Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 16
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Capítulo 16

La luz de la cocina estaba encendida cuando Logan entró en la casa.

Casi amanecía. Se había duchado en la agencia, pero todavía llevaba el olor del barro y del metal adherido a la piel.

El cansancio le pesaba en los músculos y una presión sorda se había instalado detrás de sus ojos durante el vuelo de regreso.

Quería verla, pero lo sorprendió encontrarla sentada a la mesa con las manos alrededor de una taza. Llevaba la misma blusa de la mañana y se había recogido el cabello de cualquier manera. Había mechones sueltos alrededor de su rostro y sombras bajo sus ojos.

Se puso de pie apenas él cruzó la puerta.

—¡Estás bien!

El alivio en su expresión lo entibió.

—Estoy bien.

Ella se acercó y examinó su cara, su cuello, sus brazos. Logan dejó que lo hiciera. Permaneció quieto mientras sus ojos buscaban sangre, heridas o algo que él pudiera estar ocultándole.

—¿Y los otros?

—También.

La tensión de sus hombros disminuyó. Logan dejó las llaves sobre la encimera.

—Deberías estar durmiendo.

—No podía.

Él abrió la nevera, sacó una botella de agua y bebió la mitad sin apartar la atención de ella. Había visto la fotografía aparecer en las pantallas. Había escuchado el silencio posterior y la voz de Nadia cuando le pidió que encontrara al hombre que había preguntado por ella.

Durante el viaje de regreso había pensado demasiado en aquel mensaje.

¿ Sigue viva ? No era una pregunta nacida del interés humano.

El desconocido no había querido saber si Nadia estaba herida o si necesitaba ayuda.

Había preguntado por una mercancía que había pagado y no había recibido. Logan apretó la botella con ira.

—Louie trabajó con el teléfono toda la noche. El número de serie lo vincula con la empresa belga. Ivan cree que el papel puede llevarnos al siguiente punto de traslado.

Vino hasta donde estaba y ocupó la silla frente a la suya, pero la distancia de la mesa le pareció excesiva. Acabó moviéndose hacia el asiento contiguo.

—¿Cómo estás, de verdad?

—Ver todo ser diferente —dijo Nadia—. Yo pensar que estar preparada. Pero mirar los colchones y la ropa… Esperar que una puerta se abriera y que Elena estuviera detrás…

Su voz se quebró.

—Lo siento —susurró Logan, acercándose para abrazarla.

Nadia se recostó a él.

—Sergei estar muy mal, pobre. Llegar tarde, otra vez

—Sí.

—La fotografía… —dijo ella.

Logan se tensó.

—No deberías haber tenido que verla.

—Tener derecho a verla.

—Lo sé, no digo eso. Quisiera haberte evitado ese dolor.

La apretó levemente contra su pecho.

—No parecer yo —susurró.

Él pensaba lo mismo. La mujer de la imagen tenía los hombros encogidos, el rostro hinchado y la mirada perdida.

No se parecía a la Nadia que discutía con él ni a la que había disfrutaba de la comida o se asombraba de la tecnología.

Sin embargo, era ella. Y algún hijo de puta todavía preguntaba si estaba viva porque la quería, como a un objeto, para saciar sucias fantasías.

La furia que eso le provocaba le hizo doler las sienes.

—¿Crees que sabe que estoy aquí? —preguntó Nadia.

—No.

—Pero que estoy viva… Tal vez sí.

Eso no lo podía negar. Si la noticia de la muerte de Furtado le llegó, se preguntaría donde estaba su presa.

—Tal vez —admitió.

Ella rodeó la taza con más fuerza.

—Si descubrir que escapé, ir contra mi madre y mi hermana.

Logan había esperado esa pregunta.

—Ronan, otro de los operativos de Iván, coordinó vigilancia en Bulgaria. Dos contactos locales están controlando la casa de tu madre y los movimientos de Yavor.

Nadia se volvió por completo hacia él, la boca abierta y los ojos grandes.

—¿Desde cuándo?

—Desde esta tarde.

—No me dijeron. No…

—No había nada que decir todavía. Lo exigí cuando vi esa imagen y el texto.

—Mi madre no saber. ¡Deber contar que estoy viva! Ella triste, enloquecida…

—Es mejor que no sepa hasta que podamos establecer un contacto seguro. Si cambia su rutina o se muestra nerviosa, tu tío puede advertirlo.

Nadia dejó escapar el aire.

—Querer hablar con ellas.

—Lo sé.

—Querer decirles que estoy viva. Mi hermana pensar que abandoné. Mi madre…

La voz volvió a fallarle. Logan deslizó la silla hasta que sus rodillas quedaron cerca de las de ella.

—Vamos a encontrar una forma segura.

