Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 19
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Capítulo 19

Nadia sentía que sus labios ardían, que su boca quería más de estos besos adictivos.

Deslizó sus manos por la camisa y desabrochó los botones superiores.

Logan la vio hacer, transfigurado. Encendido, como ella.

Basta de esperar, de pretender que no había más que aprecio y confianza. Ella quería más que protección de él.

El vello áspero le rozó la palma. Tocarlo le producía una curiosidad casi dolorosa. Había imaginado su cuerpo debajo de la ropa, pero la realidad era más imponente. Más cálida. Cubierta de señales que hablaban de una vida que él todavía no le había contado.

—Necesitarte —confesó—. No para salvar a mí. Necesitar cerca. Yo elijo.

Logan le sujetó la nuca.

—Mírame.

Nadia obedeció.

—Si quieres que pare, lo dices.

—Sí.

—Si cambias de idea…

—No… —agitó su cabeza.

Se había imaginado este instante por varios días. No temía, no retrocedía.

—Aunque hayamos comenzado. No voy a molestarme… Tu consentimiento es…

—Shhh —le tocó la boca con su dedo índice—. No hablar más.

Sus manos continuaron desprendiendo su camisa. Su rostro fue al hueco de su cuello y olió. El aroma a limón, a abedul, a cuero, la envolvió y la enervó. Era como si cada célula estuviera abierta para él, cada sentido.

Logan dejó de hablar y le devoró la boca en el contacto más brutal y bello. Se apoderó de sus labios y con ello eliminó las barreras del pensamiento y de las circunstancias, haciendo que todo fuese ahora, hoy, presente.

El futuro, ya se vería. Si traía despedida, adiós y dolor… Sería con los recuerdos más dulces. Ya no hubo vacilación. Logan había dejado de contenerse y Nadia celebraba. La atrajo hasta que no quedó espacio entre sus cuerpos.

Ella sintió cada parte de él. El pecho duro contra sus senos. Una mano enorme extendida sobre su espalda. La presión de sus muslos. El calor que atravesaba la tela y parecía incinerarla.

Nadia abrió la boca y recibió su lengua.

Logan sabía diferente aquella noche, a dentífrico y algo espirituoso.

Tal vez ron o whisky. Lo exploró sin prisa, hasta que ella olvidó cómo respirar.

Sus brazos desplazaron la camisa por los antebrazos y esta cayó.

No lograba rodear sus músculos, pero vaya si lo intentó.

Acarició la espalda, recorriendo tendones, formas, por sobre cicatrices y tatuajes que no conocía. Los dedos, la piel, los ojos, los labios, todos disfrutaron del hombre que se estremecía al paso de una Nadia sin inhibiciones.

—Eso —murmuró él contra su boca—. Tócame, ptichka, no dejes de hacerlo.

Nadia repitió el recorrido, sumando su boca, que bajó por su barbilla, mordisqueó su mandíbula y alentó a su lengua a lamer la columna de la garganta, pasando por su nuez de Adán.

El gruñido de Logan le provocó un estremecimiento entre las piernas.

Él pasó a la acción, descendiendo para hacer la contraofensiva por su cuello.

La barba incipiente raspó su piel antes de que la humedad de su boca calmara la sensación.

Nadia inclinó la cabeza y cerró los ojos.

Cada beso parecía quedarse latiendo sobre ella.

—Hueles bien… —Logan hundió el rostro junto a su oído y respiró—. Vainilla. Frutos rojos. A primavera. Como el bosque…

El aliento cálido de sus palabras le hizo vibrar la concha de la oreja y su cuerpo reaccionó en cadena.

—Es solo… Gel de ducha…

—Voy a comprar todo el que exista en stock. Hace que quiera devorarte viva —masculló.

Nadia rio, pero el sonido se convirtió en un jadeo cuando él besó el punto donde su cuello se unía con el hombro. Sus dedos trabajaban en sus prendas, liberando, soltando, mostrando, y Nadia no detuvo los textiles que caían.

—Mírate… —susurró él mientras sus manos recorrían su perímetro; hombros, costados, caderas.

Su piel no reconocía esto. Ningún hombre antes la trató así, la acarició o besó como si fuese preciosa y frágil. Como si tocarla fuera un privilegio.

Su mirada la recorrió. Solo le quedaban las bragas y el sostén.

Él vestía aún su pantalón. Sus pieles se quemaban de la cintura para arriba.

Nadia sentía sus pezones doler de tan duros.

El miembro de Logan sobresalía con obscenidad de tan excitado.

Eran la prueba viva de dos que se necesitaban y deseaban a morir.

—Eres tan hermosa que dueles…

Nadia sintió que el rubor se extendía por su pecho, pero no se cubrió. Quería que él la mirara. Quería descubrir cómo era despertar deseo en un hombre que controlaba cada gesto. Logan deslizó un dedo bajo uno de los tirantes.

—¿Elegiste esto para mí?

—Tal vez.

—Mmm.Peligrosa respuesta.

Ella sonrió. Logan bajó el tirante y besó la piel que dejaba expuesta.

Hizo lo mismo con el otro. Luego, sus brazos la rodearon y desprendieron los broches traseros.

La prenda se sostuvo brevemente sobre sus senos y luego cayó, rozando sus senos, a sus pies.

El aire fresco rozó la piel y Nadia tembló.

Logan no intentó esconder el deseo.

