Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 19 #2
56%

Capítulo 19 #2

La autorización fue seguida de la lengua vuelta herramienta y la estocada fue brutal, elevando el placer varios puntos.

Nadia se contorsionó sobre el colchón. Logan le sostuvo los muslos y volvió a tocarla con la lengua.

Lo hizo despacio al principio, descubriendo qué la hacía estremecer.

Nadia cerró los ojos, pero él se detuvo.

—Mírame.

—No… Ser mucho…

—Puedes. Mira como te como viva, Nadia.

Ella abrió los ojos. La imagen de Logan entre sus piernas, observándola con aquella concentración feroz, hizo que el placer se volviera más intenso.

—Eso es —murmuró él.

Su lengua volvió a trabajar. Acarició su coño sin apuro, por la cima de los labios mayores, insertándose entre los menores, deteniéndose en su clítoris sin piedad, pulsando este, rodeando, torturando.

Nadia hundió los dedos en las sábanas. El calor creció desde el centro de su cuerpo y se extendió por su vientre, sus senos, la base de la espalda. Logan mantuvo el ritmo, añadiendo la presión de sus dedos.

—No parar…

Él no lo hizo. Era un guerrero, después de todo. El sonido que su boca arrancaba a la zona íntima era atronador en el silencio de la habitación. Sonidos de piel húmeda, de lasciva intensidad.

El placer comenzó a formarse en olas, cortas, más intensas, más largas, hasta que Nadia sintió que un tsunami la alcanzaba sin remedio, meciéndola, llevándola alto, alto.

Nadia encadenó palabras en búlgaro, gritó el nombre de Lógan.

El cuerpo entero se tensó y después tembló debajo de las manos que la sostenían.

Milisegundos, segundos, minutos, el tiempo se licuó. Logan permaneció con ella hasta que la última oleada desapareció.

Luego subió por su cuerpo y la besó. Nadia sintió su propio sabor en la boca de él. La intimidad del gesto le produjo un estremecimiento distinto, más profundo. Le rodeó el cuello y lo mantuvo cerca.

—Todavía conmigo —murmuró Logan.

—Lógan

El nombre pareció un rezo. Él sonrió contra sus labios. Nadia recorrió su espalda y bajó una mano. Tocó sus glúteos, que parecían piedra. Sentía la dureza contenida debajo de la ropa interior, contra su muslo.

—Ahora yo… —susurró ella, y lo empujó con decisión.

—No tienes que hacerlo —protestó él, y Nadia no tuvo duda de que lo creía.

Creer y querer podían ser distintos. Y ella no dejaba deudas sin pagar. Esta era la mejor que había tenido nunca.

Deslizó la mano entre ambos y luchó un poco para bajarle el bóxer, que sus pies ayudaron a quitar, restregándose en el proceso contra la piel de un Logan que tenía sus ojos como carbones y la piel ardiendo.

La polla era una barra de metal en su dureza.

Ella lo empujó para que cayera sobre su espalda, y se movió ágil para quedar de rodillas.

Su mirada se fijó en el miembro potente que se erguía entre ambos. Grueso, decidió, envolviéndolo entre su dedo pulgar e índice. Largo, determinó, haciendo circular ese anillo de sus dedos desde la base hasta el glande, y desde allí atrás, otra vez.

El cuerpo de Logan se sacudió. Nadia lo acarició sin pausa, observando cómo su mandíbula se tensaba y los músculos de su abdomen se contraían.

—¿Así? —preguntó, devolviéndole la pregunta.

—Exactamente así.

Su voz había adquirido un tono áspero. Nadia ajustó los dedos y repitió el movimiento. Logan apoyó la frente contra la suya.

—Más lento.

Ella obedeció.

—¿Te hago daño?

—No… Me pones a mil...

La boca de él volvió a encontrar la suya. La besó mientras Nadia continuaba jugando con su polla, pero pocos minutos después cerró una mano alrededor de su muñeca.

La sujetó sin fuerza.

—Espera.

Nadia se detuvo. Logan respiraba con dificultad.

—¿Qué ocurre?

—Quiero estar dentro de ti. ¿Puedo?

El calor volvió a concentrarse entre sus piernas.

—Sí.

Él se movió rápido. Abrió el cajón de la mesa de noche y rebuscó.

Maldijo y saltó para ir al ropero, de donde extrajo una caja.

Buscó otra vez y el sonido de triunfo al encontrar su objetivo hizo sonreír a Nadia.

Lo observó colocárselo. El gesto práctico le dio unos segundos para respirar y comprender que aquello iba a ocurrir.

No era una fantasía ni un beso interrumpido en la cocina.

Logan regresó a ella. Esta vez se acomodó entre sus piernas, sosteniendo parte de su peso sobre los antebrazos.

—Última oportunidad para expulsarme de mi propia cama.

—Lógan.

—¿Sí?

—Ya…

===

Logan respiró hondo mientras se colocaba entre las piernas de Nadia. Todavía no podía creer que estuviera allí. Desnuda debajo de él. Cálida. Sonrojada por el placer que acababa de darle. Mirándolo como si no existiera otro lugar en el que quisiera estar.

Había imaginado aquel momento de demasiadas formas. Ninguna incluía el miedo que sentía a equivocarse. Apoyó la frente contra la de ella.

—Voy despacio.

—Bien.

—Si algo…

—Decir, si —lo interrumpió—. Prometo.

Logan se acomodó en su entrada y avanzó.

Su miembro era como granito pujante abriéndose paso en una cueva insondable en la que había algo precioso.

Avanzó lentamente. El cuerpo de Nadia cedió alrededor del suyo con una calidez que le arrancó un gemido.

Era apretada. Tuvo que apretar los dientes para no hundirse de una sola vez.

—Joder.

Las uñas de ella se clavaron en sus hombros.

—¿Ser bueno o malo?

—Nadia…

—Pregunta seria.

Logan soltó una risa ahogada. Puta hostia, esto era paraíso.

—Demasiado bueno.

Continuó avanzando hasta quedar completamente dentro. Después permaneció quieto, luchando por conservar el control.

Nadia se movió debajo de él. La sensación estuvo a punto de acabar con sus buenas intenciones.

—No hagas eso todavía.

—¿Por qué?

—Porque esto terminará muy rápido.

Una sonrisa femenina, satisfecha, apareció en sus labios. Ella era preciosa, no tenía forma de no desearla hoy, mañana, siempre.

—Nadia… —musitó.

El rubor se extendió por el rostro de Nadia, pero sus caderas volvieron a moverse.

Logan gruñó y comenzó a pujar. Tanto como quería que esto durara, no podía arriesgarse a perder el momento.

Fue despacio al principio. Retirándose casi por completo antes de regresar.

Nadia lo recibió una vez y otra, aprendiendo el movimiento y alzándose para encontrarlo.