Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 14
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Capítulo 14

El todoterreno negro cruzó la verja del estacionamiento subterráneo de la agencia a las cuatro y treinta y siete de la tarde del día siguiente. Logan observó su avance desde la sala de operaciones.

Tres siluetas se adivinaban detrás de los cristales tintados.

Habían salido de Bruselas la noche anterior, aterrizado en un aeródromo privado y pasado por uno de los contactos de Nathan para recoger armas y equipo, como habían acordado con Scott.

Habían pasado menos de veinticuatro horas desde la llamada.

Una respuesta rápida, aunque Logan dudaba de que Sergei Petrov la considerara suficiente.

No bajaron de inmediato, sin embargo. Logan se hizo atrás.

—Esos jodidos han de estar contando las cámaras —dijo Nathan.

Louie observaba las imágenes desde su puesto.

—Já, las siete visibles. Quiero ver cuánto tardan en encontrar las otras cinco.

La puerta del conductor se abrió y el primero en bajar fue Ivan Kovalenko.

Logan lo conocía de alguna misión del pasado, pero esta mañana había leído su expediente.

Ucraniano, treinta y seis años, responsable táctico y jefe informal del equipo europeo.

Especialista en convertir una operación imposible en otra apenas suicida.

Los informes hablaban de inteligencia, capacidad analítica y una irritante tendencia a preparar alternativas para sus propias alternativas.

Era alto, tanto como Logan, con el cabello rubio oscuro cortado al ras y un abrigo negro que no conseguía disimular sus hombros.

Antes de cerrar la puerta contempló el edificio, los vehículos, la verja y los límites de la propiedad.

No movió la cabeza más de lo necesario. Sus ojos hicieron el trabajo.

La puerta del acompañante se abrió y reconoció a Sergei Petrov, que bajó y miró directamente hacia una de las cámaras ocultas. Louie hizo un sonido de contrariedad.

—Doce segundos.

—Estás perdiendo facultades —comentó Elijah.

—La instalaste tú.

Logan observaba a Sergei. El búlgaro era dos o tres centímetros más bajo y delgado que Ivan, aunque nadie habría utilizado esa última palabra al tenerlo delante. Torso amplio, cuerpo fibroso, cabello negro y una expresión cerrada. No se molestó en examinar la propiedad.

Su mirada fue hacia la puerta. Quería entrar. Quería llegar hasta Nadia y arrancarle cualquier detalle que pudiera conducirlo a Elena. Logan lo comprendía. Precisamente por eso no pensaba permitir que se acercara a ella sin él presente.

El tercer hombre descendió por el lado del acompañante y el todoterreno pareció elevarse varios centímetros con la pérdida de su peso.

Piotr Wróbel era enorme. Cerca de dos metros de músculo, manos como palas y una nariz que había sido rota más de una vez.

Se acomodó la chaqueta, recorrió el perímetro y señaló con dos dedos la cámara instalada dentro de una lámpara.

—Mierda —rezongó Louie.

Elijah sonrió.

—El grandote encontró tu favorita.

Darius se colocó junto a Logan frente al cristal. Los recién llegados no caminaban juntos, pero se movían como una unidad. Ivan adelante, Sergei tomando el flanco y Piotr observando lo que dejaban atrás. No necesitaban mirarse ni darse instrucciones.

Eran distintos a Pipen. Tenían menos infraestructura, menos hombres y ninguna sede operativa real fuera de Bruselas.

Podían proteger a una familia durante una gala diplomática y, veinticuatro horas después, cruzar una frontera para extraer civiles de una zona en guerra.

No respetaban procedimientos que estorbaran el objetivo y solo Ivan parecía capaz de decidir dónde terminaba el trabajo y empezaba la carnicería.

—Jodidos, actúan como si tomaran propiedad —dijo Elijah.

—No —respondió Nathan—. Ellos no están en su casa. Scott fue muy claro. Esto es un enorme favor.

Logan miró hacia el corredor que conducía a su despacho. Nadia estaba allí con Isabel. Había estado mirando más fotografías más temprano, determinada a encontrar los rostros de sus otras compañeras de infortunio. Estaba nerviosa a la espera de la llegada de estos hombres.

Louie les ofreció el espectáculo completo de la entrada y recorrida de los europeos.

Ivan cruzó el control de seguridad sin protestar.

Dejó una pistola y dos cargadores dentro del casillero que el guardia le indicó.

Sergei entregó un arma corta y un cuchillo plano que llevaba sujeto al antebrazo.

Piotr comenzó a vaciarse los múltiples bolsillos operativos.

Una pistola compacta. Dos cargadores. Una navaja.

Un cuchillo recto. Un rollo de cable y una herramienta metálica cuya utilidad Logan no reconoció.

Elijah contempló la colección.

—Joder, solo parte de eso es nuestro. ¿Cómo cojones pasaron eso por la seguridad aeroportuaria?

—No hubo necesidad. Tienen contactos y yo también. Vamos a la sala —dijo Pipen desde la puerta.

Caminaron tras Scott y se ubicaron justo cuando el guardia conducía a los recién llegados por el pasillo.

—Bienvenidos.

—Gracias —el inglés de Iván sonó cáustico, pero hubo un movimiento de cabeza de saludo.

