Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 8
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Capítulo 8

Logan cerró la puerta y dejó la tarjeta magnética sobre la mesita de noche junto con el teléfono, las llaves del vehículo y el reloj.

Afuera, Albuquerque seguía despierta; el tráfico de la interestatal llegaba amortiguado a través del cristal.

En algún lugar del estacionamiento, alguien cerró el maletero de un coche de un golpe.

Se pasó una mano por la nuca mientras caminaba hacia el baño. El trabajo se complicaba, el acosador de Natasha Morozova no dejaba de aparecer como si fuese una sombra y escalaba las amenazas.

Matt estaba frenético, aunque no se notara. Logan llevaba años trabajando con él; conocía su concentración, su velocidad de respuesta, el modo casi instintivo en que evaluaba una amenaza. Todo eso estaba, pero también la inquietud, el temor, la preocupación. No podía fallarle.

Abrió el grifo y dejó correr agua fría sobre las manos y se mojó el rostro.

Tenía que relajarse. Su tensión tenía distintas causas, pero tenía que encontrarle salida, por eso había venido aquí.

La necesidad física era eso, fisiológica, y debía ser atendida para drenarlo de inquietud. Normal. Había hecho esto por años.

Su rol en el Ejército lo exponía, su tarea en la agencia implicaba viajar, y no era de los que creían en relaciones largas y a distancia. Dos desconocidos, una transacción, un rato de placer, era lo que descomprimía su tensión y cortaba la sequía.

—Simple. Sin complicaciones —murmuró.

Un golpe suave en la puerta interrumpió el pensamiento. Logan cerró el grifo y se secó las manos con parsimonia mientras se miraba. Su rostro adusto lo desafió por el espejo e hizo una mueca antes de salir y dirigirse a la puerta.

La mujer que esperaba en el pasillo era rubia, treinta y pocos, atractiva y consciente de ello. Llevaba un abrigo negro sobre un vestido corto y sostenía un bolso pequeño contra la cadera.

—¿Logan?

Él se hizo a un lado.

—Sí.

Ella entró y lo estudió con una mirada rápida, profesional, desde los pies hasta la cara.

—Bueno —murmuró—. Esto mejora bastante mi noche. Soy Kitty.

Logan cerró la puerta. No le interesaba su nombre. Todo estaba acordado. Eso era precisamente lo que buscaba: límites claros, ninguna promesa o conversación que sobreviviera a aquella habitación.

La mujer dejó el bolso sobre una silla y se quitó el abrigo.

Se contorneó con coquetería sobre sus tacones.

Era atractiva y lo explotaba. Recorrió su figura con lentitud, llamando a su libido a despertar.

Los senos expuestos con generosidad, la piel aceituna, las piernas largas que se verían deliciosas abiertas para él.

Bien, era sexi y su polla respondía. Ella sonrió al fijarse en su entrepierna.

—Eres guapísimo. Mira todos estos músculos —dijo, entornando sus ojos y viniendo a él sin prisa.

Logan permaneció quieto mientras los dedos femeninos recorrían su pecho por encima de la camiseta y después bajaban hasta el borde de la tela.

Había experiencia en sus movimientos, ninguna vacilación.

Cuando ella le levantó la prenda, él terminó de quitársela y la arrojó sobre una silla.Los ojos recorrieron su torso.

—La idea de un trabajo pro bono nunca fue tan atrayente.

Logan casi sonrió, pero se limitó a dejarla hacer.

Construir el momento era importante. Ella apoyó ambas manos sobre su pecho desnudo.

Tenía las palmas calientes. Las deslizó despacio hacia sus hombros, acarició la línea dura de sus brazos y volvió al centro.

Luego, apoyó sus senos y se restregó, sinuosa, mientras su boca se entreabría y humedecía sus labios con una lengua que prometía pecado.

El cuerpo de Logan pulsó, urgido de liberación.

Bien. Eso era todo lo que necesitaba. Cerró los ojos.

Vino un beso en su cuello, más abajo. La boca de la mujer recorrió lentamente su pecho mientras sus dedos llegaban a la cintura del pantalón.

Logan dejó caer la cabeza hacia atrás. Sintió el calor de su aliento contra el pecho y después el roce de sus labios.

Debería haberse abandonado a la sensación y dejar a su cuerpo funcionar.

En cambio, apareció un rostro y una voz.

Cuídate . Logan abrió los ojos para borrar la imagen, casi desesperado.

La mujer seguía delante de él y estaba aquí con una misión clara.

Eso no tenía nada que ver con Nadia. Mezclar ambas cosas era ofensivo.

Apretó la mandíbula. La rubia continuó besándolo, ajena a la tensión de su cuerpo, a su inmovilidad.

Logan cerró otra vez los ojos, decidido a expulsar aquella intrusión de su cabeza.

Concentrarse en el presente. Una boca sobre su piel.

Unas manos suaves estimulándolo. Una habitación de hotel. Nada más.

