Capítulo 13 #2
—El mar Negro ser diferente. No todo oscuro. En verano haber mucha gente, música, turistas. A mí gustar invierno. La playa estar vacía y el viento parece llevar todo. Mi hermana y yo caminar por el Jardín del Mar. A veces madre venir cuando estar bien.
Su uso del pasado hizo que Logan tensara la mandíbula.
—Volverás a caminar con ellas.
Nadia bajó la vista.
—Da.
—¿Qué más?
Ella pensó mientras terminaba otro bocado.
—Una panadería cerca de casa. Una mujer hacer banitsa ricas. Cuando ser pequeñas, mi madre comprar una y decir que ya desayunar, para que mi hermana y yo comer más.
El recuerdo produjo una sonrisa triste.
—No tener mucho. Contar todo —continuó—. Pan, patatas, dinero para autobús. Si madre necesitar medicina, yo caminar hasta universidad. Si mi hermana necesitar zapatos, esperar por mis cosas. No ser triste. Teníamos casa. Tener las tres. Pero todo pequeño.
—Pero estudiaste. Eso ayudó.
Asintió.
—Sí. Trabajo ser poco, no formal. Manuales, cartas, menús de restaurantes. Una vez traducir instrucciones para una máquina y no entender ni en búlgaro qué hacer. Servir pagar electricidad.
—¿Funcionó la máquina?
—Nunca preguntar.
Logan rio y Nadia lo acompañó.
—También traducir cartas —continuó—. Algunas de amor.
—¿Eran buenas?
—No. Ser traductora. Algunas necesitar milagros.
Logan rio. Hacía mucho tiempo que no lo hacía tanto durante una cena. Probablemente años.
—Todos trabajos freelance —explicó ella—. Sin contactos, difícil conseguir otra cosa. Yo pensar que el empleo de Yavor podía cambiar eso. Salario fijo. Viajar. Ayudar a madre.
La alegría se apagó. Logan extendió la mano por encima de la mesa y cubrió la suya. Nadia observó el contacto, pero no se apartó.
—No fue tu culpa.
—Saber aquí —se tocó la sien— no consigue saber aquí.
Llevó la mano al pecho. Logan entrelazó los dedos con los suyos.
—Tomará tiempo. Pero vas a estar bien.
La camarera llegó para retirar los platos y regresó con una porción de pastel de manzana tibio acompañada de helado de vainilla. Nadia probó un bocado y cerró los ojos. El pequeño sonido de placer que salió de su garganta puso a prueba cada intención honorable de Logan.
—¿Tan rico es?
Nadia abrió los ojos.
—Perfecto — Nadia bajó la cuchara y comió dos pedazos más. Continuó—. Isabel y Bianca. mostrar lugares. Ciudades. Trabajos. Isabel decir que una persona empezar otra vez muchas veces.
—Tiene razón.
—Creer que mi vida ser Varna. Mi madre, mi hermana, universidad, traducciones pequeñas. No conocer otras cosas, como ahora. No decir que esto…
Hizo un gesto, buscando las palabras. Él asintió, alentándola a seguir.
—Lo malo no ser bueno por eso. Pero ver que el mundo es más grande. En televisión, internet, hablar con ellas. Mi mundo pequeño porque yo creer que no poder pedir más.
Logan la observó.
—¿Qué quieres pedir ahora?
Nadia tardó en responder.
—Primero ver a mi familia. Decir que soy… estoy viva. Poner a ellas a salvo. Encontrar a Elena y las otras.
—Eso es lo primero y se hará.
A veces, en las noches, Logan temía no estar a la altura de las promesas que sus palabras contenían. Claro que su disposición a ir a la guerra por ella estaba intacta.
—Después… Tal vez… No saber si querer volver para quedarme. En Bulgaria no tener oportunidades reales. Pero tampoco saber si tengo espacio aquí.
—No tienes que decidirlo hoy. No intentes resolver toda tu vida en una noche.
—Gustar tener plan.
—A Nathan también. Puedes formar un club.
Ella sonrió chiquito.
—¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Qué querer cuando esto terminar?
Logan se recostó contra el asiento.
—Que estés a salvo.
—No qué querer para mí. Qué querer tú.
Solía estar seguro. Ya no.
—No lo sé.
—Deber querer algo.
—Me gusta mi vida.
