Capítulo 12
S amson me abrazó y señaló otro trozo de cristal. Este era transparente.
—Esa es la primera ventana que rompiste con una pelota de béisbol —dije.
Él se rió entre lágrimas.
Señalé los trozos rotos de una vajilla. —Esto es lo que tiré contra la pared cuando terminaron las cosas con Phillip.
Soltó un resoplido. —Me acuerdo. Estabas cabreadísima. La pobre Natasha intentó evitar que lo hicieras, repitiéndote una y otra vez lo caros que eran. Eso solo hizo que rompieras más.
Se inclinó, mirando de cerca un objeto. Sus ojos se agrandaron. —Meredith, ¿eso es lo que creo que es?
Sonreí. —Sí.
—¿Has puesto tu anillo de compromiso ahí?
Me encogí de hombros. —Él se negó a aceptarlo de vuelta y yo no iba a volver a ponérmelo nunca más.
Es otro pedazo de mi vida. Mira —toqué la pared—, por separado, son cosas rotas, bueno, no el anillo, pero ya sabes a lo que me refiero; juntas, son algo sólido.
Son yo. La historia de mi vida. Son lo que me hace ser quien soy, y cambiarlas o sacarlas de la mezcla me cambiaría a mí.
—Tienes un anillo que vale más de un cuarto de millón de dólares en tu pared —dijo, antes de estallar en una risa histérica. Hizo una pausa y observó todo el frontal de la cocina. —Meredith, este no es el único artículo de valor extremo que tienes en esto, ¿verdad?
—No. —Señalé varias cosas—. Aquí están los pendientes de diamantes que me regaló.
Aquí están las perlas de aquel collar que me dio.
Aquí está el collar de zafiros que me regaló por mi decimosexto cumpleaños.
—Me tomé un momento para tocar el collar—.
Phil solía enfadarse mucho conmigo por no usarlos; no entendía cómo una chica podía preferir un anillo de dos dólares de una máquina de chicles antes que algo como esto.
—Es por su madre. Nunca va sin suficientes joyas encima como para hundir un barco. No importa lo que esté haciendo. Creo que él creció viendo eso, y viendo a su padre colmar a su madre con ellas, así que pensó que era lo que toda mujer quiere.
Resoplé. —Su madre es una zorra total y absoluta que odia a su padre.
—Sí, bueno, al menos su padre también odia a su madre.
Ya sabes, hay un odio mutuo ahí —ofreció mi hermano—.
Antes de que todo pasara y antes de que hiciera lo que hizo, yo solía estar condenadamente feliz de que estuvierais juntos.
No me preocupé por ti cuando te mudaste al apartamento con él al graduarte en la universidad.
Papá estaba fuera de sí porque te quedaras en la ciudad.
Yo sabía que Phil estaba allí contigo, así que nunca me preocupé lo más mínimo.
Él tenía esa cantidad de amor aparentemente infinita y nadie con quien compartirla, y tú eres una esponja para eso.
Imaginé que estaría para siempre a tu lado. Lo siento, Mer.
—No lo sientas. Era un acaparador de camas.
—Sabes, recuerdo que el tipo intentaba darte algo brillante todo el tiempo, pero esto parece más de lo que incluso él hacía —dijo mi hermano, mirando con más intensidad el frontal.
—No todo es de Phil. Eh, este es de Sherman, un hombre que conocí mi primera semana en la ciudad a solas, después de que todo pasara y me mudara de vuelta y aceptara el trabajo para Brice. Nunca supe el apellido del hombre, pero era un encanto.
Samson parpadeó. —¿Un tipo te dio eso y ni siquiera recuerdas su apellido? ¿Te acostaste con un tipo al que apenas conocías?
—No me acosté con él. Lo conocí cuando me crucé delante de su limusina y su conductor casi me mata.
Estaba ocupada leyendo un informe para Brice.
El hombre salió y se asustó, preocupado por mí.
Le di una palmadita en el hombro y le dije que respirara antes de que le diera un aneurisma o algo así.
Tenía cincuenta y tantos años, quizá sesenta y pocos.
Me preocupaba que le diera un ataque al corazón o algo por el estilo por cómo se estaba poniendo.
Los ojos de Samson se agrandaron.
Gruñí. —No es así. Había una profunda tristeza en él. No sé cómo explicarlo. Necesitaba un amigo. Le cogí la mano y le pregunté si quería ir a dar un paseo o algo.
