Lobo (Mafia Italiana 2) VEINTIDÓS
29%

VEINTIDÓS

HACE UNAS HORAS…

SOFÍA

S upongo que mi destino nunca fue tener una vida tranquila.

He pasado por muchas cosas, pero ver a un hijo debatirse entre la vida o la muerte diría que sin duda es la peor de ellas.

No podría seguir adelante sin él. Sin ninguno de ellos.

Cada uno tiene una historia peculiar, pero no por ello dejan de ser mis hijos.

Mi corazón se para en cuanto Mattia sale de la habitación de Ciro. Lleva horas ahí dentro. Analizo su rostro para comprobar que mi niño está bien, pero solo hayo incertidumbre al clavarse sus ojos en los míos. No pinta nada bien.

—He conseguido estabilizarlo por ahora—expone Mattia mientras se quita los guantes manchados de sangre—, pero sigue en estado crítico. La herida del costado ha provocado una hemorragia interna severa y ha entrado en shock hipovolémico antes de que pudiera intervenir.

Me llevo una mano al pecho. Mi boca se seca imaginando lo peor. Jasmine me abraza a la altura de las caderas. Elio le da un puñetazo a la pared. Apenas puedo respirar. ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Cómo he dejado que mi hijo esté así?

—¿Sobrevivirá? —pregunto con la voz en un hilo.

—Ahora mismo no puedo asegurárselo. He logrado contener parcialmente el sangrado y ya ha recibido cuatro bolsas de sangre y dos de plasma, pero ha perdido demasiado volumen sanguíneo. Su presión sigue siendo inestable y el organismo no está oxigenando como debería —finaliza en tono pesaroso.

—Entonces, ¿qué se puede hacer, doctor Espósito? —insisto con el corazón en un puño.

Mis hijos escuchan con atención a mi lado. El médico niega despacio con la cabeza.

—Ese es el problema. No dispongo de más bolsas compatibles aquí. He utilizado todas las reservas que pude conseguir antes de venir —explica.

—No puede decirme eso —repongo con evidente nerviosismo.

—¿Y no puede traer más? —inquiere Elio.

—Necesita al menos dos o tres unidades para mantenerse estable durante las próximas horas.

En realidad, más si queremos que el cuerpo soporte la recuperación completa de la herida sin que entren en fallo otros órganos.

Si vuelvo a por más, llamaría mucho la atención en el hospital, serían demasiadas —expresa con preocupación.

—Yo me encargaré de traerlas —se impone Elio con decisión.

Si él hace eso, podríamos meternos en otro problema.

Tendríamos que dedicar tiempo y recursos a borrar esas huellas y a evadir o comprar a la ley.

Haríamos mucho más ruido. Y yo solo quiero que Ciro abra esos ojos y vuelva a mi lado lo antes posible.

Necesito sentir su respiración y verlo sonreír cada vez que Jasmine lo obliga a sus chiquilladas.

Necesito verlo discutir con su hermano. Necesito verlo caminar por la casa con el ceño fruncido pensando todo el tiempo cómo protegernos.

Necesito escuchar su voz aunque solo sea para que me calle de lo pesada que soy.

—No —impongo con contundencia a Elio.

—Pero, mamma [2] , Ciro necesita… —se empecina mi hijo.

—He dicho que no. Tú tienes unos hombres que dirigir y descubrir qué pasó y en qué situación se encuentra nuestra familia.

No sabemos si vienen a por nosotros o qué está pasando para que a Ciro le pasara esto.

Y no querrás poner en peligro a Jasmine por no saber hacer tu trabajo, ¿no? —increpo con el ceño fruncido.

Sé que estoy siendo demasiado dura, pero necesito que Elio aprenda a ser maduro y a manejar estas situaciones. No sé qué sería de él si faltáramos Ciro o yo.

Se queda en silencio clavándome su mirada fría. Su rostro expresa una tensión difícil de esconder. Sé que le he hecho daño.

—Perdóname, hijo. Estamos todos muy nerviosos.

Necesito que entiendas que esa es tu parte.

Es lo que deberías hacer. Tenemos que aprender cuál es nuestro papel —le razono agarrando sus bíceps para mostrar mi cariño—.

Por mucho que duela, deberías prepararte para lo que viene si Ciro no consigue despertar.

Mi hijo asiente comprendiendo a situación.

—Él no puede… —su voz se corta sin terminar del dolor que expresa.

—No, no va a morir. Yo me encargaré de ello.

Ahora ve y haz tu trabajo, que este es el mío —ordeno acariciando su mejilla para no sonar tan dura.

Al verlo caminar pasillo abajo. Me vuelvo hacia Jasmine—.

Tienes que quedarte en la habitación y esperar a que yo te llame.

Por ahora estamos en un momento de incertidumbre y no sabemos si estamos en peligro.

—Jasmine asiente no muy convencida—. Prométemelo.

Sé que te escapas. Sé lo inteligente que eres, pero necesito que esta vez me hagas caso —insisto tocándole el cabello.

Mi hija afirma, esta vez con más seguridad. La veo alejarse por el lado contrario.

Mi mirada se fija en el doctor.

—A ver, sé que su sangre no es común. Pero ¿si encontramos a alguien compatible, todavía tiene posibilidades? —pregunto enérgica.

—Sí.

Y esa es la palabra que da la orden de salida hacia una lucha interna sin fondo.

Estoy decidida a solucionar este problema.

Me cueste lo que me cueste. Porque mi hijo es más importante que cualquier hombre o problema del pasado.

Mucho más. Y si con ello tengo que enfrentarme a mis demonios, lo haré.

Saco el móvil del bolsillo. Busco el contacto que llevo sin utilizar diecinueve años. Espero que no haya cambiado de número; si no, tendría que presentarme en su propia casa.

Y eso sí que sería una verdadera catástrofe.