Los otros gruñeron y pasaron, sentándose en los lugares libres al final de la mesa larga. Las miradas se cruzaban entre los dos equipos. Todos eran hombres curtidos, conscientes de lo que los ponía juntos, y ninguno dado a entretenimientos vanos.

No eran amigos, pero se conocían. Habían compartido información y recursos en alguna ocasión, aunque ninguno confiaba tanto en el otro como para prescindir de las verificaciones.

—Quiero ver a la mujer. Necesito… —Sergei no perdió el tiempo.

—Lo sabemos —interrumpió Scott—. Ella aceptó hablar contigo, pero primero vamos a hacerlo nosotros. Con calma.

Su mirada no bajó un segundo, buscando aquietr la más pasional de Sergei, que pareció descontrolarse, pero la mano levantada de Ivan lo contuvo.

—Ya hemos perdido siete semanas —gruñó.

—Sentarte durante veinte minutos no convertirá esas siete semanas en ocho.

Sergei sopló y sus ojos oscuros se clavaron en Logan.

—Tú la sacaste de Nogales.

—Sí.

—Y mataste al que la tenía. Furtado.

—Furtado está muerto —confirmó Scott—. Lo seguíamos porque había raptado a un miembro de nuestra familia. Logan lo rastreó a Nogales. Cuando lo mató, arrastraba a Nadia con él.

Los dedos de Sergei se cerraron.

—Él sabía dónde estaba Elena.

—Probablemente.

Los ojos se clavaron en Logan con hostilidad.

—Pero no pudiste preguntárselo.

—No.

—¿Intentaste tomarlo vivo?

—No. Él estaba condenado desde el instante en que raptó a mi esposa —dijo Darius con voz muy grave.

Por un instante hubo un silencio duro.

—Entonces eliminaron la mejor pista que teníamos.

Logan sintió que la furia se encendía, rápida y violenta.

—Habrías hecho lo mismo. Yo estaba allí. Tú no.

Sergei se incorporó y golpeó sus nudillos contra la mesa.

—Mi sobrina…

—Basta

Las voces de Scott Pipen y de Ivan se superpusieron. Piotr soltó un bufido.

—¿Cruzaron el océano para buscar a Elena, o para averiguar cuál de ustedes la tiene más grande? —dijo Elijah,  sin cortarse—. Ninguno habría hecho algo diferente, el diario del lunes arroja datos que no teníamos. Y no resuelve nada llorar sobre la leche derramada.

—Tú sabes mucho de leche —dijo Piotr, despectivo, y la audible toma de aire de Louie puso a todos los operativos Pipen en tensión.

Elijah rio con frialdad, sus ojos clavados en el grandulón con una calma pasmosa, pero así era él. Desenfadado cuando en paz, un témpano cuando furioso.

—No sabía que, además de corto de mollera, eras un homofóbico hijo de perra, pero lo entiendo. Compensar una polla pequeña con todo ese tamaño innecesario ha de ser complicado.

Piotr sopló, pero su rostro perdió severidad y levantó sus manos en señal de disculpa.

—No quise… Me disculpo, sabes que te respeto. Estamos…

Ivan tomó el control de la conversación con una mirada severa a sus compañeros.

—Sergei, Piotr.

El búlgaro se sentó y el polaco resopló, sin hablar más.

Scott ocupó la cabecera.

—Empecemos. Louie, pantalla.

Logan miró al hacker, que estaba muy serio y en tensión, sin mirar a nadie. Elijah se paró e hizo un gesto a Darius para que le cediera el asiento a su lado, y todos observaron la declaración muda de respaldo. Louie siguió sin mirar a nadie, claramente afectado, mas eso no le quitó eficiencia.

Si estos bastardos se comportan así con Nadia… Si se atreven a intimidarla… Logan encajó la mandíbula y sus ojos recorrieron a los tres con fastidio indisimulable, pero luego se concentró en la pantalla, donde se proyectaron los mensajes recuperados de Furtado.

—No tenemos el teléfono físico —explicó Nathan—. Louie clonó sus transmisiones mientras lo seguíamos. Terminó de romper el último cifrado esta mañana.

Ivan asintió.

—Ese Furtado era el contacto de un cártel. La cagó con ellos, perdió mujeres, quería hacerse de dinero.

—Hay una empresa que tenemos en la mira, suponíamos que por ella se contactaba a mujeres de Europa Oriental como mi sobrina.

Horizont Europa. Selecciona a las mujeres, reúne la información y entrega la documentación al siguiente eslabón —Ivan abrió su maletín y extrajo una carpeta—.

Llevamos varias semanas siguiéndolos. Una compañía rumana traslada a las mujeres hasta el puerto.

Una sociedad registrada en Bélgica paga el transporte internacional y después aparece un receptor, pero hasta ahí teníamos.

Suponíamos que las redirigían a Europa o a Medio Oriente.

—Perdimos el rastro en el embarque —agregó Sergei—. El informante que iba a proporcionarnos el nombre del receptor desapareció.

Darius levantó la vista.

—¿Desapareció o lo mataron?

—Si lo supiéramos, no diríamos que desapareció —respondió Ivan.

Louie habló entonces, sin levantar el rostro del teclado. Elijah estaba muy serio, enfocado en él. Nathan miró a Logan e hizo un gesto de inquietud. El hacker era muy querido, eficiente, amable, y todos veían lo incómodo que estaba.

—¿Tienen el identificador de la carga?