Capítulo 2
Nogales, Arizona
El calor se había instalado sobre Nogales desde media mañana y, a esta hora de la tarde, parecía salir de las paredes.
Logan llevaba horas tendido sobre el techo de un edificio abandonado de tres plantas bajo un parapeto de tela que lo protegía del sol y de cualquier mirada curiosa desde las construcciones vecinas.
El polvo se le había pegado a los antebrazos, tenía la camiseta húmeda entre los omóplatos y una mosca llevaba varios minutos empeñada en aterrizarle cerca de la boca. La espantó sin apartar el ojo de la mira. Había conocido puestos de observación peores. Mucho peores.
Al otro lado de la calle, el edificio que vigilaba parecía tan muerto como el suyo.
Estuco amarillento, persianas rotas, un aparato de aire acondicionado que goteaba sobre una pared cubierta de manchas oscuras.
Nada que justificara su enfocada atención.
Excepto que él sabía mejor. Esteban Furtado estaba ahí.
Había estado siguiéndole el rastro por tres semanas, saltando de una pista a otra mientras el hombre quemaba teléfonos, cambiaba de vehículos y utilizaba intermediarios para comprar comida, alojamiento y documentación falsa.
No habría sido posible sin la ayuda de Louie; seguramente lo habría perdido dos veces ya.
El hacker había encontrado transferencias, triangulado llamadas y reconstruido movimientos digitales con facilidad que hacía parecer sencillo lo que nadie más en la agencia habría sabido hacer. Louie era la mejor incorporación de la Agencia Pipen en años.
Y había que agradecerle a Elijah por eso. Increíble. Una mueca de sonrisa nació al recordar a su colega. Luego, volvió a concentrarse en la ventana.
—Tengo visual de la habitación, aunque aún no veo al objetivo —murmuró contra el micrófono—. Segundo piso.¿Estamos seguros?
La respuesta de Louie llegó a su oído sin una vacilación.
—Confirmado. El teléfono está allí.
—¿Algún movimiento?
—Nada nuevo. Lleva dos días encerrado. Creo que espera a alguien.
Logan ajustó apenas el enfoque.
—¿El cártel?
Escuchó el tecleo al otro lado de la conexión.
—La organización lo marcó. Fue tal y como lo pensábamos. Furtado les falló. Perdió la mercancía, el dinero del cártely las mujeres cuando salió huyendo. Ahora debe una cantidad que no puede pagar ni vendiendo los órganos de toda su familia.
—Encantador.
—No juzgues otras culturas, Logan.
Una comisura de su boca se elevó ante la ironía filosa del hacker.
—¿Por qué vino a Nogales?
—Mi hipótesis es que tiene un contacto que puede sacarlo de la zona sin pasar por un cruce oficial. Nada aún, pero le estoy interceptando comunicaciones y si alguien viene por él, lo sabré.
—Bien. Buen trabajo.
—Para eso estoy.
Logan cerró la comunicación. Tocaba esperar, pero eso no lo inquietaba.
Tenía lo que se necesitaba para eso, había sido su trabajo de años.
Un francotirador que se preciara cultivaba la paciencia con cuidado.
La mayoría de la gente confundía esa virtud con inmovilidad, pero no eran lo mismo.
Permanecer horas detrás de un rifle exigía controlar cada necesidad del cuerpo sin permitir que ninguna interfiriera con la atención.
Bebió agua en intervalos regulares, comió dos barras energéticas, flexionó los dedos y cambió la presión de las piernas antes de que aparecieran calambres.
El sol se desplazó sobre Nogales. Las sombras se alargaron.
Un camión descargó cajas dos calles más abajo.
Una mujer salió a sacudir una alfombra desde un balcón.
Dos adolescentes cruzaron en bicicleta.La ventana continuó cerrada.
Entonces, algo cambió. La puerta del edificio se abrió. Cuando Logan notó el movimiento, activó el intercomunicador.
—Louie.
—Aquí.
—Tenemos actividad.
Para su deleite y alivio, Esteban Furtado apareció en la acera.
Lo reconoció antes de enfocar completamente el rostro.
Altura, peso, la manera de cargar el hombro derecho, esa tendencia a mirar por encima de él antes de cruzar una calle.
Estaba nervioso. Mucho. Miró hacia ambos lados, se secó el sudor de la frente y dio un paso.
Después dijo algo y su mano estirada tironeó de alguien.
Logan frunció el ceño. Una mujer salió detrás del bastardo, a trompicones. Era joven, de cabello oscuro, delgada. Sus pantalones parecían demasiado grandes para ella y vestía una camiseta que había conocido días mejores.
Logan entrecerró sus ojos. Ella cojeaba.
No de forma pronunciada, pero descargaba el peso del pie izquierdo de una forma peculiar.
Aumentó el zoom. Furtado tenía la mano cerrada alrededor de su brazo, como una garra.
La mujer intentó soltarse. El bastardo la sacudió con salvajismo y ella trastabilló.
—No está solo —susurró.
—¿Qué? Pero… ¿Quién?
—Tiene a una mujer. No por su voluntad, eso es claro.
