Capítulo 12 #2
Ella sintió sorpresa. Él no necesitaba pedirle permiso. Podía tomar sus palabras, convertirlas en un informe y enviarlas a cualquier parte. No obstante, tenía la delicadeza de advertirle y pedir su autorización. Asintió.
—Da.
Scott buscó un contacto en su teléfono.
—Louie, voy a activar el altavoz. Graba la conversación para poder revisarla luego en calma.
—Si, Scott. Estoy listo.
Se hizo silencio mientras escuchaban el tono. Respondieron al tercero.
—Esta sí que es una sorpresa. Scott Pipen. ¿A qué debo el llamado?
La voz era profunda y hablaba en inglés con un acento que Nadia reconoció de inmediato. Era ucraniano.
—Ivan, es bueno oírte. ¿Cómo has estado?
Hubo una pausa.
—Igual. ¿Qué necesitas?
—Uno de mis agentes, Logan, salvó a una mujer en Nogales. Está bajo nuestra protección. Ella acaba de reconocer a Elena Petrov como una de las que viajaron con ella en un contenedor hasta el golfo de México.
Al otro lado dejó de oírse cualquier sonido. Nadia aferró la mano de Logan, la garganta cerrada.
—¿Están seguros? —preguntó el ucraniano..
La voz ya no parecía tan fría.
—Lo estamos. Reconoció su rostro y recordó la marca de nacimiento que aparece en el archivo de la denuncia.
—Es la sobrina de Sergei.
—Por ello te llamo.
—Pipen… La chica, Elena… ¿Está viva?
Nadia se encogió sobre sí misma y solo el brazo de Logan sosteniéndola por la cintura impidió que se derrumbara. El corazón le bombeaba a velocidad, los escenarios de su cabeza eran dramáticos.
—La mujer viajó con ella y venían débiles, pero en una pieza. Pero las separaron al llegar a tierra.
Algo cayó al otro lado de la comunicación. Después se escucharon voces lejanas, una pregunta en otro idioma y pasos.
—Es Pipen. Dice que sabe de Elena. Una mujer que rescataron la vio.
—Necesito hablar con ella.
El diálogo les llegó bajo, pero claro. El que se agregó a la conversación debía ser el tío de Elena. Su voz era más urgente, menos calmada que la del llamado Ivan.
—Sergei, déjame manejarlo —protestó el ucraniano, sin calor.
—Pipen, soy Sergei. Dime qué saben.
—Elena fue traída en un contenedor hasta algún puerto en Mexico. La mujer que la vio es búlgara. Está bajo nuestra protección. La encontramos en Nogales.
—Quiero hablar con ella —demandó.
Nadia se pegó más a Logan, nerviosa. La voz sonaba con comando.
—Scott ha dicho lo que sabemos —dijo Logan—. Nadia no va a hablar con alguien fuera de sí, ella está agotada, agobiada de malos recuerdos y ha mirado fotos durante horas.
—¿Quién habla? —dijo el ucraniano.
—Logan.
—¿Tú la rescataste?
—Sí.
—No puedes impedir que…
—Puedo.
—Bastardo —dijo en búlgaro, furioso.
Pero debajo de la furia había algo que Nadia reconocía demasiado bien. Desesperación. Se escuchó otra voz al fondo, firme y cortante. Sergei respondió algo y regresó a la llamada.
—Salimos hoy mismo para ahí. La estuvimos buscando en la región, sin pausa.
Scott tomó nuevamente el control.
—Les ayudaremos como podamos. Estamos trabajando en el caso. Queremos ayudar a Nadia a volver a su hogar, pero sin destruir al grupo que la raptó, junto a Elena…
—Sería volver a ponerla en su radar. Saldremos de Bruselas esta noche.
—Louie les enviará las coordenadas y …
—Lo resolveremos a nuestro modo—dijo el ucraniano, y la comunicación terminó.
Durante varios segundos nadie dijo nada. Elijah exhaló.
—Bueno. Mister simpatía estará aquí en horas. ¡Qué felicidad!
Las voces de los hombres comenzaron a cruzarse. Nathan pedía los expedientes de los europeos. Scott daba instrucciones para autorizar el ingreso del equipo de Ivan. Elijah hablaba por teléfono.
Nadia continuó sentada, mirando a Elena. Una hora antes, su amiga era apenas un recuerdo dentro de un contenedor oscuro. Ahora tenía un rostro limpio en una pantalla, una denuncia y un tío que cruzaría el océano para encontrarla.
No garantizaba que siguiera viva. No significaba que supieran dónde estaba. Pero ya no era Nadia la única que pronunciaba su nombre. Logan apretó sus dedos con suavidad. Lo miró y se suavizó al percibir el cuidado con que la rodeaba.
—Se acabó por hoy.
Ella lo miró.
—Faltan muchas fotografías.
—Las veremos después. Reconocer a Elena puso en movimiento un aparato mayor al que pensábamos.
La protesta apareció en sus labios, pero el cansancio era demasiado grande para sostenerla. Le dolía la cabeza. Sentía los ojos secos y ardientes.
—¿De verdad vendrán?
—Sí.
—¿Ellos pueden encontrarla?
Logan observó la fotografía de Elena.
—Son buenos.
—¿Como ustedes?
Una comisura de su boca se elevó apenas.
—De una manera diferente.
Nadia se inclinó hacia su espacio. Apoyó la cabeza contra su hombro durante un instante, necesitando sentir su solidez. Logan quedó inmóvil. Después soltó su mano y le rodeó los hombros con el brazo, acercándola.
—La vamos a encontrar. Y podrás volver a tu familia —dijo.
No podía saberlo. Era otra promesa imposible, pronunciada con aquella seguridad que conseguía que Nadia quisiera creerle.
Cerró los ojos. El peso del día se hacía sentir.
Solo quería estar en el sillón de Logan, recostada y abrigada, sintiendo a Logan ir y venir, o a su lado.
Permitiéndole ser en el silencio o siendo su baluarte.
La convicción no la inquietó en este momento. Ya llegaría el momento de ver qué hacer con estos sentimientos que crecían poquito a poquito.