Capítulo 20
Lloviznaba. El ambiente gris invitaba a quedarse adentro, recluidos, a salvo.
El sonido del agua suave repicando contra las ventanas y la oscuridad azulada de la habitación permitían el pensar que el resto del mundo no existía.
No había red de trata, compradores perversos, decepciones o miedo.
Solo aquella cama, el calor bajo las sábanas y el cuerpo de Logan envolviendo el suyo.
Nadia se movió apenas, intentando acomodarse.
Estaba apretada; el brazo de Logan le ceñía la cintura, pesado y cálido.
Su pecho subía y bajaba detrás de ella y su respiración le rozaba el cabello.
Pero lo más urgente era que el cuerpo masculino había despertado antes que su conciencia y su erección mañanera presionaba con firmeza contra las nalgas de Nadia.
—Logan… —susurró y lo empujó sin violencia ni real interés.
No quería despegarse, las imágenes de la apasionada noche, de la intimidad voraz compartida, ya la acaloraban. Logan despertó entonces y se dio cuenta rápido de lo que ocurría porque su cuerpo se tensó.
—Mierda.
Nadia sonrió.
—Buenos días.
El brazo alrededor de su cintura se aflojó.
—Lo siento. Joder, parezco un niñato —refunfuñó.
Intentó separarse, pero ella giró rápido y quedaron frente a frente.
—No. Ser un hombre con sangre y deseos.
Se pegó a él sin cortarse.
—Nadia…—el tono tuvo advertencia pero no calor real.
Logan procuraba mostrar un control que no tenía. Ella movió las caderas con deliberada intención. La respiración de Logan se detuvo.
—Estás jugando con fuego.
—Gustar fuego —susurró.
Él acercó su rostro y le habló al oído mientras frotaba su mandíbula contra la mejilla de Nadia.
—No me culpes si te quema…
La voz grave y áspera envió vibraciones por el cuerpo de Nadia. Logan deslizó la mano desde su vientre hasta la cadera y la sujetó, impidiendo otro movimiento.
—Calor tuyo no quemar a mí… Gustar demasiado —musitó ella.
Logan apartó el cabello que había caído sobre su rostro y lo acomodó detrás de su oreja. No había ninguna luz encendida, pero Nadia podía distinguir sus facciones en la claridad que comenzaba a filtrarse por las cortinas.
Tenía los ojos adormilados, la barba más oscura sobre la mandíbula y una expresión abierta. Desarmada. Logan, el alerta y en control de sus gestos y emociones, se mostraba vulnerable. El descubrimiento le despertó una ternura tan intensa como el deseo. Le acarició la mejilla.
Logan la besó sin prisa, aún con pereza. Sus labios se movieron sobre los de Nadia y su lengua entró en su boca sin presionar. Ella enredó su pierna con la de él y lo atrajo más. La erección de Logan quedó entre ambos.
Nadia bajó una mano para ir a la entrepierna. Él le atrapó los dedos antes de que lo tocara. Su pulgar acarició el interior de la muñeca femenina y hubo cosquillas. Nadia rio e intentó quitar la mano, él sonrió y repitió el gesto, aunque esta vez lo complementó con un beso al costado de su boca.
—Debería enjuagarme la boca
—Mmm —dijo ella, pero ninguno se levantó.
Al contrario. Nadia cerró los dedos alrededor de la polla y la sintió tibia, latiendo para ella.
La piel era suave, sin cortar en su glande y este estaba húmedo.
Logan dejó escapar el aire entre los dientes.
Su cuerpo se sacudió y la mano que descansaba sobre la cintura de Nadia se cerró con más fuerza.
Ella lo había tocado la noche anterior, pero no lo suficiente. Ahora tenía tiempo para descubrirlo. Recorrió lentamente la longitud sintiendo la piel caliente y tersa deslizarse bajo su palma. Los ojos de Logan se cerraron y dejó escapar aire.
—Así —murmuró.
Nadia repitió la caricia. Le gustaba observarlo.
Ver cómo se tensaban los músculos de su abdomen y cómo la respiración se volvía más profunda.
Logan vivía dentro de un control que parecía imposible de atravesar.
Saber que podía alterarlo con una mano le provocó una satisfacción desconocida. Pero podía mejorar la experiencia.
Con rapidez se movió y lo empujó sobre la espalda y caminó sobre rodillas y manos para ponerse en posición, su boca cerca de su objetivo. Logan achinó los ojos y pareció alelado.
—¿Qué haces?
—Descubro.
—Nadia… ¿Acaso quieres matarme, ptichka?
Ella besó una cicatriz sobre la cadera y su boca recorrió el centro del abdomen, deteniéndose donde el vello se volvía más oscuro. Logan se incorporó sobre un codo.
—Mírame.
Nadia levantó la cabeza.
—No tienes que demostrar que puedes hacer esto.
—No… Pero querer
El deseo endureció las facciones de Logan.
—¿Juegas conmigo, Nadia? ¿A destrozar mi control?
—No jugar… Gustar tu mío.
—Puta hostia —murmuró él.
Nadia sostuvo el miembro con una mano y rozó la punta con los labios. El sonido que escapó de Logan fue bajo y áspero. Eso eliminó la última parte de la inseguridad de Nadia sobre técnica.
