SETENTA Y CINCO
LOBO
E s una insensata. Debería estar descansado en casa y protegiendo a nuestro bebé y no aquí exponiéndose al peligro.
Voy a matar a mis hombres por dejarla entrar.
Mientras Cara se bebe el vaso de agua que le acaba de dar la empleada, saco mi móvil bajo la atenta mirada de Gepetto.
Sigo sin fiarme de él, pero debo frenar a Elio.
Podría hacerle los peores horrores a Bella, y ahora mismo necesitamos respuestas y no actuar sin pensar.
Si llegara a hacerle cualquier cosa, sería una catástrofe.
Primero porque yo no soy como ellos, no me gusta ir denigrando a las mujeres; y segundo porque es la única baza que tenemos y estamos en su casa y en su sofá, mi mujer embaraza y rodeados de sus putos hombres; podría hacer lo que quisiera con nosotros.
Intento llamar al número desde el que se me ha enviado la foto. Apagado. Llamo a Tullio.
—Lo siento, Lobo. Cara no ha dejado opción… —me explica de primeras.
—Ya hablaremos sobre eso. Busca a Elio por todos los medios. Tienes que ponerme en contacto con él —exijo mirando a Gepetto.
—Se dejó el móvil atrás —responde.
—Lo sé. Te envío el número desde el que me ha hablado. Eres el mejor con las pantallas, joder, actúa en consecuencia. —Cuelgo frustrado.
Sé que será una odisea. Si mi hermano no quiere que lo encuentren, no lo harán. Solo espero que no haga algo de lo que pueda arrepentirse.
—Estoy en ello —anuncio a Gepetto guardando el móvil.
Él saca el suyo y tampoco da la llamada, supongo que estará intentando contactar con Bella.
—Si le toca un pelo… —advierte en tono molesto.
—Si no fueras por ahí con tantos secretos, no pasarían estas cosas —declaro sentándome al lado de Cara.
—Es más complicado de lo que parece —reconoce—.
Sofía y yo tuvimos una relación en aquel entonces.
Teníamos veinte años cuando su padre la obligó a casarse con Pierino.
Eso no nos frenó para seguir viéndonos. Nos queríamos.
—Hace una pausa—. Ha sido la única a la que he amado —añade—.
Quedábamos a escondidas y se quedó embarazada. De ahí nació Bella.
¿Mi madre con Gepetto? ¿Qué cojones? Observo a Pantera y está igual de sorprendido que yo.
¿Él tampoco sabía nada? ¿Él, que es su hijo predilecto?
Cara está escuchando también con atención, ya más recuperada.
Si mi padre hubiera sabido que mi madre estaba embarazada de otro, la habría asesinado sin compasión.
No entiendo cómo ha podido pasar desapercibido un acto así.
No tengo una contestación, no sé ni qué pensar, así que espero a que siga.
—Escapó de Pierino durante cerca de un año, durante todo el embarazo prácticamente.
Yo la escondí y fuimos libres esos meses, hasta que nació nuestra niña.
Poco después nos enteramos de que Pierino se estaba volviendo loco y cada vez estaba más cerca de encontrarnos, así que Sofía, con todo el dolor de su corazón, dejó a Bella en mis manos y volvió con él.
Ella lo pasó muy mal al abandonar a su bebé —pronuncia con la voz cargada de tristeza.
Se queda pensativo unos segundos recordando el pasado—.
Aun así, no se daba por vencida para buscar la forma de seguir viéndonos.
Con la excusa de ir a ver a su familia o de un día de compras, venía a pasar tiempo con Bella y conmigo.
No le importaban las consecuencias que había después, porque ella solo quería estar con nosotros.
—¿Qué consecuencias son esas? Mi mamma me contó que mi padre la maltrataba. Ella lo odiaba —afirmo.
—Exacto. Le pegaba cuando llegaba de cada salida.
Ojalá pudiera haber hecho algo al respecto, pero no tenía poder.
Si hubiese ido en contra de Pierino, Gunther, el Don, podría haberme matado y Bella se hubiese quedado desprotegida.
Uno de los dos tuvo que esconderse y camuflarse y el otro sufrir las consecuencias.
Fue ella quien decidió ser la fuerte. Le pedí mil veces que cogiese a la niña y se fuera del país, pero decía que no la expondría de esa manera, que Pierino acabaría encontrándola y matando a su niña. No le faltaba razón —asegura apenado.
Mi mirada baja al suelo. Mi madre engañaba a mi padre por amor. Joder, mamma , ¿por qué yo no sabía nada? ¿Por qué no me lo has contado? Ella sabe la guerra viva que me traigo con Gepetto. No entiendo nada.
—Teniendo Bella meses de vida, en uno de nuestros encuentros, se volvió a quedar embarazada. Para no tener que esconderse hizo creer a todos que el hijo que esperaba era de su marido —confirma bebiendo de un vaso de la mesilla.
—Supongo que ese es Elio. ¿También me vas a decir que es hijo tuyo? Sería ya un chiste —vacilo intentando asimilar todo.
—No —niega con la cabeza—. Tú. Ese niño eres tú —declara inclinándose hacia delante.
No.
No.
No.
¿Qué mi padre es Gepetto? ¿Qué cojones? Me levanto.
De repente mis extremidades no pueden quedarse quietas.
Camino de un lado a otro del salón. No puedo aceptar estas mentiras.
Seguro que lo está diciendo para conseguir algo a cambio.
¿Cómo va a ser mi padre el hombre que más he odiado toda mi vida?
—Joder, Gepetto —murmura Pantera igual de perplejo que Cara.
Ella se levanta para calmarme.
