Capítulo 19 #3
—Todo lo que rodea Madrid está petado de anémicos. ¿Por qué crees que yo tampoco he conseguido avanzar?
Miré alrededor. Tenía razón, cada vez veíamos más por la zona por la que estábamos yendo e ir con alguien es más seguro. Ahora bien, no quería viajar con él. Estaba claro que era algún tipo de estratagema. Seguro que quería volver a engañarme. No podía fiarme de él.
—Vale —suspiré.
Después… seguimos hablando de cosas menos tristes, nos pusimos a contarnos batallitas. Un poco de esto, un poco de aquello, ya sabes. Entre una cosa y otra, cuando nos dimos cuenta, el cielo ya empezaba a aclararse.
—¿Eres consciente de que pasaste toda la noche hablando con un infectado? —me regaña Ortega—. No te puedes permitir el lujo de encariñarte con el enemigo.
—Qué mal pensada eres, teniente. Gabriel es…
imbécil, un idiota, un ladrón... pero me cae bien.
Lo admito. Es majo, ¿vale? En el fondo, es mejor persona de lo que él cree.
Su problema es… que se deja llevar, no toma sus propias decisiones.
Por eso, entre otras cosas, tampoco pudo... bueno. Lo que te decía.
A la mañana siguiente, Gabriel seguía ahí, no se marchó, esta vez no.
Cuando Joel se despertó y nos vio a los dos, medio muertos de sueño en el suelo, se enfadó conmigo.
Sin embargo, noté como miraba a Gabriel con cierta…
hostilidad. Era lógico que no le cayera bien.
Pero claro, ahora, sabiendo lo que sé… Es algo que me tendría que haber dado cuenta antes.
—¿Por qué lo dices?
—Porque Gabriel y yo nos fuimos… acercando.
—¿Acercando cómo? —Una leve sonrisa se dibuja en su rostro.
—Como estás pensando. —La sonrisa de Ortega se hace un poco más grande.
Cuanto más hablábamos, mejor me caía. Eso era lo peor.
En cambio, Joel parecía que cada día le preparaba un asesinato diferente.
Hubo un momento en el que se pasó. Estábamos en una especie de parque y Joel se fue a mear por ahí.
Me quedé con Lucas, jugueteando con él como siempre hacía cuando podía.
Gabriel se acercó, le tocó la mejilla y el crío se rio, así que se puso a jugar con él también.
—Qué pena me dan, nunca podrán tener una vida normal —murmuró, sin dejar de hacerle carantoñas a Lucas—. Lo que estás haciendo tiene muchísimo mérito.
—¿El qué?
—Cargar con dos niños hasta Madrid —sonrió mientras miraba a Lucas—. Pese a la responsabilidad, no los has abandonado.
—No te creas que no lo he pensado —le comenté con media sonrisa.
Tras un breve silencio cómodo, ambos nos comenzamos a reír. Hacía bastante que no me reía tanto.
—Desde el primer día que te conocí supe que eras buena persona —continuó—. Me aceptaste sin conocerme de nada, me ayudaste, me diste de comer, fuiste supermaja conmigo.
—Y mira cómo me lo pagaste.
—Ya, sí. Me equivoqué. —Seguía jugando con Lucas, sin mirarme—. De verdad que lo siento mucho, Erika. No… no tenía que haber…
—No te preocupes. Dada la situación tampoco…
En ese momento volvió Joel. Sin soltar ni una palabra, me arrebató a Lucas de mis brazos. Después se giró hacia Gabriel. Esa mirada aún me da escalofríos. Se dio la vuelta y se marchó.
—¿De qué va el mañaco este?
—No le gusta que toquen a su hermano. Aunque...
No fue un caso aislado. Daba igual lo que hiciera Gabriel, Joel se ponía a la defensiva de todas formas.
—A lo mejor era el típico hermano pequeño al que no le gusta compartir a su hermana con el novio —sugiere la teniente.
—No me daba esa sensación… Y deja de decir eso sobre Gabriel.
En fin, dado que ninguno de los dos nos fiábamos del ladronzuelo, Joel y yo llevamos la mochila.
Para ese punto lo poco que entraba salía ese mismo día.
Llegamos a una especie de bazar, o tienda de alimentación, no me acuerdo.
Al entrar, mandé a Gabriel a que recogiera algo de comida mientras yo buscaba potitos para Lucas.
Me pasé un buen rato buscando. Creo que más de un superviviente descubrió lo buenos que están.
De pronto, escuché gritar a Gabriel. Los encontré a ambos junto con la mochila.
Nada más verme Joel se puso detrás de mí, fingiendo estar aterrorizado.
—Se ha puesto violento de repente. Ha empezado a decirme cosas y me he asustado.
—Eso es mentira —se excusó Gabriel—. Estaba sacando cosas de la mochila.
—No es verdad —protestó Joel—. Se lo está inventando. Lo único que quiere es entorpecernos.
—Te juro que no. He visto al chaval. Se lo he preguntado de mala manera, vale, pero es la verdad.
—Peque… —Me agaché para quedar a su altura—. ¿Por qué estabas sacándolas?
Joel bajó la cabeza.
—No pasa nada. ¿Se habían abollado? ¿Estaban caducadas? ¿Gabriel se ha equivocado y ha cogido alguna extraña?
Seguía sin contestar. Esa actitud no era normal. ¿Y por qué ahora? Esperé unos segundos más.
—Bueno, da igual —suspiré—. Gabriel, mételas otra vez en la mochila.
Antes de que pudiera dar dos pasos, Joel me quitó a Lucas y salió de la tienda. Creo que aquel fue el primer aviso. O quizá hubo más y no quise verlo. Joel es un chiquillo muy inteligente… demasiado a veces.