Logan (Agencia Pipen 5) Capítulo 3
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Capítulo 3

Logan avanzó. Cuatro pasos. Cinco. Se conminó a seguir.

Estaba haciendo lo correcto. Tenía que irse.

Este sitio pronto sería un infierno de policías o, peor, estaría rodeado por los miembros del cártelque buscaba a Furtado.

Logan llegó hasta el paso siete y, con un suspiro largo, se detuvo. ¡Maldita sea!

No necesitaba hacer esto. Lo que vino a hacer estaba terminado.

Furtado estaba muerto. La misión había sido exitosa.

Tenía un vehículo esperándolo a menos de dos manzanas que lo llevaría a las afueras de la ciudad, donde lo cambiaría por el Jeep que dejó estacionado.

Podía estar en la carretera en veinte minutos.

La mujer podía ir a la policía. Podía buscar ayuda en otro lado. Podía…

—¡Joder! —masculló.

Miró hacia atrás. Ella seguía donde la había dejado. ¿Dónde estaba la decisión que creyó leer en sus ojos? Ida. La situación la sobrepasaba. Se la veía pequeña e indefensa contra aquella pared, con Furtado muerto a sus pies.

Logan observó la calle que se abría detrás de ella y mentalmente enumeró lo que sabía sobre la zona. Un nudo de tráfico de personas, de coyotes que vendían a su madre por dinero. Zona de cárteles. Mujeres desaparecidas a ambos lados de la frontera.

Una extranjera que no entendía el idioma ni la cultura duraría aquí lo que tardara el depredador adecuado en descubrirla. Podía darle quinientos dólares. Mil. No cambiaría nada. Tenía un blanco en su espalda. ¡Puta hostia!

—Louie —casi ladró.

—Sigo aquí —respondió el hacker, con calma.

La voz de Elijah rezongó algo atrás. Estaba escuchando, probablemente despotricando por la manera en que Logan hablaba a su pareja. Se contuvo.

—La mujer… ¿Qué te dijo?

—Se llama Nadia Vasi… algo. Es búlgara. Dice que la engañaron con una oferta de trabajo. Que la trajeron con otras, en barco. Estoy intentando encontrar algo sobre ella, pero… Es como una aguja en un pajar enorme.

Logan cerró los ojos un instante. Claro. Por supuesto. Encontrar a su familia, si la tenía, podría tomar semanas. Sopló fuerte y se dio la vuelta para caminar de regreso. Los ojos enormes y la postura rígida delataron su sorpresa. Logan se detuvo a varios pasos.

—Dile que no voy a tocarla.

Louie guardó silencio.

—Logan... ¿Qué…?

—Díselo.

La voz búlgara salió del dispositivo. Nadia escuchó. Sus ojos se clavaron en él. Especulativos. Pensantes. Evaluándolo.

—Ahora dile que puedo sacarla de aquí. Si quiere venir conmigo.

Louie tradujo. Nadia respondió inmediatamente y la cadencia del idioma desconocido lo envolvió.

—Pregunta adónde vas a llevarla.

Logan miró el cuerpo de Furtado. Después a ella.

—Primero, lejos de aquí.

—Muy tranquilizador.

—Louie.

—Traduciendo.

La máquina habló. Nadia hizo otra pregunta.

—Quiere saber qué ocurrirá después.

Logan exhaló. No tenía ni puta idea.

—Después, ella puede decidir.

Louie no respondió de inmediato, pero luego, Logan oyó la traducción. Nadia permaneció inmóvil. Él no extendió una mano. No volvió a hablar. Esperó. Era una oferta que caducaba en tres, dos, … Finalmente ella dio un paso. Después otro.

Logan se volvió y comenzó a avanzar, reduciendo el ritmo cuando oyó que los pasos de Nadia eran irregulares, aunque lo seguía. No miró atrás, pero escuchó cada uno.

===

Ir tras el hombre que acababa de matar a su captor era probablemente la decisión más estúpida que había tomado desde que aceptó la oferta de chicho Yavor. Nadia lo entendía. También sabía que quedarse era peor.

