Lobo (Mafia Italiana 2) SETENTA Y CUATRO
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SETENTA Y CUATRO

CARA

¿Q uién me iba a decir hace cuestión de un mes que yo estaría empuñando un arma? ¿Que estaría enfrentándome a toda una mafia entera? ¿Que daría mi vida por amor? Nunca puedes dar por hecho. No sabes lo que te puede deparar el futuro.

Aquella niña de trece años que violaron y maltrataron estaría muy orgullosa de la mujer en que se ha convertido hoy en día.

Me he hecho más fuerte, he superado muchos obstáculos.

Podría haber llegado a un punto de no querer luchar más y haberme quitado la vida, ocasiones he tenido, y sin embargo, he peleado con todas mis fuerzas por salir adelante, por vivir una vida. Ni mejor ni peor, simplemente vivir.

Si Maia pudiera ver el presente, estaría feliz.

Intentó que yo abriera los ojos y no quise creerla.

Sabía en lo más profundo de mí que tenía razón, pero no quise reconocerlo.

Tenía miedo y era muy prudente. Ahora entiendo que lo diera todo por amor.

Comprendo lo que hizo, no la culpo. Ahora sé que el amor te hace querer ir hasta el fin del mundo por esa persona.

Me arrepiento tanto de haberle reñido tantas veces.

No la odio a ella, si no a él. Pantera fue quien la volvió a engañar por segunda vez. Quien volvió a jugar con sus sentimientos. Mi amiga solo se enamoró y cayó en su trampa.

Ella aprobaría esta decisión. Aunque sepa que lo más posible es que muera, lo haré por amor.

Estoy segura de que allí, en el cielo, desde donde me está viendo, me dará fuerzas.

Y si muero, sé que me recibirá con los brazos abiertos.

Es la única familia que he tenido en toda mi vida.

La he llevado siempre en el pensamiento desde que la conocí.

Ni mi padre ni mis amigos de Barcelona se han ganado nunca el cariño tan grande que le profeso a ella.

La echo tanto de menos que no deja de doler, tanto como el primer día en que supe que era su fin.

Quise congelar mi corazón y ponerme una armadura para no sentir, para seguir órdenes y solo sobrevivir.

Y Ciro ha sido capaz de entrar en él como un huracán.

De derretirlo todo y de forjar una nueva muralla con él dentro, haciéndose dueño de todos mis sentimientos.

Es la primera vez que un hombre me trata así.

Como alguien digna de su atención, de su cariño, de su admiración.

Lo quiero tanto que duele saber que no tendremos un futuro juntos.

La puerta del ascensor se abre con lentitud. Levanto de nuevo el arma preparada para cualquier cosa. Adelanto una pierna sacándola por la abertura del vestido para tener un poco más de sujeción por si tengo que disparar. Haré lo que sea necesario.

No dudaré.

Al abrirse por completo, lo primero que veo son dos puertas abiertas de par en par.

Hay tres personas en el salón. Ciro apuntando a quien creo que es Gepetto; y Pantera, a mi hombre.

El Don tiene las manos en alto y el rostro pálido.

El amor de mi vida, sin embargo, me clava su mirada llena de ira y cargada de reproche.

Los siguientes segundos pasan a cámara lenta. Solo suena una alarma en mi mente gritándome que Ciro está en peligro. Tengo que ayudarlo. Debo actuar. Ya.

Observo cómo el único que no tiene a nadie apuntándole es Pantera. En mi mente aparece Maia, no para de vociferarme que lo mate, que haga justicia, que la vengue.

“Mátalo”.

La ira me golpea de repente, brutal y abrasadora.

Me zumba la sangre en los oídos. La mandíbula se me tensa hasta doler, incapaz de contener toda la rabia que amenaza con desbordarse.

Cada respiración sale cargada de una furia tan inmensa que apenas puedo pensar en otra cosa que no sea destrozarle la vida al que se la arrebató a mi amiga, a mi hermana.

Sin pensarlo dos veces, aprieto el gatillo apuntando a su cabeza.

—¡No! —brama Gepetto.

La bala sale veloz e impacta contra la pared a unos metros de Pantera y a pocos centímetros de Ciro.

Dejo de respirar solo de pensar que casi mato al amor de mi vida.

Se me abren mucho los ojos y comienzo a temblar.