—¿Solo?
—No estoy solo.
—Vivir solo.
—No es lo mismo.
Nadia inclinó la cabeza.
—¿Qué hacer cuando no trabajar
—Camino. Voy al bosque, me interno en la naturaleza. Pesco algunas veces.
—¿Con los otros?
—A veces. Prefiero ir solo.
—¿Qué más?
Logan pensó.
—Leo. Entreno. Arreglo cosas en la casa.
—¿Eso ya todo?
—Es suficiente.
Ella lo observó con una expresión compasiva que empezó a irritarlo.
—Ser triste.
—No lo es.
—Casa grande, bosque, libros, pescado. Solo.
—Pescar —corrigió y sonrió—. Me gusta el silencio.
—A mí también. Pero no siempre.
—No.
—Ahora tu casa tener menos silencio.
—Mucho menos.
Nadia bajó los ojos.
—¿Eso molestar?
La pregunta fue ligera, pero Logan percibió el temor escondido. Aquella casa no le pertenecía. Su seguridad dependía todavía de que él quisiera tenerla allí. Se inclinó sobre la mesa.
—Tu presencia ha alegrado la casa.
Nadia levantó la mirada. Sus ojos brillaban.
—¿Alegrado?
—Sí.
Ella sonrió, pero sus ojos se humedecieron. Logan acarició con el pulgar el dorso de su mano.
—No sé cuánto tardará esto —dijo—. No sé dónde están Elena y las demás ni cuándo podremos mover a tu familia. Pero no voy a dejarte sola en medio del proceso.
Nadia permaneció inmóvil.
—¿Qué decir?
—Que estaré contigo hasta que estés a salvo. El tiempo que sea necesario. Aquí, en Bulgaria o donde decidas ir.
Las palabras tenían el peso de una promesa. Otra más, pero sabía que las cumpliría incluso si ella elegía regresar a Varna y no volver a verlo. El pecho de Nadia se elevó con una inspiración temblorosa.
—Ningún hombre hacer tanto por mí.
Logan endureció la expresión.
—Ninguno estuvo a tu altura, entonces.
Ella abrió ligeramente los labios y algo cambió en el aire. El murmullo del restaurante se alejó y Logan solo pudo verla. Sus ojos verdes, las mejillas sonrojadas y aquella boca que llevaba toda la noche esforzándose por ignorar.
Nadia apretó sus dedos.
—Tú pensar cosas buenas de mí.
—Pienso la verdad.
—No conocer tanto.
—Quiero hacerlo.
La confesión escapó antes de que pudiera contenerla. Nadia no respondió. Su pulgar se movió sobre la mano de Logan, una caricia leve que pudo haber sido accidental. No lo fue. Él lo supo por la forma en que ella bajó la mirada y sonrió.
La camarera apareció con la cuenta y rompió el momento. Logan sintió una irritación absurda, aunque probablemente era lo mejor. Pagó y ayudó a Nadia a ponerse de pie.
Al salir, el aire nocturno los recibió frío y húmedo. Nadia se estremeció. Logan le colocó su chaqueta sobre los hombros antes de que pudiera protestar. Caminaron juntos hacia el vehículo. Antes de cerrar la puerta, Nadia lo tomó de la mano.
—Gracias por traer.
—Solo fue una cena.
Nadia soltó su mano despacio sin quitarle la mirada.
Era como una caricia, llena de emociones que Logan no quería malinterpretar.
Cerró la puerta y rodeó el vehículo. Durante el trayecto de regreso hablaron poco.
No era un silencio incómodo. Nadia observaba las luces de la ciudad y Logan sentía su presencia junto a él, cálida, cercana y cada vez más difícil de imaginar fuera de su vida.
Al llegar a la casa y ya al pie de la escalera, se miraron.
—Buenas noches, Lógan.
—Buenas noches.
Nadia subió dos escalones y se volvió.
—Gustar saber de ti.
—No te dije demasiado.
—Más que antes.
Subió, dejando detrás el suave sonido de sus pasos.
Logan permaneció en el salón, con la chaqueta todavía entre las manos.
Conservaba su calor, un rastro leve de su perfume y la sensación de que no podía protegerse de aquella mujer.
Una cena sencilla, unas pocas preguntas y el roce de sus dedos habían conseguido alterar por completo su tranquilidad.