—¿Fuiste a dar un paseo con un desconocido?
Le di un golpe en la cadera con la mía. —Eh, ¿te has saltado el hecho de que nos presentamos?
Él sacudió la cabeza.
—En realidad, pasamos el día entero juntos, caminando por la ciudad, hablando de su pasado.
—¿Su pasado? —preguntó Samson.
Asentí. —Acababa de perder a su esposa de más de treinta años.
Habían estado muy unidos; eran mejores amigos desde la universidad.
Perderla había sido lo más duro por lo que había pasado, pero se había pasado la semana intentando ser valiente por sus hijos, que no se habían tomado bien el fallecimiento de su madre.
Landry se atragantó con el aire y se golpeó el pecho con los ojos muy abiertos. —¿Y Sherman te contó voluntariamente toda esta información después de conocerte?
—Sí, bueno, no al principio. Al principio, se le veía tan triste que no pude obligarme a dejar que se fuera. Recuerdo que le dije que yo era nueva en la ciudad y que, aunque me parecía hermosa, también me parecía abrumadora y solitaria.
Samson me tocó el brazo. —Mer, ese tipo podría haber sido un asesino en serie o algo así. Irte por ahí y pasar el día con él fue una idea muy mala.
Le di un manotazo a mi hermano. —Sherman no fue más que un caballero y, Samson, creo que te habría gustado.
Es un poco como papá. Duro y severo por fuera, pero por dentro, alguien que se preocupa enormemente por la gente a la que ama.
Hablaba mucho de sus hijos. Eh, Lucas, Lance y L-algo o lo que sea.
No recuerdo el nombre del último. Solo sé que Sherman los adoraba.
Estaba extremadamente orgulloso, contándome lo exitoso que era cada uno de ellos, y cómo esperaba convencer a su hijo mayor para que se hiciera cargo de la empresa.
Supongo que el hijo era un abogado poderoso y elegante o algo así.
—Meredith, te das cuenta de que recoges a desamparados —dijo mi hermano, sacudiendo la cabeza.
—Oh, Sherman era muy amable, y se me rompió el corazón cuando habló de su mujer y de su pérdida.
Dijo que era la primera vez que salía fuera de la ciudad y no la llevaba con él.
Mencionó que ella se había sentido un poco indispuesta y había insistido en que él fuera sin ella.
—Suspiré—. Supongo que murió tranquilamente, mientras dormía, y la encontró la criada.
Sherman sentía muchísima culpa por no haber estado allí.
Supongo que el hijo mayor se lo tomó peor porque había prometido pasar a ver a su madre pero nunca lo hizo; algo sobre estar con una mujer en lugar de con su madre, pero Sherman no lo culpaba.
Ni lo más mínimo. Estaba agradecido de que su hijo no hubiera estado allí para encontrar a su madre de esa manera.
No quería que ese recuerdo formara parte de la vida de su hijo.
Samson me dio una palmadita en el hombro. —Meredith, ¿te acuerdas de todo esto habiendo pasado un solo día con el tipo?
—Sé lo que es perder a alguien a quien amas, Samson.
Por supuesto que recuerdo lo que dijo. Recuerdo cómo eran sus ojos castaños y cómo, cada vez que hablaba de su mujer, se le humedecían; y cuando su nombre salía de sus labios, se frotaba automáticamente la alianza.
Lo recuerdo perfectamente porque me quedé allí de pie pensando que quiero que un hombre me quiera tanto como él quería a su mujer.
Samson me abrazó.
Le froté la espalda mientras me apartaba.
—Sherman es la única persona en la ciudad a la que le conté mi pasado.
Natasha no cuenta porque lo vivió conmigo.
Sherman escuchó, y me dio lo que necesitaba: alguien a quien pudiera decirle exactamente lo que tenía en mente sin preocuparme de cómo me vería después.
Y no me juzgó. Me dijo que un poder superior realmente tiene un plan maestro para todos nosotros.
Me aferré a cada una de sus palabras. —Solté un suspiro lento—.
Creo que fue el destino lo que hizo que nos encontráramos.
Él necesitaba ver que todavía había belleza en la vida y que podía seguir viviendo sin su mujer, mientras seguía amándola.
Yo necesitaba ver que el amor verdadero no es un mito.
También necesitaba oír que no era culpa mía.
—Nunca fuiste tú, Mer. Phillip es un capullo —dijo Samson.
—Samson, no. Fue uno de tus mejores amigos toda tu vida.
