Loca por ti Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

Samson pasó un brazo por mis hombros y me dio un abrazo.

—Papá, deja de preocuparte por ella todo el jodido día.

Tú no lo ves, pero yo sí. Mer es mucho más fuerte de lo que te crees.

Sabes por lo que ha pasado. Sabes de sobra que la visión de ese cuarto de bebé habría hecho que la mayoría de la gente tirara la toalla y se quedara hecha una bola, llorando sin parar.

Pero Mer no. A ella la vida le da limones y los pinta de azul y les pone purpurina. Es así.

—¿Me dices que tú no te preocupas? —preguntó mi padre—. A mí me da que patrullas esta calle muchísimo más que antes y, corrígeme si me equivoco, ¿no lo están haciendo tus hombres también?

Samson se sonrojó. —Puede. Bueno, es una casa grande y ella está sola en ella. ¿Y si alguien entrara a robar? Sé que Landry está cerca, pero ¿y si no la oyera gritar? ¿Y si necesitara ayuda y ninguno lo supiéramos?

Suspiré. —Chicos. ¿Podemos no hacerme sentir como si fuera demasiado pequeña para vivir sola? Por favor.

—Igual si no te encontrara en un tejado con cinco tíos, en top de bikini, usando un martillo azul con purpurina —dijo mi hermano.

—¿Ves? Le quitas la alegría a todo.

—Mer, hablo en serio.

—¿Ninguno de los dos se ha parado a pensar que, si mi vida no hubiera dado un giro inesperado, ya llevaría viviendo aquí, en esta misma casa, unos cuatro años?

—No estarías sola —dijo Samson—. Phil estaría contigo.

—No sé los demás —bufé—, pero yo me quedo más tranquila. Gracias por eso.

Landry resopló, y me acerqué un poco más a él. —¿Puedes decirles que esto dista mucho de ser un pueblo o una calle con alta criminalidad?

—No me metas a mí en esto —dijo, apoyando la mano en la parte baja de mi espalda—. No voy a ponerme en contra a la vez a tu padre y a tu hermano.

—Entonces, ¿estás de su parte? —lo miré hacia arriba.

Negó con la cabeza. —No, pero eso es lo de menos.

—No precisamente. Tú eres más objetivo.

Mi hermano hizo un sonido raro. —Es el menos objetivo de todos cuando se trata de ti, Mer.

—¿Y eso qué se supone que significa? —pregunté.

—Nada.

Habría dicho algo más, pero entonces un chaval joven cargando un enorme ramo de margaritas apareció por el patio lateral. —Eh, ¿hay por aquí alguna Meredith?

—Presente —dije.

Me miró y casi se le cayeron las flores.

Samson gimió. —Te dije que te pusieras más ropa. ¿Y quién te manda flores?

—Ni idea.

Landry me observaba con atención.

El repartidor de flores se acercó y me las dio, sin apartar la vista de mi pecho en ningún momento. Salió corriendo y tropezó, casi se cae al volver la cabeza para seguir mirándome.

—Bueno, ¿de quién son? —preguntó Landry, con algo extraño en la voz.

Se las pasé a mi hermano para que las sujetara mientras yo sacaba la tarjeta. —No lo sé, pero quien sea ha acertado con mi flor favorita.

—Más vale que no sean de Phillip. He oído que pregunta muchísimo por ti —dijo Samson, con voz dura.

—No lo son.

—¿Y cómo lo sabes?

—Porque él es de rosas. Le da igual que a mí no me entusiasmen. Él es todo de rosas.

Abrí la tarjeta y entorné los ojos, convencida de que estaba viendo mal.

—¿Y bien? —preguntó Landry.

Le enseñé la tarjeta a Samson.

Él también parecía sorprendido. —¿Sherman? ¿El Sherman del que me hablaste la semana pasada?

—Solo conozco a un Sherman, así que sí. —Sonreí mientras leía la tarjeta, en la que me daba las gracias de nuevo por haberle ayudado a pasar aquel día, tantos años atrás.

Samson resopló. —«Posdata: mi hijo mayor quiere que te diga que es un completo gilipollas. Palabras textuales suyas, no mías. Comida en mi casa esta semana, sin excusas. Tenemos un paseo pendiente». —Samson volvió la tarjeta—. Aquí está su número, Mer. ¿Vas a llamarle?

—Hoy no —dije, pensando en el pasado.

—¿Por qué no? —preguntó Landry.

—Porque dentro de tres días será el aniversario de la muerte de su esposa. Creo que ese día le gustará recibir una llamada amiga.

—¿C-cómo sabes eso? —Landry parecía alucinado.

—No puedo olvidar algo así. Ya te dije que tuvo un impacto enorme en mi vida. Eh, pregunta. ¿Cómo demonios me ha encontrado?

—Puede que Brice le dijera cómo localizarte —sugirió Samson.

—Puede ser. —Cogí la mano de Landry y sonreí de oreja a oreja—. ¿Me ayudas con una cosa para él? Lo haría yo, pero no creo que fuera seguro comérselo.

—¿Qué tienes en mente?

—Quiero hornearle algo. Da igual qué. Me dijo que echaba de menos el olor de la repostería de su mujer.

Que por mucho dinero que tuvieran o por mucha gente que trabajara en su casa, ella insistía en hornear siempre que podía.

Por lo visto también era una gran cocinera.

Quiero prepararle algo y llevárselo el viernes.

Si estás ocupado, Natasha puede ayudarme. Ella también es muy buena en la cocina.

Landry se limitó a mirarme hacia abajo, con cara de que casi se le iban a saltar las lágrimas o algo así.

Samson alzó las flores y entornó los ojos hacia Landry. Levantó una ceja y luego lo señaló. —Tú eres…

Landry asintió.

—¿Él es quién? —preguntó mi padre—. ¿Y quién es ese Sherman? ¿Sales con él?

—Depende de a quién le preguntes —contesté riendo—.

Su hijo mayor igual diría que sí, pero no, papá, no salgo con él.

Es un buen hombre que estuvo ahí para mí el primer día que pasé en la ciudad.

A la hora de empezar en el trabajo ya quería largarme y salir corriendo de vuelta a este pueblo a esconderme.

Sherman me convenció para que me quedara, para que me volviera a encontrar a mí misma y no dejara que lo que había pasado con Phillip marcara el resto de mi vida.

—Además le regaló un collar que parece carísimo —dijo Samson.

Jadeé. —Oh, mierda. ¿Me ayudas a sacarlo? Quiero devolvérselo.

Landry puso la mano en mi hombro. —Estoy seguro de que preferirá que te lo quedes. Cuéntale lo que has hecho con él, apuesto a que le hará gracia. Me da que, por cómo lo describiste, su mujer habría hecho algo parecido.

—Hazle caso a Landry, Mer —dijo Samson—. Esta punzada en las tripas me dice que tiene razón.