Pero entonces recordó unos ojos verdes observándolo desde lo alto de una escalera.

Zdes. Estoy aquí . Para su alarma, la excitación no desapareció, sino que empeoró.

Y eso fue mucho peor. Porque durante un segundo dejó de sentir la boca que recorría su cuerpo y se preguntó cómo sería la de Nadia. Logan abrió los ojos de golpe.

—Para.

La mujer se detuvo inmediatamente y él retrocedió. Necesitaba distancia física. Abrió y cerró sus palmas, movió su cabeza con nerviosismo, y ella hizo un gesto de extrañeza, pero se rehízo de inmediato y volvió a sonreír.

—¿Hice algo que no te gustó?

—No — La respuesta salió demasiado áspera. Logan se pasó una mano por la cabeza y corrigió el tono—. No hiciste nada mal.

Ella lo observó durante unos segundos y movió su cabeza.

—Podemos hacer otra cosa.

—No.

El momento estaba arruinado, no había chance de que esto funcionara. Logan temía lo que su cabeza pudiera construir mientras follaba a esta mujer con una imagen indebida en su mente. Fue por su cartera y sacó el dinero acordado. Añadió más y lo dejó junto al bolso.

—Quédate con todo.

La mujer miró los billetes.

—Todavía tenemos casi una hora. Es normal que…

Nah. Le agradecía que intentara confortarlo, pero él estaba más allá de eso. Su imaginación estaba desbordada y confundida. Mezclaba escenarios cuando no debía. Nadia era una víctima de la trata de blancas y él… Jodido imbécil, creaba una idea que no debía, no podía.

—Lo sé.

Algo parecido a la comprensión apareció en sus ojos.

—Hay otra mujer.

Logan levantó la vista y se apresuró a contestar para disuadirla. O a él mismo.

—No.

Ella arqueó una ceja.

—Como digas —Se puso el abrigo, guardó el dinero y cogió el bolso. Lo miró—. Por lo que vale, grandullón, deberías resolver eso antes de volver a llamar a otra mujer. Sé que la idea de sustituir un clavo con otro es atractiva, pero…

Logan no contestó y miró como ella se contoneaba afuera. La puerta se cerró. Durante varios segundos permaneció inmóvil en medio de la habitación, desnudo de cintura para arriba, con la sombra de la excitación como recuerdo hostil y bastante más tenso e iracundo que antes.

Había pagado para obtener un servicio. Sexo sin nombres. Sin implicaciones. Sin mujeres instalándose en lugares donde no las quería. Caminó hasta la ventana y apoyó una mano contra el cristal frío. Providence estaba muy lejos. Nadia probablemente estaría dormida. Segura. En su casa. Cerró los ojos.

—Mierda…

Estaba bien jodido. Esta vez no intentó engañarse.

===

El viernes por la tarde, Nadia llevaba casi una hora intentando concentrarse. Louie había venido en la mañana acompañado por su pareja, Elijah. Le habían dicho que Logan volvía hoy. Al parecer la situación se había resuelto bien en Albuquerque.

Esa fue la mejor noticia en días. La ausencia del dueño de casa pesaba demasiado. Cómo era posible, no lo entendía bien, pero así era.

El que le dio detalles fue Elijah, que hablaba y preguntaba sin cortarse, y al que no detenía la barrera del idioma. Louie era encantador, gentil y discreto; su pareja, un cotilla, pero divertido y agradable.

« Tienes que contarnos cómo lograste que Logan hable tanto por teléfono. Si junto las palabras que me dirigió en todos estos años, apenas si hago un informe sucinto. Pero contigo … »

La miraba con abierta curiosidad y especulación, pero cero mala intención. Eso no evitó que Nadia se sonrojara y a la vez, secretamente, sintiera deleite.

« Ser una carga que …»

Elijah había chasqueado la lengua y negado, y luego se le acercó, mirando primero detrás como si lo que contara fuera un secreto que Louie no debía saber.

« Nada de eso. En todo caso, una preciosa carga, créeme. Tengo una apuesta en juego, creo que es cuestión de días … »

« ¡Eli! Deja de cotillear, Nadia no entiende la mitad de lo que dices. Vamos, tenemos que irnos. Nadia, te dejé un postre en la nevera. Isabel hizo su versión de tolum … »

« Tolumbichk i », completó ella.

Que la latina se hubiese molestado en intentar un dulce que le recordaba a su patria, que la retrotraía y le daba un respiro en medio de una cultura tan distinta, era de una generosidad y sensibilidad emocionante.

« Esos pequeños churros de masa frita mojados en sirope son muy rico s» , asintió Elijah.

Había comido dos apenas se fueron, sin prisa, con los ojos cerrados.

Eran deliciosos. Ahora, a medida que la tarde avanzaba, su ansiedad crecía.

Cada sonido de un motor le hacía levantar la cabeza.

Cada vez que el sistema de seguridad emitía una notificación, sus dedos se detenían sobre la pantalla.

