Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 20 #3
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Capítulo 20 #3

—Él lo entiende —respondió Scott—. El problema es que Sorina no quiere hablar. Le mostramos las aplicaciones, cómo funcionan. Ofrecimos una intérprete. Nada. Repite dos nombres: Elena y Nadia.

El corazón de Nadia dio un golpe doloroso.

—¿Mi nombre?

—Varias veces. Le mostramos una fotografía tuya para que supiera que estabas viva. Comenzó a llorar.

Nadia volvió a sentarse. Recordó a Sorina dentro del contenedor.

Sus plegarias casi inaudibles. La forma en que se abrazaba las rodillas cuando el vehículo se detenía.

Elena y Nadia habían intentado hablar con ella utilizando palabras sueltas de varios idiomas, gestos y las pocas expresiones rumanas que Nadia recordaba de la universidad.

Habían aprendido a comprenderse porque no tenían a nadie más.

—¿Quiere verme?

—Eso creemos —dijo Scott—. No voy a ordenarte que vengas, pero… Puedes entenderle mejor que nosotros y ella se sentirá más segura contigo.

—Da. Ir de inmediato.

Logan negó.

—Nadia ha pasado por mucho, esto puede no funcionar. Va a traerle recuerdos…

Nadia lo fulminó con la mirada.

—Yo querer. No mandar a mí.

Scott tosió al otro lado de la comunicación. Logan cerró los ojos un instante.

—No es eso… No has dormido lo suficiente. Tienes pesadillas…

—Sorina estar sola muchas semanas.

—No está sola ahora.

—Para ella sí. Lugar extraño, rodeada de hombres...  Lógan, tú no poder proteger de los recuerdos —dijo ella—. Y no querer que hacer eso.

—No intento decidir por ti.

—Lo haces ahora.

Logan miró el teléfono.

—Scott, te llamaremos en cinco minutos.

—Estaré esperando.

La comunicación terminó. El silencio llenó la cocina. Nadia apartó el plato y se puso de pie.

—Voy vestir.

Logan le cerró el paso, pero no la tocó.

—No he dicho que no puedes ir.

—Parecía.

—Quiero que comprendas lo que puede ocurrir. Sorina puede hablar de cosas que tú no recuerdas o que no quieres recordar. Puede preguntarte por mujeres que no pudiste ayudar. Puede estar herida, aterrada y furiosa.

—Lo sé.

—No tienes que hacerte responsable de ella.

—No sentir responsable.

—Entonces ¿por qué necesitas ir?

Nadia observó al hombre que tenía delante.

La noche anterior había pronunciado su nombre mientras Logan la sostenía.

Esa mañana había descubierto su cuerpo con libertad y placer.

Ahora él volvía a mirar como si intentara colocarla detrás de un muro.

Pero Nadia ya no era la mujer que había llegado a Nogales convencida de que sobrevivir era lo único que podía hacer.

—Yo despertar con desconocidos y tú lograr que miedo no estar—dijo—. Sorina merecer persona que hacer eso. Por ella.

Algo cambió en los ojos de Logan.

—No tienes que ser fuerte para todos.

— Lo hago por ella.

Logan guardó silencio. Finalmente, se apartó.

—Okay, iremos juntos.

—Sí.

—Permaneceré cerca.

—Pero no entrar hasta que ella aceptar.

La resistencia reapareció en su expresión.

—Nadia.

—Ella miedo de hombres. Incluso de buenos. No saber diferencia.

Él miró hacia la ventana. La lluvia trazaba líneas sobre el cristal.

—Me quedaré fuera de la habitación.

—Gracias.

Nadia avanzó, pero Logan le sujetó la mano antes de que pudiera pasar.

—Si necesitas salir, sales. No importa qué esté diciendo ni quién se encuentre allí.

—Sí.

—Y no estás obligada a traducir nada que te haga daño.

—Lo sé.

Él acarició sus nudillos con el pulgar.

—No intento encerrarte.

—Pero querer esconder a mí.

—Muchísimo.

La sinceridad desarmó parte de su enfado. Nadia se puso de puntillas y lo besó.

—Terminar desayuno.

—Ya no tengo hambre.

Ella miró deliberadamente hacia la parte inferior de su cuerpo.

—Por fin.

Logan soltó una risa incrédula ante la desfachatez, pero se puso serio. Leyó su intención de cambiar el tema.

—Sube a vestirte antes de que olvide que Scott está esperando.

Nadia retrocedió con una sonrisa. Cuando llegó a la puerta se volvió. Logan continuaba junto a la mesa, alto y serio, con los platos del desayuno entre ambos y una preocupación profunda en los ojos.

La deseaba. La cuidaba. Trataba de protegerla más de lo que ella necesitaba. Pero había escuchado. Eso importaba.

Nadia subió las escaleras y entró en su habitación. Se quitó la camisa de Logan frente al espejo. Su cuerpo conservaba rastros de la noche de pasión. Una marca cerca del cuello, los pezones todavía sensibles, una agradable pesadez entre los muslos.

No era la mujer del contenedor. Tampoco era únicamente la mujer que Logan había llevado a su cama. Era traductora. Filóloga. Hermana. Hija. Había escapado cuando pretendían venderla y ahora podía ayudar a que otra mujer comprendiera que también había sobrevivido.

Se vistió con pantalones, una blusa sencilla y zapatos bajos. Recogió el cabello y guardó una libreta en el bolso. Antes de salir, observó una última vez su reflejo. Sorina iba a mirar alrededor y ver enemigos en todos los rostros.

Nadia no podía borrar lo que le habían hecho. Pero podía sentarse a su lado. Podía tomarle la mano. Y podía ayudarla a encontrar las palabras que los conducirían hasta Elena y las demás.