Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 10 #2
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Capítulo 10 #2

El impacto del secuestro de la querida Isabel había sido fuerte. Furtado selló su destino el día que se metió con la familia de la agencia.

—La respuesta llegó nueve minutos después.

La pantalla volvió a mostrar mensajes. Entrega la mercadería primero. Donde siempre. Solo así hablamos de pago.

Nathan miró a Logan.

—Furtado no huyó con esa rehén al azar.

—No —confirmó Darius—. La separó del grupo. Pensaba venderla por su cuenta y utilizar el dinero.

—¿Quién era el comprador? —preguntó Scott.

—No tengo un nombre, solo una letra. U. Puedo confirmar que Furtado había negociado con él antes. Hubo pagos acreditados a dos sociedades, una de ellas inactiva desde hace años. Utilizó servidores distribuidos y credenciales desechables.

—Entonces no tenemos nada —murmuró Logan, decepcionado.

Louie se quitó las gafas y se frotó el puente de la nariz, nervioso. Elijah miró a Logan con seriedad. Era protector con su pareja.

—Sí y no. Sabemos que U estaba dispuesto a pagar tres veces el precio habitual por una mujer concreta.

—Tengo las especificaciones que recibió Furtado y tengo parte de la ruta utilizada para traerla. Necesito tiempo.

—¿Especificaciones? —repitió Logan.

Louie no respondió enseguida. Eso bastó para que la temperatura de la habitación pareciera descender.

—Muéstralas —ladró Logan.

—No aportan nada operativo.

—¡Muéstralas!

—Louie no es tu empleado, cabrón, cálmate o te bajaré de tu pedestal —farfulló Elijah, furioso.

Louie se alteró y miró a Scott.

—Todos, calma —determinó con gravedad.

Logan levantó las manos y apretó sus labios e hizo un gesto de disculpas a Louie y de paz a Elijah. Joder, este no era él.

Scott hizo un gesto breve con la cabeza y en la pantalla apareció una ficha. Edad. Nacionalidad. Altura. Peso. Idiomas. Una fotografía tomada sin que Nadia mirara a la cámara. El borde de la mesa crujió cuando Logan reventó el puño contra la madera.

Hijos de perra . La habían fichado, como si fuese un objeto en una subasta. Tal vez lo era , pensó, y le recorrió un estremecimiento. Si no la hubiese encontrado. Si hubiera demorado unos días más en ir por Furtado…

—Logan, tienes que calmarte. No te había visto así antes, por nadie —dijo Darius.

Logan levantó la vista. Todos lo observaban. Hizo una mueca y los miró de vuelta, con desafío. Elijah había perdido todo rastro de humor. Scott lo analizaba, Nate tenía el entrecejo fruncido.

Logan volvió su vista a la fotografía. Nadia caminaba por una calle, ajena a la cámara, sin saber que pronto iba a estar en un barco, atrapada. Podía entender que la hubiesen elegido. Era tan bella que eclipsaba a su entorno.

—¿Seguimos? —dijo Scott.

Parpadeó y volvió a traer su atención a la reunión. Nathan hizo circular unas fotos de lo que Logan reconoció como puntos desde Europa del Este.

—La ruta que conocemos nos lleva a Bulgaria. Sabemos que a Nadia la captaron en Varna. Esos otros puntos son los que han sido denunciados por Interpol u organizaciones humanitarias como puntos de trata. El mar Negro, el Mediterráneo. Después el rastro reaparece en Veracruz.

Señaló distintos puntos.

—Desde allí hay rutas probables. Sabemos que hay víctimas trasladadas por carretera hasta Sonora. Las cruzan mediante corredores pequeños para no exponer toda la estructura. Furtado operaba en el último tramo.

—¿Que sabemos de las otras mujeres? Las que venían con ella desde Europa —preguntó Darius.

Louie recuperó otra conversación.

—Lo que extraje de Furtado no mencionaba ubicaciones. Solo dice que el lote fue dividido.

—¿Cuántas eran? —preguntó Elijah.

—Nadia mencionó ocho —dijo Logan.

—Esa mujer estuvo encerrada, deshidratada y en shock —replicó Nathan—. Pudo haber seis o dieciséis.

Logan volvió la cabeza hacia él.

—Ella recuerda lo que vio.

—No he dicho lo contrario.

—Ha sonado como si lo hicieras.

Nathan apoyó ambas manos sobre la mesa, semi incorporado.

—Y tú estás escuchando cosas que nadie está diciendo. ¿Qué cojones te pasa?

El silencio cayó con peso. Nathan no retrocedió. Nunca lo hacía. Habían entrado juntos en edificios donde los esperaban hombres con rifles automáticos. No iba a intimidarlo una mirada, por oscura que fuera.

—Basta —ladró Scott. Miró primero a Nathan—.

Logan tiene razón en una cosa. Ella es la única testigo que estuvo dentro del traslado —Después miró a Logan—.

Y Nathan también. Los recuerdos de Nadia son una fuente, no un mapa.

Para encontrar a esas mujeres, si eso es posible, necesitamos separar lo que Nadia sabe de lo que teme y de lo que supone.

—No voy a presionarla —dijo Logan.

—Nadie pretende que lo hagas.

—Me miran como si estuviera a punto de perder la cabeza.

Elijah se aclaró la garganta.

—Tienes una vena crecida en la frente que late como si fuera a explotar.