Él caminaba delante sin disminuir sus zancadas. No la tomaba del brazo, no la apuraba. Ni siquiera se volvía para comprobar que ella lo siguiera. Aquello era extraño. Los hombres que la habían trasladado siempre tocaban. Empujaban. Manoseaban. Ordenaban. Este, caminaba.

Nadia observó su espalda. Podría huir. Su mirada recorrió el perímetro.

¿Adónde? Él la alcanzaría antes de que recorriera veinte metros, pero podía intentarlo.

El hecho de que nadie se lo impidiera le produjo una sensación que había olvidado.

Estaba libre. La pesadilla había terminado.

Si estaba empezando otra y se metía en ella con los ojos abiertos… Se vería.

Eso era más de lo que podría decir de Elena y las otras. Esas pobrecillas. Sus ojos se aguaron, pero contuvo el sollozo. No podía quebrarse. No quería que él la viera frágil y decidiera que era un estorbo.

Llegaron hasta un automóvil estacionado en una calle lateral. Él sacó unas llaves. Nadia se detuvo. El sonido del cierre desbloqueándose atravesó su cuerpo. No . Su cuerpo se paralizó. De pronto estaba reviviendo el momento en que le habían arrancado su vida.

El taller en donde su tío le dijo la esperaban. La camioneta y la puerta cerrándose. El olor de la tela contra su cara. Nadia retrocedió. Logan abrió la puerta trasera. Ella no se movió. Él señaló el interior. Nadia negó.

—Не.

El hombre frunció el ceño. Ella dio otro paso atrás.

El la miró. Después miró el automóvil y pareció comprender.

Nadia vio el instante en que ocurrió. El hombre dejó de señalar.

Retrocedió un paso entero y después otro.

Se apartó de la puerta abierta y dejó libre el espacio entre Nadia, el vehículo y la calle.

No habló. No intentó convencerla. La decisión quedó suspendida entre ambos. Nadia miró el coche. Miró la calle. Otra vez a él, que esperaba sin demostrar impaciencia. Eso era todo. Esperaba.

Nadia respiró hondo. Se acercó. Cada paso exigió una orden consciente a sus piernas. Cuando llegó al automóvil, se inclinó para mirar el interior. Estaba vacío. Ninguna otra persona adentro, ninguna separación metálica. Ningún cerrojo visible.

Entró. El no la tocó y cerró la portezuela cuando Nadia terminó de acomodarse. Después ocupó el asiento del conductor y encendió el motor. Nadia tomó el borde del asiento. El vehículo comenzó a moverse. Se movían.

Observó las calles desaparecer por el retrovisor. No sabía adónde iba. No sabía quién era aquel hombre. No sabía si acababa de escapar o había cambiado de captor. Cuando lo miró, lo vio con ambas manos sobre el volante, sin volverse hacia ella ni mirarla por el retrovisor.

No intentó hablar. No la presionó. Los minutos pasaron. Por primera vez desde Varna, Nadia comenzó a ver una luz de salida.

===

Una hora después, la búlgara dormía en el asiento trasero.

Habían dejado Nogales sin inconvenientes y cambiado el automóvil por el Jeep en el punto acordado.

El vehículo temporal quedó con las llaves en el contacto y la portezuela abierta.

No pasaría media hora que alguien lo llevaría.

Para cuando alguien intentara reconstruir los movimientos alrededor del cadáver de Furtado, Logan esperaba estar a cientos de kilómetros.

Miró por el espejo. Ella estaba acurrucada contra la puerta trasera, con la cabeza apoyada en el cristal y los brazos cruzados sobre el cuerpo.

Se había resistido al sueño durante casi cuarenta minutos.

Cada vez que los párpados se le cerraban, despertaba de golpe y buscaba inmediatamente su posición. Hasta que el agotamiento ganó.

Logan esperó otros veinte minutos antes de activar el teléfono de emergencia. Encriptado. Seguro. La videollamada tardó pocos segundos en conectarse. La pantalla se dividió. Darius apareció primero. Matt después.

—Logan —dijo Darius—. ¿Qué tienes?

—Está hecho.

Matt se inclinó hacia la cámara.

—¿Furtado?

—Muerto.