A las cinco y diecisiete escuchó un vehículo entrar en el camino.

No se movió, pero el corazón le latió rápido.

Esperó, y cuando el motor se detuvo, se incorporó y se miró con nerviosismo.

Sus ojos fueron al reflejo del vidrio. Vestía con sencillez, no llevaba maquillaje, sus ojeras habían crecido.

Los malos sueños no habían disminuido, aunque le tomaba menos tiempo despertarse y calmarse.

El ruido del cerrojo, la puerta que se abría, la presencia de Logan en el vestíbulo, todo tomó segundos, y cambió radicalmente el ambiente. Nadia respiró mejor al verlo. Sus ojos devoraron la figura atlética vestida de negro. Por un instante ninguno de los dos habló.

Llevaba la ropa cubierta por una capa fina de polvo claro y la barba había crecido hasta oscurecerle la parte inferior del rostro.

Tenía ojeras profundas y una pequeña marca rojiza junto a la mandíbula.

La bolsa militar colgaba de su hombro y el cansancio parecía haberle añadido peso a cada movimiento.

Logan dejó la bolsa en el suelo y sus ojos encontraron los de Nadia.

Ella dejó de pensar. Cruzó la cocina rápido, de modo que Logan apenas tuvo tiempo de enderezarse.

Ella chocó contra su pecho y le rodeó la cintura con los brazos, enterrando el rostro contra la chaqueta.

Solo entonces se sintió en calma y contenida.

El impacto hizo que Logan retrocediera medio paso, pero resistió su embate y se quedó inmóvil, dejándose abrazar. Nadia cerró los ojos, ajena a lo que fuese vergüenza o cuidado. Eso vendría después. Había vuelto. Estaba allí. Sólido. Vivo.

La chaqueta raspaba ligeramente contra su mejilla.

Olía a polvo, a aire seco, a combustible, a tabaco y a algo que su memoria ya reconocía como Logan.

Sus dedos se cerraron alrededor de la tela de su espalda.

Había pasado días diciéndose que no estaba preocupada.

Noches explicándose que él no era nada suyo, salvo un ocasional benefactor y protector.

Horas recordándose que, tal y como le decían, Logan llevaba años sobreviviendo.

Pero eso no había evitado que, muy adentro, ella hubiese estado aterrada ante la perspectiva de no verlo más y quedarse sola, otra vez.

—Nadia...  —La voz vibró contra su oído. Ella no se movió—. Ptichka… Estoy sucio.

Nadia apretó más los brazos. No le importaba. No le importaba nada excepto aquella certeza física. Había vuelto.

Logan no supo qué hacer con las manos. Reacciona . Había actuado frente a emboscadas con menos confusión. Nadia estaba abrazándolo. La mujer a la que siempre avisaba antes de acercarse. La mujer cuyo cuerpo se tensaba si alguien se movía demasiado rápido. Estaba pegada a él. Por voluntad propia.

Logan bajó la mirada. Solo veía la parte superior de su cabeza. Podía sentir los brazos de Nadia alrededor de su cintura y el temblor leve que recorría su cuerpo. Algo dentro de él cedió y, muy despacio, con el cuidado de alguien que no quiere alertar a un animalillo tímido, levantó las manos.

Esperó un segundo. Nadia no retrocedió. Entonces colocó un brazo alrededor de su cintura. Su mano grande le cubrió la zona lumbar casi por entero. No apretó inmediatamente. La dejó decidir. Y cuando Nadia se acercó todavía más, Logan cerró los ojos y dejó escapar la respiración muy lento.

Su brazo terminó de rodearla. La mano libre subió hasta la parte posterior de su cabeza y descansó allí, sobre el cabello oscuro. Ella soltó el aire. Un suspiro largo. Tembloroso. Logan sintió ese sonido contra el pecho.

—Estoy aquí —murmuró.

Nadia no respondió. No hacía falta. Logan apoyó la barbilla sobre su cabello. El silencio de la casa los envolvió. No había teléfonos. No había comunicadores. No había misión o recuerdo de esta. Solo Nadia contra él.

Había pasado los últimos días diciéndose que podía mantener aquello bajo control. Que ella necesitaba seguridad y él podía proporcionársela. Que no confundiría protección con otra cosa. Que esperaría. Que no exigiría. Que no tocaría nada que ella no pusiera voluntariamente en sus manos.

Ahora Nadia estaba entre sus brazos. Y Logan disfrutaba y entendía que el problema nunca había sido cuánto podía darle a ella. El problema era cuánto empezaba a necesitar él aquello.

Nadia movió ligeramente la cabeza. Su mejilla quedó apoyada sobre el centro de su pecho.

—Volver a mí —dijo.

Logan se separó y bajó los ojos.

—Te dije que volvería.

Nadia levantó la cara. Sus ojos verdes estaban húmedos, aunque no lloraba. Y Logan se sintió más expuesto que nunca.