Loca por ti Capítulo 7
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Capítulo 7

L andry echó un vistazo a la casa de mi padre y pareció incómodo. Yo no podía dejar de mirar su mano y el vendaje. Me sentía fatal de que se hubiera hecho daño por mi culpa. Volvió a mirar por la ventana. Sonreí.

—¿Estás preocupado porque mi padre vuelva a casa y me pille con un tío en casa? —pregunté.

Enrojeciendo, Landry carraspeó.

—Puede.

—Tranquilo, que estás a salvo. Soy adulta y él se ha ido un par de días por trabajo.

Por fin, Landry pareció relajarse. Estuve a punto de reírme de lo absurdo que era que le preocupara que mi padre regresara. En vez de eso, sonreí.

—Así que, ahora que sabes que tenemos la casa para nosotros solos, ¿te apetece hacerlo?

Se giró en redondo, los ojos muy abiertos, fijos en mí.

—¿Q-qué?

Solté una risa nasal y le señalé.

—¡Tu cara ahora mismo!

Se pasó la lengua por el labio inferior y, de repente, el toque de humor del momento empezó a desvanecerse, sustituido por el deseo. Me daban unos ataques serios de lujuria cada vez que estaba cerca de ese hombre. Enderecé los hombros.

—Anda, vamos. Te he prometido que te haría algo de comer.

—Samson ha mencionado tus dotes culinarias alguna vez —dijo, colocándose a mi lado—. ¿Debería preocuparme?

—Por supuesto —respondí con un guiño.

Lo conduje por el pasillo hasta la cocina y luego le hice un gesto para que se sentara.

—Yo me ocupo de ti. Siéntate.

—Me pregunto si Florence Nightingale tenía también este carácter tan alegre —comentó con una sonrisa ladina.

Sacando a relucir mi lado inmaduro, le saqué la lengua.

Él se echó a reír. Fui al frigorífico y saqué cosas que quizá sirvieran para preparar una comida.

Cuanto más dejaba sobre la encimera, más ruiditos raros hacía Landry.

Al final, cedí y me abracé al bote de mayonesa mientras le miraba fijamente.

—¿Qué?

—¿Qué piensas hacer con todo eso? —preguntó, señalando las encimeras ahora abarrotadas.

Fruncí los labios.

—¿Cocinar?

Él me dedicó una mirada comprensiva.

—Samson no bromeaba con tu falta de talento para la cocina, ¿verdad?

—No. Probablemente no.

Seguía apretando el bote contra el pecho mientras examinaba el montón de cosas sobre la encimera.

—Algo tendrá que combinarse para que salga una comida, ¿no?

—¿Cómo has sobrevivido viviendo sola?

Sonreí de oreja a oreja.

—En la ciudad hay montones de sitios de comida para llevar y, cuando no pedía comida, salía a comer fuera. Creo que mi cocina del piso no se llegó a usar nunca de verdad.

Landry se levantó y se acercó más a mí.

—Es la cosa más triste que he oído en mi vida. Vamos a guardar la mayoría de esto. Con un par de cosas de aquí me apaño para prepararnos algo bueno.

Fruncí el ceño.

—Landry, tu mano.

—Está bien.

Le dediqué una mirada escéptica.

—Ni de lejos. Déjame hacerlo a mí. Por favor.

—Vale, pero solo si puedo supervisar estrictamente todo lo que haces.

Le di un suave codazo con el hombro.

—Trato hecho.

Pasó el brazo por mis hombros y me pilló por sorpresa.

—Mer, ¿qué vas a hacer cuando te mudes a tu propio sitio aquí en el pueblo?

—¿Quieres decir cómo voy a comer? —pregunté.

Me giró para que me encarara a él.

—Sí.

—Se rumorea que hay un diner nuevo estupendo en el pueblo. Seguramente coma allí. Mucho.

Riéndose, me atrajo más hacia él, y me descubrí apoyando la cabeza en su pecho. Fui cuidadosa de no moverme demasiado. No quería hacerle daño en la mano vendada, y además se estaba tan bien en sus brazos.

—Seguro que al dueño le encantará saber que va a verte a menudo —susurró, con los labios cerca de mi oído.

Se me tensó el cuerpo de deseo. Me quedé donde estaba y le acaricié el pecho suavemente con los dedos.

—Me alegra saberlo. No querría agotar mi bienvenida ni nada de eso.

—Imposible —dijo Landry antes de apartarse de repente. Se centró en la comida. A ver qué podemos hacer con este desastre.