—¡Oh, mierda, ese maldito! —No era habitual que Louie maldijera, pero todos en la agencia habían atravesado el dolor y la angustia del rapto de Isabel por parte de este mismo hombre. Logan sintió sus sienes latir y el corazón bombear fuerte—. ¿La reconoces?
—No.
Logan siguió observándola. Ella miraba a todos lados con desesperación, como una presa atrapada haría. Sus ojos saltaban de una esquina a otra, de los coches a las puertas, de las puertas a los peatones. Buscaba algo. Una salida. Ayuda. Cualquier cosa que la alejara de ese criminal.
Furtado volvió a tirar de ella y la mujer giró la cabeza.
Durante un segundo, Logan vio su rostro.
Se quedó inmóvil. Ojos imposibles resaltaron a través de la mirilla.
No eran simplemente claros. Eran de un verde extraordinario, pupilas demasiado vivas para aquel rostro pálido y desencajado de miedo.
Pero no fue eso lo que retuvo su atención.
O no solo eso. Fue la expresión. En ese rostro había miedo, sí, pero debajo había cálculo.
La mujer observaba, frenética, y pensaba.
Estaba buscando la manera de salir de allí.
Logan había visto muchas víctimas en campos de batalla como para no entender la diferencia entre quien teme y trama, y el que ya se sabe en el matadero.
Esta joven todavía tenía lucha en su cuerpo.
—Una mujer con nervio… —murmuró Logan.
—¿Qué?
—Nada.
Furtado arrastró a la mujer hacia un callejón, y Logan siguió el avance con su arma apuntando, corrigiendo el ángulo. El viento era casi inexistente. La pared lateral le ofrecía todavía una línea limpia. Esperó.
Furtado empujó a la mujer contra el muro, y ella se golpeó la espalda.
El bastardo se inclinó sobre ella y le dijo algo.
La mujer respondió frenética. Logan no podía oír las palabras, pero vio la reacción de Furtado.
La boca se le deformó. Dio otro paso y la encerró contra la pared.
Ella no bajó la mirada, y eso pareció enfurecerlo más.
Furtado levantó una mano. Logan inhaló. Retuvo. Y entonces ejecutó lo que había venido a hacer a este pueblo perdido. El momento del disparo no era más que un trámite. El silenciador convirtió el tiro en un golpe seco. Ahora, solo era esperar.
Miró la escena como si se tratara de una vieja película cuya trama conocía bien. La cabeza de Furtado se desplazó hacia un lado con violencia. Su cuerpo perdió toda tensión y cayó sobre el asfalto antes de comprender que estaba muerto.
Logan mantuvo el ojo en la mira. La mujer retrocedió de un salto. Miró a Furtado. Después la sangre. Después alrededor. Su boca se abrió. Quizá gritó. Desde aquella distancia Logan no pudo oírla.
Esperó unos segundos más. Curioso, haciendo lo que de habitual no: observar el después de una acción. La vio levantar la cabeza y comenzar a buscar entre los edificios.
Logan permaneció quieto. Ella no podía verlo. Era imposible. Sin embargo, por un instante aquellos ojos verdes recorrieron la cornisa donde estaba escondido y algo extraño le recorrió la nuca. Como si ella supiera que alguien la observaba. Parpadeó y sacudió su cabeza.
—Objetivo neutralizado —informó.
Louie guardó silencio un instante.
—Joder, qué alivio. Ese hombre terminó de sembrar el mal.
Logan apartó el rostro de la mira. Este era el final. Tocaba desmontar, dejar la escena antes de que alguien la descubriera y complicara su huida. Debía desaparecer. Y eso haría. Solo que esta vez, mientras guardaba el rifle en la funda, volvió a mirar hacia el callejón. La mujer seguía allí. Sola.
—Mierda —musitó.
Cerró la funda y se movió con eficiencia. Bajó por la escalera trasera, atravesó la planta vacía del edificio y salió por una puerta oxidada hacia el callejón paralelo. Louie había marcado dos cámaras municipales en aquella manzana; Logan evitó ambas sin tener que pensarlo.
Caminó con la funda colgada al hombro, cruzó detrás de una lavandería y rodeó el bloque.
No tenía intención de quedarse, pero no podía dejarla ahí.
Era una víctima. Haría lo decente y humano Le daría dinero para que pudiera resolver algunos días, le señalaría la dirección de la policía.
Después se marcharía. Problema resuelto.
===
¿Qué estaba pasando? Nadia no entendía, no sabía qué hacer.
El maldito hombre que la había tenido prisionera había caído desplomado.
Eso fue todo. Un instante antes estaba delante de ella, con la cara roja de ira y la mano levantada.
Nadia había alcanzado a encoger el hombro porque sabía que llegaría el golpe. Pero este no sucedió.
Fue como si algo le hubiera golpeado la cabeza con fuerza brutal e invisible. Después hubo sangre. Mucha. Oscura, densa. Entonces vio el agujero. Un disparo. ¡Le habían disparado!
El aire desapareció de sus pulmones y se encogió más. Miró hacia la entrada del callejón. Nadie. Hacia las ventanas. Nada. Los tejados. Nada. Pero alguien había disparado. Alguien había estado observándolos.