Ciro respira acelerado. Corre hacia mí y baja mi brazo para estrecharme contra su pecho.

—¿En qué estabas pensando? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo te han dejado entrar? Joder, cara mia —susurra al final lleno de frustración y alivio a la vez.

Me abraza con fuerza. Mis lágrimas se derraman al saber que está conmigo. Estamos unidos. Pase lo que pase, viviremos o moriremos juntos.

—Yo te conozco —escucho la voz de Pantera—. Creo que eras… —corta su voz.

Levanto la cabeza del pecho de Ciro para clavarle una mirada furiosa. Observo cómo él piensa y de repente cae en la cuenta. Ya sabe quién soy.

—Eres Axa, la del monasterio, la amiga de Maia —afirma Pantera con expresión aliviada.

No entiendo esa actitud, pero me importa una mierda.

—No. Soy Cara Brena, y soy la que te enviará a la tumba —sentencio llena de ira.

Me alejo hacia a un lado de Ciro para volver a apuntarle y disparo antes de que pueda moverse. Vuelvo a fallar en mi objetivo y la bala impacta en un cuadro que no está ni cerca de él.

—¡Joder! ¿Quieres parar? ¡Eres una puta maníaca! —exclama Pantera sobresaltándose por el disparo fallido.

—Cara, para. Debes irte, joder, antes de que la tomen contigo —murmura Ciro quitándome el arma de las manos con delicadeza.

—No me iré a ningún lado hasta que no mate al hijo de puta este. —Señalo a Pantera sin un ápice de miedo. La rabia me envalentona—. ¡Maia está muerta por tu culpa! ¿Y te atreves a poner su nombre en tu asquerosa boca? —escupo empujando a Ciro para que me suelte y enfrentarme a él.

—Creo que debemos sentarnos todos y hablar para aclarar malentendidos, porque veo que hay muchos —dispone Gepetto desabrochándose varios botones superiores de la camisa—. ¿Puedes decirle a Elio que no le haga nada a Bella? Juro que te contaré toda la verdad —se dirige a Ciro al final.

Pantera se pasa una mano por el pelo exasperado. Lo veo esbozar una media sonrisa llena de felicidad.

—¿Encima te vas a reír cabrón? —inquiero marcada por un fuego ensordecedor.

Salgo corriendo hacia el para estrangularlo con mis propias manos si hace falta, pero Ciro es más rápido y me coge estrechando mi espalda contra su pecho.

—Cálmate, joder —me frena mi hombre.

—¡Me río porque ya puedo ver la emoción que va a sentir Maia al saber que estás viva! —exclama Pantera enfadado por mi reacción—. Yo lo único que he hecho desde que la conocí es quererla y protegerla, así que no sé de qué mierda estás hablando.

Frunzo el ceño. ¿Qué? ¿Maia esta viva? ¿Está con él? No puede ser. No me creo nada.

—Eres un maldito embustero —afirmo soltándome de Ciro para enfrentar a Pantera de cerca.

—Te lo demostraré —asegura él muy decidido.

El Don se sienta en su sofá con gesto desesperado. Creo que prefiere no malgastar más saliva ya que nadie está haciéndole caso. Pantera saca su móvil. Suenan dos pitidos hasta que alguien lo coge al otro lado de la línea.

—¿Estás bien? Me tienes preocupada. ¿Gepetto está bien? ¿Estáis todos a salvo? —escucho la voz de Maia preocupada y desesperada.

Dios mío.

Dios mío.

Dios mío.

¿Cómo es posible? ¿Está viva?

—Tranquila, todo bien, pero necesito que vengas. Tengo una sorpresa para ti.

—Ahora mismo. Te quiero.

—Te quiero —finaliza él colgando la llamada.

Estoy en shock . ¿“Te quiero”? ¿Qué mierda está pasando? La tensión vuelve a bajarme de golpe. De repente tengo mucho calor. Ciro lo nota y me agarra por la cintura para sentarme en el sofá con cuidado.

—¡Noccia! ¿Puedes traernos un vaso de agua? Por favor —grita Gepetto—. Y trae algo de comida y bebida, que nos queda una noche larga por delante —añade.

Y tanto que queda. Como que no pienso irme hasta comprobar si lo que acabo de escuchar es real.

Maia viva.