Loca por ti Capítulo 22 #2
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Capítulo 22 #2

Tiré más fuerte de Phillip, sin dejarle otra opción que seguirme de vuelta a la mesa. Estaba claro que quería quedarse y enfrentarse a mi hermano, pero fuera lo que fuera que vio al mirarme, le hizo ceder. Vino conmigo.

Landry estaba allí, aún fulminándolo con la mirada. Mary Sue volvía a intentar colgarse de él, lo que solo hizo que me repugnara más.

Eché un vistazo buscando mis llaves. Cuando las vi, las cogí.

—No vas a conducir a ninguna parte —dijo Landry—. Te llevaré yo a casa.

—Solo necesito la llave de mi casa —dije, entregando mis llaves a Phillip—. Vete a mi casa. Intentaré calmar a mi hermano. No quiero esto esta noche. No quiero más peleas.

Jeremiah le arrancó las llaves de la mano a Phillip.—Él no va a poner un puto pie en tu casa. Estoy con Samson, aquí no pinta nada.

—Tiene todo el derecho a estar aquí —dijo Izak, volviendo de la pista de baile—. Ella fue su mujer. Cuando ella lo dejó, lo destrozó.

Parpadeé.—¿Cuando yo qué?

Izak ladeó la cabeza.—Cuando te largaste, justo después de que él comprara esa casa para los dos y estuviera a punto de sorprenderte con ella. Y ya que estamos, ¿cómo demonios pudiste simplemente largarte…?

Phillip levantó la mano, deteniendo a su amigo. Me miró y cerró los ojos un segundo.

Un sonido extraño salió de mis labios.—¿Le dijiste que yo te dejé?

Curioso, cuando me desperté y encontré una carta en la mesa del comedor, informándome de que al parecer habíamos sido precipitados en la toma de decisiones y nos habíamos lanzado a algo para lo que estaba claro que no estábamos preparados, me dio la impresión de que no era yo quien manejaba los hilos —avancé hacia él—.

¿Te acuerdas de la carta, Phil? Qué grande por tu parte decirme que querías terminar mediante una carta.

¿Ni siquiera pudiste hacerlo cara a cara? ¿Me odiabas tanto?

—Nunca te he odiado, Mer. Nunca —dijo en voz baja.

—Entonces, ¿por qué no me dijiste a la cara que el dinero de tu padre era más importante?

Izak parecía confundido.

—Porque fue un jodido cobarde —dijo Jeremiah—. Sabía que nunca podría mirarte a la cara y decirte todo lo que ponía en esa carta. Era tan fría y tan llena de mentiras que una gran parte de mí piensa que la escribió mi tío y que Phil simplemente se limitó a aceptarlo. Como hizo con todo lo demás.

Phillip apartó la mirada de golpe, y entonces supe que Jeremiah tenía razón.

Cogí mi chupito de whisky, aún lleno, y se lo tiré a Phillip. Le dio en el pecho y se estrelló contra el suelo, pero no se rompió. Eso sí, le dejó una mancha húmeda en la camisa.

—Mer —intentó acercarse a mí.

—Ni se te ocurra —señalé hacia él—. ¿Sabes siquiera lo que ponía en la carta, Phillip?

—M-me dijo que sería tajante a la hora de poner fin a lo nuestro. Yo… yo no pude escribirla. Lo intenté, Mer. Intenté decírtelo cara a cara, pero… cada vez que lo intentaba, me…

Recordé su comportamiento antes de que todo sucediera.

—Te quedabas muy callado y te acostabas más tarde que yo.

Cuando por fin venías a la cama, te pegabas a mí como el papel matamoscas y luego te pasabas la noche follándome como un loco, diciéndome cuánto me querías.

—A continuación, le arrojé su vaso de whisky—. ¡Pedazo de mierda!

—Mer.

—Dime qué decía la carta, Phillip.

—No puedo —confesó—. Nunca la leí. No fui capaz.

—¿Por qué no?

Él apretó los puños. —Porque no quería dejarte, Meredith. Mi padre no es un hombre que acepte un no por respuesta.

—Yo le dije que no perfectamente.

Él me miró. —Me propuso un trato. Si aceptaba irme, terminar lo nuestro y permanecer fuera al menos un año, nunca más se metería en nuestras vidas y estaríamos cubiertos para siempre. Yo no sabía lo del bebé... las circunstancias cambiaron y... Mer.

Le lancé una mirada furiosa. —La carta. ¿Qué decía?

—De verdad que no lo sé.

Se me escapó un bufido de desdén. —Yo te diré todo lo que decía.

Estaba lo obvio de que éramos demasiado jóvenes, y luego una parte muy amable informándome de que el apartamento de la ciudad era mío para que hiciera con él lo que me pareciera.

Pero mi parte favorita era la posdata, Phillip.

Donde te asegurabas de mencionar que sabías de sobra que habías sido tú quien me presionó para intentar tener un bebé, pero que, viendo el error que habías cometido, ahora razonabas mejor y no querías saber si estaba embarazada; que querías que lo interrumpiera y que no querías que se te informara de una cosa ni de la otra.

Él dio un respingo hacia atrás e Izak lo agarró por el hombro. Miró a su amigo e Izak suspiró. —¿Por eso ella no te dijo que estaba embarazada?

—No... no sabía que él había puesto eso —dijo Phillip, con los ojos llenos de lágrimas.

Landry contuvo el aliento.

Yo lo ignoré. —Yo había sido la que dijo que éramos demasiado jóvenes, Phillip.