—¿Cuándo?

—Cuando Louie y Ronan confirmen que nadie vigila sus teléfonos. No voy a prometerte una fecha que quizá no pueda cumplir, pero no dejaremos a tu familia desprotegida.

Nadia lo miró con los ojos brillantes.

—Tú decir que venir conmigo.

—Sí.

—¿A Bulgaria?

—Adonde sea necesario.

—No saber cuánto tiempo tomar.

—No importa.

Ella bajó la vista hacia sus manos.

—Importar para ti. Tener trabajo. Tener vida.

Logan se recostó en la silla.

—Mi trabajo consiste en mantener a salvo a personas que están en peligro.

—Yo no querer ser trabajo —musitó ella, bajando su cabeza y Logan sintió que la frase le golpeaba en el centro del pecho, justo donde la respiración de ella lo calentaba.

—No lo eres —respondió, acariciando su cabello, posando su mentón sobre la cabeza sin presionar, haciendo el cerco de sus manos más estrecho para contenerla.

Mía. La mujer que quiero proteger, en la que no puedo dejar de pensar…

—Pero hablar como si yo… misión.

—No soy bueno hablando, y solo lo hago bien cuando describo mis misiones.

—¿Hay algo que querer decir?

Mucho . Lo que me ocurre cuando entras en una habitación.

Lo que sentí al alejarme hoy sabiendo que te dejaba atrás.

Cómo estuve a punto de abandonar mi posición cuando vi tu fotografía en aquella pantalla, aunque estabas a cientos de kilómetros y no había nada de lo que pudiera salvarte en ese momento.

—Ser solitario. Hablar poco.

—Lo soy.

—Pero sentir … Querer pensar que yo alegrarte.

Joder. Lo alegraba, lo conmovía, lo excitaba. Lo hacía sentir.

—Me alegras—dijo, y con eso no expresaba ni una milésima parte de lo que le provocaba.

—¿Y cuando esto terminar?

—No me iré hasta que estés a salvo.

—Eso tampoco responder.

—Nadia…

—No saber qué hacer cuando terminar. Antes pensar que solo querer Varna. Querer ver a madre, a hermana. Pero Bulgaria no gustar ya. No oportunidades.

Logan guardó silencio.

—Ahora conoces otra vida—dijo finalmente.

—Sí —Ella levantó los ojos—. Y conocer a ti.

La cocina pareció quedar demasiado pequeña.

—No deberías tomar decisiones pensando en mí.

—¿No?

La decepción curvó su labio inferior en un pequeño puchero y Logan dirigió allí su vista. ¡Era tan idiota que se maldijera por decepcionarla! En especial porque quería que tomara decisiones con él en la mente.

—Atravesaste algo brutal. Todavía estás intentando descubrir qué quieres.

—Yo fuerte. ¿Qué querer tú?

—No importa lo que yo quiera.

Nadia frunció el ceño. Logan soltó una risa sin humor.

—Importar a mí.

Logan la miró. No había coquetería en su expresión. Ella afirmaba, con la franqueza que utilizaba para las cosas importantes. El aire se quedó inmóvil entre los dos.

Logan sintió el latir lento de su corazón. Había imaginado besarla demasiadas veces. En el desierto. En el avión. En aquella cocina. La noche anterior, mientras una gota de mantequilla desaparecía entre sus labios.

Siempre se había detenido por la misma razón. Ella confiaba en él. No quería aprovechar esa confianza ni convertir la necesidad de seguridad en algo que Nadia pudiera confundir con deseo. Pero costaba cada vez más, y estaba agotado y preocupado. Débil.

—No me mires así —murmuró.

—¿Cómo?

—Como si supieras lo que estás haciendo.

Ella humedeció los labios. El gesto fue pequeño. Suficiente para que toda la disciplina de Logan se tensara hasta casi romperse.

—Yo saber.

—Nadia… Siento… Mucho. Pero no voy a avanzar. La posibilidad de que lo permitas porque crees que me debes …

Nadia se levantó. Durante un instante, Logan creyó que se marcharía. En cambio, ella se situó frente a él.

—No sentir que deber nada.

Le puso una mano sobre el hombro. Logan podría haberla detenido. No lo hizo.

—Nadia… —advirtió.

—Tu me proteger. Esta tu casa y depender de ti, pero ... Saber diferencia entre gratitud y querer.

Los dedos de ella ascendieron lentamente hasta su cuello.

—¿Me quieres? —preguntó él.

—Sí.

La respuesta fue tan inmediata que le arrebató el aire. Logan le sujetó la muñeca con suavidad. El pulso de Nadia golpeaba rápido bajo sus dedos.

—Temo que quiero… Demasiado…

—Entonces decir.

