Capítulo 19 #3
Su cuerpo era un tormento exquisito. Logan hundió el rostro en su cuello. El perfume de vainilla se mezclaba con el aroma más íntimo de su piel y con el calor de ambos. Besó el pulso que latía bajo su boca.
—Más —pidió Nadia—. Más fuerte.
Logan le sostuvo una cadera y aumentó el ritmo. El pequeño grito de Nadia se clavó en él. Su cuerpo se tensó, pero no retrocedió. Le rodeó la cintura con las piernas y lo acercó más.
—Así.
Logan obedeció. El cabecero golpeó contra la pared. Afuera, Providence vivía. Dentro de la habitación solo existían la respiración entrecortada de Nadia, el roce de las sábanas y el sonido húmedo de sus cuerpos uniéndose. Logan la besó para contener un gemido. Nadia le mordió el labio.
—Otra vez —ordenó él.
Ella lo hizo. El placer ascendió por su espalda. Logan desaceleró antes de perder el control y deslizó una mano entre ambos. Encontró el centro sensible de Nadia. Ella se arqueó.
—Lógan… No poder otra.
—Quiero sentirte. Quiero que no puedas decir que no te he follado hasta agotarte.
Movió los dedos al ritmo de sus embestidas. Nadia cerró los ojos y volvió el rostro hacia la almohada.
—No todavía… —murmuró él.
El cuerpo de Nadia comenzó a apretarse a su alrededor. Logan sintió cada pulsación, cada pequeño estremecimiento.
—Eso es. Déjate ir.
—No puedo…
—Sí puedes.
Ella negó, perdida entre el esfuerzo y el placer. Logan redujo el movimiento y la besó.
—No tienes que controlar nada conmigo.
Las manos de Nadia se aferraron a sus hombros.
El orgasmo la atravesó. Logan sintió cómo se cerraba a su alrededor, oyó su nombre y dejó de contenerse.
Hundió el rostro en el cuello de Nadia y llegó con ella, estremecido por un placer largo y devastador.
El amo de todos los orgasmos lo envolvió y bramó de placer, corriéndose en ella como si se le fuera la vida.
Vaciarse así le era desconocido. Sus clímax solían ser más cerebrales, por describirlo de alguna manera.
Logan había reglado su vida y eso incluía su sexo.
Hasta Nadia. Esta sensación salvaje, exultante, de completitud, de estar liviano, de haberse vertido por completo, era brutal y supo, sin dudar, de que no podría deshacerse de ella de aquí en más.
Durante varios segundos no pudo moverse. El corazón de Nadia golpeaba contra su pecho. Sus piernas seguían rodeándolo y una de sus manos acariciaba distraídamente su nuca.
Logan apoyó parte del peso a un lado para no aplastarla.
—¿Estás bien?
Ella dejó escapar una risa sin fuerzas.
—Da.
—Respóndeme.
—Estar mejor que bien.
—¿Segura?
Nadia le tomó el rostro entre las manos.
—Da, da. Increíble.
Logan la besó. Un contacto lento, sin urgencia. Entonces, se movió con cuidado para retirarse de ella y se ocupó del preservativo. Cuando regresó, Nadia se había metido debajo de las sábanas. La luz de la lámpara convertía su cabello en una mezcla de sombras y reflejos cobrizos.
Él se sentó en el borde de la cama y la miró. Luego, acarició sus mejillas y sonrió. Se incorporó y Nadia se agitó.
—¿Qué hacer? —preguntó ella.
—Voy a traerte agua.
—Después.
Nadia levantó las sábanas y Logan no pudo rechazar la dulce invitación. Se acostó junto a ella. Nadia se acomodó de costado y apoyó la cabeza sobre su hombro. Él la cubrió con un brazo.
Durante unos minutos ninguno de los dos habló.
—Lógan… ¿Arrepentir? —preguntó Nadia.
Logan la observó y negó.
—No. Jamás.
—¿Ser verdad?
—Absoluta.
Ella trazó su tatuaje con un dedo liviano.
—Yo tampoco.
Logan atrapó su mano y besó las puntas de sus dedos.
—Vamos a dormir. Mañana quizá sea difícil.
—¿Por qué?
—El hombre que te quería. La red sabe que entramos en dos propiedades. Comenzarán a borrar rastros.
—Entonces deber ser rápidos.
—Nosotros. Tú permanecerás protegida.
Nadia levantó la cabeza.
—No arruinar momento.
—No intento…
—Ahora no misión.
Logan cerró la boca. Ella volvió a acomodarse.
—Mejor.
Él acarició lentamente su espalda desnuda. La piel era suave bajo la palma, cálida donde sus cuerpos se tocaban.
—Nadia.
—¿Sí?
Quería decirle que nadie volvería a llevársela. Que destruiría a cualquiera que lo intentara. Que la idea de verla regresar a Bulgaria y desaparecer de su vida se había vuelto insoportable. Eran promesas demasiado grandes para pronunciarlas en una cama, después de tenerla por primera vez.
—Nada —dijo.
Nadia apoyó la barbilla sobre su pecho.
—Lógan… Siento mucho aquí.
Posó la mano sobre su corazón. Logan la cubrió con la suya y se permitió tener alguna esperanza.
—También yo
Una sonrisa lenta curvó la boca de Nadia.
—Bien.
—¿Eso es todo?
—Por esta noche.
Logan apagó la lámpara. La habitación quedó sumida en una penumbra azulada, apenas iluminada por la lluvia y las luces exteriores. Nadia volvió a acomodarse contra él. Él besó su frente y cerró los ojos.
Por primera vez desde que había leído la amenaza del comprador, el miedo retrocedió lo suficiente para permitirle respirar. Nadia estaba allí. No como una responsabilidad. No como una víctima. Como una mujer que lo había elegido.
Logan sabía que, después de esta noche, ya no existiría para él una forma de fingir que podía dejarla marchar sin perder algo esencial.