Que teníamos toda una vida para formar una familia, pero no.

Tú insististe e insististe e insististe hasta que cedí.

¿Sabías que ya estaba de casi tres meses?

¿Que estaba planeando una fiesta sorpresa para decirte que ibas a ser padre?

Supongo que la sorpresa me la llevé yo cuando me desperté y me encontré con que habías desaparecido y me habías dejado una carta de despedida.

—Le clavé la mirada—. No había ninguna posibilidad en este mundo de que yo abortara a ese bebé. Te odié por exigir que lo hiciera.

—Yo no... Mer... yo no escribí eso.

—Pero sabías de sobra que tu padre lo estaba haciendo y no hiciste ningún esfuerzo por censurar lo que decía —añadí—.

Es lo mismo que si lo hubieras dicho tú, Phillip.

Fuiste lo bastante hombre para casarte en contra de sus deseos.

Fuiste lo bastante hombre para empezar una familia.

Fuiste lo bastante hombre para abandonar a dicha familia.

¡Sé lo bastante hombre para admitir que el hecho de que no lo supieras es culpa tuya!

Él bajó la cabeza, asintiendo. —No me habría ido de haberlo sabido, Mer.

Me eché a reír con fuerza y casi me caigo.

Landry se levantó rápidamente y me sujetó al ver que me daba un extraño mareo.

—¿Cómo podías no saberlo, Phillip? Llevábamos casados cinco meses.

No hacías más que tirar mis anticonceptivos, riéndote, pensando que era mono y divertido, suplicándome que dejara de usarlos y aceptara tener un bebé.

Hacías todo lo posible para que sucediera.

¿Cómo podías pensar que no pasaría? ¿Acaso no te diste cuenta de que pasé tres semanas con la cabeza metida en el váter?

Creo que en el fondo lo sabías pero no querías afrontarlo, igual que no querías enfrentarte a mí.

Él me miró con las lágrimas rodando por sus mejillas. —Yo también le quería, Mer.

—Ni siquiera le conocías. Ni siquiera llegaste a verle, maldita sea, porque estabas por ahí viviendo la gran vida, contando tus millones, mientras yo estaba en aquel hospital escuchando cómo me decían que podía mirar a mi hijo, pero no tocarle, y que me despidiera.

Fui yo la que estuvo allí, Phillip. Yo, mi padre, Natasha, Samson y Jeremiah; así que ellos son los únicos que tienen algo que decir sobre cualquier cosa.

—Mer, yo seguía siendo su padre —dijo Phillip suavemente—. Habría venido si me hubiera enterado del accidente.

—Intenté llamarte —dijo Natasha—. También tu primo y Samson.

Todos lo hicimos, pero no respondías al móvil.

¿Pensabas que esperaríamos un mes y medio después de que la abandonaras para llamarte solo para gritarte?

No, Phillip. Intentábamos decirte que ella había tenido un accidente de coche y que tu hijo no iba a pasar de la noche.

Contuve las lágrimas. —Tú, tu padre, tu madre...

ninguno de vosotros quiso saber nada de mí hasta que él falleció y, de repente, aparecen los abogados de los Macy diciéndome que no puedo enterrar a mi hijo donde yo quiero.

Que lo van a poner en el panteón de vuestra familia.

Una familia que quería que me deshiciera de él en la concepción. Matthew se merecía algo mejor que eso.

—¿Matthew? —preguntó él.

—¡Por el amor de Dios, Phillip! ¿Me estás diciendo que ni siquiera sabes que ella le puso nombre?

—Jeremiah parecía que iba a vomitar—. Supongo que eso explica el nombre tan frío de su lápida.

Bebé Macy. Hijo Amado. ¡Vaya mierda! ¡Hiciste pasar a esa chica por un infierno y luego lo continuaste con esa jugarreta!

Izak dio un paso hacia mí. —Mer, yo no lo sabía. Pensé que tú... Phil me dijo que tú le habías dejado, que le habías ocultado el embarazo. —Intentó acercarse a mí de nuevo, pero negué con la cabeza.

—Tenías todo lo que era importante en la vida —le dijo Jeremiah a Phillip—.

Y lo echaste a perder por dinero. Sé perfectamente que a Meredith le importaba un bledo tu dinero.

También sé que era feliz cuando pensaba que ibas a vivir de forma independiente del alcance y los ingresos de tu padre.

No quería una vida lujosa a todo trapo, quería una vida tranquila contigo.

Lo fastidiaste todo. ¿Alguna vez te has parado a pensar que, si no hubieras tenido la cabeza metida en el culo, estarías aquí ahora, celebrando cinco años de matrimonio con un hijo de cuatro años?

—Pienso en ello todos los días —dijo Phillip, sorprendiéndome—. Todos los días.

—Bien —espetó Samson—. Espero que la culpa te coma vivo. Hiciste pasar a mi hermana pequeña por un infierno, y lo único que ella había hecho mal en su vida fue confiar en ti y amarte.

—Quiero irme a casa ya —susurré—. No me gusta nada el día de hoy. Quiero fingir que no ha pasado.

Landry intentó abrazarme, pero no se lo permití.

—No. —Me zafé de él otra vez—. No más. Aléjate de mí. Ya tengo suficiente equipaje, no hace falta que añadas más. Estaba siendo feliz de nuevo, Landry. Era feliz y entonces...

Me dio un abrazo de oso, meciendo mi cuerpo contra el suyo.

Dejé que me sujetara y suspiré. —Tu mujer me está fulminando con la mirada.

—No es mi mujer.

—¿Ella lo sabe?