Capítulo 11
Nadia se sentó en la silla que Logan separó para ella y se acomodó sin mirar todavía al mar de ojos que sentía fijos en ella. Restregó las manos por el jean y carraspeó levemente para aclarar la garganta. Los nervios apretaban sus escápulas y su rostro estaba serio.
Levantó la vista y encontró la mirada de Logan, que le hizo un leve gesto de confianza.
Parpadeó y giró su cabeza hacia la cabecera.
El hombre alto y muy rubio de mirada serena, pero intensa, la observaba.
El dueño de la agencia, el jefe de Logan, y del que dependía si recibía ayuda o no. Se reacomodó en el asiento.
—Nadia, que no te abrume toda la testosterona de la sala—dijo Louie, sonriente, y ella intentó devolverle el gesto, pero seguro se pareció más a una mueca.
—Bienvenida, Nadia —saludó Scott, que se hizo adelante en su silla, poniendo sus dos brazos sobre la mesa—. Nos alegra verte aquí. Logan nos dice que estás más tranquila y recuperada, así que es buen momento para evaluar tu situación.
Ella tragó saliva, pero asintió. ¿Qué pensaba él? ¿Era buen momento para desprenderse de ella con diplomacia? ¿Para endosarle la búlgara complicada a alguna dependencia del Estado? Oh, Dios, si la llevaban a alguno de esos centros en los que metían a los indocumentados…
Apretó sus manos y aclaró otra vez su voz.
—Gracias por recibir a mí.
—Oh, querida, no seas tan formal. Scottie parece muy serio y compuesto, pero es un oso de peluche grandote —intervino Elijah con una sonrisa extensa.
Scott suspiró y meneó su cabeza, pero pareció más abierto, y Nadia agradeció la intervención, hecha en su beneficio. Sonrió chiquito a Elijah para agradecer el gesto.
—No vamos a andar con rodeos, eso no beneficia a nadie —agregó Pipen—. Sabemos de ti por Logan y por lo que Louie ha podido encontrar en bases de datos búlgaras. Hemos avanzado en acceso a información sobre la red que te secuestró.
Nadia no entendió todas las palabras, pero sí el mensaje en ellas. Se adelantó, sus manos crispadas ante la mención de los criminales que le quitaron su vida.
—¿Encontrar? ¿Saber quiénes?
—No exactamente.
Ella pareció desinflarse, desanimada. Si no sabían quienes eran sus captores, implicaba que estaban libres, probablemente raptando a otras mujeres, sometiendo a inocentes a los horrores de la esclavitud sexual de la que ella escapó de milagro.
Estaban sin castigo y siendo amenaza para ella, si retornaba, y para su familia. Su ansiedad aumentó y sintió su corazón acelerarse. Restregó sus palmas con fuerza. La mano de Logan vino a estas y las rodeó con gentileza, quitándola de su pánico. Lo miró, desarmada.
—Tranquila. Estás a salvo. Esto recién empieza.
—Esa red tiene su proceder aceitado —El que habló era el sentado junto al jefe—. Debemos averiguar más para poder proceder.
Proceder . ¿Quería decir eso que lo harían? ¿Que la ayudarían?
—No tener dinero, pero… Poder… Trabajar con traducciones… O limpiar casas, esta agencia… No tener miedo al trabajo duro —dijo.
Sus palabras sonaron mitad en inglés, mal conjugadas, alguna que otra en ruso, pero fue obvio que la interpretaron, porque hubo expresiones de confusión e incluso algunos negaron. Cuando vio que el jefe afirmaba sus puños en la mesa se alarmó. Había dicho algo incorrecto, ofendió tal vez…
—Nadia, eso no será necesario —dijo Logan.
—¡Por supuesto que no! —dijo el jefe con voz grave y una expresión benévola—.
Vamos a ayudarte de manera incondicional.
Es de humanidad y también lo que nos nace.
Solo quiero que entiendas que tomará tiempo.
Logan dice que comprendes que no podemos llevarte a tu ciudad o con tu familia de inmediato.
—Entender… Esos hombres… El chicho Yavor… Mi tío, él ser quien vender —dijo con voz que se fue haciendo un murmullo palabra a palabra—. Él decir que… Un trabajo que… Mi madre es… estar enferma...
Bajó su cabeza cuando sintió que las lágrimas se le escapaban sin remedio. Tonta, tonta, tienes que contenerte. No es momento de quebrarte, debes hablar, contar… La mano de Logan en su espalda alta la entibió y la otra le ofreció un pañuelo, que tomó y usó para limpiar la humedad con lentitud.
Lo siguiente que escuchó fue con su cabeza baja, intentando recobrar su compostura.
—Entiendo. Es una situación desesperante, pero por eso debemos ser muy cautos. La cadena de proveedores y receptación… —dijo Nathan
—No lo digas así —interrumpió Darius con gesto hosco.
—Me disculpo, sonó horrible, no fue mi intención —dijo el grandote, y Nadia levantó la vista.
Unas leves pero obvias manchas rojas en su faz denotaban la turbación por las palabras elegidas.
—No inquietar. Entender —dijo, más firme.
—Esa basura ve a las personas como commodities —siguió diciendo Nathan—. Pero, si bien trabajan en colaboración, lo que ocurre en destino no llega a la parte de captación.
—Lo que quiere decir es que es poco probable que los que te raptaron sepan de tu destino y, de hacerlo, no sospecharán que estamos investigándolos y los haremos caer —sentenció Logan con determinación.
