Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 10
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Capítulo 10

Dormitó, pero a las cinco y media despertó y desistió de seguir acostado. Hora y media más tarde sus músculos ardían por el entrenamiento feroz al que se sometió. Después se duchó, preparó café y permaneció de pie en la cocina mientras la casa despertaba a su alrededor.

No había dejado de hablarse y pensar. Nadia confiaba en él porque la había sacado de Nogales.

Porque le había dado un lugar donde estar segura, porque esperaba su ayuda para ir con los suyos, para ser libre.

Allá, lejos, en Bulgaria. No podía permitir que esa confianza se convirtiera en una jaula agradable.

Cuando escuchó sus pasos en la escalera dejó la taza sobre la encimera. El agua estaba lista, el saquito de té que le gustó esperándola, tostadas tibias, mermelada. Ella le sonrió luminosa y vino a la mesa, apreciando el desayuno, y fue por el agua, que vertió lento. La dejó hacer.

Notó que ella leía su silencio mientras rodeaba la taza con las manos y se lanzó a decir lo que había decidido.

—Voy a llevarte a la sede de la agencia. Es tiempo.

Nadia parpadeó y retiró su boca de la taza. La mirada de Logan casi se pegó a sus labios, pero pudo zafar de la obsesión. Ella dudó y sus movimientos se hicieron menos seguros. La estaba confundiendo.

Maldita sea, era un cateto. Ayer había sido tan bueno, tan normal, tan… Justo por eso , se dijo.

—¿Hoy?

Asintió y posó su taza en la mesa.

—Para ver qué se puede hacer sobre tu situación.

Ella movió su cabeza.

—Tu jefe…

—Scott. Ya lo conociste, es un hombre excepcional.

Asintió. Ella lo había visto en el casamiento de Darius, cuando la llevó con él, porque todavía no confiaba en dejarla sola y que ella no entrara en pánico.

—¿Creer que poder dar ayuda?

—Haremos el máximo esfuerzo. Confía en nosotros — Confía en mí, quiso decir, pero se contuvo—. Escucha, no te sientas forzada. Puedes quedarte aquí si te asusta salir. Puedo regresar después y explicarte lo que sepamos. Y si vas conmigo, tampoco tendrás que hablar hasta que estés preparada.

Ella esperó y miró la tableta, a la que todavía acudía seguido porque las oraciones largas la perdían. Leyó la traducción total y permaneció en silencio unos segundos.

—Querer ir.

Logan asintió. Aquello era lo correcto. Sacarla de su casa. Poner recursos y personas entre ella y la necesidad que él tenía de encargarse de todo. Aunque detestara la idea y la resistencia se manifestara como dolor estomacal y un malhumor que crecía.

Se incorporó y lavó su taza. Los sonidos de su presencia a sus espaldas lo interpelaron. El cuchillo untando la tostada, la porcelana de la taza sonando al tocar el platillo, Nadia mordiendo la tostada.

Se dio la vuelta y se secó las manos.

—Nos marchamos en cuanto estés lista.

—Bien, no demorar.

===

La sede de Pipen ocupaba un edificio de tres pisos de fachada gris y ventanales, con una cuidada jardinería. Desde la calle podía confundirse con una empresa dedicada a seguros o contabilidad. La única identificación era una placa de metal junto a la entrada.

Pero cuando ingresaron, el nivel de seguridad se demostró superior. Atravesaron un escáner, y si bien la eximieron del control de objetos por orden de Logan, la seriedad de los encargados le mostraron que no era tontería. Había cámaras por doquier.

La mano de Logan cerca de la base de su espalda la dirigía cada vez que ella se detenía. Miraba con curiosidad cada sección que Logan le mostraba.

—El gimnasio… La zona de práctica de tiro… Archivos… La cueva de Louie…

—También mía.

La corrección la hizo Elijah, que apareció detrás de uno de los paneles de cristal con una taza en la mano.

—Buenos días, querida Nadia. Me preguntaba cuándo te traerían por aquí.

—Hola, Elijá —dijo, obteniendo una brillante sonrisa de vuelta.

—¿Cómo ha sido el retorno del hijo pródigo?

Nadia parpadeó, confundida.

—Ignóralo —dijo Logan—. Nosotros lo hacemos.

—Habla por ti. Yo me encuentro fascinante —retrucó Elijah, y le guiñó un ojo.

Nadia sonrió.

Louie asomó la cabeza.

—Ey, Nadia, bienvenida. Logan nos avisó que vendrías hoy. Scott ya está esperando.

—Lo primero en la agenda es la evaluación de las misiones de la pasada semana —dijo Elijah, ahora en tren profesional. Miró a Nadia y habló con lentitud—. Puedes esperar en la sala de clientes.

—Estará en mi oficina —terció Logan, volviendo a posar su mano en la base de su espalda.

Nadia disfrutó del calor de esa palma ancha anclándola. Estaba nerviosa. Entre la actitud distante de Logan más temprano y la perspectiva de contar su historia y rogar por ayuda a estos hombres, la carcomía la ansiedad.

Se dejó conducir hasta una oficina austera en tonos verde y terracota donde había un sillón de tres pies mullido, una mesa con imágenes de Logan en medio de la naturaleza y otras con sus colegas. Las examinó con interés.

—Son regalos. Cuando no saben qué darme para mi cumpleaños, encuadran una fotografía —dijo Logan.

—Lugares maravillosos —murmuró mientras admiraba el fondo de un atardecer fantástico tras montañas.

—Suelo acampar dos o tres veces al año.