Segundos de silencio.

—¿Seguro? —preguntó Matt.

—Bala en la cabeza. Bastante seguro.

Darius dejó caer la espalda contra la silla y se pasó ambas manos por el rostro. Matt cerró los ojos. Logan comprendía lo que la muerte de ese criminal significaba para ellos. Furtado había dejado demasiada mierda detrás. Sobre todo en Isabel. Aquello terminaba allí.

—¿Dónde? —preguntó Darius.

—Nogales. Intentaba moverse otra vez. El cártel lo había marcado.

—¿Extracción?

—Limpia.

Darius asintió.

—¿El cuerpo?

—Ya lo deben haber encontrado, pero no hay nada que nos conecte.

Matt exhaló.

—Bien —Una pausa—. Joder, Logan. Gracias.

Logan movió ligeramente un hombro.

—No tienes que agradecerme. Lo hice por Isabel, y Louie hizo la mitad del trabajo.

—Le agradeceré a Louie. Ahora te estoy agradeciendo a ti.

Logan no respondió. Nunca había sabido qué hacer con aquella clase de cosas. Darius lo salvó.

—¿Cuándo vuelves?

—Voy de regreso —Miró el retrovisor. Ella continuaba dormida. Nadia , recordó—. Aunque tengo una situación.

Darius frunció el ceño. Matt lo conocía mejor.

—¿Qué hiciste?

—¿Por qué supones que hice algo?

—Porque tienes esa cara.

Logan volvió a mirar atrás.

—Furtado tenía una mujer consigo.

El humor desapareció de Matt.

—¿Otra víctima?

—Sí.

—¿Dónde está?

Logan guardó silencio un segundo.

—En mi asiento trasero.

Matt parpadeó. Darius también.

—¿Perdón? —preguntó Matt.

—Es búlgara. Louie está buscando más información.

Darius se inclinó hacia delante.

—¿La llevas contigo? Pero… Eso te complicará…

—No podía dejarla allí.

No hubo más cuestionamientos y lo agradeció. Su humor decaía y su preocupación empezaba a asomarse.

—¿Está herida? —preguntó Darius.

—Raspones, deshidratación. Está agotada. No necesita un hospital.

—¿Habla inglés?

—No.

Matt se frotó la mandíbula.

—¿Documentos?

—No, nada.

Darius pensó unos segundos. Logan conocía esa expresión. Ya estaba organizando recursos.

—Bien. Tráela. Prepararemos lo que haga falta desde aquí. Louie puede empezar con identidad, familia, inmigración, lo que encontremos.

Logan volvió a mirar por el espejo. Nadia había cambiado de posición. Una mano descansaba ahora cerca del rostro. Parecía más joven dormida.

—No sé todavía si quiere ir a Providence.

Darius lo miró.

—Entonces averígualo. Mantennos informados. Y Logan...

—¿Qué?

La expresión del otro hombre cambió.

—Esto significa mucho para Isabel.

Logan miró la carretera.

—Ya no tendrá que mirar por encima del hombro.

—Lo sé.

—Eso basta.

Cortó la comunicación. La pantalla quedó negra.

Durante varios kilómetros condujo sin más compañía que el ruido del motor y la respiración de Nadia desde el asiento trasero.

Se frotó los ojos y luego se mesó el cabello.

El trabajo le pasaba factura. Tenía sueño, estaba sucio y necesitaba comer algo que no viniera envuelto en plástico.

Y, sobre todo, debía resolver un problema bastante más complicado que matar a Esteban Furtado.

Providence quedaba a casi dos mil millas.

El avión no era una opción con una mujer sin documentación y en aquel estado.

Tendría que conducir. Eso significaba combustible, comida y, tarde o temprano, un motel.

Logan apretó las manos alrededor del volante.

Un motel. Con una mujer traficada. Que no entendía una palabra de lo que él decía.

Fantástico , cateto, eres brillante . Miró otra vez por el retrovisor.

Ella había confiado lo suficiente para entrar en su coche y dormirse. Le tocaba resolver su situación.

Al llegar a Providence, los otros sabrían qué hacer. Las horas se le iban a hacer eternas, joder.