Loca por ti Capítulo 23
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Capítulo 23

J eremiah seguía desmayado en el sofá y yo me había quedado dormida atravesada en la cama. Natasha estaba en un dormitorio de invitados, durmiendo la mona después de su noche de copas y baile.

Salí de puntillas al porche trasero, sin querer despertar a Jeremiah.

Dejé a un lado la toalla de playa enorme que me había llevado y salí al césped cubierto de rocío.

Estaba frío bajo mis pies descalzos, pero resultaba refrescante.

El lago parecía tranquilo en su mayor parte, y se lo agradecí. Necesitaba gastar energía de sobra.

Entré por la parte de arena de la zona de playa privada. El agua tenía un mordisco que me hizo tiritar. Seguí adelante. El bañador entero que llevaba estaba cortado de forma que me permitía nadar a máxima velocidad, no tomar el sol.

Me zambullí y empecé a hacer largos, cambiando de estilo.

No estaba segura de cuántos largos hice exactamente entre mi embarcadero y la península que había al otro lado de la propiedad de Landry.

Algo blanco destelló y me quedé quieta, flotando en el agua, observando cómo se acercaba una lancha de buen tamaño.

Cuando pude verla mejor, solté un gemido.

Se acercó a mí y se detuvo. El que la conducía se puso en pie, con gafas de sol y con un aspecto delicioso incluso con el labio partido.

El oleaje de su estela me cubrió. Le lancé una mirada furiosa.

—¿Ahora me estás acosando, Phil?

Cruzó los brazos sobre el pecho e hizo un gesto con la cabeza hacia la casa de sus padres.

—Puede que te haya visto salir esta mañana. He pensado que hacía una mañana perfecta y te conozco, Mer, no puedes resistirte a nadar cuando estás cerca del agua. A primera hora es tu momento favorito.

Me conocía.

Se inclinó y me tendió la mano.

—¿Podemos hablar? Por favor.

—Te das cuenta de que es muy probable que te arrastre aquí conmigo, ¿verdad? —pregunté, esbozando una leve sonrisa.

Phillip me pilló desprevenida cuando se quitó las gafas de sol de un tirón, se arrancó la camiseta, se descalzó y se lanzó al agua, con vaqueros y todo. Salió a la superficie a mi lado y me rodeó la cintura con el brazo.

—Lo siento, cariño —susurró—. Odio haberte hecho daño.

Le empujé el pecho.

—Si puedes verme desde la casa de tus padres, tu padre también puede. ¿No tiene alguna especie de cláusula en su contrato contigo? ¿No tendrás que devolver el dinero si te ve así conmigo? —dejé que el sarcasmo impregnara cada una de mis palabras—. Me daría una pena horrible que pasara eso.

Phillip no se echó atrás.

—Joder, Meredith, era joven y la cagué. Te quiero y lo siento.

—No. Me quedó dolorosamente claro la mañana que me desperté y me encontré una nota tuya, perdón, de tu padre, junto con los papeles de anulación, que no me quieres. En realidad, nunca me has querido.

Nos sumergimos al pasar una pequeña ola. Al salir a la superficie, Phillip sacudió la cabeza.

—Eso no es verdad y lo sabes de puta madre.

Estoy enamorado de ti desde que tenía catorce años.

Cometí un error de juicio, Mer. Cometí un error.

No finjas que tú no los has cometido nunca.

¿Hace falta que te recuerde que tu error le costó la vida a alguien?

¿Eh? ¿O prefieres fingir que tu mala decisión no te hizo perder el control de ese coche y matar a mi hijo?

En cuanto las palabras salieron de su boca, se le agrandaron los ojos y supe que quería tragárselas. Era demasiado tarde. El daño ya estaba hecho. Me zafé de él y nadé a toda velocidad hacia la orilla. Sabía que llegaría antes que Phillip.

Salí del agua y eché a correr hacia mi porche trasero. Por desgracia, en tierra Phillip tenía ventaja. Me agarró por la cintura y me placó, tirándome al suelo con él, pero de manera que no me hizo daño. Sabía que estaba llorando, pero al principio no me di cuenta de que también le estaba gritando.

Me mandó callar, sujetándome con fuerza.

—Vas a despertar a todo el pueblo.

Me puse rígida, las lágrimas corriendo aún más deprisa mientras yacía en el suelo, de espaldas a él.

—Suéltame. Ya. Mismo.

—Mierda, Mer, lo siento. No quería decir lo que he dicho. No es culpa tuya.

Me quedé allí, deshecha en lágrimas, odiándome.

Phillip me besó el hombro y el cuello, sin soltarme.

—Lo siento, Mer —por el sonido de su voz, él también estaba llorando—. Estaba dolido. He hablado sin pensar. Sé que fue un accidente. Lo sé.

Seguí llorando.

Me apartó el pelo mojado de la cara y me besó en la mejilla.

—Shhh. No te culpo por lo del bebé. No te culpo. No fue culpa tuya. Fue un puto accidente, Mer.

—Desde luego que no fue culpa suya —retumbó la voz de Jeremiah a nuestro alrededor.

Le miré y me pareció casi angelical. Alargué el brazo hacia él, y vino enseguida, sacándome del abrazo de su primo. Me estrechó contra él, abrazándome mientras le hablaba a Phillip.

—¿Cómo se te ocurre presentarte aquí y empezar a machacarla? Te dije que estaba pasando página, no para que vinieras a fastidiárselo, sino para que tú hicieras lo mismo.

Temblaba, en parte por el frío y en parte por todo lo que sentía.

No lograba dejar de llorar. De pronto alguien estaba allí, envolviéndome con mi toalla y sacándome con cuidado de los brazos de Jeremiah.

Estaba tan alterada que apenas presté atención a quién me sujetaba.

Solo sabía que estaba cachas y que olía bien.

Llevaba un pantalón de pijama negro de algodón que le quedaba perfecto.

Y me sostenía como si fuera lo más valioso del mundo.

Phillip bufó.

—¿Vives al lado de ella? ¿Lo dices en serio?

Entonces me di cuenta.

Landry.

Al alzar la vista, me encontré de lleno con su mirada color chocolate. Intenté apartarme, pero me mantuvo cerca.

—No voy a volver a pelearme contigo, Phillip, pero solo por respeto a Meredith. Ella es más importante que mis ganas de retorcerte ese puto cuello.

—Te has buscado un buen partido, Mer —escupió Phillip—. Apuesto a que puede conseguir que no tengas que preocuparte por nada nunca más. He oído que el negocio de los diners es tremendamente lucrativo.

Landry resopló.

—Por favor, capullo. Cierra el pico. No tienes ni idea de quién soy, así que no des por hecho nada.