—Querer hacer algo así —Se incorporó y habló lento, peleando con la gramática—. Cuando pequeña, madre llevar al bosque de Zlatni Pyasatsi. Era aventura.

Lo recordaba tan bien. Tomaban el autobús desde Varna y cargaban su comida porque no podían comprar nada allá. Era la única clase de vacaciones que podía permitirse.

—¿Y te gustaba?

—Encantar.

Logan asintió y pensó un momento. Luego, sacudió la cabeza, como desechando una idea o comentario.

—La reunión será en la sala principal. Puedes esperar aquí. Nadie entrará sin avisarte.

Se aclaró la garganta.

—Hablar de mí.

Logan no le mintió.

—Sí. También de Furtado y de las demás mujeres.

—Querer saber lo que decir.

—Lo sabrás.

Ella estudió su rostro.

—¿Todo?

—Lo que te afecte.

Nadia asintió. Se sentó y colocó las manos alrededor de la tableta. Logan esperó un instante.

—Hay una cocina, a la derecha. Agua, té, café, lo tomas sin problemas. Y si por alguna razón te sientes inquieta, me buscas. A la izquierda, la tercera puerta.

—Ve —respondió Nadia—. Estaré bien.

Scott ocupaba la cabecera de la mesa. Nathan estaba a su derecha, con una carpeta abierta y luego venía Darius.

Elijah estaba muy a gusto reclinado en la silla y Louie, a su lado, tecleaba el orden del día, que aparecía en la pantalla conectada a su ordenador.

Todos le dirigieron la mirada cuando Logan entró.

—Bienvenido de vuelta, Logan. Buen trabajo en Albuquerque —dijo Pipen.

—Gracias. Pero Matt es a quien hay que felicitar.

—Lo haremos. Cuando retorne, y no será en estos días. Todavía quedan situaciones a solucionar con la cliente.

—Cliente… —dijo bajito Elijah y los miró. Rodó los ojos—. ¿Qué? ¿Vamos a hacer como si creemos que no está enredado…?

—¡Eli! —rezongó Louie y le dio un codazo—. Ya hablamos de esto.

Suspiró y se encogió de hombros.

—Solo digo que…

—Nos guardaremos nuestras opiniones e ideas —intervino Scott, alzando una ceja—. Tenemos mucho de qué hablar. Leí el informe de la misión y, salvo que quieras agregar algo…

Logan ocupó una silla y negó.

—Empecemos. No hay nada urgente, las misiones de guardia están asignadas. ¿Nate?

Nathan se incorporó y los miró.

—La semana próxima ingresarán dos activos nuevos. Conocemos a ambos. Son buenas incorporaciones y harán posible una mayor rotación.

La pantalla mostró rostros y nombres y hubo intercambio de información y detalles. Logan no habló, deseando que llegaran al punto que le importaba. No tomó mucho tiempo.

—Bien. Ahora, Nadia Vasileva —dijo Scott—. Logan quiere plantear la situación con ella.

Carraspeó y se adelantó.

—Ya todos saben en qué circunstancias la encontré en Nogales. Ella fue traída desde Bulgaria, por mar, luego transportada por Furtado a Nogales. Sin documentos, su familia en Varna no tiene idea de su paradero, ni si está viva o muerta. Si vuelve ahora, probablemente le ocurra lo mismo. O peor.

En ese sucinto informe faltaba decir que le había dado vuelta la vida, claro.

—Es una situación muy delicada —dijo Scott, mesándose la barbilla—. No podemos ir con las autoridades porque eso pondría el foco en lo que Logan hizo en Nogales. Y, como acaba de decir Logan, esto no es tan fácil como llevarla de incógnito a su país. Esto solo ya es complejísimo.

Hubo murmullos y asentimientos. Logan torció el gesto.

—Tenemos que ayudarla.

—¿Qué quiere ella? —preguntó Elijah.

—Ver a su familia.

—Me parece que lo primero es desenredar la madeja. Cómo llegó aquí, por qué estaba con Furtado —agregó Darius—. La idea de que ese bastardo traficara mujeres es repugnante. Bien muerto está, pero sus cómplices…

Seguían ahí afuera, predadores de los débiles.

—Creo que puedo ayudar con eso —Louie tocó una tecla.

En la pantalla apareció una sucesión de números, horas y fragmentos de conversaciones—.

Furtado utilizaba una aplicación de mensajería cifrada.

Cloné el tráfico del dispositivo mientras lo rastreábamos.

La mayor parte era basura: referencias a cambios de vehículos, reservas de lugares, comida, documentos falsos.

Estos paquetes tenían una capa adicional de cifrado.

Louie amplió uno de los mensajes.

—Esto llegó dieciocho horas antes de que Logan localizara a Furtado.

El texto apareció traducido en la pantalla. La búlgara culta queda fuera del lote. Entrega privada. Pago triple si llega intacta.

Logan sintió como si le apretaran el pecho, una sensación fría y pesada.

—¿Búlgara culta? Esa sí que es una referencia extraña —preguntó Scott.

—Nadia estudió Filología y habla varios idiomas. Es brillante. La manera en que ha mejorado su inglés… —respondió Logan, pero se detuvo al ver los cinco pares de ojos sobre él.

—¿Qué? —gruñó.

Elijah chasqueó la lengua.

—Nada. Sigue, Lou.

El nombrado mostró un segundo mensaje. Necesito un adelanto. El cártel me ha cerrado las salidas. Esos americanos hijos de perra arruinaron todo.

—Claro que sí, baboso. Espero que nos veas celebrar desde el Infierno —masculló Pipen.