SETENTA Y SEIS
CARA
M e está dando dolor de cabeza esta situación.
Tiene que ser una broma de mal gusto. Resulta que el puto Don de La Camorra es el padre de Ciro, el Don de La Cosa Nostra.
Mi amiga, la que creía muerta, está viva y tiene una relación con Pantera, el ejecutor del Don.
Y mientras, Sofía siendo torturada y a saber qué más por el puto sádico de Santoro.
Una puta locura, vaya.
Bebo un poco de agua al notar la boca seca.
Observo a Ciro y Gepetto en la terraza cómo se dan la mano.
Creo que acaban de llegar a un acuerdo. Yo no sé qué esperar por parte del capullo este.
Pantera. Lo miro con amenaza. Si me ha mentido o la tiene presa y no es lo que parece, volveré a coger la pistola y le meteré el cañón por el culo para no fallar esta vez.
El sonido del ascensor me hace girarme. Mi corazón late a un ritmo frenético. Las manos me sudan. El dolor de cabeza se acentúa creo que de la tensión concentrada. En la vida me imaginaba que pudiera pasar.
Y ahí está.
Maia.
Al verme, sus ojos se abren un segundo para luego achinarse y llenarse de lágrimas. Es real. Es mi amiga. Mi hermana. Y está VIVA.
El alivio me golpea el pecho con tanta fuerza que casi me quedo sin respiración.
Durante un segundo me quedo inmóvil, incapaz de creer lo que ven mis ojos.
La culpa y la pena que llevo más de un año arrastrando se rompe en mi interior, sustituido por una emoción tan intensa que me hace temblar.
Las lágrimas me nublan la vista mientras una sonrisa me ilumina el rostro.
—Estás aquí —confirmo en voz alta para terminar de creérmelo.
—Y tú —murmura ella con un hilo de voz.
Las dos corremos a nuestro encuentro. Necesito tocarla, sentir que no es un espejismo.
Y lo hago. La rodeo con mis brazos con toda mi fuerza.
Ella igual. Es inexplicable el sentimiento de euforia.
Es como recuperar un pedazo de tu alma que estaba rota.
Sentir el cariño de esa persona tan importante que creías que no tendrías nunca más es una sensación que no tiene precio, que no tiene nombre.
Nuestras confidencias, nuestros secretos, las caricias constantes que nos dábamos para sentir que éramos personas y no perder nuestra humanidad, toda nuestra historia, todo se hace presente.
Los recuerdos llegan más intensos que nunca.
Ella, siempre será ella la que necesite en mi vida.
—Dios mío —susurra contra mi piel empapándome de lágrimas—. Creía que estabas muerta. Me he sentido tan culpable. Perdóname.
Me alejo para poder mirarla a los ojos.
—No. Perdóname tú a mí. Fui gilipollas. —Ella se ríe entre lágrimas por el insulto—. Estaba tan ciega… Tú quisiste abrirme los ojos y no te dejé —le confirmo.
Ella me sonríe con dulzura.
—Será mejor que os sentéis. Está embarazada y suele desmayarse muy a menudo —informa Ciro en voz alta cogiéndome por la cintura.
Ni me he dado cuenta de cuándo han entrado al salón.
—¡¿Estás embarazada?! —exclama Maia con sorpresa.
Asiento feliz. Ciro me lleva hasta el sofá guiándome con una mano en mi espada. Entrelazo mi mano con la de mi amiga. No quiero soltarla. Me da miedo que vuelva a desaparecer de mi vida.
Su aspecto es de estar muy bien cuidada. Tiene un poco más de peso. Se le nota en los vaqueros apretados. Su cabello suelto brilla. Su rostro, un poco maquillado, la hace más guapa aún. Me alegro mucho de que haya estado bien. Después de todo lo que pasó con Vivaldo, se merece un futuro feliz.
Ella se sienta al lado de Pantera, yo junto a ella y Ciro a continuación. Gepetto está en un sillón individual que hay justo a un lateral. Mi amiga saluda a Pantera con un beso.
—¿En serio? Y yo que casi lo mato creyendo que te había engañado por segunda vez —anuncio en tono divertido.
Frunzo los labios en gesto de culpa y mi amiga se ríe para quitarle hierro al asunto.
