Capítulo 6 #2
Bianca era más tranquila. Era la mujer del enorme hombre que parecía Thor encarnado al que había visto mirando todo con detalle y que la había saludado con calma y le dijo que lo suyo se resolvería.
No cuándo ni cómo. Su esposa era italiana, observadora, enredaba palabras italianas, y tenía una manera de mirar a Nadia que no exigía respuestas.
Cassandra era organizadora de eventos y se vestía hermoso, decidió. También era gentil. La tableta traducía las conversaciones con algunos segundos de retraso, pero después de un rato dejaron de necesitarla tanto.
Isabel puso una bandeja de una comida hecha con masa y carne sobre la mesa.
—Come. Son empanadas.
Nadia tomó una. El primer bocado le supo intenso. Las especias primaban y volvían el sabor una delicia. Masticó más y volvió a morder. Esto era… Normalidad. Estaba sentada en una cocina cálida, con comida delante, tres mujeres conversando y una copa de cristal entre los dedos.
Parecía que había pasado poco desde que había lamido agua de una botella que un hombre había arrojado al suelo de un contenedor. La diferencia era tan brutal que tuvo que cerrar los ojos un instante para centrarse y dejar atrás el ramalazo de memoria.
—¿Está buena?
Nadia asintió.
—Muy.
La palabra salió en inglés. Isabel sonrió.
—Perfecto. Ya tenemos progreso.
Después apareció una coctelera. Nadia levantó una ceja.
—Martinis —explicó Isabel—. Regla no escrita de las mujeres de la agencia: cuando los hombres trabajan, nosotras bebemos algunas copas y comemos bien.
Bianca soltó una carcajada.
—Y criticamos sus decisiones.
—Eso también.
Nadia sonrió. Fue una sonrisa tímida, pequeña, pero fue real.
La primera en muchos días. La conversación avanzó entre bromas y anécdotas.
Ella escuchaba, entendía a medias, o nada, y ahí la aplicación brillaba.
Ellas hablaron de los hombres de la agencia, de sus manías, de los problemas que causaban.
Louie apareció en la conversación y Nadia comprendió que todos lo consideraban una especie de hermano pequeño. En algún momento, Nadia se dio cuenta de que llevaba casi una hora sin mirar hacia la puerta. No estaba vigilando. No estaba esperando que alguien entrara. Estaba escuchando.
Cuando Isabel le preguntó cómo se encontraba de verdad, el ambiente cambió. Nadia dejó la copa sobre la mesa. Los dedos le quedaron alrededor del cristal. No quería hablar. Pero había algo en la expresión de aquellas mujeres que no la obligaba a hacerlo.
Habló con precariedad.
—Ser terrible. Tener pesadillas todas noches — Se detuvo y apretó sus labios —. Preocupar mi familia.
Las tres mujeres guardaron silencio. Nadia continuó.
—Mi madre. Mi hermana. No saber nada —La garganta empezó a cerrársele—. Mi chicho… Tío engañar. Poder estar peligro.
Su inglés era pésimo, pero mejoraba. Nadia miró sus manos temblar sobre la mesa. Isabel no respondió inmediatamente, pero acercó sus manos y cubrió las suyas.
—Es normal que tengas miedo por ellas. ¿Logan sabe que estás tan inquieta por ellas?
Nadia negó con la cabeza.
—No querer preocupar Lógan.
Bianca la miró.
—¿Por qué?
Nadia tardó unos segundos en responder.
—Arriesgar conmigo aquí. No pedir más.
Isabel intercambió una mirada con Bianca.
—Nadia...
Bianca sonrió.
—Te voy a decir algo que probablemente no te hayas dado cuenta dado que Logan es tan parco.
Nadia levantó una ceja.
—Ese hombre está completamente focalizado en tu seguridad.
Nadia bajó la mirada.
—No querer ser carga.
—No lo eres —Bianca apoyó los codos sobre la mesa—. Mi esposo probablemente ya está investigando tu caso, buscsando a tu familia. Y lo vamos a pinchar un poco para que se apure.
Nadia levantó los ojos con agradecimiento.
—¿Eso creer?
—No tengo dudas —respondió Bianca—. Sin hacer nada que pueda ponerte en peligro, eso sí. Son cuidadosos.
Isabel asintió.
—Deberías hablar con Logan.
Nadia miró su copa. No sabía qué decir.
—Ese hombre no es bueno expresando lo que siente —continuó Isabel con una sonrisa—. Pero eso no significa que no sienta.
Nadia levantó la mirada y no respondió. Logan era serio, parco, pero a veces lo encontraba mirándola… Y sus ojos eran intensos. Tal vez ellas tenían razón.
La conversación continuó durante un buen rato más.
Hablaron de cosas importantes y de otras completamente absurdas.
Nadia aprendió algunas palabras en español.
Isabel aprendió dos insultos en búlgaro y prometió utilizarlos con Darius si alguna vez volvía a hacerla enfadar.
Bianca contó una anécdota sobre Scott que hizo reír a todas.
Cassandra era chispeante y ocurrente. Poco a poco, Nadia dejó de sentir que estaba siendo observada. Empezó a sentirse acompañada.
Cuando se marcharon, ya era de noche. Isabel la abrazó antes de salir. Nadia se quedó rígida durante el primer segundo. Después cerró los brazos alrededor de ella. Fue un gesto sencillo, pero su cuerpo todavía estaba reaprendiendo que no todos los contactos eran una amenaza.
Cuando subió a su habitación, la casa volvió a quedar en silencio.
Nadia cerró la puerta. Se quedó un momento con la espalda apoyada contra ella.
La cena seguía pesándole agradablemente en el estómago.
El alcohol le había calentado las mejillas.
Las voces de las mujeres todavía parecían flotar por la casa, como si hubieran dejado atrás más que platos vacíos y copas.
Caminó hasta la cama, se sentó, pensativa, y después se tumbó. Se hizo un bollo y se arrebujó en el jersey hasta cubrirse casi por completo con él. La prenda era de Logan, la había tomado de su armario.
Entrar a la habitación se había sentido como una locura, pero lo hizo.
Y aquí estaba, oliendo la fragancia que lo distinguía.
La calmaba. Nadia abrió los ojos y miró por la ventana.
La luna asomaba entre las ramas de los pinos.
Estaba segura, pero no en calma. Echaba de menos su vida, pero a la vez…
Se daba cuenta de que esta que vivía hoy se le colaba y no le pesaba.
A cientos de kilómetros de allí, Logan se encontraba sentado dentro de un vehículo sin distintivos, con una tableta táctica iluminándole el rostro.
Logan miró la pantalla. Estaba viendo una notificación de la casa.
Perímetro seguro. Puertas cerradas. Cámaras activas. Sin intrusiones. Volvió a leerla.
—Logan —urgió Matt—. ¿Has terminado de recorrer el perímetro?
—No hay nadie.
—Okay. No te descuides. Ese maldito está ahí en algún lado.
Logan asintió y guardó la tableta, conminándose a no perder de vista su misión. No debería haber necesitado comprobar si su casa estaba segura tantas veces. Pero lo había hecho, y eso describía su jodida obsesión.
No desconfiaba del equipo allá. Solo quería saber que Nadia seguía allí. Que estaba comiendo.Que estaba durmiendo. Que nadie había conseguido acercarse a ella.
Se pasó una mano por la nuca. Aquello estaba empezando a convertirse en un problema.