Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 17
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Capítulo 17

La finca estaba rodeada de árboles y oscuridad.

Era la segunda propiedad y tenían pocas expectativas, pero había que hacerlo.

Logan la observaba desde una elevación a cuatrocientos metros, tendido detrás de su rifle.

A través de la mira nocturna distinguía la construcción principal, un antiguo galpón de procesamiento, dos cobertizos y una casa de madera que parecía abandonada.

Las imágenes satelitales mostraban otras estructuras, pero algunas habían sido demolidas o tragadas por la vegetación.

Nada indicaba que una empresa estuviera funcionando allí.

La Northstar era una tapadera, nada más.

No había letreros, trabajadores ni maquinaria agrícola.

Sin embargo, un generador vibraba detrás del galpón, tres vehículos ocupaban el terreno y las luces de la planta baja estaban encendidas.

Alguien utilizaba este propiedad. La pregunta era para qué. Un ligero movimiento llamó su atención.

—Tengo actividad en la ventana norte —informó Logan.

Darius, tendido a unos metros, levantó sus binoculares.

—Uno. Varón. Armado.

—Lo veo.

El hombre se acercó al cristal, miró hacia el bosque y volvió a desaparecer. Louie respondió desde Providence:

—No hay teléfonos registrados en la finca ni conexión a la red eléctrica. El generador alimenta la casa y parte del galpón. Detecto una antena satelital, pero todavía no conseguí entrar.

Logan movió la mira hacia el límite oriental.

No distinguió a Sergei entre los árboles, aunque sabía dónde debía estar el búlgaro porque conocía el plan.

Se había separado del equipo diez minutos antes con la intención de acercarse al edificio y confirmar el número de ocupantes.

Ivan le había dado una instrucción en ucraniano.

Piotr había añadido algo en polaco. Sergei no había respondido a ninguno. Simplemente había desaparecido.

—Fantasma uno, informe —pidió Nathan.

—No vuelvas a llamarme así —respondió Sergei en voz baja.

Darius ocultó una risa.

—Te has ganado un apodo en menos de una hora. Debes sentirte honrado.

—No.

La señal de su cámara apareció en una de las pantallas portátiles.

El búlgaro se encontraba junto al muro del galpón, avanzando despacio hacia una ventana situada casi al nivel del suelo.

Ivan y Piotr esperaban. Nathan estaba con ellos, dirigiendo una operación que todavía era de reconocimiento.

Scott había sido claro antes de que partieran de Providence: no entrarían sin confirmar la presencia de las mujeres.

El problema era que Sergei llevaba siete semanas buscando a Elena y Logan dudaba de que una orden pronunciada a cientos de kilómetros pudiera contenerlo.

—Dos hombres en la casa —informó Sergei—. Uno en el galpón. Puede haber más.

—¿Ves mujeres? —preguntó Ivan.

—Negativo —dijo con voz neutra.

Sergei llegó hasta la pequeña ventana. Se agachó, limpió con el guante parte de la suciedad del vidrio y aproximó una cámara flexible. La imagen mostró un sótano oscuro. Paredes de cemento. Una mesa. Cajas. Un colchón en el suelo.

Logan dejó de respirar. Había una pierna junto al colchón.

—Tengo a alguien —dijo Sergei, desaparecida la calma de su voz.

La cámara giró y mostró a una mujer que yacía de costado, casi inmóvil. Llevaba una camiseta sucia y tenía las muñecas sujetas con bridas. No era posible distinguir su rostro.

—¿Elena? —preguntó Ivan.

—No lo sé.

Sergei probó la ventana. Estaba asegurada por dentro.

—Voy a entrar.

—Negativo —ordenó Nathan—. Espera al equipo.

—Está herida.

—Y si activas una alarma antes de que cubramos las salidas, la matarán. Mantén tu posición. Espera la ayuda.

Hubo un silencio cargado.

—Sergei —dijo Ivan.

—Mantengo posición.

Logan volvió la mira hacia la casa. El hombre armado reapareció en la ventana y habló con alguien. Después tomó una chaqueta.

—Tenemos movimiento —avisó—. El de la casa se dirige hacia la salida norte.

—¿Los alertamos? —preguntó Darius.

—No —respondió Louie—. No detecto ninguna transmisión.

La puerta de la casa se abrió. El hombre salió, encendió una linterna y comenzó a caminar hacia el galpón. Llevaba una pistola en la cintura y un fusil cruzado sobre el pecho. Iba directamente hacia Sergei.

—Fantasma, tienes compañía —dijo Darius.

—He dicho que no me llames así.

—Cuarenta metros y acercándose.

Sergei se pegó al muro. El hombre continuó avanzando, moviendo la linterna de un lado al otro. A veinte metros se detuvo. Había escuchado algo. Logan ajustó la mira.

—Lo tengo.

—No dispares salvo que levante el arma —ordenó Nathan.

El hombre avanzó cinco pasos más. Piotr apareció detrás de él. No hubo advertencia. Una mano enorme le cubrió la boca y la otra le rodeó el cuello. El fusil quedó atrapado contra su pecho. El hombre intentó forcejear, pero Piotr lo levantó prácticamente del suelo y lo arrastró hacia la oscuridad.

—Mierda. Ese pobre bastardo no va a saber qué le pasó.

Unos segundos después, Sergei informó:

—Despejado.

—Buen trabajo —dijo Darius.

Nathan se aproximó al galpón junto con Ivan. Piotr dejó al guardia inconsciente, atado y amordazado detrás de uno de los cobertizos.