—Necesito espacio. Necesito… —se me corta la voz.
Me suelto del agarre de Cara y ella se vuelve a sentar. Camino hasta la terraza. Un poco de aire me vendrá bien. Joder, mamma , todo lo que tenías escondido. Me acabas de destrozar la vida.
Apoyo los antebrazos la cristalera. Paseo la vista por las luces de la ciudad. ¿He vivido toda mi vida una mentira? Odio a Pierino porque mi madre me ha contado muchas barbaridades de él. Pero a Gepetto también, más incluso que a él.
—¿Estás bien? Sé que no es fácil de digerir. —Gepetto sale a mi encuentro y pone una mano en mi hombro.
Me alejo con desdén de él.
—Tengo muchas preguntas. Si Elio es mayor que yo, ¿también es tu hijo?
¿Cómo es posible que hayamos acabado así si el único que se oponía a vuestra relación murió poco después?
Tengo entendido que mi padre —decir esa palabra me produce acongojo— murió poco después de nacer yo.
¿Cómo es que Santoro se hizo cargo de mi familia y no tú?
Joder, no te imaginas la mierda por la hemos pasado toda nuestra vida.
Ese tío violaba a mi madre a su antojo y le pegaba a Elio —pronuncio con desprecio.
—No tengo ni idea de Elio. Eso es cosa de Sofía.
Ella es la que debe darnos las explicaciones.
Al morir Pierino, la rata de Santoro aprovechó el momento para hacerse con tu familia.
Yo estaba inmerso en una guerra de poder, unificando clanes, volviéndome el Don.
Él aprovechó para hacerse pasar por amigo de Pierino.
Eso me lo contó tu madre —hace una pausa— hace poco, pero yo no sabía nada.
Él era uno de los capos más poderosos de La Camorra, me daba muchos problemas, pero también dinero.
Gracias a Sofía descubrí que nos había estado engañando a todos, a vosotros y a mí, estaba teniendo una doble vida.
Siempre habéis demostrado el odio tan profundo que sentís hacia mí.
Intentar hablar con vosotros era un caso perdido.
Simplemente he esperado el momento para hacerlo —finaliza con voz cargada de culpa.
—Un odio que ha alimentado ese capullo año tras año. Si tanto te quería mi madre, ¿cómo es que dejó que Santoro hiciese todo eso? Es más, ella también te odia —inquiero.
Gepetto apenas se ríe antes de volverse hacia el paisaje.
—Sofía se enfadó mucho cuando la guerra de clanes.
Solo la dejé un par de días sola, pero ella quería y me reclamaba que estuviese a su lado desde el primer minuto.
No entendía que yo lo hacía para su protección.
Una vez que cogiera el cargo podríamos estar juntos para siempre y felices —explica bajando la cabeza—.
Ella creyó que me importaba más la mafia que ella y en cuanto apareció Santoro se refugió en él.
Eso también lo supe hace poco. He creído todos estos años que prefirió a un desconocido en vez de a mí, que dejó de quererme.
Me hice la idea de que tenía que olvidarla, pero es una maldita cabezona y solo quería venganza del rencor que sentía.
Quiso hacerme creer que estaba bien con él para hacerme daño.
Deja salir un largo suspiro.
Es mucho que asimilar. Me pongo de espaldas a la cristalera para ver cómo está Cara. Ella y Pantera no conversan, solo se desafían con la mirada.
—No sé qué pretendes con esto, Gepetto, pero no cambia nada. No puedo llamarte padre y confiar en el tío que he odiado toda mi vida —me sincero expulsando el aire contenido—. ¿Y el monasterio y La Nonna? Lo que haces me da asco. ¿Esperas que crea que amabas a mi madre tratando así a las mujeres?
—Eso fue cosa de Lamberto. Fue un trato.
Él siempre se opuso a mi mandato, así que yo le dejaba esos negocios mientras él acatara mis órdenes y me fuese leal.
Era una forma de tenerlo contento. Siempre ha sido un depravado y nunca me ha gustado su forma de ser, pero debía consentirlo si no quería que se revelase contra mí.
En cuanto supe hace poco lo de su doble vida, fui a por su cabeza, pero fue más astuto y supo esconderse.
Por eso ha tomado represalias contra ti —anuncia dándose la vuelta él también—.
Y ahora estamos discutiendo entre nosotros cuando lo que tendríamos que hacer es unir fuerzas porque se acaba de convertir en nuestro mayor problema.
Tiene a tu madre y al amor de mi vida. Creo que es motivo más que suficiente para que nos demos una tregua —finaliza ofreciéndome la mano para que se la estreche.
Lo observo unos segundos. Yo sabía que Santoro, ese hijo de puta, me daría problemas. Pero en la vida pensé que me aliaría con mi mayor enemigo para plantarle cara. En fin, siempre se ha dicho que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Ahora mejor que nunca entiendo ese refrán.
—Solo por mi madre. Solo por liberarla. No pretendas que yo pueda siquiera tener buena relación contigo, y menos de la noche a la mañana. Solo es un trato. —Le estrecho la mano.
Él asiente con decisión.
—Tú te encargas de traerme a Bella sana y salva y yo me encargo de traer a Sofía. Te juro que no pararé hasta que ella esté con nosotros. Me da igual meterme en una guerra con Santoro —asegura muy convencido.
Asiento orgulloso de esa afirmación, aunque no estoy muy seguro de poder cumplir ese trato. Elio es un bestia y si no tengo forma de contactar con él, seguirá pensando que todo es por orden de Gepetto. Espero que Bella sepa salir del infierno que acaba de desatarse a su alrededor.
Pobre de ella al cruzarse en el camino del monstruo de mi hermano.