—Bellos… —aseguró.

Una sola palabra.A Nadia le dolió de una forma extraña.

Había oído cumplidos antes. Algunos amables, otros interesados.

Ninguno había sonado como aquello, como si Logan estuviera conmovido por lo que veía.

Él levantó una mano y cubrió uno de sus pechos.

El contacto arrancó un suspiro de sus labios.

La palma era áspera, cálida, y su pulgar se movió con una lentitud que la desesperó.

Rodeó el pezón sin tocarlo hasta que Nadia arqueó el cuerpo buscando más.

—Logan…

—Dime…

—Más.

Él obedeció. La presión de sus dedos produjo una descarga que descendió hasta su entrepierna.

Esta pulsaba, se humedecía. Logan la observó mientras la acariciaba.

Con la atención de un francotirador acostumbrado, sin parpadear.

Entonces, inclinó la cabeza y sustituyó los dedos por su boca, Nadia se aferró a sus hombros porque el calor húmedo de su lengua fue demasiado.

—Oh…

Logan sostuvo su cintura cuando las rodillas le temblaron.

—Te tengo.

Succionó con suavidad, su boca tomando posesión del timbre rosa viejo, estimulando la zona, logrando que esta enviara señales de abuso y placer a cada zona erógena de Nadia.

La lengua rodeó la aureola, la pinchó en sucesivos toques, más fuerte, menos, pero sin pausa.

Nadia hundió una mano en su cabello. No sabía si quería acercarlo o alejarlo. Terminó haciendo lo primero.

Él pasó luego al otro seno y repitió la caricia, soplando sobre este, pinchando el otro con sus dedos, pulsando, sin darles respiro. El cuerpo y la mente de Nadia parecieron concentrarse alrededor de su boca, como si no existiera más nada.

—Oh, Bozhe !—consiguió decir.

Logan levantó la cabeza, observando.

—¿Quieres que…?

—¡No!

Una sonrisa lenta transformó su rostro.

—No lo haré entonces.

La levantó en andas. Ella soltó una exclamación y lo rodeó con los brazos. Logan caminó con seguridad escaleras arriba, con ella en brazos, su mirada fija en ella, con excepción de momentos en los que se aseguró de llegar con ella a salvo hasta su dormitorio.

Nadia había entrado allí algunas veces cuando él no estaba. Cuando temía que le pasara algo, cuando le echó de menos. Había olido su ropa, se había acostado para recostar su nariz en su almohada. Como una tonta. Ahora, estaba sobre el lecho por razones muy distintas.

El la dejó sobre el suave cobertor y permaneció de pie, mirándola. Nadia se incorporó sobre los codos.

—Ven.

Él se quitó el pantalón sin apartar los ojos de ella.

Nadia no desperdició el momento.  Debajo llevaba ropa interior negra que no podía ocultar su excitación.

La visión despertó ideas. Curiosidad y deseo.

Logan vino a ella y se tendió a su lado, estudiándola.

Nadia asomó la punta de su lengua y no bajó la vista.

—No tenemos prisa…

—Tú parecer…  A punto…

Él soltó una risa ronca.

—No tienes idea.

Se acercó más y la besó otra vez. Más despacio.

Una mano recorrió su muslo desde la rodilla hasta el borde de sus bragas.

Sus dedos se colaron por debajo del elástico.

Nadia separó las piernas. El coño parecía latir, llamar.

Se le salía el corazón del pecho, quería todo ya. Él, sus manos, su boca, su polla.

La mano de Logan se deslizó por su pelvis, bajó a su púbis, descendió más, explorando. Se detuvo y ella se movió, como una protesta.

—¿Esa es una invitación, ptichka ?

Ella asintió, sin palabras. La mirada de él se oscureció.

—Entonces voy a aceptar.

Sus yemas tocaron su labios mayores, se deslizaron por ellos, atrás y adelante. Nadia sintió la aspereza de sus dedos en un toque finísimo que la deleite. Cerró los ojos y se movió.

—Mírame —pidió Logan.

Ella volvió a abrirlos.

—Quiero saber que sigues conmigo.

—Estoy aquí.

Él movió los dedos lentamente. La presión encontró el punto que Nadia necesitaba y un jadeo escapó de su garganta. Logan no dejó de excitarla.

—¿Así?

—Sí.

—¿Más fuerte?

—Un poco.

Logan aprendía rápido. Demasiado rápido. Repitió la caricia observándola, ajustando el ritmo hasta que Nadia comenzó a moverse contra su mano. Nadia no sentía vergüenza, no había pudor. Esto estaba destinado a pasar y ambos lo sabían. Eran piel y fuego. Eran deseo.

Las manos masculinas rompieron las bragas y deslizaron los jirones por sus muslos, mojando la parte interna de sus muslos con fluido.

Nadia quedó desnuda, pero el impulso de cubrirse no duró ni un segundo.

Logan recorrió su cuerpo con la mirada sin prisa.

Si los ojos pudieran quemar, estos lo habrían hecho.

—Lógan… —susurró Nadia otra vez.

Logan descendió por su cuerpo.Besó el estómago, la curva de la cadera y la parte interior de un muslo. Nadia comprendió lo que pretendía hacer y su respiración se detuvo.

—Oh…

Él levantó la vista.

—¿No?

La elección estaba en aquella palabra. Completa. Sin impaciencia. Nadia separó un poco más las piernas.

—Da…