—Tenemos una mujer retenida y al menos dos hombres armados —dijo Nathan—. La vigilancia terminó. Entramos.

—Al fin —masculló Sergei.

—Piotr, acceso sur. Ivan con él. Sergei entra por el sótano cuando abramos. Darius cubre la casa. Logan mantiene altura hasta que controlemos el exterior.

—Recibido —dijo.

Piotr examinó la puerta trasera del galpón.

—Puedo abrirla sin explosivos.

—Me alegra escuchar eso —dijo Nathan.

—No dije que quisiera.

Ivan le dio una palmada en el hombro.

—Controla tu entusiasmo.

Piotr extrajo una herramienta del equipo. Treinta segundos después, el cerrojo cedió sin hacer más ruido que un chasquido. El hombre era fuerza bruta, pero no dependía de ella.

Ivan entró primero. Piotr lo siguió. Nathan cubrió la puerta y Sergei desapareció alrededor del edificio. Durante unos segundos solo se escucharon respiraciones y pasos leves. Después una voz gritó desde dentro y hubo disparos.

Logan localizó un movimiento en la ventana del piso superior. Un segundo hombre apareció con un arma y apuntó hacia el patio.

—Arriba —advirtió.

Disparó. El cristal se quebró y el hombre cayó hacia atrás. Logan no esperó para comprobar el resultado.

—Amenaza neutralizada.

Desde el interior llegó un golpe, un gruñido y el sonido de algo pesado chocando contra metal.

—Planta baja segura —informó Ivan.

—Un tercero corre hacia la casa —advirtió  Darius.

Logan giró el rifle. Un hombre salió por una puerta lateral con una mochila colgada de un hombro y corrió agachado hacia uno de los vehículos.

Darius interceptó su trayectoria. El fugitivo levantó el arma y Darius se arrojó detrás de un muro bajo cuando los disparos levantaron tierra a su alrededor.

Logan alineó la mira, pero el hombre estaba demasiado cerca de Darius.

—No tengo tiro limpio.

—No lo necesito.

Darius salió por el extremo contrario del muro, embistió al hombre y ambos cayeron.

El arma se deslizó sobre la tierra. El desconocido golpeó a Darius en el rostro y trató de alcanzar un cuchillo.

Darius le torció el brazo y lo hizo golpear contra el suelo.

Una vez. Dos. El cuerpo dejó de resistirse.

—Controlado —dijo, respirando con fuerza.

—Eso fue innecesariamente dramático —comentó Elijah.

—Sal de este canal —ordenaron Nathan y Louie al mismo tiempo.

Logan abandonó la posición, aseguró el rifle y descendió hacia la finca.

Encontró al equipo dentro del galpón. El lugar olía a humedad, combustible y productos químicos.

Había colchones alineados contra una pared, botellas vacías, ropa femenina amontonada dentro de cajas y una mesa cubierta con instrumentos médicos.

La furia le llegó como una oleada. Nadia podía haber estado allí. Podía haber sido una de aquellas mujeres obligadas a dormir en el suelo, esperando a que un hombre decidiera qué hacer con ella.

Piotr tenía inmovilizado al tercer ocupante. El hombre estaba de rodillas, con las manos sujetas a la espalda. Sangraba por la nariz y lanzaba insultos en español.

—Dice que no sabe nada —informó Piotr.

Ivan apareció desde una habitación lateral con un ordenador bajo el brazo.

—Intentaba quemarlo.

Louie reaccionó desde Providence.

—No lo enciendan ni toquen nada.

Piotr miró el aparato.

—¿Quieres que le hable con dulzura?

—Quiero que lo conectes al equipo que te di.

Mientras Piotr preparaba la conexión, Sergei bajó al sótano. Logan fue detrás. La mujer continuaba junto al colchón. Era delgada y tenía el cabello pegado a la frente por el sudor. Tiritaba a pesar del calor húmedo del lugar.

Sergei cortó las bridas y le habló en rumano. Ella no reaccionó.

—Está ardiendo —dijo después de tocarle la frente—. Necesita un médico.

—No es Elena —dijo Logan.

Sergei negó, muy serio, y gritó para que trajeran al equipo sanitario que estaba a la espera. Logan se agachó al otro lado. Había moretones en los brazos de la mujer y una herida infectada cerca del hombro. Sus labios se movieron, pero no emitieron sonido.

Sergei volvió a hablarle. Esta vez abrió los ojos y miró a los hombres. El pavor la llenó y trató de alejarse. Su espalda chocó contra la pared. Levantó los brazos para protegerse.

—Tranquila —dijo Sergei en rumano—. No vamos a hacerte daño.

Ella comenzó a negar. El pánico aceleró su respiración. Logan pensó en Nadia en el callejón. En sus brazos levantados. En la mirada desesperada con que había buscado una salida.

Retrocedió hasta dejar espacio. Piotr apareció en la escalera y se detuvo al verla. Toda la ligereza desapareció de su expresión. Se quitó la chaqueta y la dejó sobre el suelo, al alcance de la mujer, sin intentar acercársela. Sergei continuó hablando en voz baja.

—Elena —dijo finalmente.

La mujer dejó de moverse. Sergei se inclinó.

—¿Conoces a Elena Petrov?

Algo cambió en los ojos febriles. Respondió con varias palabras que Logan no comprendió. Sergei palideció.

—¿Qué dijo? —preguntó.

—Estaba aquí.

—¿Cuándo?