Si dejas a un lado lo que pasó al final, sabes tan bien como yo que lo querías como a un hermano.
También sabes que no fue todo culpa suya.
—Tomé la mano de mi hermano y la guié hacia uno de los muchos broches de ángeles que me habían regalado durante la parte más oscura de mi vida.
Había cogido uno y lo había puesto en el frontal también.
Mientras sus dedos lo rozaban, me miró fijamente. —¿Es este uno de los de Matthew?
Asentí.
Cerró los ojos brevemente. —Le dije a papá que me dejara llevarme la caja de cosas de su casa. Le dije que la guardaría en mi casa hasta que encontraras una casa aquí y entonces papá podría recuperarlo todo.
—Este no es de la caja de cosas que Natasha empaquetó para mí y le dio a papá para que las guardara —confesé—. Es uno que me había quedado fuera. El que llevé a su funeral.
—Viniste aquí e hiciste este frontal después de que aquella familia entrara en el restaurante, ¿verdad?
Mi hermano me conocía bien.
—Sí.
—Sabía que sería demasiado para ti, Mer. Intenté sacarte de allí —dijo suavemente—. No necesitabas que te echaran todo eso en cara de esa manera.
—Creo que sí lo necesitaba. —Respiré hondo—.
La última vez que hablé abiertamente sobre Matthew fue con Sherman.
Todos vosotros, mis amigos y mi familia, dejasteis que lo escondiera bajo la alfombra y nunca saliera el tema.
Sé por qué. Sé que a vosotros también os duele, y aunque a mí también me encanta vivir en una burbuja de fantasía, en algún momento necesitaba lidiar con ello y dejar salir una parte.
—Meredith, deja que Natasha y yo quitemos todas esas cosas del cuarto del bebé. Odio saber que cada vez que entras en esa habitación, tienes un recordatorio de lo jodidamente vacía que está.
—Sinceramente, no he vuelto a entrar en la habitación desde la primera vez que abrí la puerta para verla.
—Lo haré ahora mismo —dijo Samson—. Haré que Landry me eche una...
Mis emociones pudieron más que yo, nublando mi juicio y mi capacidad de razonamiento. —Samson, lo último que quiero es a una persona más a la que he dejado acercarse mirándome con lástima en los ojos.
—Entonces deja que llame a Jer. Él y yo podemos tener eso totalmente reformado en horas.
—No —dije suavemente.
—Meredith, no puedes tener eso ahí así. ¡Por el amor de Dios!, es un recordatorio constante de lo que tenías y perdiste. De lo que el puto Phillip...
—Shh, no puedes culpar a Phillip por la muerte de Matthew. Yo conducía. Eso recae, y recaerá para siempre, sobre mí.
—¡Meredith, sufriste aquaplaning! Fue algo que no podrías haber controlado de ninguna manera, y es increíble que sobrevivieras a lo que pasó.
—No debería haber estado conduciendo estando alterada y con el tiempo tan mal. No me había sentido bien y no debería haber... Debería haber dejado que Natasha condujera mi coche de vuelta en lugar de seguirme ella en el suyo.
—Habrías estado aquí, en esta casa o, como mínimo, en la ciudad con Phillip, si él no se hubiera metido la cabeza en el culo y no se hubiera dejado llevar de la nariz por su padre.
No habrías estado en esa carretera. No habrías estado sola, incluso si lo hubieras estado. Phillip habría estado conduciendo.
—Samson, no tienes forma de saber que, si Phillip no hubiera terminado las cosas como lo hizo, yo no habría tenido un accidente. Que no habría pasado exactamente lo mismo pero de una manera diferente. No puedes saberlo. Yo no puedo saberlo. Nadie puede. Es lo que es.
—Meredith, ¿cómo puedes simplemente dejar que las cosas te resbalen de la manera en que lo haces? —preguntó—. ¿Cómo puedes vivir en una casa que ese puto capullo eligió para ti?
—Oye, vamos. Landry puede ser un poco tosco, pero difícilmente lo llamaría capullo —dije, intentando hacerle sonreír.
No lo hizo. —No te tomes esto a broma. Sabes perfectamente que estaba hablando de Phillip. Deja de protegerlo. Todo es culpa suya y lo sabes. Enójate, Meredith. Grita, chilla, llora. Lo que sea.
—¿Por qué?
Me miró de forma extraña. —¿A qué te refieres con por qué?
—Me refiero exactamente a eso, ¿por qué? —repliqué.