Logan lo fulminó con la mirada.

—Y este es el momento en que dejo de hablar —concluyó Elijah.

Scott entrelazó las manos sobre la mesa.

—No estamos discutiendo si esas mujeres merecen ayuda. Estamos discutiendo qué podemos hacer sin provocar que las maten o las saquen del país.

Señaló las fotografías de Nathan.

—Tenemos una ruta que atraviesa varias jurisdicciones, empresas registradas con identidades falsas y un comprador sin nombre. No tenemos una ubicación. No tenemos una cifra. No sabemos qué autoridades están comprometidas.

—Ni si la muerte de Furtado fue relacionada con nosotros —añadió Nathan.

—No lo fue —dijo Louie.

—Todavía —corrigió Scott—. Si empezamos a tirar de esta red, alguien puede mirar hacia atrás. Pipen tiene clientes activos, familias bajo protección y operaciones que no podemos abandonar.

—Dijiste que contratarás más personal —respondió Logan.

Scott lo observó.

—Para los trabajos regulares.

—Tenemos que ayudarla. Si no desarticulamos esa operación, ella sigue en riesgo.

—Lo sabemos —Scott se hizo atrás—. ¿Qué estás pidiendo de esta agencia, Logan?

La pregunta silenció la sala. Logan sostuvo la mirada de Scott. Llevaban demasiados años trabajando juntos para fingir que aquello era una conversación ordinaria. Scott sabía que Logan no pedía favores. Pero esta vez… El orgullo no tenía sentido. Nadia lo necesitaba.

—Tiempo de Louie —dijo—. Los contactos de la agencia en México. Un equipo preparado para moverse en cuanto aparezca una ubicación. Vigilancia sobre las empresas de la ruta y sobre cualquier nombre relacionado con ese comprador.

Scott lo miró muy quieto, pensativo.

—Estás pidiendo que convirtamos una extracción terminada en una operación internacional.

—Estoy pidiendo que encontremos a unas mujeres antes de que las vendan y que ayudemos a una víctima a volver a su país con seguridad.

—No tienes que convencerme de que sus vidas importan.

—Entonces deja de hablarme como si necesitara hacerlo.

Nathan soltó el aire por la nariz. Elijah dejó la taza sobre la mesa con extremo cuidado. Louie sopló fuerte, nervioso. Scott permaneció inmóvil.

—Estás fuera de eje —dijo finalmente.

Logan tensó la mandíbula.

—Estoy aquí.

—Tu cuerpo está aquí. Tu objetividad, no estoy seguro.

—Mi objetividad encontró a Furtado.

—Tu objetividad tenía un nombre, una ubicación y la determinación de ayudar a los tuyos. Esto es diferente. Nos puede comprometer.

—Claro que es diferente.

—Porque está esa búlgara.

Logan se levantó. La silla retrocedió con un chirrido seco. Nathan y Darius se enderezaron. Elijah perdió la sonrisa. Louie dejó las manos suspendidas sobre el teclado.

—Siéntate, Logan —dijo Darius. Logan lo miró—. Siéntate. No está atacándola.

Aquello penetró la furia. Claro que no estaban atacando a Nadia. Ni siquiera estaban negándose a ayudar. Estaban haciendo lo que llevaban años haciendo: buscar las grietas antes de que alguien muriera dentro de ellas.

Joder, había perdido la objetividad, Scott tenía razón. Logan volvió a sentarse. Scott esperó.

—Sí —admitió Logan—. Es diferente porque está Nadia.

Nadie se alteró, aunque Elijah entrecerró los ojos. Logan no tenía duda de que al salir comunicaría sus impresiones al grupo de Bianca, Cassandra e Isabel. Le importaba poco.

—La saqué de allí. Confió en mí cuando no tenía una sola razón para hacerlo. Ahora sabemos que alguien pagó por ella y que las mujeres con las que viajó siguen desaparecidas. No voy a encerrarla en mi casa y decirle que espere mientras nosotros volvemos a nuestros trabajos.

Darius bajó la mirada un instante. Cuando volvió a levantarla, algo había cambiado en su expresión.

—Lo entiendo —dijo.

Logan sabía que sí.

—Pero encontrar a Isabel exigió más que querer recuperarla —continuó Darius—. Necesitamos que Nadia hable. Necesitamos nombres, voces, lugares, cualquier detalle. Y tú tienes que permitir que le hagamos preguntas cuyas respuestas van a hacerle daño.

—Pueden preguntarle.

—¿Y si no quiere responder?

—Se detienen.

—¿Aunque esa respuesta pueda llevarnos hasta las demás?

Logan tardó un segundo. Uno demasiado largo.

—Eso depende de Nadia —respondió.

Scott asintió.

—Bien. Louie continúa trabajando con la pista del comprador y las sociedades. Nathan prepara un análisis de recursos, pero nadie se mueve todavía. Darius revisa la ruta mexicana y determina qué contactos siguen siendo seguros. Elijah, con Louie. Logan, trae a Nadia.

Logan se puso de pie y salió. Estaba tan tenso que sus omóplatos parecían pegados uno al otro. Joder, nunca había confrontado a sus amigos así. Logan avanzó hacia su despacho y entró.

Nadia estaba con sus ojos cerrados, reclinada en el sillón. La miró unos segundos. Ojalá que revolver la mierda que la trajo aquí no provocara que perdiera esta preciosa tranquilidad.