—Eso, así se habla —dijo Elijah—. Ten la tranquilidad de que no hay razones para temer represalias por ahora.
Por ahora . Eso le daba aliento, pero a la vez urgencia.
—Tenemos más información del hombre que te tenía e interrogantes para ti —dijo Louie con suavidad—. Esa puede ser la punta de la madeja.
—Puedes pedirnos que paremos en cualquier momento —dijo Darius y ella asintió.
—Estar bien. No ser solo por mí. Haber más mujeres —respondió.
La imagen de Elena vino a ella y se angustió otra vez. Pobrecilla. ¿Qué habría pasado con ella? Un frío recorrió su columna. No quería imaginarlo.
—Sí, de eso también queremos saber —dijo Scott.
Louie pulsó una tecla. En la pantalla de la pared apareció una fotografía y Nadia dejó de respirar.
Era ella. Caminaba por una calle de Varna con una bolsa de libros.
Llevaba el abrigo azul que su madre le había comprado dos inviernos atrás.
La fotografía estaba tomada desde lejos y ligeramente inclinada, como si quien sostenía la cámara hubiese intentado ocultarla.
Sus ojos se fijaron en su yo anterior al desastre. Ten cuidado , quiso gritarle. No confíes, no aceptes lo que te ofrecen .
—¿De dónde sacar eso?
—Del teléfono de Furtado, el hombre que te tenía en Nogales —explicó Louie—. La imagen le fue enviada antes de que salieras de Bulgaria.
¿Antes? ¿Eso quería decir que la habían vigilado? ¿Así era como actuaban?
—¿Cuánto antes? —preguntó Logan.
Louie miró los datos.
—Once días antes de su desaparición.
Nadia no quitaba sus ojos de la fotografía. Trataba de recordar aquella mañana. La bolsa de libros. El abrigo. La calle.
—Venir de la biblioteca —musitó—. No tener idea de que mis días allá contados.
Nathan se inclinó hacia delante.
—¿Nunca viste a nadie sospechoso?
—Ese tío tuyo…
—Una pregunta por vez —dijo Logan con el ceño fruncido.
Nadia lo miró y tocó su mano para indicarle que no le molestaba.
—¿Alguien conocía tu horario?
Nadia trató de pensar.
—Mi madre. Mis profesores. Algunas en universidad. Y mi tío, sí.
—Dijiste que él fue quien te habló de un trabajo —dijo Logan—. Cuéntales de eso.
—Sí. Llegar una tarde, contento. Decir que haber una oportunidad… Que necesitar estudios.
—¿Te dio algún nombre? Alguna empresa o persona que…
Como un ramalazo le vino el nombre. Lo había olvidado, pero ahora…
—Horizont Europa.
Los dedos de Louie volaron sobre el teclado.
—¿Llegaste a ver a alguien de esa empresa? —preguntó Scott.
—No. Iban a llevar a la sede, pero …
Se cortó. Recordó a su chicho sentado en la pequeña cocina de su madre, llenando el espacio con su voz y sus promesas. Su mano sobre el hombro de Nadia mientras le aseguraba que una joven inteligente no debía desperdiciar su talento y debía tomar las oportunidades cuando llegaban.
—Tu tío, dinos su nombre completo.
—Yavor Vasilev.
Louie seguía escribiendo. Elijah estaba inclinado hacia la pantalla mirándolo hacer. Nadia volvió a hacer foco en los demás.
—¿Hermano de tu padre? —preguntó Darius.
Nadia asintió.
—Mi padre morir cuando yo pequeña. Yavor ayudar a veces. Decir que conocer al hombre de la agencia. Decir que confiar en él.
Louie hizo un sonido y entonces apareció una imagen en pantalla. Varna. Una imagen satelital.
—¿Puedes ubicarnos?
—Da.
Se levantó y fue a la pantalla, que observó con atención.
—Aquí, mi casa —señaló la zona y luego otra más lejos—. Aquí, donde me llevó chicho .
Louie hizo zoom en la segunda zona.
—Cerca del puerto —gruñó Logan—. Zona industrial. Almacenes, galpones. Perfecto para operar sin problemas.
Nadia tenía sus ojos fijos en la pantalla, recordando. ¿Cómo pudo ser tan tonta, tan crédula? ¿Cómo…?
—Ven, siéntate —Logan estaba a su lado y la condujo a la silla.
Los demás esperaron a que se ubicara antes de continuar sus preguntas.
—¿Habló con alguien sin que tú estuvieras presente?
Nadia intentó recordar. Una recepción estrecha. Una mujer rubia detrás de un escritorio. Café demasiado dulce en un vaso de plástico. Yavor entrando en otra habitación con un hombre de traje marrón.
—Sí.
—¿Cuánto tiempo?
—No lo sé.
Nathan iba a formular otra pregunta, pero Darius levantó una mano.
—¿Qué te dijo cuando salió?
Nadia lo recordaba bien. Ella había estado nerviosa, a la espera. En aquel momento solo pensaba en el dinero que cobraría y lo bien que le vendría a su familia.
—Que todo arreglado. Que tener suerte.
La habitación quedó en silencio y ella se sintió miserable. Su tío había ingresado a aquella habitación para venderla y volvió con una sonrisa. Ella creyó que estaba feliz por ella. ¡Crédula y tonta, tonta!
—Ese hijo de perra —masculló Elijah.
Hubo un coro de gruñidos que asentían. La pantalla cambió y en su lugar apareció la imagen de su tío en pantalla. Nadia se quedó helada mirándolo. Parecía más joven, su expresión más desagradable, pero era él.