Lobo (Mafia Italiana 2) VEINTINUEVE
38%

VEINTINUEVE

LOBO

O bvio el dolor punzante del costado cuando camino a paso rápido.

He dejado a Elio aparcado a dos calles de distancia.

No quiero exponerme ni hacerlo con él. Ya me reconocieron una vez, así que intentaré evitarlo de nuevo.

Me ha asegurado que me esperaría sin hacer ninguna tontería.

Quería entrar conmigo, pero he conseguido hacerlo entrar en razón.

Yo tengo una identidad, pero él no. Él ha tenido encuentros bélicos con casi todos los integrantes de La Camorra, así que su rostro lo identificarían rápido.

Las luces de neón cada vez se hacen más grandes. No sé cómo va a salir la noche. Quizá hoy sea el día que comience la guerra, o el día que muera. No lo sé. Pero si sé que sería capaz de cualquier cosa por ella.

El guardia de fuera me reconoce de los días anteriores. Me deja pasar sin problema. Bien. Quiere decir que siguen sin saber una mierda de mí.

Entro buscando a mi chica por encima de todo y de todos.

La encuentro subiendo la escalera. Fijo mi vista en ella, que me siente y al momento se gira clavando su vista en mí.

En un principio abre los ojos de sorpresa, luego exhala aire contenido.

Creo que está ¿aliviada? Solo de saber que me acepta se me pone dura.

Solo ha sido poco más de un día, pero la he echado de menos, y creo por su expresión que ella también a mí.

Mi vista se clava en la mano que está agarrándole el culo. Mi torrente sanguíneo hierve recorriendo todo mi cuerpo. Voy a matar a ese hijo de puta.

—Andrea, qué sorpresa. Pensaba que ya no vendrías más. —Rina me asalta desde un lado.

Estaba tan ocupado con Cara que ni la he visto acercarse.

— Dì a quel cretino di tenere le mani lontane da ciò che è mio, altrimenti gliele strappo via e gliele faccio ingoiare [6] —declaro ardiendo de ira.

—Perdona, Andrea, es culpa mía. Ahora mismo la preparo para ti —se disculpa con la voz acelerada.

—Ella está más que preparada para mí, Rina. Lo que creo es que te queda grande el puesto. Hicimos un acuerdo y no lo has cumplido —advierto en tono calmado.

Ella baja la cabeza, avergonzada.

—No volverá a pasar —afirma sin mirarme y dando un paso atrás.

—Por supuesto que no, porque la próxima vez no habrá palabras. Te lo puedo asegurar —sentencio sin dejar de observar a Cara, que está pendiente de nosotros desde la escalera.

Creo que el tío es Carlo. Ese capullo ha escalado puestos también en mi lista. Rina asiente con sumisión y se aleja con rapidez para hablar con el imbécil que cree que hoy era su día de suerte.

Me enciendo de nuevo un cigarrillo. Cara se fija en cada gesto que hago.

No parece importarle la conversación que está teniendo la madame con Carlo.

Al ver como Rina se aleja mientras Carlo le grita hecho un energúmeno, camino por el club sin prisa hasta llegar a ella.

Vale la pena sentir este dolor por verla aunque sea solo un rato.

Subo un escalón, luego otro. Me quedo justo a su altura, a pocos centímetros, con la vista fija en su boca, luego en su nariz y por último en sus ojos. Se ha quedado atónita mirándome. Levanto una mano para acariciar un mechón que le cae por el pecho.

Evito mirar su precioso cuerpo para no tener la reacción que ella me provoca. Para mí es más que sexo, más que un coño donde meterla. Quiero ver su alma. Verla de verdad.

—Creía que no venías —consigue decir en un hilo de voz.

—Soléis suponer mucho por aquí —murmuro lo suficiente alto para que me escuche—. Ya deberíais haber aprendido la lección —dejo caer como advertencia.

Traga saliva.

Sigo bajando la mano hacia la punta de su cabello, luego por su piel hasta llegar a sus caderas.

Dirijo la mía a entrelazarla con la suya, como el último día.

Me poso el cigarro en la boca y subo los escalones tirando de ella a mi espalda.

Oteo la sala llegando casi a la planta de arriba.

Rina nos observa. Levanto los dedos que tengo libres y hago el gesto del número cuatro para preguntarle si es esa la habitación para nosotros.

Ella asiente sin dejar de discutir con Carlo.

Esbozo una sonrisa de prepotencia al saborear la derrota del capullo.

No sé si es posible, pero al sentir el contacto de Cara, duele menos. Creo que es porque se liberan una serie de hormonas. O simplemente es porque ella es mi cura.

El ángel de mi vida.

La reina de mi imperio.