galería Este —dijo Elijah—. La palabra que utilizó Sorina.

Louie abrió una búsqueda.

—Tenemos treinta y dos fichas con esa marca.

El número vació la habitación de aire.

—No puede haber treinta y dos mujeres en Alder House —dijo Bianca.

—Probablemente son todas las que pasaron por esa ruta —respondió Louie—. Necesitamos separar las fechas.

Nadia revisó los códigos. Día. Mes. Año. Algunos estaban invertidos. Otros utilizaban el calendario europeo y habían sido interpretados como fechas estadounidenses.

—Estas son antiguas.

Movió diecinueve archivos a otra carpeta.

—Estas seis pertenecen al traslado de esta semana.

—Faltan mujeres —dijo Elijah—. Sorina contó ocho o nueve.

—Puede haber fichas en otro directorio.

Nadia abrió el buscador y comenzó a probar variaciones de los nombres que recordaba. Amina. Bianca, la joven moldava. Elena Petrova. No aparecieron resultados. Cambió el orden. Sustituyó letras. Utilizó la forma rusa de varios sonidos búlgaros.

Una ficha surgió bajo el nombre Yelena Petrowa. Nadia dejó de respirar. Abrió el archivo. Elena miraba hacia la cámara con el cabello recogido y una placa numerada sobre el pecho. Tenía un hematoma junto a la sien. Debajo de la fotografía aparecía la marca G-E. Alder House.

—¡La encontré!

Todos se acercaron.

—Llamen a Sergei —dijo Elijah.

Louie ya tenía el teléfono en la mano. Nadia observó la fotografía. Elena estaba asustada, pero mantenía la barbilla levantada. Incluso en una ficha creada para venderla, había desafío en sus ojos.

—Fecha de actualización: ayer —informó Louie—. La fotografiaron después de sacarla de Northstar.

Estaba viva. No solo dos o tres días atrás. Ayer. Logan apareció en la puerta. Su mirada encontró primero a Nadia. Después descendió hacia la pantalla.

—¿Qué ocurre?

—Nadia encontró a Elena —respondió Bianca.

Él se acercó.

—¿Dónde?

—Su ficha está marcada para Alder House —explicó Louie—. Actualizada ayer.

Logan miró a Nadia.

—Buen trabajo.

Las dos palabras deberían haberla complacido. Sonaron como las que un superior ofrecería a un miembro de su equipo.

—Encontraré las otras —respondió.

—Llevas horas trabajando.

—El evento es mañana.

—Come al menos.

—Bianca trajo comida.

Él percibió la distancia. Nadia lo supo por la manera en que sus ojos se estrecharon.

—¿Podemos hablar?

—Ahora trabajo.

—Cinco minutos.

—Después.

La palabra quedó entre ellos. La misma que Logan había utilizado antes. Algo parecido a comprensión cruzó su rostro.

Antes de que pudiera responder, Nathan lo llamó desde la sala principal.

—Necesito que veas el acceso norte.

Logan no se movió.

—Ve —dijo Nadia—. Primero tener que encontrar a Elena.

—Ya la encontramos.

—Entonces hay que sacarla.

El deber ganó. Logan se alejó, pero volvió la cabeza antes de cruzar la puerta. Nadia fingió no advertirlo.

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Trabajaron hasta después de medianoche. Encontraron siete mujeres vinculadas con Alder House y otros once archivos incompletos que podían corresponder a víctimas ya trasladadas.

Ronan identificó dos empresas de catering, cuatro vehículos y una lista parcial de invitados.

Nathan e Ivan reconstruyeron el perímetro.

Sergei estudió los planos hasta aprender cada habitación de memoria.

Scott ordenó que todos durmieran al menos unas horas.

Nadie protestó porque sabían que no era una sugerencia.

Logan condujo en silencio de vuelta a su casa.

Nadia observó las luces de Providence pasar al otro lado de la ventana.

Estaba agotada, pero su mente continuaba girando alrededor de nombres, códigos y fotografías.

Logan apoyó una mano sobre la palanca de cambios. La retiró.

—Encontraste algo que siete hombres llevaban horas buscando —dijo.

—Porque saber cómo cambian los nombres.

—No solo por eso.

Nadia esperó.