—Menos mal que la puntería la tienes en el culo —vacila Pantera carcajeándose.
—La próxima vez no fallará. Ya me encargaré yo de enseñarle —le advierte Ciro fulminándolo con la mirada.
—¿Enviarás a tus hombres a hacerlo? Porque no te sueles manchar las manos, señorito remilgado —le vacila el novio de mi amiga.
—Los asuntos importantes me gusta llevarlos a cabo yo mismo. Y matarte es uno de ellos —amenaza mi hombre.
—¿Queréis parar? —levanto el tono, ya desesperada de la demostración de poder.
—Huele demasiado a testosterona. ¿Podemos ver quién la tiene más larga luego? —impone Maia golpeando el hombro de Pantera.
Este le sonríe y no vuelve a hablar. Se ve que ella significa mucho para él, y casi me lo cargo. Mierda. La culpa me carcome.
—Lo siento, Pantera. Por, ya sabes, los disparos —manifiesto en voz baja llena de remordimiento.
—A ese no se te ocurra pedirle perdón nunca más —me ordena Ciro.
—¿Así es como tratas tú a tu mujer? ¿Imponiendo? Valiente capullo —se burla Pantera con una gran sonrisa llena de arrogancia.
Observo cómo Gepetto se pasa una mano por el cabello. Está desesperado. Ni él puede frenar a estos dos.
—Repítelo. —Se levanta Ciro en un ataque de ira para pelearse contra él.
—¡Eh! ¡Eh! ¡PARAD! —grita Maia poniéndose entre los dos y frenando con sus dos manos el pecho de cada uno—. Cara está embarazada. Si os importa una mierda, podéis ir saliendo a la calle a pegaros tiros y hacer el imbécil fuera. Pero aquí os comportáis —dictamina llena de seguridad—. Los dos.
—Cuanto antes aprendáis a sobrellevaros, mejor, porque tendréis que veros muy a menudo. No pienso separarme de mi amiga —anuncio con el tono lleno de calma.
—Lo mismo digo —me da la razón ella con evidente felicidad en el tono.
—Me voy abajo a desplegar a mis hombres y a ver si encuentro a Elio —sugiere Ciro.
—Vamos con Baloo a ver si sabemos algo de Sofía —anuncia Gepetto cogiendo del hombro a Pantera para llevárselo.
Ciro me echa un breve vistazo antes de desaparecer por el ascensor.
Tenemos mucho que hablar. Sé que esto ha sido un shock para él.
Enterarse de que su padre es el que ha sido su gran enemigo durante años no debe de ser fácil de aceptar.
Sé que me necesita, pero nosotros tenemos todo el tiempo del mundo. Y ahora quiero saber más de Maia.
Ella se sienta a mi lado al ver que nos quedamos solas. No puedo parar de mirarla. Parece un sueño hecho realidad.
—Te he echado tanto de menos —aseguro con un hilo de voz.
—Yo también. Cuando te llevaron del sótano creía que te habían matado. Eso me dio a entender Vivaldo —explica.
Se me encoge el corazón solo de pensar en aquel momento.
En realidad, en todo el pasado. Pero debemos volver a él si queremos aclarar dudas.
Ella veo que lo ha superado, porque al mencionarme a Vivaldo lo ha hecho con normalidad.
Yo aún estoy en ello. También hace muy poquito que salí del infierno.
Solo necesito tiempo. Ahora que la tengo a ella, sé que sanaré más rápido.
Nos pasamos la noche entera hablando, explicándonos cómo hemos llegado cada una a ese punto.
Nuestras vidas han dado un giro completo, no solo por la ayuda de nuestros hombres, sino por nuestra valentía, nuestra fuerza interior.
Yo solo era una niña de trece años asustada el día que conocí lo que era la maldad humana, y ahora soy una mujer de veinte que ha aprendido mucho.
Me valoro, sé lo que merezco y sé lo que quiero en la vida.
A veces hay que pensar en el pasado para darse cuenta de los fallos y ser dueñas de nuestro futuro. Porque no olvides nunca que podemos conseguir todo lo que nos propongamos.
Doblegaron mi alma, quemaron mi nombre, me borraron del mapa. Y aun así, aquí estoy. Eso no se llama resistencia, se llama poder.
El poder de una mujer.