Abrió la boca y lo recibió lentamente, la polla deslizándose en su boca, partiendo sus labios con amplitud, rozando su lengua hasta ir hasta el primer límite.
La sensación resultó diferente de lo que recordaba del único hombre al que le hizo sexo oral.
No era algo que hubiese disfrutado, pero con Logan, quería.
Era un desafío, Logan era grueso y largo.
Tuvo que adaptarse, encontrar una posición cómoda y medir cuánto podía tomar.
Su sabor era limpio, ligeramente salado.
La piel se deslizó caliente sobre su lengua y golpeó su garganta sin dureza.
Se atoró. Tomó la base de la pija y con la otra mano volvió a dirigirla adentro.
Distendió su garganta, lo pudo succionar mejor.
Logan cerró una mano sobre la sábana y gimió largo, como herido. Sus ojos eran brasas ardientes. Mirarlo era brutal, la ponía más. Su lengua redondeó el glande, lo recorrió todo.
—Joder, vas a matarme… Así, así…
Ella levantó los ojos. La expresión de Logan la hizo sentirse hermosa y poderosa. La observaba con la mandíbula apretada y el pecho moviéndose demasiado deprisa. Nadia retrocedió despacio y volvió a bajar.
—No tienes que tomarme todo —dijo él.
La vibración de su voz recorrió la boca de Nadia. Ella respondió aumentando la presión de los labios. La cabeza de Logan cayó sobre la almohada.
—Nadia…
Ella continuó. Utilizó la mano donde su boca no alcanzaba, aprendiendo con cada respiración y cada movimiento de él.
Logan maldecía y elevaba prédicas, gozaba y sufría.
Su polla estaba tan pronta, tan dura, tan lista, que Nadia comenzó a tener dificultades para abarcarlo.
Volvió atrás y se concentró en la parte inferior.
—Exactamente así… Vas a dejarme seco… Mi hermosa chupapija… Estás quitándome el alma con tu boca, ptichka…
La aprobación calentó su piel. Continuó con mayor confianza, alternando la presión de sus labios y la lengua, observando cómo Logan perdía poco a poco la capacidad de permanecer inmóvil. Sus dedos se cerraron entre el cabello de Nadia.
—Más lento —rogó.
Ella obedeció. El cuerpo de Logan estaba en tensión total, pero de la buena. Los músculos de sus muslos se marcaban bajo la piel y una fina capa de sudor comenzaba a cubrirle el abdomen.
—Voy a terminar —advirtió—. Nadia, si no quieres…
Ella no se apartó. Logan gritó su nombre con una voz que apenas reconoció. La calidez semi ácida llenó su boca en varias pulsaciones. Nadia mantuvo los labios cerrados alrededor de él hasta sentir que la tensión abandonaba gradualmente su cuerpo. Después se retiró y tragó.
Él maldijo y se cubrió los ojos con el antebrazo. Nadia sonrió con satisfacción. Logan la miró, la sujetó por la cintura y la hizo ascender por su cuerpo. Nadia rio al quedar sobre él.
—Eres perfecta, Nadia.
La besó. No mostró ninguna reserva ante el sabor que permanecía en su boca.
Introdujo la lengua profundamente y Nadia le rodeó el cuello con los brazos.
La erección había disminuido, pero el resto de Logan parecía más despierto que nunca.
Él descendió por su garganta, sus senos y su vientre.
Nadia comprendió su intención cuando le separó los muslos.
—No necesario.
Logan levantó la cabeza.
—Yo también quiero descubrir.
—Ya descubriste anoche.
—No lo suficiente.
Hundió el rostro entre sus piernas antes de que pudiera responder. La primera caricia de su lengua consiguió que Nadia arqueara la espalda. Logan le sostuvo las caderas y repitió el movimiento, lento y firme. Ella enterró los dedos en su cabello.
—Lógan.
—¿Así?
—Sí.
Él había recordado lo aprendido durante la noche. La presión que ella prefería. El ritmo que la hacía olvidar cualquier pensamiento. Introdujo un dedo en su interior y curvó la mano mientras su boca continuaba trabajando. Nadia cerró los ojos y clavó sus pies en la cama.
—Mírame —dijo él.
La orden vibró contra su cuerpo. Ella abrió los ojos y encontró la mirada de Logan entre sus muslos. La imagen resultó tan erótica que una oleada de placer ascendió por su vientre. Él añadió un segundo dedo.
Nadia se movió contra su mano, abandonada a las sensaciones. La boca húmeda, la barba rozándole la piel, la presión interna de los dedos y aquella mirada que no se apartaba de ella. El placer creció demasiado rápido.
—Lógan…
Él apretó las manos alrededor de sus muslos y atacó el clítoris con su lengua como arma. Demostró que la manejaba como un experto que no daba cuartel. Lamió, chupó, pulsó y dibujó sobre su nudo de nervios hasta rendirlo a él.
—Déjate ir.
El orgasmo alcanzó a Nadia con tanta fuerza que sus piernas intentaron cerrarse alrededor de la cabeza de Logan. Todo su cuerpo se tensó. Un gemido quebrado escapó de su garganta mientras el placer se extendía en espiral.
Logan permaneció con ella hasta que dejó de temblar. Después ascendió por su cuerpo sin apuro y la besó en el vientre, entre los senos y finalmente en la boca.
—Ahora estamos iguales —dijo.