Él se puso de pie. Nadia tuvo que levantar la cabeza. Quedó atrapada entre su cuerpo y la mesa, aunque Logan no la tocaba más que en la muñeca.

—Quiero besarte desde hace semanas —confesó—. Quiero hacerlo cada vez que me miras. Cada vez que confías en mí. Cada vez que pronuncias mi nombre como si significara algo distinto en tu boca.

Los labios de Nadia se separaron.

—Ser distinto.

La resistencia de Logan se quebró. Le sostuvo el rostro con ambas manos y descendió despacio, dándole tiempo para apartarse. Ella no lo hizo, y sí posó las manos en sus hombros y cerró los ojos.

El primer contacto fue suave. Apenas sus labios sobre los de ella en una caricia breve que Logan experimentó en todo el cuerpo.

Nadia soltó un pequeño sonido y se acercó más.

Aquello echó por tierra la suavidad. Logan inclinó la cabeza y volvió a besarla y esta vez abrió su boca con la suya y Nadia la recibió sin vacilar.

Le rodeó el cuello, pegándose contra él, y Logan deslizó una mano hasta su cintura.

Era más pequeña de lo que había imaginado. Más cálida.

La levantó apenas para acomodarla contra su cuerpo. Nadia se aferró a él y el beso se volvió profundo, húmedo, desordenado. Logan saboreó lo dulce de su boca. Sintió los dedos hundirse en su cabello y la respiración agitada mezclarse con la suya.

Había intentado fantasear o prepararse para este momento.

Había sido un gilipollas. Nada podía haberlo alistado para la forma en que Nadia se entregaba al beso, sin timidez, como si también llevara semanas conteniéndose.

La estrechó contra su pecho y su mano descendió por la curva de su espalda y se detuvo antes de alcanzar sus glúteos.

Todavía conservaba un resto de juicio. Muy poco.

Nadia se separó apenas para respirar. Sus labios estaban húmedos y enrojecidos.

—No parar —susurró.

Puta hostia. No había vuelta atrás. Logan volvió a besarla.

Ella respondió con más fuerza y él tuvo que sujetarla de la cintura cuando sus piernas parecieron ceder.

Nadia rio contra su boca, un sonido suave y sorprendido que terminó de destruirlo.

La sentó sobre el borde de la mesa y se colocó entre sus rodillas, sin dejar de besarla.

Ella lo rodeó con las piernas. El contacto hizo que todo su cuerpo se endureciera.

Logan apoyó una mano en la mesa. Tenía que detenerse. No podía hacer esto... ¿O sí? Hundió el rostro en el cuello de Nadia y respiró contra su piel. Ella le acarició la nuca, también agitada.

—Lógan.

Su nombre sonó como una caricia. Él levantó la cabeza.

—Esto no puede seguir esta noche.

El deseo en los ojos de Nadia se mezcló con desconcierto.

—¿Por qué?

—Porque estoy a un segundo de olvidar todas las razones por las que debería ir despacio.

—Yo no querer despacio.

Logan cerró los ojos un instante.

—No digas eso.

—¿Por qué?

—Porque voy a creerte y no podré…

Ella le acarició la mejilla.

—Bien.

Logan cubrió su mano con la suya.

—Necesito saber que mañana seguirás queriendo. Y pasado mañana. Necesito saber que no es el miedo de esta noche ni la fotografía ni el alivio porque regresé.

Nadia guardó silencio y entonces lo miró y asintió. Él la ayudó a bajar de la mesa, aunque separarse de su cuerpo le exigió más fuerza de voluntad que todo el operativo.

—No te estoy rechazando —dijo.

Ella bajó los ojos, turbada.

—Parecer eso.

Logan le levantó el mentón.

—Te estoy diciendo que, cuando vuelva a besarte, no pienso detenerme. Pero va a ser cuando estemos listos.

El rubor ascendió por el cuello de Nadia. Ella lo observó durante unos segundos. Después se puso de puntillas y depositó un beso breve en su boca.

—Mañana yo decir otra vez.

Logan la sostuvo por la cintura.

—¿Qué cosa?

—Que no parar…

Esta vez fue él quien dejó de respirar. Nadia se apartó antes de que pudiera responder. Recogió la taza y caminó hacia el pasillo. En la entrada se volvió.

—No presionar… Pero yo no víctima… No más.

Logan permaneció solo en la cocina, excitado, agotado y con el corazón golpeándole como si acabara de correr varios kilómetros.

Había entrado en la casa pensando únicamente en comprobar que Nadia estuviera a salvo.

El que no estaba a salvo era él. Eso no debía sonar bien, pero…

De un modo raro, lo hacía. ¿Para qué salvarse de la felicidad?